Daina escuchaba recargado en la puerta, entre el llanto, todas las mentiras de Ken con tal de cubrir lo que en verdad ocurría, así como sus pasos al llevarlo lejos de él.

Mejor ya dale una lección a ese mentiroso —Un frío recorrió la espalda de Daina.

—Pe-pero no quiero hacerle daño —gimoteó.

¿Cómo puedes seguir pensando así después de rechazarte y ahora querer mantenerte lejos de tu hermano?

Una sensación de peso cayó sobre los hombros de Daina, cosa que lo sobresaltó pero, al mirar hacia el frente, no había nada más que un vacío. Aun así se sentía como si la ilusión realmente lo estuviera observando.

—Yo… no lo sé…

Perdiste a tu mejor amigo, te separará de tu hermanito y en cualquier segundo perderás a tu equipo; te echarán a la calle como un animal salvaje apenas Ruck hable. Sólo estás en la negación de tu destino inevitable: toda tu vida como la conoces se está derrumbando frente a ti. Ahora no eres más que un cadáver andante.

Daina miró sus manos pálidas.

—¿De verdad no soy más que un monstruo ahora?

¿Debo explicarte con manzanas? Estás muerto, eres una manzana podrida, reaccionas a un instinto animal por la sangre y te desconocen desde entonces, sin mencionar que Clio ha estado ausente todo este tiempo. ¿Qué puede quedar de ti que sea humano?

—¿Los sentimientos?

La voz empezó a reír a carcajadas.

¡No sientes nada! Los sentimientos que posees sólo son memorias de lo que alguna vez fuiste, sólo reaccionas a un instinto.

Daina volvió a cubrir su rostro y dejó salir más lágrimas.

Dime, ¿qué piensas hacer?

—No-no tengo la menor idea…

Yo en tu lugar prepararía las maletas —pausó— y planearía un modo de irme por lo alto.

—¿Irme por lo alto?

Como —pausó— … darle una lección a ese titiritero, da igual, te correrán del equipo de todas formas.

—Darle una lección…

¿Harás lo que te digo?

—Dijo que todo era dudoso, ¿no? —pausó— Tal vez sólo necesito demostrarle que… lo que sea ahora, aún soy el Daina que conoce.

«"Lo que sea que te mantenga… no-muerto, no te ha cambiado.» recordó las palabras de Ken.

¿Y va a escucharte con el miedo que te tiene? Ni siquiera debe creer en sus propias palabras.»

—... —vaciló— No le conviene, si no quiere que Sota se entere todavía.

Bien —la ilusión accedió de mala gana—, por lo menos pasará un mal rato.

—Si así te callas… —Desplazó los ojos en un círculo en lo que caminaba al armario— Mi plan no es molestarlo —Abrió la puerta y dejó la botella en un estante a la vista—, sólo quiero mostrarle que no tiene nada que temer —Cerró el armario y frotó sus ojos con una de sus mangas.

Eres más divertido cuando estás sediento…

Respiró un poco antes de prepararse para regresar con Ken y Sota. Mientras tanto, ellos dos buscaban formas de matar el tiempo.

—Creo que mi parte favorita fue el carrusel —recordó Ken la parada en aquella atracción.

—Sigo prefiriendo ver todo desde La Torre Eiffel, pero también fue agradable —respondió Sota.

—¿Y qué me dices de los dulces…?

El ligero golpeteo a la puerta interrumpió su frase. Ken giró de repente tras oír el golpe, asimismo sintió la tensión en su cuerpo.

—¡¿Quién es?!

—Soy yo —respondió Daina con voz calmada— ¿Puedo pasar?

—¿No querías estar solo? —Caminó hacia la puerta.

—Supongo… que prefiero algo de compañía.

—Ken, sólo es Daina, ¿qué te preocupa? —Sota no demoró en notarlo.

—¡¿Eh?! —Ken saltó desprevenido— Nada —pensó rápido—, sólo no creí que saldría de su cuarto tan pronto.

«Suena como siempre.» analizó y miró por un segundo el bate en una esquina de la habitación. Las palabras de Sota despertaron su sentido común. «Trata de relajarte, es tu amigo… ¿o no?»

No obstante, el miedo ante la posibilidad de que ocurriera otra tragedia continuaba presente en su cabeza y actuaba como un freno para su mano suspendida en el aire a escasos centímetros del picaporte.

—Si están tan ocupados dilo y me iré —aventuró Daina.

—¡No! ¡Para nada! —Abrió de inmediato— Claro que puedes pasar.

—Gracias, amigo —Sonrió sin mostrar los dientes.

—¿Quieres hablar de lo que pasó? —preguntó Sota.

—Sota… —Se agachó frente a él en el piso— no, creo que así estoy bien.

—¡Ánimo! —Levantó su marioneta de Inu— ¡Todo saldrá bien!

Daina no pudo evitar darle un abrazo, cosa que descolocó a Sota y la paranoia de Ken, pero él se relajó al ver que no ocurría nada más.

—¿Hermano? —Sota abrió más los ojos.

—¡Ah! —Daina se separó de él— Perdón, en Francia es muy común el contacto físico —Llevó una mano a su bandana—, creo que se me contagió la costumbre.

—Ah… ¿y no quieres tomar algo caliente?

—¿Cómo? —mantuvo su sonrisa.

—Estás helado —señaló preocupado.

«¡Agh, no puede ser!»

—Debe ser por el clima, me volví algo friolento —excusó—. Tal vez sí podría tomar algo, ¿te importaría ir?

—Para nada —Meneó la cabeza—, ¿qué quieres tomar?

—Un chocolate caliente estará bien.

—¡Enseguida lo traemos! —respondió con el Señor Invencible y salió a toda prisa.

En cuanto estuvieron a solas, Ken y Daina intercambiaron miradas, en un delicado momento de tensión entre ambos que podría explotar con la respuesta equivocada.

—Daina.

—¿Sí? —Vio a Ken caminar hacia él.

—Sé que estás molesto por lo de hace poco, pero después de todo y que ahora entres así sin darme tiempo a nada…

—Ken —interrumpió—, por favor, déjame probarte que todo está bien. Por Sota.

«Usar a Sota de esta manera... Esto es caer muy bajo, hasta para ti…» pensó Ken.

—Bien —respondió casi a regañadientes y con los ojos entrecerrados—. Pero nada de movimientos extraños.

¿Ves lo que te dije?

—Ni lo menciones.

Sota regresó con una taza humeante en una bandeja junto a unos dulces, cosa que le provocó un nudo en el estómago a Daina. «Ay, merde…»

Ju, ju, ju, buena suerte con eso —cantó la ilusión.

—Recordé que compré unos dulces para ti hoy y quería dártelos —Sota le entregó la bandeja.

Dichos dulces eran tres éclair, también conocidos como Palo De Jacob, mismos que constaban de una barra de masa dulce rellena con crema y recubierta con chocolate.

—¡Mis favoritos! —Forzó una sonrisa al tomar la bandeja— Gracias —Buscó con la mirada sitio donde colocar la bandeja.

—Puedes dejarlo sobre la mesa de noche —Sota miró hacia allá donde no había nada.

—¿Quieren comer algunos? —Dejó la bandeja y empezó a beber de su taza.

—Yo estoy bien así —respondió Sota.

—¿Y tú, Ken? —Bajó la taza.

«Bien, estoy enojado pero no soy tan malo como para torturarlo así.» pensó él.

—Pásame uno —Sonrió.

Daina le entregó uno de los palos de Jacob y empezó a comer otro. El sabor y la textura eran por mucho suaves y dulces, sin llegar a empalagar, y se complementaban casi como un pastel en miniatura, sin embargo, ese efímero disfrute desaparecía al momento de tragar el dulce. Era como si tuviera algo en su garganta que lo detuviera si no hacía un gran esfuerzo, a lo que le sumaba una incómoda sensación de haber comido algo asqueroso.

—Tan buenos como los recordaba —fingió alegría.

—¿Verdad que sí? —Sota sonrió.

—Ajá —Asintió antes de tomar del chocolate—. Pero dime, ¿qué tal estuvo el paseo?

—Un poco aburrido, pero Marie nos entretuvo con sus historias.

—¿Cuando ella jugaba con bakuten?

—Sí —Asintió—, llegó a ganar muchos torneos regionales y hasta un nacional.

—No por nada llegó a ser entrenadora —Ken comió otro poco del dulce.

—Sí, lástima que el equipo decayó —comentó Sota.

—Pero eso te trajo hasta aquí —habló Ken con Besu.

—Tal vez a esto se refieren con que no hay mal que por bien no venga —Asintió Daina.

En cuestión de minutos Daina empezó a sentir su estómago revuelto como si acabara de comer algo en mal estado y enfermado por ello, lo que empeoraba al tener que comer los palos de Jacob a fuerzas. Al lado de esto el sándwich de la última vez no era nada más que una indigestión. En respuesta a esto buscó aliviarse con lo que le quedaba del chocolate caliente como quien bebe agua para sobrellevar un mal momento o, nunca mejor dicho, un mal trago.

—¿Te gustaron?

—Me encantaron —Antes de dar alguna señal de malestar, continuó— ¿Me dan un momento? Necesito ir al baño.

—Ve.

Ken respiró un poco. «Bien, no pasó nada.»

—Vuelvo enseguida, iré a lavar esto —Señaló con la cabeza la bandeja con la taza.

—De acuerdo, yo me ocupo de limpiar aquí —Miró la utilería regada por el piso a un costado.

Una vez en la cocina, recibió una llamada de Clio a quien atendió enseguida.

—¿Hola?

—Hola, Clio.

—... —Hubo silencio unos momentos— ¿Cómo está todo por allá?

—Pues Daina apareció y le di el jugo.

—Menos mal… ¿y está bien?

—Eh… sí, pero estaba muy alterado —Ken se encogió de hombros.

—No me sorprende —Clio hizo una pausa—. Escucha, sé que esto es muy difícil para ti pero, por favor, no seas tan duro con él.

—A decir verdad… peleamos hace un rato por esto —confesó.

—¿Y qué fue lo que dijeron?

Ken puso el altavoz y resumió toda la conversación mientras lavaba la taza y las migajas de la bandeja.

—Es decir, se desquitaron entre ustedes —concluyó Clio.

—Sí… —Bajó la cabeza— Ya sé lo que me dijiste pero estoy demasiado asustado y no estoy en los mejores términos con Daina. Para colmo cree que intento apartarlo de Sota.

—¿Y es realmente así?

—No sé… quiero protegerlo pero tampoco quiero que se pierda del tiempo con su hermano.

—Entiendo, pero eso sólo empeorará la situación, él también necesita en quién apoyarse. Si siguen así no va a mejorar nada.

—¿Y por qué no hablas tú con él?

—Bien —suspiró—, lo haré. Ya me hice cargo de Ruck así que puedo ver cómo está.

—¡Cierto! —Recordó Ken— ¿Qué hay de Ruck, no dirá nada?

—No fue difícil convencerlo de guardar el secreto, aceptó sin más y fingió no recordar.

Ken no tardó en imaginar la escena, con tintes del relato de Daina de por medio.

—Algo es algo…

—¿Qué harán mientras tanto?

—Pues Daina pasará el resto del día con Sota.

—Si ya se tomó el jugo no tienes nada de qué preocuparte, Daina es Daina ahora mismo.

—¿Y cuándo van a regresar?

—En cuanto le den el alta a Ruck y esté estable —alargó la E, casi decía el resto de su estado—, eh… tal vez mañana en la tarde.

—¿De verdad se quedarán todos allá?

—Marie no quiere dejarlo solo por nada y el resto del equipo está muy inquieto.

—Ni modo…

—Si me disculpas voy a llamar a Daina ahora mismo a ver cómo está. Llámame si necesitas algo más.

—Gracias, Clio. Nos vemos luego.

—¡Espera un segundo!

—¿Qué? —Ken detuvo su dedo a punto de colgar.

—Mejor avísale que lo llamaré y dale su teléfono, recuerda que dejó tiradas sus cosas y te entregaron su celular.

—Bien… —Sopló y bajó los hombros— se lo diré.

En lo que Ken se dirigía con Daina, y él acababa de limpiarse, Sota ponía en orden la utilería y marionetas regadas en un rincón de la habitación, desde casas y torres hasta maquetas desmontables de ciudades enteras, así como marionetas de diferentes animales y personas de varias épocas, incluido el Japón feudal.

—Ambos se comportan de un modo muy extraño —hablaba con sus marionetas mientras recogía—, primero Daina es evasivo, luego Ken empieza a actuar raro, y Clio… —Giró las marionetas hacia él— Clio siempre fue raro —Miró hacia arriba con una mueca y regresó a sus marionetas.

—¿Y no crees que fueran esos asuntos del equipo? —preguntó Inu.

—Sí pero ¿por qué estaban así de nerviosos? ¿Es así de severa Marie?

—Podría ser —contestó el Señor Invencible.

—Bien, digamos que así pasó realmente. ¿Qué hay de Ken hace un momento? Cuando Daina quería entrar y Ken lucía asustado.

—Eso sí fue raro —Reconoció el Señor Invencible con sus manitas cruzadas—. Hasta cuando contestó parecía preocupado.

—¿Tendrá algo que ver con Ruck? —preguntó Inu.

—Déjenme repasar esto —Sota guardó silencio y bajó las marionetas.

»Primero tienen que resolver ese papeleo con Daina, después Ruck sufre un accidente y entre ambas cosas mi hermano no aparece. Después regresa y no está al tanto del accidente, Ken dice que Daina prefiere estar a solas y de pronto él viene con nosotros, luego Ken se pone nervioso… Es como si hubiera algo malo en mi hermano pero no sé lo que es.

—No sólo eso —habló el Señor Invencible—, ¿en qué momento hablaron de esos asuntos del equipo si todo el tiempo aprendimos francés o no se vieron en todo el día?

—Pudo ser por mensaje, incluso antes de llegar —reflexionó Inu.

—Buen punto —reconoció Sota—. Aun así lo de su entrada luego de querer estar solo no encaja para nada.

—Debes ser directo y preguntarles, ya no eres un niño pequeño —repuso el Señor Invencible.

—Lo haré —Asintió Sota.

Dejó las marionetas encima de la caja con el resto de utilería y fue directo a donde Daina al ser el más cercano y además el foco de lo que sea que ocurriera. En cuanto lo hizo ahí estaba su hermano platicando con Ken.

—¿Qué quieres? —Daina sonaba serio pero, sobre todo, con un tono hostil.

Al notarlo, Sota frenó en seco y retrocedió sin perderlos de vista hasta que aguardó en una esquina, oculto tras la pared.

—Sólo… un mensaje de parte de Clio, como dejaste tirado tu teléfono —Le entregó dicho dispositivo.

—¿Y qué dice? —Agarró el celular, casi se lo arrebató de la mano.

—Quiere hablar contigo sobre Ruck y… lo que le hiciste.

«¿Por qué hablan como si fueran a…» Abrió los ojos tanto que casi salieron de sus cuencas. «¡¿Daina le hizo algo a Ruck?!» Recordó el accidente o cuanto menos el caos en torno al mismo. «¿Fue su culpa? ¿Cómo?» Asomó apenas un poco de su escondite.

—Lo llamaré —Daina seguía cortante y estaba cruzado de brazos, con la mirada fija en los ojos de Ken—. Vete con Sota.

Estuvo dispuesto a correr de regreso hasta que cayó en cuenta de que podrían oír sus pasos a través del eco de los pasillos, hasta que Ken lo encontró allí de espaldas.

—¿Sota?