—Y Sota... por nada del mundo hagas ruido —le susurró muy alto.

—Enloqueció, ¿verdad? —preguntó él entre la decepción y el terror que empezaba a predominar entre sus emociones.

—Eh… sí… —admitió Ken.

Con esta afirmación, Sota abrió más los ojos y toda la tensión en su cuerpo se disparó.

—Te-te sigo —susurró.

«¿Dónde puede estar?» Ken trató de buscar el mejor escondite mientras guiaba a Sota por los pasillos «¿A dónde iría?»

—¿Dónde crees que iría… "Daina"? —preguntó inseguro de si seguir llamándolo así en ese estado.

—Tal vez fue a entrenar —pensó Sota—, casi siempre hacía eso para despejarse.

—Entonces vámonos a la sala de audiovisuales en el piso de arriba.

—¿Y cuál es el plan? —Sota empezó a subir las escaleras junto a Ken.

—Por ahora alejarnos de "Daina" y no dejar que por nada en el mundo… —dudó— nos atrape.

—C-cuento contigo —tartamudeó.

···

Mientras ambos iban rumbo a cualquier escondite, la búsqueda de "Daina" había iniciado.

¡Que la cacería comience! —exclamó la ilusión.

—Ya dijiste —empezó por revisar el comedor.

Lo hizo bastante pronto, de hecho, con su olfato podía darse cuenta de que no había nadie y, como su fuera un sabueso, reconocía el camino que habían tomado. Aunque dicho aroma desaparecía rápido, sólo sabía que fueron hasta las escaleras.

—Se fueron por aquí.

Inspeccionó los cuartos guiado por su olfato, pasaron al menos diez minutos hasta que la ilusión empezó a quejarse. Pues no estaban en ninguno de los cuartos, ni siquiera entre las incontables habitaciones sin usar que le robaron la mayor parte del tiempo.

¡¿Por qué diablos tienen tantas habitaciones?! ¡¿No conocen el estilo de vida minimalista?!

—Me parece que no eran de ese tiempo, o les daba igual.

¡Sólo encuéntralos!

—Esto es un laberinto —repuso "Daina" con los ojos en blanco—. Mejor vete sentando.

Caminó hacia el teatro en busca de alguna señal de ellos. Allí sólo estaba el ataúd que Clio había dejado de la persecución anterior junto con las rosas de utilería, mismo que "Daina" permaneció viendo.

No te quedes ahí parado, el tiempo no es reciclable.

—Chst… —abandonó el teatro y se desplazó a otro lugar.

Continúa revisando —pausó— ¿Seguirán en este piso siquiera?

—¿Y yo qué sé?

Por lógica no pudieron ir al almacén, menos al gimnasio —pocos segundos después tomó la decisión—. Ve a audiovisuales.

"Daina" obedeció y se encaminó por el pasillo donde más habitaciones los esperaban.

¡Malditas habitaciones a lo pendejo!

—… —Revisó la oficina de Marie hasta que dio con audiovisuales, la puerta más próxima a él.

Ese olor…

—Sí, están aquí.

···

—¿Cómo se supone que lo detengamos si es tan peligroso? —murmuró Sota.

—Déjame pensar —Ken presionó los dientes en un intento de no ponerse más nervioso—. Sólo se me ocurre inmovilizarlo y llamar a Clio.

—Y sigo igual, ¿cómo vamos a hacer eso? —insistió.

—Es lo que trato de averiguar —exclamó sin alzar la voz.

El teléfono de Ken empezó a vibrar. «¿Wakiya?» leyó en el identificador de llamadas; lo ignoró de inmediato. No podían arriesgarse a ser escuchados.

En cuanto colocó su celular en silencio, escuchó la barricada de sillas contra la puerta moverse. Primero con un breve empujón, luego a golpes y caídas por la fuerza con la que "Daina" intentaba abrirse paso.

—Daina… —le temblaron los labios y dejó caer el teléfono.

Wakiya llamó otra vez y el golpe de alguna forma intervino con el teléfono y atendió su llamada.

—¡Ya era hora de que alguien contestara!

—¡Ahora no es buen momento! —exclamó Ken entre dientes al agarrarlo.

Mientras discutía con Wakiya, "Daina" todavía tenía problemas para abrirse paso, para conveniencia de todos.

—Será rápido, necesito que le pases un mensaje a Daina; no me contesta desde ayer.

—¡Te estoy diciendo que ahora no! —Miró ajetreado a todos lados en busca de una segunda salida o algo que pudiera usar de arma.

—Cielos, señor titiritero… —resopló Wakiya— sólo dile lo de la fiesta de halloween.

Para este punto, "Daina" acababa de entrar y se dirigía hacia ellos.

—¡Oye, ricitos! —escucharon a Rantaro a lo lejos.

—Tendrá que ser luego —Sota deslizó el dedo y les colgó de inmediato, pues de otro modo no acabarían nunca.

—Ya es hora del almuerzo —cantó "Daina" con un acento francés mucho más marcado.

—Cuando te diga, corre hacia la puerta y pide ayuda a Clio —indicó Ken.

—¿Y qué hay de ti? —Sota lo miró a los ojos.

—Yo te alcanzo, estaré bien… espero —añadió eso último para sí mismo.

En cuanto "Daina" estuvo lo bastante cerca de ellos, a un escaso metro, Ken se puso de pie sujetando una silla y lo golpeó con ella, cosa que aparte de aturdirlo, lo tumbó en el suelo.

—¡Corre, Sota!

"Daina" quiso volver a pararse pero Ken le dio otro golpe para ganar tiempo mientras Sota escapaba.

—¡Lo siento, amigo! —Dejó caer la silla a un lado y abandonó a toda velocidad la sala.

¡Eso dolió! —protestó la voz— ¡Mátalos!

—No tienes que decírmelo dos veces —Se enderezó adolorido—. Se acabaron los juegos, maldito ventrílocuo.

Ken logró reunirse con Sota en las escaleras y de allí partieron a la lavandería donde bloquearon la puerta con una escoba.

—Lo que sea que tengas en mente, hay que hacerlo ahora —Sota miró a todos lados.

—Ayúdame a encontrar algo útil —Ken igual buscaba lo que fuera.

Sota encontró entre la ropa recién lavada que olvidaron y el canasto una red y algo de cuerda.

—Tengo una idea, pero sólo tenemos una oportunidad.

—Peor es nada —comentó Ken—. Te escucho.

Sota le dictaba su plan a Ken mientras preparaba su teléfono para enviarle un audio a Clio con tal de que fuera más pronto.

—Clio, sé que estás haciendo malabares últimamente pero es una emergencia, mi… él se volvió loco y tratamos de contenerlo. Ven cuanto antes —añadió tembloroso.

—Entonces… apenas entre —Asintió Ken luego de tomar algo de valor.

—Sí —Sota fue a un lado de la puerta y retiró la escoba—. Tú quédate del otro lado.

Ambos aguardaron por "Daina" quien estaría muy ocupado revisando cada posible escondite hasta llegar a ellos, inclusive Ken y Sota tuvieron tiempo suficiente para recobrar fuerzas y dialogar un poco.

—¿Cómo se supone que Clio regrese a la normalidad a… eso?

—No sé —reconoció Ken con los ojos en la puerta—, tal vez lo obligue a tomar el jugo de tomate o sepa algún hechizo.

—¿Aparte de vampiro también es brujo? —Sota abrió más los ojos.

«Para este punto no debería sorprenderme…» analizó «Sólo falta que Ken sea un hombre lobo.»

—Ah… —Miró por el rabillo del ojo a un costado— tal vez, si es vampiro puede que sepa algún truco.

—¿Hay algo más que debería saber? —cuestionó.

—Que pueda recordar ahora —Giró los ojos—, no.

—¿Seguro?

—Lo suficiente.

Pronto resonaron algunos pasos en el exterior en compañía de un inquietante tarareo por parte de "Daina", algo que le generó un escalofrío a los dos.

—Ya viene —Sota tragó saliva.

—Si algo sale mal… quiero que salgas de la mansión.

—¿Pero y tú?

Ken no alcanzó a contestar, pues su "amigo" no tardó en abrir la puerta en busca de sus presas.

—Fin del juego…-

—¡AHORA!

Sota le arrojó la red encima, lo cual sacó de onda a "Daina" y en la confusión Ken lo tiró al suelo con una tacleada y, con una rodilla sobre su espalda, empezó a atarle las manos mientras "Daina" luchaba por librarse del agarre.

—¡Maldito titiritero! —gruñó.

—¡Daina, ya basta! —Ken ajustó la cuerda y lo sostuvo de los hombros también con la escoba.

«Es más listo de lo que creí…» pensó "Daina" para la ilusión.

Sólo retrasan sus inevitables muertes.

—¡Sé que eres más fuerte que ese maldito apetito! —Trató de hacerlo razonar, aunque "Daina" sólo seguía luchando— Vamos, amigo… —Soltó una lágrima— ¡No nos hagas esto!

Ya deja de jugar y acábalos de una vez.

«Como si pudiera hacer algo…»

Sólo engáñalos.

Dejó de forcejear y permaneció quieto y callado unos momentos.

—¿Daina? —Ken inclinó la cabeza.

—Ken… Sota…

Ambos parpadearon, mas Ken no dejaba de estar alerta.

—Qué golpe me diste con la silla, ¿eh? —bromeó.

—Ajá… —Ken no estaba convencido, y Sota tampoco.

—Siento mucho haberlos asustado… a ti y a Sota, pero sobre todo —fingió sollozar— lamento haberte ocultado todo esto —Movió la cabeza hacia Sota—. Fui un estúpido.

—Si eres tú de verdad, demuéstralo —exigió Ken.

Muy bien, ahora dile esto… —la voz empezó a dictarle.

—Déjame ver… Cuando estábamos juntos en el equipo beigoma, sólo veía a un montón de idiotas, pero cuando empecé a conocerte mejor —pausó—. Eras diferente de los demás, lo demostraste en más de una ocasión.

Ken disminuyó la fuerza con la cual lo sujetaba.

»Me ayudaste sin que te lo pidiera, aun cuando sabías que podía ser peligroso. Sigues siendo mi mejor amigo, aun cuando no he pisado Japón en años… Aunque debo admitir que no he sido buen amigo contigo, te dejé a mi hermano, te abandoné sin más, te oculté la verdad sobre Clio, fui desconsiderado contigo cuando tenías tanto miedo como yo… Lo siento, Ken… También tú, Sota… Perdona al estúpido de tu hermano…

—No —habló Ken—, no eres un mal amigo.

—¡Claro que sí! ¡Hasta intenté atacarlos allá arriba!

—¡N-no eras tú, hermano! —Sota al fin dejó de resistirse a llamarlo así.

—Sota…

—Perdóname por haberte llamado monstruo —hipó—, y por tratarte como un extraño —recordó su encuentro en la mañana.

—Discúlpame a mí por tantos golpes —siguió Ken.

—No te preocupes por eso, amigo.

Anda —Ken empezó a desatarle las manos—, vamos por ese jugo de tomate.

«No desconfíes, Ken» dijo para sí mismo «No repitas tu error de ayer.» Caminó hacia la puerta, dándole la espalda a "Daina". Sota por su parte estaba más ocupado regresando a su lugar la red y la cuerda. Además de empezar a marcarle a Wakiya.

Ahora toma esa maldita escoba y devuélveles el favor.

"Daina" sonrió un poco, recogió la escoba y en un movimiento rápido golpeó a Ken en medio de los hombros.

—¿Hola, Wakiya? … Sí, no voy a colgarte esta…

El ruido del estruendo llamó la atención de Sota quien al voltear encontró a su "hermano" en pleno ataque.

—Eso fue por la silla —Relució sus colmillos con una sonrisa de lo más siniestra.

—¡Hermano, no! —Sota dejó caer el teléfono y jaloneó de él con tal de que dejara en paz a Ken.

—¿Olvidas que para ti no soy tu hermano? —Lo tiró al suelo de un codazo—. Y esto es por lo de hace un momento —regresó su atención a Ken.

Lo empujó aún aturdido contra la pared más cercana y de un tirón apartó el cuello de su ropa para acto seguido morderlo. Ken gritó del dolor al sentir los colmillos clavarse como dos diminutas cuchillas.

—¡KEN! —Sota empezó a jalar de "Daina" en un intento de separarlos mientras él sólo se aferraba más a Ken.

Nada como probar un AB ¿verdad?

—¡DAINA, YA BASTA! —suplicaba Sota.

—¿Daina qué…? —Wakiya escuchaba desde el teléfono— ¡Sota! ¡¿Qué está pasando ahí?!

—¡DETENTE!

Como si los astros se hubieran alineado, Clio intervino con una entrada a toda velocidad y aprovechó el impulso para golpear a "Daina" y tumbarlo en el piso con él.

—¡Aaaagh! —gritó— ¡Miserable!

Ambos rodaron por el suelo entre empujones y algunos golpes —aunque los de Clio no eran tan fuertes para evitar herirlo—.

Entre tanto, Ken se dejó caer sentado en el suelo con una mano sobre su cuello lastimado.

—¡Ken! ¡¿Estás bien?! —Sota fue a socorrerlo.

—S-sí… un poco mareado pero bien —Presionó la herida con todo y su ropa.

—Perdóname, amigo… —escucharon a Clio darle un golpe, un derechazo.

—¡Clio! ¡Basta! —gritó "Daina".

Fijaron su atención en la pelea entre Clio y "Daina", este último acababa de perder y se encontraba tirado en el suelo con Clio concentrando su fuerza en sujetarlo contra el suelo de sus muñecas.

—¡Clio! ¡Soy yo!

—¡Ni creas que caeré en eso!

—¿No me crees?

—No —sentenció—. Tus ojos tiemblan y tus pupilas son mucho más pequeñas de lo que deberían, esos son los ojos de un vampiro enloquecido.

—No bromeaba sobre su forma de mirar —comentó Ken impresionado.

—¿Su forma de mirar? —Sota volteó hacia él.

—Verás…

«Genial, lo que me faltaba…» pensó "Daina" ya con más enfado que razón.

—Maldito traidor, ¿no se supone que somos iguales? —cuestionó entre dientes.

—No soy como tú —Clio le sostuvo la mirada.

—¿Ah no? —Sonrió burlón y hasta rió— Cuando te cenaste a tu amigo te veías igualito.

La determinación de Clio se esfumó en un parpadeo, a lo que "Daina" respondió con otra risa.

—Eso no… —Meneó la cabeza.

En lo que estaba desprevenido "Daina" intentó escapar del agarre, pero al tener a Clio encima no llegó nada lejos. Este reaccionó y volvió a sostenerlo.

—Chst… —"Daina" continuó tratando de luchar pero era muy débil frente a Clio.

—Mejor olvídalo ya.

—Bien —refunfuñó— ¿Y ahora qué, maguito?

—Por mucho que seas mi amigo, tendré que ser duro contigo —Se levantó a la vez que aplicaba fuerza y así poder levantar a "Daina" sin perderlo de vista—. Lamentablemente no puedo cederte mi parte del jugo de tomate.

Una vez más miró directo a sus ojos, podía sentir que debajo de él estaba su amigo, debajo de esa piel de cazador. "Daina" no dijo nada, permaneció callado con su propia mirada de odio. Los ojos de Clio bajaron hasta el suelo, mientras con algo de cuidado colocaba las manos de "Daina" tras su espalda.

—Ken… —Vio a este casi desvanecido.

—Estaré bien —Forzó una sonrisa—, sólo necesito limpiar esto y un respiro.

—Eh… —Sota trataba de explicarle el caos a Wakiya— digamos que a Daina le picó algo.

—¿Eso qué significa? —preguntó Wakiya.

—Será más fácil si te lo explico en persona.

—Si tú lo dices…

—Quédate quieto en lo que acabo con… —No sabía cómo nombrar a "Daina", pues sabía que no era el mismo a quien tenía delante— este sujeto.

—Sí —respondió Ken—, no te preocupes…

Clio sostuvo de ambas muñecas a "Daina" cual policía mientras con su mano libre sacaba de su manga una soga gruesa. Ken se limitó a observar entre el alivio y la preocupación por lo ocurrido.

—Con eso bastará —Clio tomó a "Daina" del cuello de la chaqueta—. Te llevaré a mi habitación.

"Daina" permaneció callado.

—Nosotros te esperamos —Sota acabó de hablar con Wakiya—, no creo que queramos ver… lo que le vayas a hacer.

—Supongo que Daina tardará en regresar… —Ken desvió la mirada, sólo pensarlo le provocaba un nudo en el estómago.

—Bastante, ¿qué desayunó? —preguntó Clio.

—Carne cruda… o algo de eso mencionó ayer —Ken intentó recordar.

—… —Clio quedó en silencio unos segundos— Sin el jugo, ¿verdad?

—Creo que no.

Clio volteó a ver a "Daina" pero continuaba dirigiéndose a Ken.

—Daina jamás debe comer carne cruda sin el jugo de tomate —Miró las manchas de sangre en los labios de "Daina"—. Hacer eso abre otro tipo de apetito… mucho peor…

—¿Qué tan peor? —se atrevió a preguntar Sota.

—Respuesta directa: no sólo iba a tomar su sangre, también su carne —Clio se escuchaba preocupado por eso último, tanto que hasta tragó saliva.

Ambos palidecieron ante la idea.

—Lo-lo siento, debimos preguntarte… —Ken agachó la cabeza.

—Para mí que valió la pena —burló "Daina"—. Que sea AB le da un toque especial.

—¡¿Eh?! —chilló Ken con la sensación de que el corazón se le subía a la garganta.

Clio nada más lo ignoró y Sota por su parte quedó boquiabierto ante tal afirmación.

—Volveré pronto —siguió—, luego de esto tengo que decirles algo.

—Ken, ¿puedes pararte? —Escuchó a Sota tras él conforme escoltaba a "Daina".

—Sí, sólo no puedo ir tan rápido —Dejó de oír a Ken conforme se alejaba.

—Espero que no sufras de claustrofobia.

—Si vuelve en sí se puede asustar—habló "Daina"—pero no es claustrofóbico.

Clio dirigió a "Daina" con una mano en su espalda atento a cualquier movimiento, aunque estando maniatado era muy poco probable que intentara lo que fuera.

—¿Por las buenas o por las malas? —Lo soltó para luego sujetarlo de los hombros.

—¿Qué más da? —respondió de mala gana.

Clio suspiró un poco enojado.

—¿Por favor…?

—Bien…

Clio le soltó los hombros.

—No hagas usar una estaca —amenazó, aunque era mentira.

—Vamos… no lastimarías a tu amigo… de nuevo —Sonrió "Daina" burlón.

—¿No me crees? —Llevó una mano al interior de su capa.

Este gesto borró la expresión de "Daina".

—¡Está bien, está bien…! —Regresó la vista al frente— ¿Y yo soy el loco? —dijo para sí mismo.

Continuaron el camino hasta llegar a la habitación de Daina donde todavía estaba el ataúd de Clio abierto.

—Sólo espero que no seas claustrofóbico —Contempló el cajón.

—Se va a asustar cuando recobre el sentido, pero no es claustrofóbico.

Clio hizo una mueca. «Con tanto estrés lo último que quiero es darle pánico, pero no tengo alternativa. Es demasiado peligroso así.»

—No intentes nada o la estaca será el menor de tus problemas —advirtió mientras desataba sus manos.

—Chst, ¿y el demente soy yo? —repitió.

—Sólo entra y no causes más problemas —respondió serio.

"Daina" entró al ataúd sin perder de vista a Clio cuando este lo cerró y escuchó desde dentro los clics de los cerrojos, unos a los pies y otros a los lados.

—Te juro que la próxima vez no tendrán tanta suerte.

No hubo respuesta, nada más escuchó los pasos de Clio abandonando el cuarto, seguido del ruido del resbalón al cerrar la puerta.

En su compañía tan sólo había un silencio triple: el silencio del auténtico Daina, el silencio de la habitación y el silencio de "Daina", ensimismado entre la satisfacción por la sangre, el caos producido y la furia ante sus planes frustrados en compañía del juramento de venganza contra Clio si es que alguna vez Daina volvía a descuidarse.

Ya sin más que hacer, y tal vez pasados incontables minutos, Daina volvió en sí y sólo dejó escapar un quejido.

Pese a la oscuridad no entró en alerta sino hasta que quiso frotar su rostro donde fue golpeado. Su codo golpeó contra las paredes y su cabeza también al querer incorporarse.

Abrió los ojos tanto que parecieron dos discos y al palpar a su alrededor reconoció dónde estaba; si su corazón latiera estaría latiendo como loco a la vez que aceleraría su respiración.

— No puede ser… —Tembló.

Bueno, bueno, ¿qué es esto? —Oyó la voz burlarse mientras golpeaba la tapa— Esos a los que llamas tus amigos te encerraron en un cajón.

—¡Clio! ¡Ken! ¡Sota! —llamó— ¡Si están ahí, por favor...!

Te dejaron aquí solo —fingió lástima.

Daina volvió a gritar y le dio un rodillazo a la tapa.

Patalea todo lo que quieras, nadie vendrá —siguió hablando la ilusión—. Podrías estar aquí un buen rato… tal vez una eternidad.

—¡Sáquenme de aquí!

Ya olvídalo, nadie te oye.

—¡No me ayudas! —protestó.

Bien, como quieras… —guardó silencio unos segundos—. Aunque vele el lado bueno, valió la pena —exclamó alegre—. Apenas pudiste morder a ese traidor, pero algo es algo.

Daina hipó al rememorar aquel momento y se cubrió la boca. No intentó indagar en sus colmillos porque no sería capaz de diferenciar la sangre de la saliva, sin embargo, podía percibir el aroma de los restos de la sangre en sus dientes y alrededor de su boca.

—Ken… —Lagrimeó— No, no, no, no…

Vamos, lo gozaste tanto como a Ruck.

—¡NO, NO ES CIERTO! —chilló.

Tienes razón, esto fue apenas un aperitivo.

—¡No se trata de eso! —gritó— ¡Casi mato a mi mejor amigo!

¿Todavía lo llamas tu amigo? —cuestionó— Como sea, da igual. Tu hermanito ya sabe qué clase de monstruo eres en realidad.

—No… yo no… —Daina quedó boquiabierto, recordando su mirada cuando entró en la sala de audiovisual.

Claro que lo eres —interrumpió—. Probablemente ahora sí que decida abandonarte.

—Sota… —Lloró incapaz de alejarse de aquellos pensamientos.

Pobre pequeño, su hermano al que tanto adoraba quiso lastimarlo…

—Te dije miles de veces que no te metas con Sota… —Frotó su ojo contra la palma de su mano— ¡Debe estar aterrado!

Sí ¿y sabes qué es lo peor? —Hurgó en la herida— Que está decepcionado de lo débil que fuiste, de ver lo inútil que eres en realidad.

Aquella frase irritó a Daina más que toda la habladuría de esa voz junta.

Salaud!—Pateó el ataúd que pareció moverse de lugar.

—¿Acaso miento? Sota quedó en tus manos cuando murieron tus padres, te ha admirado desde que te muestras como alguien fuerte y mírate ahora. Un monstruo que actúa como un animal.

Ta gueule! —Tapó sus oídos— ¡Cállate ya!

¿Seguro que quieres quedarte totalmente solo en esta caja? Como sea, con esto tu destino está más que sellado, ahora sí te van a abandonar.

Fuera por el miedo o la propia ilusión, las escenas de sus amigos alejarse de él hicieron presencia en su imaginación.

—E-eso nunca…

¿Con qué seguridad lo dices? —cuestionó.

—No… no me abandonaron luego de saber que hice trampa, y pude reparar mi error.

¿En qué se parece un tramposo y un monstruo que va a comerse a sus compañeros? Es más, ¿cómo piensas enmendar casi matar a dos personas?

—Yo… yo no soy ningún monstruo…

Otra vez con eso —resopló— ¿Entonces qué eres?

—No-no lo sé…

Deja que te lo recuerde: Eres un monstruo despiadado con sed de sangre que nada más responde a un instinto como un animal salvaje en el cuerpo de un niño que alguna vez fue querido por todos.

—Ya… déjame solo… —Daina se hizo bolita como pudo en el estrecho espacio, con su autoestima y confianza por los suelos— Me lo merezco… Nunca van a perdonarme…

¿Admites que no eres más que una bestia?

—Eso creo… —Miró a donde estaba su corazón— pero todos estos sentimientos se sienten tan reales…

Así funcionan los instintos, reaccionas de forma tan natural que es fácil confundirlos.