—¡Ya estoy en casa! —gritó Daina antes de cerrar la puerta y luego quitarse los zapatos para entrar al departamento.

—Bienvenido de vuelta, hermano —le recibió Sota con treinta años quien, dado que Daina ya no podía crecer, fingía ser su padre para el resto.

Su cabello continuaba puntiagudo pero ya no era tan largo como antes, y sus facciones estaban marcadas acorde a su edad. Era idéntico a su padre a excepción de los ojos de su madre

—¿Recordaste recoger el pedido de La Panadería Aoi?

—Claro que sí —Levantó la bolsa frente a él, Souta la tomó y Daina procedió a ponerse los zapatos del hogar.

—Serán un rico postre —Olfateó el aroma del pan bey recién salido del horno.

—Pero no puedo comer eso sin… —Encogió de hombros— ya sabes.

Pasaron juntos al comedor donde les esperaban recién servidos un plato de espagueti con salsa y jugo de tomate junto con algo de carne cruda. Ambos fueron a sus lugares y empezaron a comer.

—¿Qué tal la nueva escuela?

—Algo aburrida —contó antes de beber el jugo— como de costumbre.

—Tú dijiste que querías llevar una vida de estudiante normal una vez más —Rió antes de comer el espagueti.

—Lo sé, es que no soporto las clases de ciencias —Rió de igual modo—, pero el club de arte es muy agradable. Tal vez en esta ocasión me sume a la caligrafía japonesa.

—Me alegra que te lo pases bien.

—Sí, lo mejor es que hay muchos bladers, no dejan de sorprenderse de todo lo que sé a mi "corta edad" sobre ellos. Hasta se preguntan si tengo algo que ver con el líder de AS Gallus.

—Oh, vaya —hizo como si le sorprendiera— ¿y qué les respondes?

—Que sólo tenemos un parecido extraordinario.

—Mejor así, la primera vez dijiste que eran parientes y te pidieron verlo —recordó.

—Sí, y fue una locura tranquilizarlos —Rascó su cabeza—. Otro poco y nos atrapaban.

Tras las risas un silencio pesado llenó el ambiente. Daina bajó un poco la mirada.

—Hermano —Observó preocupado— ¿qué ocurre?

—A veces me sigo preguntando —pausó— ¿Está bien que dejes de lado tu vida por mí? —Alzó la mirada— Podrías buscar pareja, formar una familia o planear muchas cosas más pero te detienes a cuidarme.

Souta vio conmovido el gesto, mas no estaba extrañado por ello.

—Daina… está bien, créeme. Recuerda cuando lo decidimos.

Aproximadamente veinticinco años atrás, debido a que su falta de cambios empezó a llamar la atención ya que en teoría debía verse más adulto, Daina se vio obligado a apartarse como líder de AS Gallus, pasar a ser su administrador y dueño de la mansión entre las sombras bajo estricto anonimato. A su vez contempló las posibilidades para los tiempos más próximos, desde parecer un niño que no va a la escuela hasta volverse un chico callejero similar a sus días de tramposo en el peor de los casos.

—Si quieres puedes viajar y vivir con mi familia —ofreció Clio—. Nadie nos hace preguntas y estarás libre de inconvenientes. Además viajarás por el mundo, o al menos a lo largo de toda Europa. Incluso puedo mostrarte mi tierra natal y enseñarte el idioma —añadió.

—Me gusta cómo suena eso.

—¿Entonces vienes?

Daina miró a Souta a su lado, ya tenía quince y un gran parecido por el que podían pasar por mellizos, este lo veía en espera de su decisión.

—Tal vez pero no ahora —Regresó la mirada—. Quiero pasar algo de tiempo con Souta antes de volverme un viajero.

—Supuse que dirías algo así —Sonrió—. Los Delon te esperaremos con los brazos abiertos ¡Ve y junta las flores de la vida antes de que se marchiten! —Llevó una mano a su pecho y estiró su otro brazo apuntando a Daina.

—Apenas sea lo bastante grande cuidaré bien de ti, hermano —habló Souta, su voz era algo más gruesa—. Luego de cuidarme tanto es lo menos que puedo hacer.

—Gracias, Souta.

De pronto sintió algo esponjoso agarrarlo sobre su cabeza, al levantar la vista vio a Besu y ahí mismo a Ken quien le había crecido un poco la barba.

—¡También cuentas con nosotros para lo que necesites! —exclamó con la marioneta de Besu. A pesar de su crecimiento, la voz de las marionetas permanecía casi intacta.

—El equipo Beigoma, AS Gallus y todos nosotros te respaldamos —agregó Clio.

Tras recordarle los hechos, Souta procedió.

—No te sientas culpable por si no voy más allá. No lo necesito —continuó con una voz suave—. Somos hermanos y eso es primero que cualquier cosa —Sonrió—. Además así podremos aprovechar todo el tiempo que nos queda.

—Tienes razón…

—Ahora terminando el jugo conseguiremos algunas cosas para El Día De Muertos —cambió de tema en un intento de animarlo— ¿Qué vas a querer en tu altar? —bromeó, era su manera de molestarlo en esas fechas.

—¡Oye!—exclamó con incomodidad, casi se atragantó con el jugo—¡Ya te dije que no lo necesito!

—Estás muerto —Rió—, puedo hacerte un altar.

—Pero se siente raro... —hizo una mueca.

—¡Aaah pero bien que te gustan!

Tomó su celular y le enseñó las fotos donde tomaba un tazón lleno de carne cruda cubierta de jugo de tomate, en otras más era solo jugo, helado o algunos regalos tanto de Souta como de Ken y el equipo Beigoma cuando iban de visita.

—No te vi quejarte.

Ambos se rieron a carcajadas.

Al menos otros cincuenta años más adelante Souta logró superar los ochenta años dada la longevidad entre los japoneses. Para ese entonces ya habían pasado a ser un abuelo y su nieto cuyos padres habían muerto, una historia de lo más frecuente pero no por ello increíble para los demás.

Fueron los días más importantes como los más oscuros ya que, más allá de ser conscientes de que se les agotaba el tiempo juntos, Daina debía soportar ver cómo su hermano lentamente se debilitaba y requería más cuidados de su parte; quiso convencerse de que no era tan diferente de cuando estuvo hospitalizado de niño pero eso fue inútil, no era algo que pudiera "curar". Con sus amigos de Beigoma sucedió exactamente lo mismo.

Uno de esos días durante el otoño, próximos al invierno, Souta lo escuchó llorando en su habitación.

—¿Daina? —llamó, su voz recordaba a Raúl pero con menos energías— ¿Puedo pasar?

—Sí, pasa…. —Limpió sus lágrimas con la manga de su chaqueta, una recreación de la antigua que quedó desgastada, demasiado para usarse.

Entró teniendo claro lo que le ocurría.

—Sé que es duro —pausó— pero igual que con nuestros padres —Daina no pudo evitar abrazarlo y volver a romper en llanto—, sé que lograrás superarlo y salir adelante.

En los momentos más animados Daina traía algún nuevo amigo a merendar, hacer tareas o jugar un rato y mientras tanto Souta les contaba historias sobre cuando eran jóvenes, ocultando el hecho de ser ellos mismos claro estaba. Sin embargo decidió cortar con esos momentos, dejar de ir periódicamente a la escuela y actuar como un niño normal para concentrarse en cuidarlo.

—Luego de cuidarme tanto es lo menos que puedo hacer —repitió las exactas palabras de algo más de sesenta años atrás. Sonreía pero en el interior estaba derrumbado.

De igual modo hacía los preparativos con los Delon mientras llamaba y visitaba regularmente al resto del equipo Beigoma, hasta que todos encontraron su hora de partir, uno por uno. Por conveniencia o crueldad del destino, el último del equipo Beigoma en partir fue Ken antes de que Souta falleciera durante el invierno, apenas cuatro años después de su conversación.

—Gracias por todo, hermano… —fueron sus palabras finales.

Ese día Daina lloró más que nunca, tal vez la noche completa. Pasado el velorio y la posterior cremación, en compañía de los Delon y los que serían sus últimos amigos en Japón, acomodó sus maletas con lo esencial y material de pintura que reunió con los años; hasta podía pintar y vender sus piezas en una feria o durante las giras.

Entre los cajones encontró una caja de madera decorada con la silueta de beys: uno en rojo con un hacha dorada, otros eran azul con la silueta de una valquiria, verde con una parte rosada y dos perritos café y azul, morado con un guiverno rojo, amarillo con un abanico y otros dos morados más claros con pequeñas calaveras y cuentas como las suyas.

En la tapa tenía pegada una nota con la letra de Souta:

"Preparamos esto para ti, así siempre estaremos contigo a pesar de que ya no nos puedas ver. Gracias por todo, te queremos. Con mucho amor: El equipo Beigoma y Souta."

Clio no dijo nada, simplemente lo vio en espera de que la abriera. Al hacerlo encontró cada bey que tuvieron a lo largo de sus carreras como bladers desde single layer hasta Dynamite —para su sorpresa podían armarse pero no estaban seguros de que sus dientes resistirían en batalla o siquiera los resortes—, hasta los rotos como Storm Spriggan cuyo layer fue vuelto a pegar así como Winning Valkyrie; fotos de ellos juntos, los títeres Keru y Besu, el Sr. Invencible y la marioneta perrito de Souta, el abanico de Rantaro que debieron dejar en un estuche a parte, el guante de Shu y la pulsera de Valt.

Daina miró los regalos al borde de llorar otra vez, lo que terminó sucediendo. Otra cosa que Ken le había dejado antes fue su utilería para espectáculos, a menudo le decía cuánto los necesitaría.

Durante el viaje hacia su primera parada en Rumania, antes de comenzar las giras, Clio no dejaba de ver con pesar a Daina. «Es mi culpa que esté sufriendo...»

—No es culpa tuya, recuerda—intentó consolarlo—. Si no fuera por tu ayuda quién sabe qué hubiera pasado.

—Daina tiene razón —sumó una mujer de cabello plateado, la señora Delon—, recuerda lo que dicen: De nada sirve llorar sobre leche derramada. Hijo —Tomó su mano—, entiendo cómo te sientes, pero si dice que no te culpa y que está bien entonces puedes dejar atrás esa carga.

—Me tomará tiempo olvidarlo… —respondió.

—Lo entiendo —Daina le dio una palmada—, tómate todo el que necesites.

A lo largo de otros veinte años Daina se adaptó a la familia Delon. Recorrieron desde las nostálgicas Francia y España, hasta las regiones de Italia, Alemania y Hungría, entre muchas más. Narrando toda clase de historias y espantándose con bromas y trucos de magia, por claras razones parecía que el tiempo no pasaba para aquella caravana; de no ser por la ausencia del equipo Beigoma, a Daina le parecía que había regresado cien años atrás. Con respecto a AS Gallus, continuaba controlándolo de manera remota mientras otra persona asignada por Marie en el pasado, y luego otros más, se encargaban de lo presencial sin saber nunca quién era Daina exactamente. Para ellos sería conocido como el misterioso propietario, el señor Kurogami.

—Creí que sería triste pero lo cierto es que es muy divertido —contaba feliz a un pequeño altar montado dentro de la camioneta con fotos del equipo Beigoma, su hermano y todos sus amigos.

Lucía el traje negro que le había entregado Marie también como regalo de despedida

—Aún los extraño mucho y espero poder verlos de nuevo —Observó una daga de plata sellada que traía consigo— pero todavía no —Dejó dicha pieza a un lado y luego tocó donde tenía las marcas de la mordida, debajo de su traje—. Mientras tanto, sé que tengo la compañía de todos —les regresó la vista.

Colocó sus Deathscyther junto con los demás, desde el single layer hasta la creación chouzetsu de Ken y los diseños gachinko, sparking y Dynamite que Daina construyó más tarde.

—¡Daina!—llamaba Clio desde fuera—¡Ya empieza el festival de primavera, debemos presentarnos!

—¡Ya voy! —Corrió por su capa que hacía juego con la de Clio— Los veré luego y les contaré cómo nos fue —Miró por última vez el altar antes de dejar la camioneta.