—¿Estás completamente seguro, Ruck? —preguntaba Renoir mientras dejaban el hospital.
—Sí —Asintió sin verlo—, es lo mejor.
Jean permanecía en silencio con las manos juntas como si pensara en algo.
—No recuerdo si se los he dicho, pero me gustaría inspeccionar el almacén —sentenció Marie con evidente tensión al mover su abanico.
—¿No cree que es muy pronto...? —Ruck intentó ocultar su repentino nerviosismo.
—Necesitamos ver en qué zona exacta fue para evitar otro problema como este —agregó Jean.
—Ruck, lo que pasó fue serio y lo sabes —Marie intentó ablandar su tono pero seguía denotando cierta severidad—, necesito saber qué pasó lo antes posible.
—Bueno, sí… es cierto —admitió tembloroso.
—Renoir —murmuró Jean.
—¿Qué?
—Apenas lleguemos quiero hablar contigo.
—¿Sobre qué? —Alzó las cejas.
—Tengo algunas sospechas sobre lo que pasó con Ruck.
···
Llegados a la mansión, fueron recibidos por el resto del grupo quienes actuaban con naturalidad. Con Daina, Ken, Sota y Clio detrás de ellos, fueron a analizar el almacén donde no encontraron más que restos de sangre que no llegaron a limpiar bien en el piso.
—¿Limpiaron todo? —preguntó Marie.
—Sí —respondió Daina—, nosotros inspeccionamos el sitio y no había nada inusual, además de la sangre, claro.
—Entiendo. ¿Y tú dónde estabas cuando esto pasó?
—¿Podríamos hablar de eso en privado? —Daina tensionó los hombros.
Todo el resto del grupo intercambió miradas, sobre todo Jean con Renoir.
—Si tú lo dices… —Apartó su abanico.
—¿Podemos acompañar a Daina? —pidió Clio— Es muy duro para él recordarlo.
—Pues… no veo por qué no.
Mientras Renoir y Jean inspeccionaban el almacén en busca de alguna pista y Ruck partía a hacer sus maletas, Marie llevó consigo a los chicos.
Marie cerró la puerta de la oficina y los invitó a tomar asiento, por lo menos a Daina y Clio.
—Nosotros estamos bien así —indicó Ken parado a un lado de Daina junto con Sota.
—Bien —Soltó su abanico sobre el escritorio—. ¿Podrías explicarme qué ocurrió con Ruck?
—Es algo muy complicado de explicar —Señaló sus colmillos— pero para empezar…
Ayudado de Clio, Ken y Sota, Daina le narró todos los hechos tal cual ocurrieron realmente. En un principio Marie se mostró incrédula y hasta algo molesta por sus "juegos" hasta que comprobó que los colmillos eran reales y vio por sí misma la falta de signos vitales de Daina y Clio, además de la marca de mordida.
—E-Entonces tú casi…
—Eso temo —Daina se inclinó sobre sí mismo—, de verdad lo-lo siento… También quiero disculparme con Ruck.
Marie guardó silencio con todas sus emociones reprimidas, aunque sus ojos la delataban.
—Hazlo, ahora mismo debe estar por acabar de hacer las maletas. Y yo necesito un momento para pensar.
—Iré con él —añadió Clio—, dudo que quiera estar a solas con él ahora.
En cuanto Clio y Daina se fueron, Ken miró a Marie a los ojos.
—Marie…
—¿Sí, Ken?
—Sé que esto es muy grave, pero por favor, no sea tan severa con él —pidió con un hilo de voz—. Ya se siente muy mal consigo mismo como para que lo regañen más.
—Sí, debió verlo hace unas horas, estaba muy deprimido y su autoestima está por los suelos —añadió Sota—. Y como ya dijo, no estaba en control cuando todo esto pasó. Sería muy duro para él.
—Entiendo.
···
Daina tocó la puerta del cuarto de Ruck y este al abrir y encontrarse con ambos, sobre todo con Daina, enseguida se puso más nervioso.
—¿Tienes un segundo? —Daina agachó la cabeza.
—Sí, ¿q-qué necesitan?
—Quiero pedirte perdón por lo que te hice —tembló—. De verdad, no era mi intención.
—¿Y por qué lo hiciste… y cómo?
—Esa es la parte compleja…
Dado que Ruck vivió los hechos, no fue tan difícil convencerlo de que todo era real.
—¿E-entonces tú ahora podrías…? —Retrocedió.
—No, no —Alzó las manos—, ahora está bajo control —Las bajó despacio—. El jugo de tomate y algo de carne ayudan.
—Prefiero no arriesgarme —su voz estaba apagada y aún temerosa.
—Ruck... —Se le fue una lágrima— no te culpo por estar asustado pero yo... yo... —no halló palabras para convencerlo.
«¡¿Por qué es tan difícil?!»
Ruck no pudo evitar ver la lágrima de Daina, pero ya no sentía la misma confianza que hace unos días.
—¿Siquiera sé a quién tengo frente a mí?
—Sólo dímelo y te lo probaré —arriesgó.
—Bien, de-demuéstrame que eres tú.
—Sólo mira sus ojos —Señaló Clio—. Si no fuera él, estarían temblorosos, ¿no recuerdas algo de eso?
—Ahora que lo dices… creo que sí —recordaba vagamente que había algo extraño en los ojos de Daina antes, mas no le dio importancia.
—Entonces ahí lo tienes —finiquitó Clio.
—Si no-no puedes perdonarme, al menos te pido que lo entiendas —añadió Daina.
—D-de acuerdo. Pero asegúrate de no matar a nadie.
—Creéme, no tienes ni que pedírmelo.
···
Pasada la plática, Marie regresó a hablar con Daina en privado.
—¿Estoy en problemas? —preguntó él cabizbajo.
Marie tomó algo de aire.
—Lo que pasó fue muy grave y de no ser por Clio, Ruck podría estar muerto y estaríamos en serios problemas, no sólo nuestra imagen, imagina que su familia nos pusiera una demanda que no habríamos podido explicar.
Daina no respondió ni tampoco se movió para nada.
—Pero… no tiene sentido que te castigue por algo que ni siquiera podías controlar.
—¿No? —Levantó la cabeza con los ojos muy abiertos.
—Lo dejaré pasar con una advertencia, pero asegúrate de que puedes mantener… eso, bajo control.
—¡Gracias, Marie! —Daina sintió como si volviera a respirar por un segundo— ¡No te voy a defraudar!
—No veo por qué no podrías con esto.
—Creéme, soy capaz de cultivar los tomates yo mismo… hasta se lo pedí a Wakiya.
—Haz lo que sea necesario, pero que no vuelva a ocurrir o podrías no tener la misma suerte.
—Te lo prometo, Marie —Sonrió.
···
—Yo creo que Daina es el culpable —Jean hablaba en privado con Renoir, en su habitación.
—¿C-Cómo? ¡Daina no sería capaz de algo así! —cuestionó.
—Pero date cuenta, desaparece misteriosamente ¿y algo casi mata a Ruck sin que él salga para nada?
Renoir no respondió, nada más se encogió de hombros.
—No entiendo cómo ni por qué, pero es el principal sospechoso junto con Clio, nada tiene sentido —añadió Jean.
Fuera de los cuartos, Daina hablaba de lo que dijo Marie con Ken, Clio y Sota, quienes de casualidad escucharon las palabras de Jean y Renoir.
—¿Qué tal si les damos un pequeño susto? —sugirió Daina.
—Tú mandas —Asintió Clio con una juguetona sonrisa.
···
Jean estaba tratando de teorizar cómo es que Daina lo hizo cuando fueron interrumpidos por un golpe de la puerta.
—¡¿Quién es?!
—¡Clio, Ken y Sota! —anunció este último.
Jean y Renoir intercambiaron miradas.
—¡Pasen! —gritaron ambos.
Los tres entraron angustiados.
—¿Están bien? —Renoir se veía preocupado y Jean sólo un poco extrañado.
—Es que… Daina… —habló Ken con Keru.
—¿Qué ocurre con él? —preguntó Jean un poco confundido por la actitud de todos.
—Él está… —Bajó las marionetas para cubrirse el rostro con ellas.
—Está muerto —completó Clio.
—¡¿QUÉ?! —gritaron los dos.
Ruck, quien pasaba por ahí con sus maletas en mano, no dijo nada.
—Eso mismo —respondió Clio.
—Chicos —Jean se puso nervioso— no bromeen con eso por favor…
Los tres quedaron mudos.
—¿Y có-cómo ocurrió? —tartamudeó Renoir.
—No sabemos, lo encontramos desangrado —respondió Ruck.
—¿Dónde? —insistió Jean.
—En la biblioteca —dijo Ken con Besu.
Jean y Renoir salieron disparados hacia el lugar citado, mientras que el resto contuvo la risa antes de salir tras ellos. Al llegar a la biblioteca los dos chicos caminaron hacia el centro.
—¿Dónde lo vieron? —preguntó Jean, continuaron hasta llegar a unas mesas donde el cuerpo de Daina yacía tirado.
—No puedo creer que le pasara lo que a Ruck… —Clio fingió trabarse como si fuese a llorar— y no haber corrido con la misma suerte…
Jean volteó a ver a Clio antes de comprobar que Daina en efecto estaba muerto. Y en secreto ya intuía que, de ser el caso, el responsable sería Clio.
—¿Pasa algo, Jean? —preguntó Ken.
—No… nada —sonaba como si ya sospechara de él; finalmente llegó hasta donde Renoir.
En ese preciso momento las luces se apagaron.
—¡¿Qué rayos?! —Jean intentó sostenerse de algo y guiarse entre la oscuridad.
Renoir lanzó un pequeño grito.
—¡¿Qué pasó con las luces?!
Ken y los demás no dijeron nada, en lo que Jean intentaba guiarse sintió los pasos de alguien corriendo.
—¿Chicos…? —Empezaba a desesperarse entre tanta oscuridad.
—¿Oyes eso? —Renoir ya estaba nervioso.
De pronto Jean sintió una mano sobre su hombro.
—¿Renoir, estás detrás de mí? —dijo asustado.
—No… Jean —igualmente estaba asustado y temblando.
—¿Entonces quién…? —Tocó la mano para sentir algo realmente frío.
De pronto eso le rodeó el cuello y arrastró consigo por el pasillo. Jean empezó a gritar de desesperación y a patalear.
—¡Renoir! —Su compañero escuchaba la voz alejarse.
—¡Jean! —Intentó caminar pero sus piernas le temblaban demasiado.
Con la oscuridad no sabía hacia qué parte de la biblioteca lo estaba arrastrando.
—¡Suéltame! —Su voz estaba agudizada del miedo— ¡Renoir, ayúdame!
—¡¿Dónde estás?! —Renoir se tomaba de las estanterías para poder caminar.
Esa cosa dejó a Jean cerca de Renoir aunque no pudieran verse, luego llevó consigo a dar una vuelta a Renoir. Este soltó un grito para luego desmayarse del espanto. Lo dejó recostado a un lado de Jean quien por su parte estaba adherido a las estanterías intentando ver que nada le se acercara.
—¡¿Qué demonios fue eso?! —En ello sintió el cabello de su compañero— ¡¿Allan?! —Se agachó y lo sacudió aunque este no reaccionó en lo más mínimo— ¡Allan! ¡Ayuda!
—¿J… Jean? —Abrió los ojos.
—¿Allan? —Jean estaba agitado por todo el susto, le costaba un poco tomar aire y decir las palabras.
—¡¿Qué está pasando?! —se le escuchaba igual de alterado.
—¡Pensé que estabas muerto! —Lo abrazó— Algo me arrastró por toda la biblioteca y creo que a ti también.
Una vez más los dos sintieron algo en sus hombros.
—Renoir… —sus ojos finalmente se acostumbraron a la oscuridad, viendo el cuerpo de su amigo frente a él.
—D-dime…
—¿Me estás tocando el hombro? —tartamudeó la última palabra.
—No… ¿y qué hay de ti?
—Tampoco… —Tragó saliva.
Dejaron de sentir esas manos frías a cambio de escuchar una risa cercana.
—¿E-escuchaste eso? —preguntó Jean.
—Difícil no escucharlo…
Las luces se encendieron, a su derecha ven a Clio y todos los demás, mientras que a su derecha está Daina.
—¡¿C-Clio?! —A Jean le temblaba casi todo el cuerpo.
—Hola ,¿qué tal?
—¡¿Cómo que "Hola, ¿qué tal?"?! —pausó— ¡Nos arrastraste por todo el lugar!
—Él no —Escuchó la voz de Daina.
Jean y Renoir voltearon hacia sus espaldas. Daina los miró casi a punto de reír, ahora no le preocupaba mostrar sus colmillos.
—¿Q-Qué n-no estabas…? —Abrazó a Allan quien se había tapado el rostro.
—Técnicamente… sí, lo estoy —respondió con naturalidad.
—¿C-cómo?
Daina se les acercó un poco y retiró su chaqueta para mostrarles las marcas.
—Eso… es... ¿la mordida de un vampiro? —Jean estaba temblando y comenzaba a sentirse intimidado.
—Sí —Volvió a colocarse la prenda.
—Eso si-si-significa q-que… —estaba demasiado aterrorizado como para acabar la frase esta vez.
—Ya lo creo —Siguió sonriente.
Jean no podía dejar de ver sus colmillos, simplemente se limitó a señalarlos.
—Sí, son de verdad, ¿quieres una demostración? —bromeó.
—¡NO! —Se echó hacia atrás, casi dándole un golpe con el brazo a Allan quien al parecer se volvió a desmayar.
—Creo que me pasé… —Observó— Lo siento por, Renoir.
—¡¿Y te quedas así, bien a gusto, después de casi matarnos de un infarto?! —Jean sentía que lo acorralaban por lo que se sujetó de las estanterías.
Daina rió.
—Ya, lo siento.
Jean intentó decir algo más pero estaba demasiado alterado.
—¿Me puedo ir? —tartamudeó con la voz más aguda.
—Sí, tranquilo, no te va a pasar nada—contestó Clio—. Sólo quisimos asustarlos.
Jean se arrastró con suma precaución para alejarse de los dos vampiros y cuando sintió que estaba seguro, se levantó para salir huyendo de la biblioteca.
—¿Les decimos lo que pasó? —preguntó Ken con Keru.
—Creo que ahora no es el momento —Clio vio a Renoir en el suelo.
—Mejor lo llevamos a su cuarto —dijo Ruck.
—De acuerdo —Asintió Daina.
Tras llevarlo a su cuarto, el grupo se dirigió al lobby para despedirse de Ruck antes de que tomase un taxi hacia el aeropuerto.
—Cuídate mucho, amigo —dice Daina, triste por perder a un compañero pero aliviado de saber que están en buenos términos.
—Gracias, Daina —Sonrió—. Fue agradable competir junto a ti todo este tiempo.
—No seré de este equipo —habló Ken— pero se te va a extrañar.
—Fue genial conocerte Ken, espero algún día poder ver un show tuyo.
—Te aseguro que te van a encantar —Sonrió cerrando los ojos y alzando las marionetas— y amarás a mi pequeño ayudante —Se refirió a Sota.
—Claro —le regresó la sonrisa.
—Fue un gusto pelear contigo, amigo mío —Clio le hizo una reverencia a Ruck.
—Igualmente —Dio un último vistazo a todos—. Espero verlos en la final del campeonato europeo.
—En ese caso estaremos listos para lo que sea —agregó Daina con orgullo, de hecho lucía el broche que le regaló Ken.
—Bueno… tengo que irme —Ruck tomó la maleta— Mi vuelo a Londres sale pronto —Caminó hacia el taxi.
—Nos vemos —saludó Daina.
—Hasta pronto —sumó Clio.
—Que te vaya bien —agregó Ken.
—Cuídate —saludó Sota.
Ruck finalmente subió al taxi, el cual no tardó nada en arrancar.
—Oigan—exclamó Ken—¿qué tal unas batallas?
—Claro que sí —Daina sacó a su Deathscyther.
—Basta de charlas, es hora de entrar en acción —Clio sacó su bey.
—Creí que nunca lo dirían —Sota sacó su bey también.
Ken salió corriendo en dirección a la zona de los estadios seguido por el resto.
