—¡¿En mi habitación?! —gritó Ken y sin querer atrajo la atención de la mitad del restaurante.
—¿Eh? —Marie estaba confundida— ¿Qué ocurre?
Clio tomó un sorbo de su café.
—Ken, ¿estás bien? —preguntó Sota quien tomaba un poco de la leche junto a una galleta.
—Lo-lo siento —Recuperó la compostura y procedió a informar a Clio del problema— ¡Mi habitación está cerrada con llave! —dio un fuerte susurro.
—¡¿Qué?! —Soltó su taza al escucharlo.
—Tenemos que volver de inmediato —apresuró Ken.
—Pero nos comprometimos con Marie… —empezaba a estar tenso.
—Sabes mejor que yo lo que puede ocurrir si no lo ayudamos ahora —Bebió lo que le quedaba de café.
—De hecho… —Bajó la mirada encogiendo los hombros— yo tampoco lo sé.
—¿Cómo? —los ojos de Ken temblaron al escuchar la respuesta.
—Yo nací vampiro y pude razonar al poco tiempo —explicó— pero no sé si él pueda…
Esas palabras bastaron para hacer a Ken levantarse.
—Por favor… —Clio entendió y salió de inmediato de la mesa.
—¿A dónde van? —Marie sujetaba con delicadeza una cuchara.
—¿Ken? —Sota se veía preocupado— ¿Qué pasa?
—Daina llamó y dijo que necesitaba ayuda con algo.
—Los chicos fácilmente pueden ayudarle —Marie hizo una breve pausa—. No tienen de qué preocuparse.
—Dijo que fue algo sobre el entrenamiento —Ken intentó evadirla, un poco nervioso.
—Aprovechen el descanso, chicos —Insistió. Se limpió el rostro con una servilleta de seda.
—Lo siento pero preferiría no dejar a Daina solo en esto —finiquitó Ken con valentía aunque inseguro de la respuesta de Marie.
Marie sonrió con los ojos cerrados.
—Ya veo por qué Daina insistía tanto en traerte —Buscó en su bolso y le entregó a Keru y Besu.
—Gracias, Marie —la voz de Ken era honesta y se sentía algo relajado por la aprobación de Marie.
Clio se adelantó unos pasos pero Sota interrumpió.
—¿Puedo ir?
Clio y Ken intercambiaron miradas.
—Sí, no hay problema.
Sota se despidió de Marie y tomó la mano de Clio. Los tres caminaron a la puerta por un taxi.
•••
—Un simple jugo de naranja no te bastará, y no puedes comer siquiera un poco de pan —recalcó sombríamente la ilusión.
Daina dejó el celular en su mesita y sólo esperó viendo a Deathscyther, con tal de que eso lo ayudara a relajarse. Deathscyther tiró un brillo apenas visible, un tanto extraño considerando que las luces no estaban encendidas.
—¿Esperas a que tu compañero te revele el camino? Patético... No te protege de mí... —Desdibujó la sonrisa en su rostro— sino de ti… —pausó— Sólo escapas de ti mismo…
La ilusión se acercó a él, hasta quedar frente a Daina.
—Si así al menos puedo hacer algo…
Daina se resignó y dejó hablar a la ilusión, ya estaba molesto y cansado de pelear para este punto.
—Sólo déjate llevar —el eco de la ilusión era cada vez más profundo.
Daina suspiró echado en la cama haciendo lo que la voz le estaba diciendo, de cierto modo se sentía más ligero dejándolo fluir.
—Camina hacia la puerta...
Hizo una sonrisa extraña exponiendo sus colmillos, se levantó y dejó a Deathscyther junto a su teléfono antes de caminar hasta la puerta.
—Ahora quita el seguro y abre —continuaba dándole órdenes.
Daina vaciló unos momentos y su sonrisa desapareció pero acabó obedeciendo de todas maneras.
—¡La mansión es tuya, capitán! —la ilusión se regocijaba en su victoria— Búscalos.
Ruck y Jean estaban en la lavandería acomodando algunas cosas. Renoir por su parte se encontraba en el comedor en pleno análisis de los movimientos de Xcallibur. Dejó por un momento la libreta de dibujos en el comedor para dirigirse a la biblioteca.
De vuelta con Daina, este caminó hasta el campo de entrenamiento donde creyó que estaban al haberlos escuchado ahí la última vez. Al aproximarse notó que estaba callado y sin más remedio optó por buscar en el resto de la mansión. Lo más lógico para él parecían las habitaciones o las duchas, todos esos lugares estaban vacíos, excepto por el cuarto de Ken donde no pudo entrar.
A lo largo del trayecto a Daina le pareció oír a alguien camino a la biblioteca, así que partió hacia allá en silencio y revisó en cada pasillo. «¿En dónde puede estar?»
Renoir estaba cargando dos libros de mediana anchura entre sus brazos mientras buscaba algunos más, por momentos se acercaba a Daina y por otros se alejaba de él. Al final paró en el pasillo de la izquierda, de los cuatro que habían, pues ahí estaba la sección que buscaba.
—Los libros no son lo mío —Paseó la mano entre los estantes— pero podría ayudar.
En estos momentos Daina se encontraba en el extremo derecho de la biblioteca «Es sólo cuestión de tiempo que lo encuentre.»
•••
Souta, Ken y Clio ya se encontraban en un taxi de camino a AS Gallus.
—¿Saben? —el taxista intentaba romper el hielo— Yo siempre quise ser blader —Veía a través del espejo a Kerbeus y Caos—. En mis tiempos el campeón era Tyson...
—¿Cuántos minutos faltan? —Ken cortó la plática de raíz.
—Cinco minutos... —dijo un poco triste.
—Vamos… —Ken marcaba desesperado al celular de Daina sin recibir respuesta mientras AS Gallus comienza a divisarse desde el horizonte del puente.
—¿Qué es eso tan importante? —preguntó Sota— ¿Por qué dicen que mi hermano los necesita tanto?
Los chicos intercambiaron miradas.
—Es que se le acumularon cosas del equipo —aventuró Clio.
—¡Sí! Ya sabes —continuó Ken— Papeleo para torneos, el entrenamiento, el seguimiento de los miembros…
—¿Y Marie no lo ayuda en eso? —cuestionó.
—Sí —reconoció Clio—. Es sólo que se atrasó un poco con su parte.
—Ya veo… —Miró una bolsita que cargaba— ¿Creen que le gusten los dulces que le compré? —Sota le mostró los dulces a Keru y Besu.
Ken entristeció ante eso pero intentó mantener la compostura y un gesto alegre para Sota.
—¡Por supuesto que sí! —gritó Besu.
—¡Son deliciosos! —añadió Keru.
Mientras tanto Clio al ver la hora en su celular encuentra la notificación del mensaje de Daina.
—¿Eh? —inmediatamente desbloqueó su teléfono y tan pronto leyó le dio más tensión.
•••
—¿Quieres ir a ver si Daina ya está disponible para entrenar? —Ruck secaba un poco el sudor de su rostro.
—Me parece bien —Cerró la lavandería sin cuidado alguno.
En el camino pasaron por el comedor y se encontraron con los materiales de dibujo de Renoir.
—Qué extraño —Ruck tomó la libreta.
—Seguramente está en la biblioteca —Jean tomó las plumas—. Iré a ver si Daina está en su habitación —Dejó los bolígrafos a Ruck—. Tú ve a devolverle sus cosas a Renoir.
•••
Clio pagó el taxi con un billete sumamente generoso.
—Gracias…
Casi corriendo se acercó a la puerta de AS Gallus. Mientras tanto Ken tomaba de la mano a Sota.
—¿Por qué Clio está tan apresurado? —preguntó él.
—Oh… Es que tiene esos asuntos tan importantes que resolver con Daina.
—Ya lo sé pero —Miró directo a Ken— ¿exactamente de qué se tratan para que esté así?
—Pues… no lo sé —mintió—, es algo entre ellos. —Encogió de hombros.
Los tres ingresaron al lobby mientras Sota no lucía del todo convencido, pues tenía respuestas a medias y la agitación le generaba más preguntas.
—¿Te contestó? —Clio se notaba apresurado.
—No… —Ken veía la cantidad de llamadas que había realizado.
—Bien… —Clio comenzó a alejarse por la izquierda— Iré a la zona de entrenamiento y tú revisa los dormitorios.
—Esperen, ¿qué? —Sota arqueó una ceja.
—Eeh... nos estamos repartiendo las cosas... —Ken caminó junto con él hacia la zona de dormitorios.
—¿Pero de qué se trata? —Frunció las cejas.
—Aaah… —en ese instante se arrepintió de haber permitido que Sota viniera— una inspección del lugar en busca de si falta algo, y si Marie se entera de que lo olvidó estará muy furiosa.
—Ah —parpadeó—, entonces los ayudaré a revisar.
Ken enseguida notó que todos los cuartos, menos el suyo por motivos antes mencionados, estaban abiertos. Un poco más nervioso fue a ver en la habitación de Daina. Al acercarse encuentra a Jean frente a la cama.
Clio, entre tanto, se da cuenta que no hay nadie ni en la zona de entrenamiento ni en la lavandería tras inspeccionar.
—Hola, Jean. Discúlpanos —habló Ken— ¿No has visto a Daina?
—No... Dejó su celular y a Deathscyther aquí —Al voltearse tenía en la mano ambos objetos.
Al verlos Ken tomó una bocanada de aire «¿Qué voy a hacer con Sota?» En ese instante se arrepintió de permitirle ir con ellos.
—Estuvo raro todo el día y ni siquiera entrenó con nosotros —Abrazó los objetos de Daina.
Ken ya comenzaba a temer por lo que estuviera por ocurrir si es que no había pasado ya, pero ahora no podía ir a buscar teniendo a Sota a su cuidado. Daina no podría soportar que su hermano lo viera en ese estado y él lo sabía mejor que nadie.
—¿Raro de qué forma? —preguntó Sota.
—Lucía muy acelerado y hasta evasivo —explicó Jean.
—Se los digo, debe estar con papeleo del equipo acumulado y por eso estaba tan apresurado —trató de "explicarlo" Ken.
—¿Y por qué no sólo fue directo? —cuestionó Jean.
Esa pregunta dejó a Ken en jaque y el hecho de ser cercano a él no le ayudaba.
—No lo sé… —reconoció— pero estoy seguro de que tiene una buena razón.
—Si tú lo dices… —respondió Jean poco convencido.
—Oye, Sota ¿no te gustaría planear una sorpresa para tu hermano en lo que se desocupa? —Ken tuvo una idea y le sonrió— Un pequeño show de marionetas.
—¿No íbamos a ayudarlo? —Inclinó la cabeza.
—Clio se nos adelantó, supuse que era el del mensaje y sí —Ken sacó su teléfono y fingió ver un mensaje, mas no dejó que miraran la pantalla y volvió a guardarlo—. Podemos estar tranquilos.
—Eh… ¿Como digas? —Era raro pero Sota no podía argumentar ante eso.
—¿Les ayudo con el show? —Jean sonrió un poco— Algo que me saque de la rutina me vendrá bien.
•••
—¡Genial! —Renoir encontró el libro de física que buscaba— Una vez tenga todo se lo podré dar a Ruck.
Al oírlo gritar, Daina supo exactamente dónde estaba y corrió hacia él.
—Y... ese era el último —cantó un poco las palabras finales al sacar uno de ciencias exactas.
—Ya casi —recalcó la oscura voz en el subconsciente de Daina.
Por otro lado, Ruck se encontraba abriendo la puerta de la biblioteca. Al acercarse por uno de los pasillos pudo ver a Daina ocultándose por alguna extraña razón.
—¿Qué demonios...? —susurro. Se le acercó por la espalda y lo tomó del hombro— ¿Daina?
Renoir escuchó, reconoció la voz y comenzó a buscarlo.
—¿Eh? —Volteó Daina— Ah, Ruck.
—¿Qué…? —algo interrumpió la mente de Daina.
—¡Vamos, está justo ahí! —opacaba la voz oscura a Ruck.
—¿Ruck? —preguntaba al aire.
Buscó en el pasillo contiguo y lo encontró vacío «Debió ser mi imaginación.»
—Será mejor no molestarlos.
«Me conformaré con él.» Daina decidió dirigirlo a alguna parte donde no se escuchara todo el alboroto que pudiera desatar.
—¿Te sientes bien? —preguntó Ruck en tono preocupado.
—En el almacén nadie lo escuchará —la ilusión continuaba hostigándolo.
«Perfecto.» Dirigió sus pasos rumbo a dicho lugar.
—Y luego de eso… —Ruck explicaba a Daina cómo fueron los giros de Xcallibur y asimismo sus resultados.
—Nadie notará su desaparición al instante, y además la mansión es inmensa —continuaba la ilusión.
«Je, para cuando lo encuentren estará muerto» rió para sus adentros «¿o lo dejo vivir?»
—¿En serio? —actuó como si estuviera sorprendido, lucía natural—Me gustaría haberlo visto.
—No seas tonto —respondió la voz—, si lo dejas vivir podría delatarte y adiós a tu carrera.
«Buen punto. Además incluso si no recuerda el ataque, si ven las marcas podrían saber que yo lo hice.»
—En el almacén hay suficiente utilería para desaparecer un cuerpo —respondió en sugerencia.
—Por cierto, ¿a dónde vamos? —preguntó Ruck extrañado de que rebasaran el lobby pero su voz era opacada por el otro Daina la mayor parte del tiempo.
•••
Entre tanto, Clio se acercó al almacén en espera de que Daina se encerrara en alguna caja pero nada, no había ni rastros.
—Amigo… ¿dónde te metiste?
Acabó de revisar la cocina y las duchas, regresó a ver los dormitorios donde vio en un reloj cómo pasaban los minutos antes de dirigirse al cuarto de Ken.
—¿Y… cómo se hace un show de marionetas? —Jean observaba a Deathscyther y su poco lustre.
—Es fácil, pon tus dedos de esta manera —Ken lo ayudó a acomodar su mano—. Es importante no mover tus labios al interpretar a tu marioneta… Luego haces una voz así y actúas como tu marioneta —ejemplificó con Besu.
Jean tomó un calcetín e intentó hacer lo mismo.
—Es muy difícil —todavía era notorio el movimiento de sus labios.
—Descuida —Rió Sota con El Capitán Invencible—. Empieza usando palabras cortas y fáciles de pronunciar.
Jean empezó a jugar con Sota probando su consejo; rió en muchas ocasiones, sintiéndose como un niño otra vez.
—Hola, chicos —saludó Clio al entrar.
—Hola, Clio —Jean intentó poner una voz aguda.
—¿No está Daina aquí? —preguntó e intentó mantener la calma, en el fondo sentía que su corazón iba a saltar.
Sota negó con la cabeza.
—¿Tienen idea de dónde puede estar?
—No, como pueden ver dejó sus cosas aquí —Jean tomó a Deathscyther y se lo enseñó a Clio.
—Daina jamás suelta su bey, es demasiado importante para él —resaltó.
Clio pensó en el peor de los casos por unos segundos.
—Pensemos, ¿qué lugares quedan por revisar? —exclamó Ken con Besu.
—¿Por qué ambos están tan impacientes por encontrarlo? —cuestionó Jean.
—Porque Clio tiene algo muy importante que decirle a Daina acerca del entrenamiento —respondió con Keru.
—Pues hoy no se veía con ganas de entrenar… —Quitó el calcetín de su mano.
—Él siempre es el primero en entrenar —Clio pensó unos instantes.
—Ni siquiera desayunó —añadió mirando a Deathscyther.
Clio intentó evadir a Jean.
—Revisé en todos lados menos en la biblioteca… Iré para allá —Abandonó el cuarto despavorido.
—Vaya… —suspiró Jean— sí que es algo importante —Volteó a ver a Deathscyther y este lanzó un brillo opaco— ¿Eh?
