En cuanto a Ken y Souta, ambos llegaron a la habitación, la meta, sólo para descubrir que estaba cerrada.

—¿Ahora cómo sabremos quién ganó? —preguntó el pequeño.

—¿Qué tal un empate? —Usó a Besu para tomar la llave y abrirla.

«¿Daina seguirá en la mansión siquiera?»

Ya dentro Ken comenzó a mostrarle parte del escenario Sota, entre un par de dragones para el fondo, un castillo y algo de naturaleza, todo ello de alguna forma había podido caber entre sus maletas, ver toda la utilería contentó a Sota, con sólo verlas despertó su imaginación y empezó a idear el show para su hermano.

Ken imitó lo mejor posible el rugido de un dragón tras sacar de sorpresa una marioneta del mismo, uno de color morado.

— ¡¿Quién es ese tal Sr. Invencible?!

Sota sonrió y puso en su lugar de inmediato a sus marionetas.

—¡¿Acaso buscas desafiarme?!

—¡Veamos qué tan fuerte eres!

Abalanzó la marioneta del dragón, en un juego entre los múltiples escenarios de cartón, paseándose por diversos tiempos y hasta mundos.

—¿Ya te sientes mejor, Ken? —preguntó Sota con su títere; todavía movía un poco los labios.

—Mucho mejor —Acercó ambas marionetas— y todo gracias a ti —Cerró los ojos acompañado de una sonrisa.

—Tú también me ayudaste —Sota le regresó el gesto.

—¿Te parece si vamos a comer? —Ken no había comido casi nada debido a lo ocurrido.

—Sí pero… me gustaría ir a buscar a mi hermano. Ya es la tarde y sigue sin aparecer.

—… De seguro está bien y sólo fue a tomar aire —Ken intentó evitarlo— ¿Y si jugamos algo?

Sota hizo una mueca poco convencido.

—Dijiste que luego buscaríamos a mi hermano —Miró la marioneta de El Capitán Invencible—. Sé que sabe cuidarse solo pero ya me tiene muy preocupado.

—No eres el único —Sacó a Kerbeus de su bolsillo—. De acuerdo, vamos a ver si sigue dentro de la mansión.

«Quiero creer que no fue Daina… pero es demasiado obvio para seguirlo negando.»

Camino a su cuarto, donde iniciaron la búsqueda, se encontró con la puerta de la habitación de Daina cerrada.

—¿Ken? ¿Pasa algo?

—Ah… no —continuó mirando hacia atrás mientras respondía.

En ese momento recibió la llamada de Clio, cosa que lo salvó de la tensión.

—Regreso en un momento.

Salió del pasillo y miró hacia todas direcciones. No podía alejarse de Sota pero tampoco quería que escuchase, para no hacer esperar más a Clio contestó en el pasillo, cerca de las duchas.

—¿Clio?

—Ken, hay problemas pero es importante que estés calmado —le resumió lo que acababa de suceder por su parte.

Ken miró directo a la puerta del cuarto de Daina con el creciente temor de que saliera.

—¿Entonces sí fue él? —murmuró sin querer creer la anécdota de Clio.

—Eso parece… no encontró el jugo y perdió el control —añadió apenado.

«¡Es verdad! ¡El jugo!»

—Un momento… —Levantó una ceja— Él guió a Ruck hasta el almacén, ¿no? —susurró intentando no llamar la atención de quien fuera.

—Sí, ¿por qué?

«Entonces... aunque esté hablando tranquilo con él... en cualquier momento...» Volteó a ver nuevamente a la habitación de su amigo.

—Creo que Daina está en su habitación ahora —susurró un poco nervioso— ¿Qué debo hacer?

—Bueno —se detuvo a pensar—, dudo que vaya a lastimar a alguien si ya… Tú sabes. Habla con él y dale el jugo de tomate.

—En mi habitación, ¿verdad?

—Sí.

Clio cambió su tono, pues Marie y el resto del equipo estaba pasando por allí y ella se había fijado en él sumamente preocupada.

—Bien, iré por ella —Colgó.

Ken regresó donde Sota y se propuso tocar la puerta del cuarto de Daina.

—¿Crees que esté? —cuestionó Sota.

—Sólo hay un modo de saberlo —Tocó de nuevo.

—¿Quién es? —Oyeron desde el otro lado.

Los ojos de Sota brillaron.

—Somos nosotros, hermano —exclamó— ¿Puedes salir?

Hubo silencio unos pocos segundos.

—¡Ya voy!

Unos cuantos segundos más tarde les abrió la puerta.

—¡Hermano! —Sota lo abrazó apenas pudo verlo.

—Hola —Daina sonrió un poco— ¿Me echabas de menos?

—¡Claro que sí! —Miró hacia él— ¿Dónde estuviste todo este tiempo?

—Tenía muchos asuntos que atender del equipo —se separaron—, ya sabes.

Sota vio un momento a Ken y regresó a su hermano.

—Y… ¿oíste lo que pasó? —Levantó las cejas.

—¿Con qué? —La sonrisa de Daina desapareció.

—Ruck está en el hospital y todo el equipo se fue con él.

Daina abrió mucho los ojos y quedó boquiabierto, hasta tensó un poco el cuerpo.

—¡¿Qué?! —fingió sorpresa, aunque la idea del alboroto desatado sí lo alteró.

—No estoy seguro de lo que le pasó pero se veía muy mal —explicó— ¿No notaste nada?

—Creo haber oído algunos gritos pero no... En este lugar el eco se distorsiona mucho y no siempre se escucha bien —explicó—. No pensé que fuera así de grave.

A espaldas de Sota, Ken miraba con cierta atención a Daina.

—Clio me llamó hace un momento —dijo él—, está estable.

—Bueno saberlo… —Daina suspiró aliviado con una mano donde debería sentir su corazón.

—Ya que no podemos hacer nada más ¿podemos pasar la tarde juntos? —preguntó Ken.

—Pues… si ya está bien —Respondió Daina—, no veo por qué no.

—Pero oigan ¿no tenían que atender algo muy importante los dos? —preguntó Sota.

—¡Ah, sí! —exclamó Ken— Es sólo que… bueno —Miró a Daina y de nuevo a Sota—, esperaste poder jugar tanto tiempo que creí que eso podría esperar un poco más.

—Ken ¿de qué ha…?

Le dio un codazo a Daina.

—¿Ah? —reaccionó— ¡Sí, es cierto! —Llevó sus manos a los bolsillos de su chaqueta— Pude adelantar un poco las cosas así que podemos acabar esos deberes después.

El grupo pasó al cuarto de Ken y Sota donde recogieron diferentes tipos de utilería.

—¿Dónde dejo todo esto? —preguntó Sota con algunos de los recortes.

—En aquella papelera —Ken señaló un cesto ubicado junto a la puerta.

—Está bien —Caminó directo hacia allá luego de reunir algunos recortes más.

«En cuanto pueda le daré la botella» Se decía Ken a sí mismo confiado de que estuviera a simple vista. «Si le doy esa cosa...» se detuvo en medio de la habitación aún con un poco de basura en manos «¿Lo beberá por su cuenta o... podría atacarme?» Recordó el relato de Ruck por parte de Clio seguido de algunas más:

"Dudo que te vaya a lastimar si ya... Tú sabes" algunas de las palabras de Clio resonaron en su mente.
«¡Es verdad!»

Finalmente lograron recoger todo el desorden y Sota lucía más relajado, sin embargo la botella no aparecía. «¿Pero dónde la dejaría?» Se dirigió a su armario y buscó entre las prendas desempacadas. Al no hallar nada decidió buscar debajo de la cama.

—¿Qué buscas Ken? —preguntó Sota.

—¿No viste una botella de cristal con jugo de tomate dentro? —Salió de debajo de la cama.

—Creo que sí, mientras guardaba algunos adornos.

—¡Genial! ¿Dónde la guardaste?

Ken siguió a Sota nervioso por no saber qué haría cuando se la entregara a Daina. Sota sacó del bolsillo de la vieja mochila de Daina, ahora suya, la botella con el jugo y se la pasó a Ken.

—¡Genial! Gracias, Sota.