—Debo admitir que esto es un caso extraño.

Ruck se encontraba con equipamiento médico, incluido marcapasos, inconsciente. Todos escuchaban atentos, aunque Clio deseaba que las marcas resaltasen más que el resto de la herida.

—El chico perdió casi un litro de sangre.

El doctor leía el expediente del análisis y Marie lucía más que preocupada.

—Un poco más y podría haber muerto.

—Por muy poco —Clio suspiró de forma discreta.

—Por suerte —siguió el doctor— tenemos suficiente equipo como para que se encuentre estable.

En efecto, todo lucía moderno, hasta las plumillas.

—Sólo hay algo que nos pareció extraño —Acercó su mano hacia el cuello de Ruck— Encontramos dos heridas bastante pequeñas que daban justo con una vena de suma importancia para el cuerpo —Señaló el corte—. Pero no eran lo suficientemente grandes como para explicarnos por qué perdió tanta sangre —pausó—. Y no encontramos ningún problema como anemia ni nada relacionado a la sangre en su expediente.

Clio comenzaba a sudar conforme oía las explicaciones del doctor.

—¿Exactamente con qué se accidentó?

El resto volteó hacia Clio, casi parecía que lo estaban acusando de haber cometido un crimen.

—Lo encontré tirado en el almacén —este no dejaba de mirar las marcas del cuello—. Tal vez se tropezó o algo, no lo sé —Encogió de hombros.

El doctor por su parte no dijo ni una palabra, tan sólo levantó una ceja.

—Comprendo que ver a tu amigo en este estado es difícil de asimilar —hizo algunos apuntes—. Pueden quedarse con él —Tomó el expediente de Ruck de la mesa—. Luego necesitaré que al menos dos de ustedes vengan a mi consultorio.

—Comprendo —Asintió Marie en lo que el doctor se retiraba— ¿Qué haría Ruck en el almacén? —se preguntó a sí misma ya pudiendo controlar mejor sus lágrimas.

«Por favor, que Ruck no despierte pronto...» Clio observaba todo el equipo que necesitaron para mantener estable a su compañero.

—Sólo se me ocurre que buscara algo —pensó Jean—, la cuestión es qué.

—Sólo hay utilería antigua del club que tenía mi padre… —recordó Marie— nada que nos pueda servir ahora —estaba más confundida ahora que analizaba.

—A todo esto ¿dónde está Daina? —Jean volteó a ver a Renoir.

—Nadie lo sabe —respondió Renoir—. Daina lleva todo el día desaparecido.

—¿De-desaparecido? —tartamudeó Marie.

Clio vio cómo Marie estaba a punto de volver a quebrarse, no sabía si intentar calmarla o mejor callarse.

Minutos más tarde la puerta de la habitación se abrió.

—Tal vez… necesite a tres de ustedes —Miró el doctor una vez más los papeles—. Puede que nos ayuden a averiguar con mayor precisión cómo fue el accidente.

—Yo… me quedaré a cuidar de Ruck —Clio miró a sus compañeros y a Marie.

El doctor lo miró con cierta extrañeza.

—Vamos, chicos

Marie se levantó de la silla que tenían para las visitas y se encaminó junto al doctor. Él guió al resto del equipo al tercer piso donde su consultorio se encontraba.

•••

—Es mi culpa que estés aquí —Una vez solo, Clio se acercó a Ruck fijándose en sus signos vitales—. Perdón, Ruck… —Bajó la mirada— Si hubiera sido más fuerte esto no estaría pasando...

Ruck movió los dedos, aunque Clio estaba demasiado inmerso en sus pensamientos como para notarlo. Por otra parte, podía verse cómo en el marcapasos el ritmo cardíaco de Ruck subía levemente por cada segundo.

—¿Eh? —se acercó al aparato.

Ruck comenzó a reaccionar. Al inicio esto puso feliz a Clio.

—¡Basta! —Ruck despertó gritando.

—¡Ruck!

—¿Eh? —Observó todo a su alrededor hasta dar con su compañero— ¿Clio? ¿Qué… qué hago aquí? —le preguntó con desconcierto.

—Te… encontré inconsciente, casi desangrado, en el almacén… —Bajó los ojos conforme hablaba.

—¿Desangrado? —tartamudeó— Un momento… ¿y Daina?

—No sé —Encogió de hombros—. Nadie lo ha visto desde que estuvo contigo.

—… Así es —pausó—, él me llevó hasta el almacén.

—¿Recuerdas algo?

—Diría que más de lo que quisiera… —suspiró— Estaba hablando con Daina de los estadios Bakuten y de la nada se abalanzó sobre mí…

—¿Hay alguna otra cosa? —se lo veía bastante preocupado.

—Al inicio pensé que estaba jugando —Sujetó una de sus muñecas— pero estaba aplicando demasiada fuerza…

Ese último instante en el que estuvo consciente se aclaraba cada vez más, con lo poco que podía ver en la oscuridad y recordar sólo pudo guardar silencio.

—¿Ruck?

«No me digas que recuerdas todo… por favor no.»

—É-él aprisionó mis manos y luego —Sujetó su cuello justo donde la herida— sentí como si me perforaran el cuello con dos pequeñas cuchillas… —al sentir la herida recordó lo último— Le pedí que se detuviera, pero continuó… Intenté quitármelo de encima —Dejó sus dedos tocando la herida— y ahora estoy aquí…

—Ya… ya veo…

«Rahad!» maldijo en su lengua materna «¡¿Por qué tenía que recordar todo?!»

—Daina estuvo raro todo el día… pero no pensé que… —Cerró los ojos al recordar el dolor punzante de los colmillos— Lo más raro de todo es que estuvo hablando conmigo tranquilamente de camino al almacén.

—¿Seguro que era él? —intentó aprovecharse de la situación y confundirlo.

—Por supuesto —no caía en la confusión de Clio, todo estaba claro—. De hecho lo encontré escondido en la biblioteca antes de hablar con él.

—Entiendo… —pausó— Mira, necesito que por ahora no digas nada de esto

—¿P-pero por qué? —Abrió más los ojos.

—Ya hablaremos de esto, por ahora necesito que esto sea un secreto, sólo diles que no tienes idea.

—Pero… —Al ver lo nervioso que estaba Clio decidió acceder— está bien.

—¿Me disculpas un momento?

—¿Eh? —Parpadeó— Claro.

Clio se apresuró en salir de la habitación en busca de un lugar con poca gente, por si acaso, y marcó a Ken tan rápido como sus temblorosas manos lo permitían.