En cuestión de horas, como era de esperarse que sucediera, sonó la alarma del reloj que Daina no tardó en apagar.

—Buenos días, Clio —Saludó mientras se colocaba la bandana.

Miró hacia el ataúd y apreció que este se encontraba vacío «Cierto… iba a acompañar a Ken, Sota y Marie a desayunar.»

Empezó a cambiarse de ropa, el conjunto victoriano de la madrugada y los pantalones que hacían juego luego de darse su tiempo para sacudirlos, aunque igual se colocó su cinturón con calavera dorada.

En ello palpó su cuello en busca de las heridas con la esperanza de que todo fuera una horrible pesadilla, deseo que desapareció al encontrarse con la textura de esos agujeros sobre su cuello, así como la ausencia de pulso que debería encontrarse en cierta parte del mismo. Y, por si eso no fuera suficiente, sus ropas ensangrentadas a un costado de la habitación.

Merde

Abandonó la habitación cabizbajo y siguió hasta la cocina donde escuchó el ruido de la sartén friendo algo, cosa que no esperaba debido a la desvelada y tan largo viaje.

—Buenos días —saludó.

Estaba Ruck preparándose el desayuno, un par de huevos revueltos con algunas especias y tiras de tocino. Este volteó a ver a quien lo saludaba.

—Hola, Daina —Después se fijó en sus colmillos y atuendo un poco confundido— ¿Qué halloween no es en una semana?

—Pues sí —reconoció—. Sólo quería probar otro estilo.

«¡Carajo!» Abrió mucho los ojos, la bandana evitó que se notara. «¡¿Tanto crecieron?!»

Ruck arqueó una ceja ante la respuesta.

—No es propio de ti pero si tú lo dices… —Regresó su atención a la sartén— ¿Quieres un poco? —le ofreció el tocino.

—Cla… —pausó en el acto— No, gracias.

—Como digas —Maniobró con la sartén. A su lado había una jarra de jugo de naranja—. Sólo quítate los colmillos antes de comer, seguramente sería incómodo.

«Ojalá pudiera…» Fue a servirse el jugo de naranja. «Cuando todos se vayan beberé el jugo de tomate con más calma.»

Ruck acabó de servir su comida y también junto con el jugo de naranja.

—Por cierto —Miró a Daina de reojo mientras sacaba unos cubiertos—, el traje no te queda nada mal.

—Gracias —Se vio a sí mismo antes de caminar juntos a la mesa.

—Luces como el legítimo capitán de AS Gallus con eso —añadió Ruck.

Terminaron de tomar asiento, pero antes de tomar un bocado él recordó algo.

— ¡Oh, cierto! Recuerda que hoy le toca lavar a Jean así que ya sabes, asegúrate de dejar tu ropa.

—Je, otra vez gracias y sí, lo recordaré —añadió antes de tomar del jugo de naranja.

Ruck hizo una mueca al ver que lo tomaba sin dificultades aun con los colmillos.

—¿Qué pasa? —Daina dejó el vaso.

—¿No es incómodo beber así? —Comió un bocado de su desayuno.

—No, no es para tanto.

—Si tú lo dices —Ruck sacó su teléfono y tomó una foto con su desayuno.

—¡Buenos días! —Renoir apareció por el pasillo con su libreta de dibujo— Veo que ya prepararon el desayuno.

—Sí y yo ya me iba —Daina se paró luego de tomar los últimos tragos—. Con permiso…

—¡Ey, espera! —Lo miró de pies a cabeza— ¿Y ese atuendo?

—Quiero darle una oportunidad a los atuendos de Marie —Giró hacia Renoir— ¿Quieres probártelo?

—Eh... —Señaló sus colmillos confundido.

—... Convivir con Clio me contagió la costumbre, ¿de acuerdo? —dijo apenas se percató de lo que Renoir iba a preguntar.

Se marchó antes de que le dijeran cualquier otra cosa.

Renoir miró con extrañeza a Ruck y este hizo lo mismo.

Al pasar por la habitación de Jean, Daina podía ver que esta seguía desordenada pero él no se encontraba en ella. «Bien, tengo tiempo... espero.» Corrió a su cuarto, cerró la puerta y fue a buscar la ropa oculta bajo la cama.

—¿Hola? —Escuchó una voz tras de él, fuera del cuarto.

—¡Ah, Jean! —exclamó Daina al reconocerlo.

—¿Puedo pasar?

—¡Un segundo! —Dobló la ropa más rápido y como pudo con tal de tapar la sangre— ¡Listo, pasa!

—Quería hablar contigo —Se acercó a donde la ropa con un pequeño canasto—. Espero no sea grosero pero…

—Dime —Miró hacia Jean.

—Debido a que tú y Clio desordenaron mi habitación —Tomó cada una de las prendas sin tener mucho cuidado en ellas— tal vez sería justo que la arreglen aunque sea un poco.

—¡Claro! —en ese instante tuvo otra idea producto de la preocupación al verlo manejar las prendas— De hecho pensaba compensarlo lavando hoy la ropa.

—¿Eh? —Arqueó una ceja— Pero tú la lavaste el sábado anterior.

—Insisto —Sonrió sin enseñar los dientes— No te importa, ¿o sí?

—¿Se-seguro? —tartamudeó extrañado por la actitud de Daina.

—Sí, no es para tanto.

—Bueno —Sonrío—. Gracias, compañero.

Dejó el cesto de ropa para luego retirarse de la habitación.

Tan pronto se fue, Daina suspiró aliviado. «Con esa manera de agarrar la ropa seguro se daba cuenta...» Revisó si faltaba algo más y fue directo a lavarla, escondiendo la suya de la vista.

«Tengo que acabar con esto e ir a por el jugo antes de que pase demasiado tiempo...» En cuanto acabó fue directo a limpiar la habitación de Jean. Ya no había nadie en el comedor pero en la habitación ya estaba él limpiando un poco.

—Creí que estarías entrenando con los chicos —comentó Daina al verlo.

—Daina... —Jean observó la velocidad con la que ordenaba la habitación— ¿Seguro que te sientes bien?

—Sí, solo desperté con muchas energías hoy, tengo uno de esos días… Ya sabes.

—Hem... —Levantó una ceja. Se acercó a recoger por donde Daina— Es que tu atuendo y bueno... Ruck me dijo que traes unos colmillos parecidos a los de Clio.

«¡Métete en tus asuntos!» gritó por dentro. «¡Y tú también, Ruck!»

—Sí. ¿Qué tiene?

—No es... normal en ti.

Al recoger una camisa se puede ver en la parte trasera un par de gotas de sangre no muy notorias, Jean parece demasiado distraído para notarlo por lo que la dobla sin más.

—Sé que es raro, y aprecio que te preocupes, pero te juro que estoy bien. Y esta ropa —Señaló su atuendo—, la mía está toda para lavar, no iba a salir sin nada —intentó despistarlo— o todo sucio.

—Tampoco desayunaste —Recogió el montón de ropa y la guardó hasta el fondo de su ropero debajo de otro conjunto de ropa— o eso me comentó Ruck.

«Alguien está pidiendo que lo haga entrenar el doble hoy… y muy duro.» Daina presionó con sus dedos el canasto.

—No tenía muchos antojos, comeré algo luego —agregó terminando de acomodar otras cosas.

—A este paso terminarás pidiendo que te demos jugo de tomate también —bromeó con una risita.

—Ja, ja, ja, sí —hubo algo de sarcasmo en la risa de Daina.

—Pero hablando un poco más en serio —Terminó de cerrar su ropero para luego voltear—, eres nuestro capitán y por ende nuestro amigo —Se acercó un par de pasos—. Por eso nos preocupamos por ti.

—Lo sé... y se los agradezco —Sonrió sin mostrar los dientes.

—Si necesitas ayuda sólo debes decirnos, ¿está bien?

—Claro —Asintió.

Finalmente Jean se dirigió a la puerta de su habitación

—Llevarse tan bien con Clio podría volverte alérgico al sol —tiró una última risa antes de salir.

—¿Cómo hizo Clio para lidiar con tantas preguntas los primeros días? —Puso los ojos en blanco.

Partió a buscar el jugo de tomate tan pronto dejó la ropa lavándose pero cuando estuvo a escasos metros del sitio recordó que probablemente cambiaron el sitio para guardarlo por el accidente del día anterior. «Genial...» pensó «Con suerte está en la nevera y ya.» Se desplazó hasta la cocina a revisar si estaba ahí, durante el camino empieza a sentir un peculiar antojo.

•••

—¿Pudiste averiguar qué le ocurre? —Renoir dibujaba el entrenamiento de Ruck y Jean.

—No —Tomó su bey del estadio— pero se veía con prisas.

—Él siempre se encuentra para ayudarnos a entrenar… —Ruck colocó su bey en el lanzador.

—Tal vez lo mejor será dejarlo descansar —Renoir ayuda a posicionarse a Jean—. Esto tal vez sirva.

—Debemos concentrarnos en el entrenamiento —Ruck veía cómo su bey mantenía una velocidad constante—, para demostrarle lo que podemos avanzar en poco tiempo.

Renoir y Jean asintieron.

•••

Al revisar, Daina en la nevera no encontró las botellas. Maldijo en voz baja.

—No tiene sentido —Cerró— ¿Dónde estarían entonces?

¿Y qué tal va el apetito? —La voz de la ilusión hizo presencia.

Daina se sobresaltó por un momento.

—No tan bien… —admitió con la vista hacia el vacío— pero puedo soportarlo.

Esta mansión es un maldito laberinto, jamás lo encontrarás —la ilusión sonaba un poco más seria de lo normal.

—Con algo de sentido común lo haré —imitó el tono de la ilusión— y si no, me encerraré en mi cuarto hasta que venga Clio.

¿Crees poder mantenerte cuerdo hasta entonces?

Por su parte, Clio se hallaba con Marie, Sota y Ken, caminaban por el centro de París, donde podían ver La Torre Eiffel a la distancia.

—¿Crees que Daina esté bien? —preguntó con Besu.

—Claro —Clio bebió un sorbo del jugo de tomate.

—Sí le dejaste una botella, ¿verdad?

—Claro —afirmó—, en el lugar más obvio posible.

—Tus señales de ayer no fueron obvias.

—Confía en mí.

Aún muy preocupado por él, Ken se acercó a Marie con algo de timidez

—Disculpe... ¿Cuándo regresamos a AS Gallus?

Marie continuó caminando mientras se tapaba parte del rostro con su abanico de mano.

—¿No les está gustando el paseo?

Ken se sintió un poco mal por la pregunta.

—No, no es eso —Se rascó la cabeza—. Quiero decir —fingió haberse equivocado de palabras—, se nos olvidó resolver algo antes de salir.

—Entiendo. Pues una media hora, tal vez.

Marie continuó mientras Ken bajaba la velocidad de sus pasos hasta quedar junto a Clio, se veía bastante nervioso.

De vuelta con Daina, este trataba de mantener la compostura.

—A ver, Daina —habló consigo mismo—, mantén la calma... ¿Dónde lo pondría Clio?

¿Siquiera te dejó un poco? —cuestionó la ilusión para presionarlo.

—¿Y por qué no lo haría?

¿Acaso sería extraño que lo olvidara?

—Cierra la boca —exclamó antes de dejar la cocina y encaminarse a su cuarto.

Revisó si había algo oculto en el ataúd, estaba vacío.

—Bien, entonces —pausó a pensar— tal vez en el armario.

Abrió dicho armario a su lado, todo lo que había eran los trajes de Marie y unos pares de zapatos.

—Esto se pondrá feo… —un poco nervioso cerró y observó la habitación en busca de un posible escondite.

¿Recuerdas cómo se puso Clio? Pronto estarás en la misma posición —en esa última parte la ilusión sonó burlesca.

—No… —Se mordió el labio— si eso pasa me aseguraré de no lastimar a nadie.

Trató de pensar en dónde podría estar con los dedos en el entrecejo, bajo su cama sabía que no por buscar su ropa antes.

De regreso momentáneamente a los chicos, Ruck fue capaz de mejorar la velocidad de su Sieg Xcallibur.

—¡Bien hecho! —felicitó Jean viendo cómo el bey sacaba chispas.

—Ahora sólo debes aprender a manejarlo —Renoir dibujaba los movimientos del bey— ¡A Daina le encantará esto!

De vuelta con este último, inspeccionaba todos los rincones de la habitación sin suerte y las opciones comenzaban a agotarse.

¿Continúas insistiendo?

—No puedo darme por vencido ahora.

Tic tac, amiguito, el tiempo se acaba —la voz de la ilusión resonó en un eco particular.

—Demonios… —refunfuñó y fue a poner el seguro a la puerta.

¿Te encerrarás aquí? —el tono se volvió más frío— ¿Como un animal enjaulado?

—¿Tienes una mejor idea? —contestó en retórica y con sarcasmo.

¿Buscar una presa? ¿Y quién dice que no abrirás esa puerta tú mismo?

—Les daré tiempo —Dio la espalda a la puerta.

Ellos ni siquiera saben lo que está por ocurrir.

—Ken y Clio lo sabrán, puedo llamarlos.

Ken sólo se puso a salvo, él ya sabía que iba a suceder —la última frase sonó en tono de regaño.

—No es cierto, no me abandonaría…

Ayer estaba tan asustado de ti… —le recordó.

Hizo una pausa para que el silencio acompañara sus palabras.

¿Por qué quedarse con alguien que sabes que en cualquier momento va a perder la razón?

En esos momentos Daina tuvo como idea aprovecharse de su ilusión para distraerse, tal vez así podría retrasar el apetito.

—Cualquiera se asustaría —reconoció— pero lo conozco bien, no… no va a abandonarme.

¡Oh, ve el lado bueno! —Dió una pequeña risa sombría— Él y Sota serán el postre.

—Eso está por verse —Caminó a sentarse en la cama.

«Bien, me salió el tiro por la culata» reconoció, a lo que la ilusión respondió con una risa.

Mientras... tienes unas deliciosas presas esperándote en la sala de entrenamiento —por alguna razón la ilusión tenía un tono más siniestro de lo normal—. Esos chicos siempre han sido dependientes de ti... ¿Qué tal si finalmente les das una utilidad? —la voz en su cabeza comenzaba a tener un poco más de eco.

—Mmm… pues si lo vemos así…

Abrió mucho los ojos al darse cuenta de lo que estaba pensando y se tapó la boca. La ilusión se rió más fuerte de su reacción.

— ¡Ah no, no, no, no!

Ellos no sospechan nada, es tan simple como decir "bonjour" Tan fácil como decir que fue un accidente.

Algo frío recorrió la espalda de Daina tras escuchar eso.

Se llevó una mano a la frente, no quería lastimarlos y menos tener otro problema pero ahora su cabeza decía otra cosa, y era peor al tener a la ilusión haciendo de las suyas.

Han estado entrenando todo el día —insistió aún más la ilusión—, deben estar cansados. Son presas fáciles, no tienen nada de energía para huir.

—Mmm… —Sonrió un poco de pensarlo, tardó unos segundos en desvanecerse— ¡Se acabó! ¿Dónde quedó mi teléfono?

Levantó las sábanas para luego pasar la mano por debajo de la cama en caso de no haberlo visto. El teléfono estaba justo en la cabecera, atrás de un lanzador roto, aunque era difícil de tomar.

«¡Vamos, por favor!» Daina estiró su mano tratando de acercarse más a la cabecera.

¿Qué harás cuando le llames? —pausó— ¿Decirle que tienes problemas con tu antojo? Eso solo les dará más razones para no volver.

Daina dio otro estiramiento hasta dar con su teléfono.

—¡Por fin! —Arrastró con la yema de los dedos hasta que pudo sacarlo y marcó a Clio tan rápido como pudo.

•••

De regreso con el resto del grupo, Marie y compañía se encontraban en un restaurante.

—Seguro que a mi hermano le hubiera encantado —agregó Sota un poco triste.

—Anoche estaba raro, supuse que no se sentiría muy bien como para venir —Marie le acercó un poco de la leche con chocolate.

Por otra parte, Ken estaba realmente nervioso, tanto que sólo veía el reloj. Clio intentaba tranquilizarlo sirviéndole un poco de té y un bolillo de pan.

—¿Ken, te sientes bien? —Preguntó Marie al ver cómo se despistaba viendo el celular con cierto nerviosismo.

—¿Eh? —Volteó el celular hacia ella— Sí. Sólo estaba analizando la batalla que hubo entre Suoh y Fubuki en Japón.

En su celular se puede ver a Suoh estrechando su mano a Fubuki tras el encuentro.

—Está bien informarse pero no en medio de una comida —Marie sonrío.

—De acuerdo —Guardó el celular nuevamente—, disculpe.

El celular de Clio comenzó a sonar con un viejo piano como tono.

—¿Me permiten?

Marie asintió con una sonrisa mientras Ken observaba nervioso; de inmediato encaminó hacia un rincón del restaurante donde tuviese más privacidad, le toma un poco de tiempo hasta que finalmente responde

—¿Hola?

—Hola, Clio —desde el principio su tono era de alarma.

¿Por qué no quedarte tú con todo el buffet? —la ilusión interrumpió.

—No te escuchas nada bien —escuchaba Clio preocupado.

—No —intentó ignorar la voz—, no puedo encontrar el jugo.

—¡Ah, eso! —suspiró aliviado pues esperaba algo peor.

—¿Dónde está? —Sudó por la frente, cosa que fue parada por su bandana— Empiezo a ponerme peor.

—Es sencillo, sólo… —La voz de Clio se cortó, aquello en su cabeza tomaba más fuerza al punto de confundirlo— ¡Vamos! ¿Qué esperas? Sólo debes abrir la puerta —Sonaba siniestro, a diferencia de hace unos segundos.

—¿Hola? —Renoir acababa de tocar la puerta con calma.

—¿Qué dijiste? —Arqueó una ceja— Espera un segundo… ¡¿Quién es?!

—¡Renoir! —Detuvo el golpeteo.

Es sencillo, sólo debes ir sobre él y dejarlo inmóvil. Con lo debilucho que es… —Una pequeña risa finalizó la frase.

—Por un demonio… —dijo Daina por la ilusión— ¡Renoir, ahora estoy un poco ocupado! ¡Lo siento!

—¡Esto podría gustarte! —insistió un poco más.

Clio quedó aún más extrañado por las primeras palabras de Daina.

—¿Ho…? —volvió a cortarse— Por supuesto que te gustará, es más, te encantaría, ¿no es así? —Aumentó el volumen, impidiendo escuchar a Renoir.

Daina apartó el teléfono y se dirigió a la ilusión viendo al aire.

—¡¿Podrías callarte de una vez?!

—¿Eh? —Alzó ambas cejas.

Tanto Renoir como Clio quedaron impactados al escucharlo, este último volteó a ver al resto.

—Perdón, no quería molestarte —sintiendo algo de culpa, Renoir se retiró decaído de la puerta.

El apetito no es algo que puedas callar con sólo gritar —la ilusión se encuentra manifestada detrás de él, con los colmillos bastante destacables.

—¡No! Yo… Lo siento… —respondió Daina.

—¿Clio? —Marie lo observó algo molesta.

—Marie… —al no recibir respuesta de Daina decidió colgar y regresar a la mesa.

—¡Clio, no cuel…! ¡Aaagh! —Tiró el teléfono a la cama.

Sólo sácialo, no es tan complicado.

—No... no quiero... Mmm... —se le pasó una idea por la cabeza, volvió a tomar su teléfono— Veamos…

Ya que Daina no podía hablarle probó mandarle un mensaje lo más breve y claro posible:

"El hambre me está volviendo loco, no quise gritarte. No podía escuchar lo que tratabas de decirme."

—¿Qué pasó? —Ken susurró a Clio para no llamar la atención de Marie.

—Me preguntó dónde estaba la botella de jugo —Tomó un poco de café fingiendo no estar preocupado.

—¿Y le-le dijiste? —Ken lucía bastante mal de los nervios.

—Le dije que estaba en tu habitación aunque después gritó "¡¿Por qué no te callas?!" —intentó imitar el tono de regaño entre el susurro.

—Ah ya veo, me preocupaba que... —Ken casi se atragantaba con un pedazo de pan al procesar lo oído— Espera, ¿podrías repetirlo? —Observó a Clio directo a los ojos.

—"¡¿Por qué no te callas?!" —imitó nuevamente la voz de Daina.

—¡Eso no! ¿Dónde guardaste la botella? —preguntó más nervioso.

—En tu habitación. ¿Por qué?

Clio preguntó inocentemente mientras Ken estaba que iba a darle un infarto.