Desde que Clio encontró a Ruck, Daina buscó dónde esconderse horrorizado por lo que había hecho y hasta el momento continuaba sin salir de su escondite; un diminuto hueco entre un montón de chatarra donde sólo alguien de su estatura o más pequeño podría caber. El aroma de las manchas de sangre llenaban el diminuto espacio como si de un incienso se tratara.

—Lo siento, lo siento… —murmuraba entre sollozos y gimoteos con su rostro oculto entre las piernas y brazos cruzados.

En aquellos momentos incluso oyó los gritos de Clio al descubrir lo que había hecho. Ahora sólo estaban él y el silencio.

«¿Se convertirá en un vampiro también o no? ¿Recordará que fui yo?» Entre sus lamentos varias interrogantes brotaron en su ajetreada y conmocionada mente.

—Tal vez esté mejor si muere para que no sufra como yo… —Agitó la cabeza negando— Sería un asesino… y en el peor caso pueden intentar culparnos a mí o a Clio… Pero si sobrevive puede delatarme y perderé al equipo…

Buscó en vano a Deathscyther hasta recordar que lo dejó en su habitación

Merde… —maldijo en francés— Todo por un maldito accidente entrenando… —suspiró volviendo a ocultar su rostro— Todo por no guardar unas miserables botellas, y por no haber sido lo bastante rápido… —Recordó la persecución.

Debió tomarle todo lo que restaba de la media mañana reunir las fuerzas para volver a salir. Palpó entre la oscuridad en busca de las manchas de sangre alrededor de su boca, como si deseara que todo fuera un mal sueño. «Mejor me voy de aquí... no quiero que alguien me vea y hagan preguntas.» se dijo decaído y cabizbajo al ponerse de pie, así mismo se encaminó de vuelta a su habitación.

En el camino pudo escuchar las risas de Sota en su cuarto con Ken, parecieron alegrarlo por unos instantes, pero a su vez calaron otro poco en él. Empezó a pensar en que en verdad podría volverse un riesgo para él y que ahora era un asesino, nada de lo que Sota pudiera enorgullecerse como tanto deseaba.

—Sí pero… me gustaría ir a buscar a mi hermano. Ya es la tarde y sigue sin aparecer —lo escuchó decir.

«Sota...» Contuvo un gimoteo, siguió su camino a su habitación y cerró la puerta.

—Por favor… —dijo para sí mismo, acompañado de un sollozo— perdona al estúpido de tu hermano…

Algunos susurros inentendibles empezaron a acosarlo, parecían provenientes de la lejanía y de a poco se acercaban a él.

A pesar de que fuese otoño, el frío era mayor en la habitación de Daina... o eso parecía. Él por su parte buscaba a Deathscyther sin suerte, ya no sabía dónde pudo haberlo dejado. Nada más se hizo bolita allí mismo junto a su mesa de noche frente a su cama.

Lo hiciste… —palabras distorsionadas resonaban dentro de la mente de Daina.

—No me lo recuerdes… —protestó.

Fue muy sencillo, ¿no lo crees?

—¡No quería hacer esto! —resaltó con desprecio— Tú me hiciste hacerlo.

¿Acaso tengo que recordarte todo el tiempo lo mismo? —hizo una pausa— Tú eres yo y yo soy tú.

—Cállate…

Sólo hiciste lo que realmente deseabas.

—Te equivocas… —Miró hacia otro lado como si la ilusión estuviera con él— yo no lo deseaba… no…

Disfrutaste el sabor de la sangre, tan dulce...

—Para nada —negó, aunque fuera cierto no estaba en sus casillas en ese momento.

Lo gozaste…

—¡Que no! —trató de no alzar demasiado la voz.

¿Crees que un poco de jugo acabará con tu apetito?

—A Clio le funciona, no veo por qué no.

Un estúpido jugo de tomate no sustituirá el sabor de la sangre.

—¡Cierra la boca! —Tapó sus orejas como si fuera a servir de algo.

De pronto sintió algo frío a su izquierda como si alguien más estuviera allí.

El sabor... la textura… —pareciera estar susurrándole al oído.

Daina hipó al tomar una bocanada de aire, para ser su imaginación era demasiado real. Aquella sensación de frío continuo pasó a través de la marca de su mordida.

La dulce sensación en tus colmillos… Aún puedes olerla y sabes que deseas un poco más.

—Ya basta… —Volvió a cubrir su rostro.

Los pasos de Ken se escuchaban frente a la puerta del cuarto.

Sabes lo que buscas, y ahí está.

—Sólo cállate… No quiero hacerlo de nuevo.

Esta vez el sonido de Ken tocando interrumpió.

—¡¿Quién es?! —Levantó la vista.

—¡Somos nosotros, hermano!

—Sota…

Daina corrió a abrirle la puerta pero vaciló por un segundo, no se sentía listo para verlos a los ojos después del desastre que provocó.

—¿Hola? —Ken llamó nervioso.

Ken desconfía de ti, y lo sabes —la voz continuaba molestando.

—¡Ya voy, Ken! —Abrió la puerta sin dudarlo más tiempo, o contra sus remordimientos.

Tras ello tuvieron lugar los acontecimientos previamente vistos y continuaron jugando hasta iniciada la tarde. Ken por su parte guardó con él la botella en espera a que estuviera a solas con Daina en otro momento.

Daina hizo una mueca y miró hacia otro lado antes de tomar aire y cerrar los ojos.

—¡Oh, sálvame, Señor Invencible! —Daina hacía una voz aguda para su marioneta de princesa.

—¡Vamos, hermano! —animaba Sota— ¡Puedes hacerlo mejor!

Daina volvió a repetir la frase más fuerte. Ken observaba a Daina desde atrás de Sota con suma atención a cualquier gesto extraño que pudiera hacer.

—Así se hace —Sonrió Sota.

—La próxima vez quiero ser el villano… —respondió un poco rojo.

—Como quieras, pero ahora eres la princesa en apuros.

—Entonces date prisa y sálvame —bromeó con su marioneta.

—¡Ya voy, princesa! —regresó a su papel de héroe.

—¡Alto ahí! —Ken entró al escenario con su marioneta de dragón— ¡No lo tendrás nada fácil!

—¡Que así sea, un duelo por la princesa Diana!

—¡Ten cuidado, Señor Invencible! —Daina volvió a bajar la cabeza con pena.

Continuaron con su espectáculo hasta que el dragón cayó derrotado por la espada del Señor Invencible, con lo que los chicos rieron juntos.

—¡Eso fue genial! —exclamó Sota.

—Ya lo creo —respondió Daina.

—Odio interrumpirlos pero ya es tiempo de atender el deber —habló Ken.

Daina giró hacia él sin estar del todo seguro de a qué se refería.

—Cierto —le siguió la corriente—, luego podemos seguir jugando.

—Descuida —Sota hizo una pausa—, si estás tan ocupado lo entiendo.

Ken llevó a Daina consigo hasta su habitación, tras cerrar la puerta de la misma o al menos dejarla entreabierta.

—Escucha, sobre lo de Ruck… —empezó a hablar Ken.

—Ya sé, esperaba que no recordara nada… ¿Ahora qué?

—¿Cómo que "ahora qué"? Ruck está internado en el hospital —aún se escuchaba decepcionado y triste— y todo este caos es por ti.

Desconfía de ti… —murmuró la ilusión en la mente de Daina.

—¿Cómo que...? —Daina empezó a mostrarse igual de triste— Me refiero a ahora que lo sabe qué vamos a hacer... ¿es tan malo que pregunte por eso? —esto último se le salió.

—No, no es eso… —Bajó la cabeza— Sólo que...

¿No que era tu amigo? —cuestionó la ilusión.

—¿"Es sólo que" qué? —la mirada de Daina se hizo algo sombría pero no dejaba de estar triste— ¿Es sólo que no confías en mí? —Soltó ante las pruebas de las palabras en su cabeza.

—No es eso... —al devolver la vista a Daina pudo apreciar que este se encontraba en el mismo estado— Sólo que con lo que le hiciste a Ruck...

¿A él le confiaste a tu hermanito? ... ¿A ese traidor? —Volvió la ilusión a hablarle a Daina de vez en cuando.

—Desconfías de mí y punto —interrumpió—. No me des excusas. Desde que me morí no dejas de mirarme como a un monstruo.

—Yo nunca pensé que esto sucedería… —Miró la oreja de Besu— Trata de entenderme, es demasiado peso para mí, Daina…

—¿Y crees que para mí no lo es? ¿Saber que si me descuido puede pasar lo peor, saber que no puedo morir, que los voy a ver partir sin remedio… o que ni siquiera a quien llamo mi mejor amigo me ve como tal?

Ken se echó para atrás con eso último.

—Eres mi amigo —Tembló— pero no sé cuándo sí y cuándo no… —Cayeron un par de lágrimas.

Un traidor y un cobarde sin valor alguno —añadió la ilusión.

—Ken —Daina hizo un esfuerzo por ignorar la voz—, soy yo, de verdad.

—Para Ruck también lo fuiste... —sus manos temblaron— y mira dónde está ahora...

La prueba está frente a ti... ¡¿Llamas amigo a alguién que no confía en ti y te ve como un monstruo?!

—¿Y cómo te lo demuestro? —Daina suspiró irritado y cerró los ojos un momento.

Ken dejó ver el recipiente con el tomate que sacó de su bolsillo.

¡¿Sólo puede confiar en ti si estás sedado con esa cosa?! — La voz era escandalosa y resonaba en todos los sentidos— ¡No te deja ser tú mismo! ¡Apenas tomes eso saldrá huyendo! ¡¿Por qué tienes que ser tú quien se lo demuestre si ese titiritero es el que actúa como todo menos como el amigo que dice ser?! ¡SI ES TU AMIGO, QUE ÉL LO DEMUESTRE! —esto último fue casi un gutural.

—¡El jugo de tomate! —Agarró la botella feliz— ¡Lo busqué en todos lados! —empezó a tomar unos sorbos, estaba algo tibio pero no le importaba.

Ken comenzó a retroceder sus pasos sin perder de vista a Daina.

Obsérvalo... huyendo de ti…

—¿Ken? —Apartó su boca de la botella.

—Debo... regresar a mi habitación, si me disculpas —siguió dando pasos en reversa.

¡Te lo dije! ¡¿Esa es la forma que tiene de demostrar confianza su supuesto amigo?!

—Ken —se le cayó una lágrima— creí que…

—Lo siento Daina... —intentó limpiarse un poco el rostro— pero todo es muy dudoso ahora.

Míralo ahora, parece mentira que en el equipo beigoma él era tu mejor amigo.

—¿Ni siquiera así…? —eso podía ser tanto respuesta a la voz como a Ken— Apuesto que ni siquiera dejarás que Sota me vea —empezó a molestarse.

Ken se sorprendió con el razonamiento de Daina… y quedó sin palabras.

—No… ¡Digo! D-Da-Daina…

¡Eres un fenómeno para él!

—Daina, por favor, él ni siquiera sabe de tu estado.

¡¿Lo ves?! ¡¿Qué más pruebas quieres?!

—Ya escuché suficiente —Le cerró la puerta.

—¡Daina! —Oyó el clic del seguro— ¡Espera un segundo! —Golpeó la puerta.

No tuvo ninguna respuesta, en lugar de ello apoyó la oreja contra la madera con lo que apenas pudo distinguir los sollozos de Daina.

—¡VETE!

Ante todo este alboroto, Sota corrió hasta ellos.

—Ken, ¿qué ocurre? —La expresión en él no hizo sino empeorarlo.

—Nada, sólo… tu hermano está algo alterado por lo de Ruck y necesita estar solo un momento —Miró hacia la puerta.

—Pero hace un momento lucía muy tranquilo —Alzó las cejas y las frunció un poco.

—Digamos que se esforzó por controlarse hasta que no pudo más.

—¿Al menos lo pasó bien o pudieron resolver eso del inventario?

—Sí, de eso puedes estar seguro —Regresó la vista hacia él—. Ahora sólo podemos darle su espacio.