Capítulo 2
I forgot why I'm alive,
I lost sight of my desires
But even though I lost track
I'm on my way back
Get there one step at a time
-.-.-
Los desarrolladores miman los detalles. Buscan la interfaz más intuitiva para sus aplicaciones, bordes suaves, colores amables. Kai está seguro de que lo último que tenían en mente al crear el sonido de las notificaciones era causar ansiedad y, sin embargo, siente el breve tintineo como si le hubiera caído un rayo.
Resulta absurdo sentirse así, como un condenado de camino al patíbulo por semejante tontería. Ha hecho cosas un millón de veces peores y que lo han llevado a ganarse el odio, o como mínimo la desconfianza, de bastante gente. Sin embargo, lidiar con sentimientos de vergüenza le resulta mucho más duro.
Hana ladra, sacándolo de su estupor, y se da cuenta de que todavía tienen la lata de su desayuno en la mano. Mira a la shiba, que suelta un gañido impaciente, y se ríe a pesar de todo.
—Eres una niña mimada —le dice, la voz llena de afecto.
Ella le replica con otro ladrido, girando sobre sí misma junto a su comedero. En cuanto Kai lo llena, le falta tiempo para abalanzarse sobre la comida. Él le palmea el costado para tranquilizarla.
—Cualquiera diría que te mato de hambre.
Hana le hoziquea el brazo con un ruidito mimoso que le deja una sensación cálida.
La gente tiende a pensar que Kai es más de gatos, y en efecto tienen parte de razón. Eso no significa que no quiera a Hana con toda su alma o que no sepa apreciar su entusiasta lealtad.
La shiba había sido un regalo, un intento de su… padre… para resarcirlo por el hecho de, en esencia, haber dejado tirado a Kai durante la mayor parte de su infancia. El que luego hubiera procedido a ignorarlo de nuevo durante tres cuartas partes de su adolescencia había empañado notablemente el gesto. Kai se había quedado solo con una madre ausente —no tanto como su otro progenitor, pero aun así—, un abuelo en el que no quería ni pensar y un cachorro al que apenas sabía, o quería, cuidar. Así que sus inicios no habían sido los mejores.
No es que hubiera odiado a Hana. Aunque a veces se frustrase y le gritase que lo dejara en paz. Pero en aquel entonces Kai era un niño que había pasado por demasiadas cosas demasiado complicadas para gestionarlas, y el enfado había sido su refugio. Era más fácil que sentirse vulnerable. A pesar de todo, Hana seguía alegrándose al verlo, y se había convertido en su fuente de confort. Una que, al contrario que el Beyblade, no exacerbaba su necesidad de ser perfecto. De ganar.
El cariño de Hana siempre había sido incondicional, y Kai la consideraba más familia suya que a nadie. Sus amigos tendrían que pelearse, como mucho, por un segundo lugar.
«Hablando de eso…»
La mirada de Kai se posa en su teléfono, que descansa, con aire engañosamente inocente, en la encimera. Sin embargo, la pequeña luz parpadeante delata que hay algo esperándolo. Y que no va a desaparecer aunque finja no haber oído la notificación. Hacer las maletas, volar a otro continente y empezar una nueva vida para huir de su pequeño —diminuto— traspiés es exagerado hasta para él, así que, con un suspiro resignado, coge el teléfono y desbloquea la pantalla.
«No puede ser tan malo» se repite como un mantra. «Es Rei».
Es Rei, y eso lo hace todo mejor y peor. Porque a Kinomiya puede mandarlo a freír espárragos sin remordimiento, pero Rei… Con Rei su cerebro se deshace en algodón de azúcar y tiene el impulso infantil de aparentar ser perfecto. Aunque el chico lo ha visto en alguna de sus actitudes más rastreras. Es todo ridículo y contradictorio, y tiene una relación amor-odio con el modo en que lo hace sentir.
Respira hondo y abre el chat señalado con un círculo rojo.
Rei K.
[¡Cuánto tiempo! ¿Te han hackeado o qué?]
[Perdóoon, tenía que decirlo c:]
Kai nota un tirón en la comisura de los labios y una carcajada, muda pero genuina, se le escapa. Se lleva consigo el temor que tenía alojado entre las costillas.
«Es Rei».
No tiene nada que temer.
Camina hasta el sofá mientras se pasa la lengua por el filo de los dientes. No tiene costumbre de comunicarse… con nadie, realmente. Su vida ahora mismo se reduce a su trabajo, Hana y sus compañeros de trauma-barra-amigos, que asaltan su apartamento al menos un par de veces al mes para parasitar su nevera. Y lo peor es que lo tiene asumido.
Fuera de las competiciones de Beyblade, Kai no se plantea mucho cómo avanzar. Cuál es el paso siguiente. Lleva tanto tiempo en ese limbo que no sabría decir qué es lo que quiere. O casi.
Se deja caer en el sofá y poco después Hana se aovilla junto a él —no es que Kai perdiese la batalla de intentar que no se suba al mueble, es que ni llegó a intentarlo. En parte porque le hace gracia imaginar el horror de su madre si lo viese, en parte porque la shiba se merece que le conceda ese capricho por aguantarlo—. Hunde los dedos en el pelaje denso y suave.
—¿Qué debería decirle?
Hana lo mira. Toda sonrisas perrunas y ojos castaños. Un burbujeo lo recorre desde las puntas de los pies y empieza a teclear. Con ella a su lado, puede permitirse el riesgo. Hay algo que sí quiere, que lleva queriendo mucho tiempo.
Ya es hora de que dé un paso.
[Escalar se te da bastante mejor que hacer chistes, que lo sepas.]
Vale, puede que sus habilidades sociales se hayan quedado encasquilladas en un sarcasmo permanente. Tal vez debería hacer algo al respecto. En algún momento.
No pasan más de unos segundos hasta que Rei ve el mensaje, y aparecen los puntos suspensivos que indican que está escribiendo.
Rei K.
[:O]
[Claro, seguro que los tuyos son mejores :P]
Kai se ríe y la tormenta que vive permanentemente en su cabeza amaina por fin.
-.-.-
Rei se muerde el labio, intentando contener una sonrisa, pero es en vano. Objetivamente, no es gracioso. No tanto al menos. Pero es Kai, y hay algo hilarante en el mero hecho de leer los mensajes con su voz, que tiende a convertir la cosa más inocua en una frase lapidaria.
Kai H.
[Son excelentes, de hecho.]
[Siempre que tu objetivo sea acabar en el psiquiatra.]
Se alegra de estar a solas, porque el bufido de risa que se le escapa no es nada digno y ya ha cubierto su cuota de humillación pública para un mes con la escena de la tetería.
A medida que intercambian mensajes el mundo a su alrededor se desdibuja, y de pronto se encuentra tumbado atravesado en la cama sin tener muy claro cómo ha llegado hasta su casa. En su defensa, Kai le está hablando, y eso es un logro demasiado épico como para no prestarle toda su atención. Aunque literalmente sólo hayan hablado del tiempo, generalidades de sus vidas laborales y de cuál es el mejor tipo de té —no han conseguido ponerse de acuerdo en un favorito, pero sí en que la gente que le echa más de dos azucarillos debería pasarse directamente al chocolate caliente, y que si no lo hacen es por puro esnobismo.
Kai H.
[Creo que voy a tener que dejarte]
[Lady Hana reclama su paseo matutino.]
Rei frunce el ceño. «¿Lady Hana?» Sin embargo, antes de que le dé tiempo a preguntar, Kai adjunta una foto.
[¡Tienes un perro!]
Kai H.
[¿No lo sabías?]
[Kai, sé como dos cosas de ti.]
[Y una es que, aparentemente, tienes perro.]
Vuelve a fijarse en la imagen. Es un animal precioso, con el pelaje limpio y de aspecto esponjoso, y una expresión bonachona y confiada. Está claro que Kai la cuida bien.
Kai H.
[Casi todas mis fotos son de ella.]
«Ah». Traga saliva.
[Supongo que asumí que era de otra persona.]
No está preparado para reconocer el esfuerzo que ha invertido en no cotillear el perfil de Kai, en esquivar cuidadosamente sus muy contadas publicaciones. Lo que le costó dejar de obsesionarse con cada foto en la que aparecía, atrapado por aquella mirada rubí que parecía atravesar la pantalla.
Kai H.
[Claro, eso habría sido muy normal.]
[¿Cuándo hemos sido normales?]
Los puntos suspensivos aparecen y desaparecen varias veces, haciendo que Rei se plantee si ha metido la pata. Después de un par de minutos sin ninguna señal, el estómago se le encoge dolorosamente, atemorizado por haber podido espantarlo. Empieza a teclear una disculpa cuando, de pronto, Kai le envía un vídeo. Y Rei redescubre algo que extrañaba más incluso que su mirada. Su voz.
Oye un A ver algo distorsionado —pero que aun así recorre su espina dorsal como una descarga— y luego un ladrido antes de que Hana aparezca enfocada.
—Hana, mira aquí. —Ella emite un aullido suave y mira a la cámara—. ¿Quieres saludar?
La shiba ladra dos veces, agitando la cola y girando sobre sí misma, y Kai se ríe. No tiene nada que ver con la carcajada seca y forzada a la que Rei está acostumbrado. Esta es floja, cálida y de algodón, y es perfecta. Algo que no sabía que necesitaba pero que ahora quiere.
Apenas ha recuperado el aliento cuando Kai le rasca la cabeza a Hana y murmura un Buena chica que deja a Rei temblando y con la boca seca. ¿Cómo sonaría directamente en sus oídos?
«NO. Nop. Rei, mal». Entierra la cara en el colchón, pero es inevitable. Las imágenes acuden con rapidez, todos los deseos que intenta esconder hasta de sí mismo. Quiere las manos de Kai sobre él, su aliento cosquilleándole en la piel, el fuego de su mirada reduciendo a cenizas su cordura. También quiere acurrucarse con él y con Hana, hablando bajito, oírlo reírse de aquella forma genuina y pura que probablemente muy pocos conozcan.
[Es preciosa.]
Está más que colado por Kai, y el tiempo de silencio entre ellos no ha hecho nada por opacar sus sentimientos.
[Ojalá pueda conocerla en persona.]
Sabe que está arriesgando pero, ¿por qué no? Kai le está mostrando un lado de sí mismo que está seguro que no comparte con nadie más. Salvo Hana. A lo mejor significa algo.
Kai H.
[Cuando quieras.]
A lo mejor Kai está igual de colado por él.
-.-.-
Scared to look cause I'm scared to find
All the answers at the finish line
I'm going at my own pace
Cause it's not a race
I'm going one step at a time
