Rumbo al comedor Daina y Ken notaron que la luz de la habitación de Jean seguía encendida, preocupados por ello disimularon no prestar atención al pasar junto a ella. Aunque el desorden allí y la clara confusión de Jean al ver la caja rota junto a la ventana abierta y la ropa tirada, llamaron la atención de Ken.
—Ah… —Volteó a ver a Daina— ¿Deberíamos?
—Le diré que Clio y yo practicamos un truco de magia que salió mal.
—Espero que eso pueda convencer… —no pudo terminar de hablar con Besu.
Jean se giró hacia el pasillo al escuchar sus voces, ambos intercambiaron miradas antes de decidir qué hacer.
—Disculpa el desastre, Jean —adelantó Daina—. Mientras buscaban el jugo de tomate le pedí a Clio que me enseñara alguno de sus trucos pero… —Miró de reojo la ventana abierta— salió un poco mal.
—¡Estaba que se moría por intentarlo! —interrumpió con Keru.
—¿En mi habitación? —Jean arqueó una ceja, con eso en mente poco le importaba el aspecto de Daina.
«Oh… demonios.» Daina intentó pensar lo antes posible una excusa.
—Sí, como dice Keru —Clio volteó unos instantes hacia este—, estaba tan impaciente que no pensamos en nada más.
Jean aún seguía extrañado, aunque ya estaba demasiado cansado como para hacer más preguntas.
—Bueno… —Bostezó y se estiró un poco antes de terminar su frase— Vaya que era un truco complicado.
—Je, je, sí... —Daina intentó evitar mostrar los dientes al sonreír mientras se llevaba una mano a la frente— Perdón por tanto alboroto.
—Sí… —Se acercó a la puerta y volteó un momento hacia el montón de ropa— mañana lo resolvemos —no esperó respuesta alguna, cerró la puerta de inmediato.
—¡Hermano! ¡¿Vas a venir o no?! —desde el final del pasillo, precisamente el comedor, escucharon la voz de Sota llamarlos.
—Creo que te necesitan —habló Ken con Besu.
—No hagas esperar más al público —recalcó con Keru.
Ambos continuaron su paso por los pasillos, el piso cercano a las duchas parece un tanto mojado, cosa que extraña a ambos pero deciden pasar de largo ese detalle. Salvo por Clio quien desvió la mirada.
Al llegar al comedor, pueden ver que en una de las mesas cercanas a la cocina se encuentra Sota, sentado junto a Marie y al acercarse se deja ver un espacio reservado para su hermano.
Marie luce disgustada por la rudimentaria mezcla en la vestimenta de Daina, incluso haciendo un breve gesto que sólo termina por confundir a Ken por un momento.
—Supongo que por algo se empieza… —Apartó su abanico.
Ken al tomar asiento y ver lo alegre que se veía Sota al convivir con su hermano como antes, no pudo evitar pensar en cómo esa sonrisa pudiese desaparecer de su rostro si llegase a saber lo ocurrido, luego de varias demostraciones.
«Tal vez podría asustarse...» Imaginó a Sota gritando y huyendo del dormitorio de su hermano por el pasillo de los dormitorios. «¡Incluso no querer ver de nuevo a su hermano!» Ahora en su mente estaba la imagen de Sota oculto detrás de él y con Daina viendo desolado a su hermanito. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por las palabras de Marie.
—Como es muy tarde decidí prepararles algo ligero —en la pequeña mesa lucían adornadas servilletas—. Unos sandwiches y jugo de frutas.
—Gracias, señorita Marie —aun con todo y marionetas se las arregló para tomar su cena.
—Por favor, sin tantas formalidades —Sonrió.
Ken parecía haberse relajado un poco al ver cómo Sota le contaba a Daina por partes sus aventuras con Marie. Al menos se la pasó bien y no tan mal como él y el resto del club en sus intentos de dar con el jugo. Aunque eso lo llevó a pensar en más cosas «¿Y cómo reaccionarían ellos si supieran sobre esto?» Luego devolvió su vista a Marie quien miraba indiscreta la plática de los hermanos «¿Qué pasará con su puesto en el club?»
—¡Hola! —intervino Clio por sorpresa.
—¡¿Por qué tan tarde?! —reclamó con Keru.
—Tenía que arreglar algunas cosas —Arrastró una silla que estaba junto a Ken para tomar asiento.
—Creo que alguien se robó un sándwich —habló con Besu.
No había más que jugo servido para Clio.
—Clio prefiere prepararse sus propias comidas —Marie limpió sus labios—. Usualmente sólo le servimos algo de tomar.
—Además ya son la una de la mañana como para andar comiendo —procedió a tomar un poco del jugo.
Clio giró los ojos hacia donde estaba Daina, llamó su atención al ver cómo este los movía hacia abajo, pero lo único que había a donde señalaba era su vaso con jugo. Ken también se distrajo con las extrañas señas de Clio, se veía insistente.
Daina intentó encontrar qué señalaba, incluso él mismo bajó su vista para encontrar nada más que su sándwich sin tocar y el jugo.
—¿Juegan a las adivinanzas? —preguntó Sota.
Clio lo miró nervioso, Ken no sabía el por qué de su impresión.
—¿Qué les he dicho sobre jugar durante las comidas? —Marie soltó su sándwich del disgusto— Es de mala educación.
—Disculpe —Bajó la mirada arrepentido.
—Este… lo siento, Marie... —Daina intentó hallar alguna excusa pero no la encontró.
Ken prefirió ignorar la situación y regresar a su cena. Daina retomó su sándwich, pero antes de siquiera levantarlo recibió un puntapié de Clio.
—¡¿...?! —Soltó el sándwich y cayó en su plato.
«¡¿Qué le pasa a Clio?!»
Una vez obtuvo su atención, tomó el vaso y bebió un poco de jugo.
Arqueó una ceja y prefirió dejar de lado ese asunto, así que regresó a su comida.
Clio se llevó una mano directo al rostro, como si algo lo hubiese estresado.
Daina masticó normalmente la comida, pero al intentar tragar este sentía cómo su cuerpo rechazaba la comida, como si su estómago se negara a recibirlo, Clio en cambio tomó un poco más del jugo y Ken se distrajo mirando de reojo a su amigo.
«Diablos…» Siguió intentando tragar el sándwich «¿Tan poco apetito tengo?» Volteó a ver nuevamente a su compañero «¡¿Y qué demonios intenta decirme Clio?!»
Este hizo un último intento de lo que estuviese tratando de hacer. Llevó su mano derecha a la barbilla y señaló discretamente su garganta con el pulgar. Daina se quedó varios segundos viendo.
«¿Le duele la garganta?»
Al ver que su amigo no entendía desistió, tan estresado que se volvió a llevar la mano al rostro.
—¿Ocurre algo, Clio? —preguntó Marie con singular cortesía.
—¡Oh, no, no! Para nada, madame. Solo... —al estar acostumbrado al escenario supo improvisar— quería enseñarle a Daina algunos gestos que estaba ensayando para mis trucos.
—Bueno —Marie hizo una pausa mientras se limpiaba con delicadeza las mejillas—, no hay problema, Clio —Sonrió antes de voltear— ¿Y tú, Daina?
—¿Yo? —De los nervios terminó por tragarse el bocado a fuerzas— Nada, sólo no tenía tanta hambre como pensaba —Antes de decir algo más tomó del jugo.
Clio giró hacia Ken por unos segundos, que se detuvo en la última mordida al notarlo, confundido por todo el asunto.
—¿Qué tal se la pasaron los dos solos?
Marie se sirvió un poco más de jugo y luego a Sota quien le acercó el vaso.
—Bien, estuvimos entrenando y probando trucos de magia —contó Daina.
—Los grandes actos de magia de la familia Delon —Regresó hacia Clio—. Apuesto a que se divirtieron mucho.
Mientras Clio le explicaba a Marie cómo sus padres aprendieron esos trucos, Daina comenzó a sentir su estómago revolverse y náuseas, como si hubiese comido algo en mal estado.
—El sándwich estuvo bastante rico —habló Ken con Keru mientras usaba a Besu para poder sostener una servilleta.
—Y el jugo no está nada mal —recalcó Clio mientras se tomaba lo último que le quedaba.
—Cierto.
Tal parecía que Daina al menos podía beber con calma.
—Me alegra que les gustase —Marie volteó hacia Sota— ¿Qué tal estuvo la cena?
—Hace unos sándwiches y jugos muy ricos —Sonrió.
Daina siguió fingiendo que nada ocurría, aunque Ken no dejaba de sospechar.
—¿Y qué tal estuvo tu primer día en Francia? —Clio endulzó su voz.
—Me divertí mucho, comimos dulces y Marie me mostró el río y lugares muy bonitos.
—Es que, mi pequeño amigo —Aclaró su voz antes de extender una de sus manos y con la otra llevada al corazón—, Francia es más que romance… —hizo una pausa— ¡Es arte! —exaltó con la voz esas últimas palabras, antes de regresar a su tono de siempre— Qué genial que se divirtieran.
—Si gustas mañana podemos visitar de nuevo La Torre Eiffel, se nota que te gustó —Sonrió Marie antes de tomar el último trago de su jugo.
—¡Sí! —Levantó los brazos de la alegría— ¡Tenía una gran vista!
Mientras tanto, Daina está entre retirarse o aguantar otro poco por Sota, quien se divierte también con las actitudes de Clio.
«Por lo menos se lo pasa bien...» apoyó su mano derecha sobre su estómago.
Ken aprovechó que Sota y Marie estaban demasiado metidos en su conversación entusiasta para hablar con Daina.
—¿Todo bien? —hasta en la voz fingida de Keru denotaba preocupación.
—Para nada... —murmuró.
Inmediatamente, Ken decide darle un codazo a Clio.
—Intenté decirle —susurró para no llamar la atención de Marie y Sota.
—No podía entender esas señas... —puso los ojos en blanco.
—Ladra ya —murmuró con exigencia con la marioneta de Keru.
—Denme un instante… —Giró hacia Marie— Disculpe, madame —elevó su tono cortésmente.
—¿Sí, Clio?
—¿Podemos retirarnos?
Marie miró a Sota esperando su respuesta.
—Tengo un poco de sueño... Si quieren pueden irse.
—Lo mejor es que repongan energía —Sonrió.
Clio dió marcha hacia el exterior del comedor, seguido por Daina y Ken, ambos igual de confundidos. Este los llevó hasta doblar el pasillo y quedar fuera de la visión de Marie y Sota, justo a la mitad del pasillo izquierdo.
—Ahora sí, podemos hablar tranquilos.
—¡Ya basta de tanto misterio y dinos qué ocurre! —Levantó a Keru— Vamos, que ya tengo sueño —terminó con Besu.
—No debiste comerte ese sándwich —Clio dejó salir un resoplido antes de hablar.
—Eso veo —Agarró su estómago con ambas manos.
—Ya no puedes consumir cualquier cosa —Cruzó los brazos.
—¡Sólo sé directo! —Colocó a Keru entre Daina y Clio pero más cercano a este último.
—¿Cómo le voy a ocultar esto a Sota? Y ni hablar de Marie…
Ken bajó sus marionetas al escuchar esa pregunta.
—Es verdad… —Dejó de usar a Keru y Besu.
—Solo puedes beber y co...—decidió pausar antes de terminar la frase y pensarlo unos instantes— Olvida lo último, mejor sólo bebe el jugo de tomate.
—¿Ah? —entonó Daina y levantó la cabeza.
—Te recomendaría ir a vomitar eso antes de que Marie se dé cuenta —Clio señaló el baño más próximo a un par de habitaciones a la derecha.
—¿Eh? —Hizo una mueca— ¿Y cómo?
—Puedes llevarte los dedos a la garganta o algo así… pero no esperes a que ocurra algún milagro porque jamás podrás digerir eso.
—Bueno… —no teniendo claro aún qué rayos ocurriría prefirió hacerle caso— Lo intentaré —Corrió directo al baño.
—Esto se está poniendo feo —Ken levantó un poco a Besu— Por cierto… —Colocó dicha marioneta a la altura de Clio— ¿Crees que vaya a estar bien?
—Pues —pausó— mientras no le dé sed…
—Eso suena peligroso… —perdió un poco la tonalidad de Besu.
—Mientras eso no ocurra todo estará bien —Sonrió en un intento de tranquilizarlo.
Claramente esto no tranquilizaba a Ken, incluso regresó su vista hacia el pasillo que daba al comedor.
—¿Y cómo sabremos cuando eso esté por suceder? —dejó de hablar con su marioneta.
—Sus gestos son fundamentales —explicó y señaló los propios—, la forma en que mira o si tuerce el ceño de una manera inusual.
—Pero... dormirá solo —Tendió los brazos—. Nadie lo vigilará…
—Bien —Clio suspiró—, lo haré yo.
—No es por desconfiar de ti —Levantó con algo de cuidado a Keru— pero no creo que sea buena idea —Levantó también a Besu—. Sólo mira cómo lo dejaste —se le dificultaba seguir el tono de sus marionetas.
—¿Quieres vigilarlo tú? —si bien podía entender sus dudas, no comprendía por qué no le permitía demostrar que podía ayudar.
Ken se detuvo varios segundos a pensar. «Si vigilo a Daina... Sota dormirá solo o con...» Miró unos segundos los colmillos de Clio. Volvió a la primera propuesta «Aunque no sé qué tan buena idea sea dejar a este chico con Daina… después de…» Continuó en total silencio.
—Si algo pasa… —la voz de Clio se volvió fría y seria— no vas a poder solo.
—No puedo discutir eso —aceptó sin estar convencido.
—Relájate —Sonrió y volvió a su tono normal—. Va a estar bien.
•••
«Eso fue horrible...»
Por otro lado Daina ya estaba lavándose. Escupió el agua y lavó sus manos antes de proceder a limpiar a Deathscyther de la sangre.
—Lamento que hayas visto todo eso —Frotaba con un paño las áreas ensangrentadas.
Su bey emitió un pequeño destello proveniente de uno de sus ojos
—¿Mmm? —Sonrió un poco— Me alegra que me apoyes en est…
El resonar de una risa provocada por una voz familiar interrumpió su momento de calma.
—Parece que tuviste una cita con Drácula.
Levantó la mirada hacia el espejo. Allí había una ilusión de él mismo rodeado de niebla, con la diferencia de que tenía los ojos brillantes, carentes de iris y pupilas.
—¿Crees que Sota querrá seguir a tu lado cuando sepa de esto?
—Tú… —Tensionó su cuerpo— No… Quiero decir —vaciló—, nunca se sabe con él —Bajó los hombros y encorvó apenas, como si quisiera retroceder.
—Ahora mismo sólo eres una amenaza para tu hermanito y el ventrílocuo —fingió tristeza ayudado de un gesto con los labios—. Y para todo tu equipo.
—Ken confía en mí —Dio la espalda y regresó a limpiar a Deathscyther—, sabe que no les haría daño.
—¿Seguro? —cuestionó— En tu habitación parecía todo lo contrario.
—Te equivocas —forzó su voz para no quebrarse.
—Hasta tú desconfías de ti mismo en estos momentos —replicó.
—Cállate… —Contestó con un hilo de voz mientras se le humedecían los ojos y resbalaba una lágrima sobre Deathscyther— Te equivocas…
En el fondo sabía que la ilusión tenía razón pero no lo aceptaría abiertamente.
—Eres impredecible hasta para Clio.
Dado su tono casi burlón, Daina podía deducir que estaba sonriendo de manera siniestra.
—Clio sabe de esto mejor que nadie —exclamó irritado al voltear de regreso al espejo.
En ese momento pudo notar que la oscuridad en torno a la ilusión se había tornado más densa.
—Sí y mira lo que te hizo.
—¡No era él mismo! —gritó— ¡No estaba consciente de lo que estaba haciendo!
—Tú tampoco estarás en sí —Caminó hacia Daina, lo que restaba de su cuerpo invisible dentro del espejo adquirió forma y opacidad—. Cuando eso te domine…
Daina retrocedió dos pasos en tanto lo tuvo cerca, se limitó a mirarlo con desprecio.
—Sota será tu primera presa. ¿No es así?
—¡No te atrevas a mencionar a Sota! —Miró a donde deberían estar sus iris.
—Bueno —pausó y llevó su mano derecha a la cintura—, entonces tal vez será Ken.
—Vete al diablo... —contestó Daina entre dientes.
Empezó a limpiar a Deathscyther más rápido, hasta que el reflejo de la ilusión reapareció sobre las piezas.
—No puedes huir de la verdad.
—¿Quién dijo que estoy huyendo? —replicó y ya ilusión sonrió.
—Es lo único que puedes consumir ahora…
•••
—¿Es normal que tarde tanto? —Volteó Ken en dirección al baño.
—No lo creo —respondió Clio viendo por encima de su hombro—. Iré a verlo.
—Te acompaño.
•••
—… Y en el fondo sabes que quieres… —insistía la ilusión.
El ambiente se volvía más oscuro conforme esta seguía, ya no podía distinguirse nada alrededor de Daina.
—No es cierto —negó por enésima vez.
—No importa cuánto jures que no lo harás —su voz hacía cada vez más eco—, sabes que tarde o temprano te dejarás caer —hizo una pausa—. Lo has hecho tantas veces… —recordó melodioso para su gusto.
Esta vez Daina no tuvo respuesta, quisiera o no, cayó en las trampas cientos de veces, nada aseguraba que su maldición fuera a ser diferente.
—No llevaste a tu equipo a la cima —la ilusión llenó su rostro con una sonrisa sarcástica.
» No pudiste proteger a Besu de Shu, y tampoco pudiste mantener bajo control a Clio —guardó silencio, sintiéndose cómo calaba entre la escasa luz del lugar—. No puedes prometer la seguridad a nadie… Caerás nuevamente —Soltó una pequeña risa—. Tal vez más temprano que tarde.
—¡Vete de una vez! —exclamó con su bey contra su pecho.
El grito alcanzó a escucharse al otro lado, donde Ken y Clio se encontraban.
—¿Qué dijo? —preguntó este último inquieto por los gritos.
—Eso significa "vete de una vez" —explicó Ken preocupado antes de golpear la puerta— ¿Daina?
—Cuando dejes de ser Daina —Sonó su nombre al unísono con Ken— lo perderás todo.
—¿Eh?
Desvió la mirada aún con Deathscyther sobre su pecho y fue a abrir la puerta.
—¿Acaso será… —la voz de la ilusión poco a poco comenzó a dispersarse— hoy?
—¿Estás bien? —preguntó en japonés y golpeó la puerta una vez más.
—¡Sí, estoy bien! —mintió antes de abrir— Sólo no podía quitarle las manchas a Deathscyther.
—Te estabas tardando mucho —Vio que llevaba a Deathscyther en su pecho— y cuando llegamos te escuchamos gritar.
—Ah... —Apartó a Deathsctyher de su pecho— Bueno, sí estaba un poco alterado —reconoció, en francés para que Clio entendiera.
—Supongo que es normal —Ken también cambió de idioma—. Has tenido un día estresante.
—Ya te imaginarás... —confirmó con un suspiro.
—Prefiero no hacerlo —Rió un poco nervioso— y hablando de Clio… creo que lo mejor será vigilarte hasta que —hizo una breve pausa y rascó su cabellera por los nervios— te acostumbres —por su inquietud sonaba como una duda.
—Ken… —por un momento recordó la ilusión—. Entiendo, al menos hasta ver si pasa algo. Podemos confiar en Clio.
—No es que no confíe en el jugo de tomate que preparamos—recalcó—, es sólo por si aca…
Daina tomó su hombro.
—Ya dije que está bien, ¿sí? —Forzó una sonrisa.
Ken quedó en silencio tras ver la actitud de Daina. Al notar esto, Clio decidió ponerse firme.
—Escucha —suspiró—. Ni yo sé qué podrías hacer, pues no es lo mismo nacer vampiro que… bueno… —con algo de vergüenza logró pronunciar las últimas palabras— te muerda uno accidentalmente.
Daina asintió como si estuviera calmado pero en secreto maldecía a la ilusión por tener razón. «¿Ves que te lo dije?»
—Es por tu bien —finiquitó Clio— y el de los demás.
—Lo sé, gracias por tomarte las molestias.
—Es lo menos que puedo hacer ahora —respondió con cierto decaimiento.
—Bueno —Ken tapó su boca al bostezar—, mejor me voy a dormir —Encaminó a su habitación—. Fue un día muy cansador…
—Buenas noches, Ken —saludó Daina antes de dirigirse a dormir también.
—Buenas noches, amigo —despidió Clio antes de seguirlo.
En cuanto estuvieron ahí Daina cerró y procedió a quitarse la bandana y ponerse el pijama.
—Si me disculpas necesito dónde dormir—comentó Clio—, con permiso…
—No hay problema —contestó Daina de espaldas— ¿Te ayudo con…?
Volteó y quedó boquiabierto al ver a Clio sacar un ataúd de su armario.
—¡¿Cuándo metiste eso ahí?!
—¡Magia, mi querido amigo! —Arrastró el ataúd hasta la mitad de la habitación.
—Je, es cierto.
Se metió a la cama ubicada al fondo en la esquina izquierda según se entraba al cuarto
—Hasta mañana.
Mientras saludaba, Clio apagó las luces y entró al ataúd, ayudado con una vara lo mantenía semiabierto.
Ambos, sin dejar que el otro lo notara, padecieron insomnio al repensar en lo ocurrido y en el porvenir más cercano.
«¿Qué va a ser de mi carrera en AS Gallus? ¿Qué dirá el equipo beigoma, siquiera lo creerán? Ni Clio sabe lo que podría hacer ¿Hasta qué punto podrá ayudarme?» Contuvo el llanto para no despertar a Clio con sus manos sobre su boca.
Daina fue el primero en ceder al sueño a casi las tres de la madrugada, en cambio su compañero no. Temiendo despertarlo este apartó la vara y cerró el ataúd con lo cual se permitió llorar y esconder los sollozos y gimoteos lo más posible.
•••
Tras unos momentos de tomar la sangre restante del cuerpo de Daina luego de que colapsara, Clio se apartó en silencio.
—Un momento… —Detuvo su mano con un breve sobresalto, antes de relamerse los labios.
Apartó la otra mano del rostro de Daina y vio su cuerpo. El mismo estaba empapado de sangre al menos por la mitad, al reconocerlo quedó mudo.
—¿Daina? —le dio algunas palmadas en la mejilla.
No reaccionó en lo más mínimo y al tocarlo llegó a percibir lo frío que estaba, además de observar su palidez entre la iluminación de la luna. Se apresuró en buscar su pulso y respiración, solo para encontrarse con que no tenía signos vitales.
—Ay no… —Los labios de Clio temblaron.
Inmediatamente tomó a Deathsycther e hizo lo posible por sacar de ahí el cuerpo. Al tener dificultades para levantarlo lo arrastró agarrándolo de las axilas, en el proceso parte de la sangre se expandió y manchó el piso.
—Perdón, perdón…
Desgarrado y trémulo imploraba perdón en rumano de tan fuerte que eran sus emociones en esos momentos.
—No sé en qué momento perdí el control… —continuaba hablando en su lengua materna.
Abrió la puerta con una mano y acabó de abrirla con el pie con tal de no soltar del todo a Daina. Cerró la puerta halando con el pie y continuó hasta las duchas, abriendo con una patada.
Entre el movimiento la cuerda que Daina había ocultado asomó de su bolsillo hasta caerse, había absorbido un poco de la sangre también. Clio se detuvo unos segundos observándola con cierto nerviosismo y la guardó en uno de los bolsillos de su capa.
Luego de unos momentos para calmarse se dirigió a una de las duchas de donde sacó unas toallas mientras llenaba una cubeta, le daba la impresión de que Deathscyther estaba observando aquella escena.
—Perdón…
Volvió a disculparse y a hablar en francés para comunicarse con el bey y con Daina, como si aún pudiera oírlo.
—Él estará bien… vas a estarlo —prometió.
Comenzó a pasar la toalla por las partes manchadas con sangre.
En un momento volteó a ver el cuello de Daina, en él podía apreciarse las marcas de sus colmillos, si miraba con detenimiento estas eran muy profundas. Clio intentó no soltar una lágrima al ver el daño que había hecho. Retiró la ropa ensangrentada y pasó la toalla alrededor de todo su cuerpo hasta recordar todas las manchas que había dejado.
—Ya regreso.
Apoyó el cuerpo de Daina entre las paredes de la ducha envuelto con una bata y a Deathscyther delante de él.
Dedicó arduo esfuerzo y tiempo para remover hasta el más minúsculo rastro de sangre, pues algunas manchas eran más difíciles de remover que otras. Regresó a remojar el trapo.
—¿Qué le pasará? —sonó una voz con suave eco.
Clio miró de nuevo el bey para luego sacar a Chaos y observarlo unos segundos.
—Él va a…
Decenas de pensamientos sobre lo que sería la vida de Daina pasaron por su cabeza, unos más duros que otros.
—Lo lamento tanto… —murmuró tanto para su compañero como para Deathscyther.
Para cuando acabó el agua estaba teñida de rojo.
Recostó el cuerpo de Daina fuera de la ducha y el mismo perdía el escaso calor que aún conservaba, fuera de ello no había cambios aparentes.
Tomó a Deathscyther como si de un delicado ramo se tratara y lo dejó sobre el pecho de Daina. Una vez hizo esto vertió el agua sucia en el desagüe, remojó la toalla y limpió la cubeta.
—No creo que la sangre se quite —pronunció en rumano para él mismo mientras veía la toalla con restos de rojo.
Dejó a Chaos junto a Deathscyther antes de guardar la toalla en la cubeta y por último dejarlo todo en un rincón con un poco de cloro que sacó del almacén, esperaba que a la larga funcionara en caso de que alguien lo encontrara antes de que él pudiera encargarse.
Clio regresó con Daina, guardó su bey y mantuvo al otro en su mano a la vez que arrastraba el cuerpo desde los brazos.
—Todo va a estar bien, te lo prometo —repitió en francés y procuró mantener ese idioma.
Finalmente pudo llegar hasta el cuarto de Daina donde intentó sentarlo sobre la cama para poder ponerle otra ropa. Se balanceaba con facilidad de un lado a otro como si fuese un muñeco de trapo, de no ser por Clio en esos momentos el cuerpo habría caído de la cama. Inspeccionó la ropa ensangrentada para comprobar si podía hacer algo con ella, sin embargo al hacer eso el cuerpo de Daina quedó sin sostén, se inclinó y acabó por resbalarse y caer al suelo.
—¡Daina! —Dejó caer la ropa y corrió a atender a su amigo— ¡Perdóname!
En un acto de reflejo pateó la ropa ensangrentada debajo de la cama y corrió a atender a su amigo. Lo recostó de nuevo en la cama para luego retirarle la bata y colocarle la parte de arriba del pijama. Hecho esto inspeccionó que no le quedaran más manchas de sangre, hasta que se detuvo en la marca de sus colmillos.
—... ¿Qué hice? —volvió a reprocharse a sí mismo.
Volteó hacia Deathscyther.
—Sólo… cuídalo —resonó esa voz.
Este no brilló pero daba la sensación de que la bestia observaba a su compañero como si lo velara. Clio lo tomó, no pudo evitar sentir culpa al mirar sus ojos.
—Te prometo que —se trabó— haré todo lo que pueda por él —Regresó la mirada llena de tristeza—. Estará bien.
Antes de que pudiera continuar con el cambio de ropa escuchó llegar el vehículo del equipo.
—Oh, no… —Abrió mucho los ojos.
Sin pensarlo más arropó a Daina así como estaba hasta el cuello. Corrió directo a la salida solo para recordar que Deathscyther aún tenía restos de sangre en todas partes, sobre todo su layer.
—Lo siento por esto…
Se inclinó para dejar caer a Deathscyther debajo de la cama antes de abandonar la habitación corriendo y de ahí al comedor que se hallaba próximo a la entrada.
•••
Sota dormía sin conocimiento alguno acerca del caos que comenzaba a formarse, sin embargo, Ken intentaba procesar su situación.
«Resulta que los vampiros existen, mi mejor amigo aparentemente es un vampiro y su otro amigo también… ¿No estaré soñando?» Se pellizcó a sí mismo con lo que entrecerró los ojos del dolor. «De acuerdo, es real.» frotó su brazo. «Y… no será una broma muy, pero muy pesada?» meneó la cabeza «Esa sangre y herida eran muy reales, ni siquiera los colmillos de Clio parecen de utilería. Además… ¿cómo ocultas tus latidos?»
Su corazón empezó a acelerarse. «¿Qué debería hacer?» Miró a Sota y pensó en las palabras de Daina la primera vez que se separaron, cuidarlo como si fuera su propio hermano menor. «Me aseguraré de que nada malo pase… aunque tenga miedo.»
