Desafortunadamente, (no) soy un dragón

Existen algunas palabras que no se suelen encontrar con otras, no solo por la carga que conllevan al espectador, sino porque requieren un contexto específico para entenderse; luego están aquellas que, por su misma definición, es extraño verlas juntas en la misma oración: Amor y odio, Paz y guerra, muerte y vida, simple y complejo, solitario y grupo, Hachiman y fiesta, junto a un largo etcétera. Ahora, si bien no se trata de una poesía, dicho solitario experimentaba, de primera mano, la historia de su país; con evidente ambientación peculiar digna de una superproducción.

Y, sí, Hikigaya Hachiman se encontraba en una fiesta tradicional en todo el sentido de la palabra. No, no una recreación clásica de algunas compañías de teatro, si fuese así serían enunciados por múltiples cargos hacia la moral pública por más "históricamente correcto" que quisieran argumentar.

Un lugar bien conservado, incluso con su improvisación, lleno de gente desconocida para él junto al sonido rítmico de instrumentos para nada cotidianos. Aunque, a diferencia de la música extravagante, estridente y occidental, y las luces relucientes de los focos industriales; la melodía oriunda del folklore ancestral salpicaba el ambiente; junto a sus cánticos guturales, montones de vino venían de vasija en vasija como refresco entre los presentes. Las mujeres de atuendos sencillos, pero rostros decoradas a mas no poder, rodeaban y reían con los hombres despreocupados. Sus acompañantes, rebosantes de sangre en la cara, reían y apostaban en diferentes sitios. Las armas adornaban el suelo con su filo y decoración sin algún cuidad. Un caos traído por el vino, un desorden nacido de la arrogancia.

No solo el ambiente era distinto a lo esperado para un joven del siglo XXI, sino que se reemplazó los trajes de oficina y atuendos comunes, o uniformes escolares, por un montón de armaduras y cascos de guerra que crujían ante el movimiento alegre de los presentes. El bullicio por el alcohol alegraba el encuentro y las risas de los más jóvenes le daban el toque de frescura. El cielo despejado iluminaba y evidenciaba la magnitud de la celebración, una sensación chocante para las pocas reuniones que experimentó Hachiman en los viajes a la casa de sus abuelos o esas pocas ocasiones fuera de su hogar.

Por último, y para su propio desconcierto, Hachiman mismo estaba en una "amena" conversación con una joven. Una joven que le recordaba a una mezcla extraña de ojou-sama con alivio cómico digno de alguna adolescente cabeza hueca de su tiempo.

Sin embargo, por las mismas vestimentas, además de cierto presentimiento, entendía sobre la elevada posición de la joven.

Sí, todo era antinatural. Nada concordaba con la rutina normal de Hachiman, ni con su sentido común. Además, obviamente, fue traído sin su consentimiento a esta rara fiesta de cosplay (según su percepción de la realidad completamente alterada). Aunque ser llevado a la fuerza luego de salir de un lago, con un traje salido de un videojuego, tampoco esclarecía las cosas.

¿Cómo llegó allí? ¿Con qué propósito fue traído? ¿Quiénes eran estas personas? ¿Existía alguna manera de escapar pacíficamente?

Para su consternación, su mente divagaba en la nada misma. Ninguna explicación (lógica) llenaba la sensación de incomodidad y molestia que siente por la piel.

— ¿Cómo terminé aquí?

Por lo menos, en estos momentos, todos le mostraban un respeto sin límites y dudaban mirarlo directamente, una ventaja para no mostrar su desconcierto en toda la cara. Aunque tampoco es que su expresividad fuera destacable. También ayudo mencionar su nombre (en realidad eso fue lo más importante).

Él entendía que eso era beneficioso para su supervivencia, pero también era ajeno a ese tipo de estima general. De entre todas las miradas, la única persona capaz de entablar una conversación de manera fluida, o comprensible, es esta chica de grandes ojos y apariencia celestial que, de vez en cuando, lograba sacarle una que otra palabra además del asentimiento. No le entendía del todo. Sentía que ella hablaba como una anciana y otras veces con palabras demasiado abstractas. Ni siquiera las gals más estereotipadas tenían un acento tan marcado y con demasiadas pausas.

¿Qué clase de pesadilla era esa?

Él suponía que era un sueño, como aquellos llamados lúcidos que tambaleaban los límites entre la realidad y a la ficción. En este caso, ¿Qué significaba?

¿Dejar de jugar videojuegos ambientados en la época sengoku? ¿Asistir a mas eventos sociales antes de enloquecer por fantasías históricas? ¿Vivir una vida normal tampoco es normal?

Sea como fuere, el joven priorizó volver a su hogar. Si esto se tratase de un sueño, solo debía continuar. Pero, antes de despertar, quería quitarse cierta sensación de incomodidad.

— Disculpe, ojou-san, ¿Cómo se llama este lugar?

— Okehazama, Hachiman-sama.

Apenas escuchó ese nombre, el cerebro de Hachiman comenzó a funcionar de nuevo. La información surgió de golpe y lo estremeció. Los datos recopilados por la aguda observación que lo caracteriza se mezclaron con el entorno para darle algún entendimiento sobre sus circunstancias. Mientras su parte más racional se clavaba en la idea de un sueño, su instinto crítico se lo tomó en serio. La situación se esclarecía en la cabeza de Hachiman o, por lo menos, tomaba algo de sentido.

— Yoshimoto-sama, reúna a algunos soldados, por favor.

La joven, un tanto extrañada por la repentina muestra de respeto, excesivo ante un igual y el dialecto en el que lo comunicó, reflexionó unos instantes. Instantes que le parecieron eternos al joven. ¿Cómo no? La autoridad de esa persona decidiría el destino de la mayoría de presentes. Por fortuna, su demanda fue aceptada con una sonrisa.

— Ya escucharon, la reencarnación de Hachiman-sama ha hablado. Su existencia nos ha bendecido con su presencia rumbo a Kyoto, llamen a los que estén más sobrios.

Afortunadamente, sus palabras fueron escuchadas. Aunque por el motivo más fantasioso y falso posible. ¿Quizás si su nombre no se relacionaba con un dios de la guerra nunca le harían caso? Aunque sonaba un tanto contradictorio porque otras culturas relacionaban la belleza con la guerra. Sea como fuere, su corazón comenzó a acelerarse.

Cuando él escuchó la palabra Okehazama, entendió una verdad inverosímil: la muerte se acercaba. Su verdugo no sería otra persona que, si las fuentes históricas permanecían, un joven Oda Nobuna con la fuerza de un desastre natural. L a historia fue representada de una y mil maneras distintas solo en la larga cadena de videojuegos en Japón, ni hablar de los discursos estudiantiles sobre ello; pero en este escenario "consciente de la fantasía" solo rezaba porque la carga de caballería no fuese sacada de alguna novela ligera.

— Yoshimoto-sama, nos encontramos en Okehazama, ¿verdad?

— Sí, después de que leyasu acabe con la tonta de Owari, iremos rumbo a kyoto. ¿Nos acompañará, Ryujin Hachiman-sama?

Quizás por la inexplicable sensación de desconcierto, aparte de repreguntar el nombre del lugar, la mente lógica del joven dejó pasar algunos datos muy importantes para su supervivencia. Datos referentes a los sufijos que se le daban.

— Estamos en peligro.

— ¿Eh? ¿A qué se refiere?

— La lluvia camufla la llegada de Nobunaga, olvídate de salvar el regimiento. Reúne a todos los soldados que puedas y escapemos de aquí.

— Hachiman-sama, que broma tan divertida has dicho. Nadie nos atacaría ni aunque buscara aventurarse a lo desconocido. Ni siquiera ese tal Nobunaga…

— Tus anteriores victorias fueron logradas por otras fuerzas, tu regimiento carece de la disciplina y la experiencia de la avanzada que enviaste antes. Si alguien nos ataca ahora, espero que no sea él, aunque es imposible…

— Espera, Excelentísimo Ryujin-sama, ¿Quién es ese tal Nobunaga?

— Oi, Oi. Debes estar bromeando. Este es el territorio de Owari, aunque seas una ojou-sama estereotípica, ¿No conoces al daimyo local del territorio en el que estas? ¡Es el único desquiciado capaz de aventurarse a una lucha tan desigual como esta y salir victorioso en toda la historia de Japón!

— La única daimyo local es esa bárbara de Oda Nobuna…

— ¿Qué?

Un trueno rugió y siluetas se asomaron sobre la montaña. Hachiman fue enviado momentos antes de la carga, sus acciones solo le lograron comprar más tiempo. ¿Eso sería suficiente?

— ¡Ataque enemigo!

— ¡Recojan sus armas!

— ¡Hagan una formación!

Algunos hombres, todavía lúcidos, avisaron sobre la llegada enemiga. Sin embargo, la mayoría fue incapaz de responder ante la emergencia. Toda la celebración anterior desapareció sin dejar rastro y, con ella, solo quedó la ansiedad de un inminente ataque.

— Llama a algunos soldados más y diles que nos protejan, por favor. No importa cómo, usted debe permanecer hasta el final.

— ¿Hachiman-sama? Claro. Ni los monos más tontos atacarían a un dragón. Por favor, ayúdanos a ganar esta batalla y yo, Yoshimoto Imagawa seré su fiel seguidora.

— Levanta tu cabeza, Yoshimoto, mantente concentrada. Esta es tu pelea. Has lo que dije. Si logramos hablar con ellos, debemos esperar al comandante enemigo y negociar tu rendición.

— ¿Rendición? ¡¿no puedes hablar en serio?! Yo, ¿rindiéndome antes esos fanáticos de Namban?

— ¿No quieres seguir viva?

— ¿Eh?

Seguir la conversación con los ruidos de carnicería en la parte de atrás ayudó a disuadir cualquier intento de soberbia. A pesar de los muros improvisados, la lluvia torrencial, los truenos intermitentes y el alboroto de los jinetes; los gritos de combate seguían dominando todo el lugar.

— El destino puede seguir sin ti. La historia no favorece a los más tercos e inflexibles.

— Yo… lo haré. Todos, protéjanos y dejen pasar a Oda Nobuna.

La tortura auditiva, diferente a los sonidos pregrabados de alguna consola, supusieron una gran carga mental para un joven distante de algún conflicto.

Impulsado por quién sabe qué, la lluvia de inseguridades nunca mostró calmarse dentro de él, Hachiman se paró en frente de la joven. Diferente a un aspecto de caballerosidad, Hikigaya sabía que su vida dependía de su autoridad. Con ella fuera del tablero, sus posibilidades de supervivencia equivalían a cero. En otras palabras, si quería seguir en una posición ventajosa, la necesitaba viva. Aunque, todavía seguí ignorando otros datos por el estrés de la situación.

Si todas las reacciones que vio ante su presencia servían de fuente, su aspecto "asustaría" hasta al más valiente de los soldados. Aunque él dudaba de cuan efectivo sería contra un hombre invadido por la adrenalina del momento. Por cada segundo que se alargara el conflicto, las dudas y miedos carcomerían su decisión racional: ¿En qué instante dejó que la inmersión dirigiera sus decisiones? ¿Siquiera es necesario arriesgarse así? ¿No es mejor alejarse y no tomar algún bando?

Por coincidencia, cuando su resolución comenzaba a flaquear, la lluvia aumentó su intensidad y los truenos iluminaron el cielo. El escenario de fantasía encadenó todo para una entrada dramática desde una perspectiva visual general. No faltó poco para que sucediera la llegada del clímax. Como una avalancha, el galope de varios jinetes apuntaba peligrosamente hacia la ubicación del visitante atemporal y la doncella, junto a un número reducido de soldados contado con la palma de las manos.

El muro fue derribado de un golpe sobrehumano. La pantalla de madera voló considerablemente y derrumbó a dos guardaespaldas. Su impacto disminuyó la poca moral que quedaba.

Si se tratase de un regimiento, el miedo sería más fácilmente distribuido; sin embargo, la única encargada de ello fue una mujer con una gruesa armadura. Sin palabras, con una mirada enfocada en una sola persona, su lanza generando zumbido, los pasos pesados de su caminata: una sensación similar al reencuentro con una muerte segura.

Paralizado, como todos los demás, forzó todo su cuerpo para comenzar a razonar una rendición. Es posible que su mentalidad no fuese mayor al de un general en su estado natural, aunque sus ayudantes eran los más sobrios de la fiesta; sin embargo, era el más acostumbrado al tipo de diseño aterrador en armaduras. Salir del estupor, y diluir el miedo, era imposible; pero el tiempo se alargó ante la pesada caminata de la soldado.

— No es necesario luchar. Nos rendimos.

La mujer dudó en acercarse. Sus pasos frenaron. Su mirada reaccionó, como si hubiese salido de un trance, ante su entorno. Un vistazo feroz recorrió el lugar. Como él esperaba, en su deducción hipotética, ella retrocedió ante su presencia como si fuese algo peligroso. Además, ayudó la extrema concentración que experimentaba; ella ni siquiera notó que todos los demás y él estaban tan cerca.

Hachiman rió involuntariamente. Su inconsciente considero divertido tal hecho. Relacionar su existencia como un causante de miedo, cuando siquiera estaba seguro de qué hacer a continuación, supuso el chiste más grande para contarse en un punto de inflexión.

El tiempo de desconcierto le ganó unos segundos. Él intentaría entablar una conversación más larga, quizás para mantener su cuello cerca de su cuerpo hasta la llegada de alguien más importante. Era razonable ver la duda ante su palabra. Por lo que a él respecta, nadie sabía de su existencia, además de su extraña y colorida vestimenta. Aunque se excedió con la burla directa hacia el enemigo.

— Tú, ¿qué eres?

— Desafortunadamente, no soy un dragón…

Comenzar con un chiste no fue la mejor decisión de su vida, pero tampoco la peor si se considera crear un contexto para el diálogo. Al menos hasta que otra alma se asome para destruir este intrincado proceso de diplomacia.

Sus temores se concretaron en los pasos de otra persona. La ilusión de una muerte certera se derrumbó al verlo directamente.

Ahí, frente a una improbable coincidencia, vislumbró una imagen nunca antes vista en su haber diario como lector. Un joven vestido de una especie de uniforme moderno, además de una armadura de soldado toscamente colocada, llegaba desarmado hacia la base enemiga. Apareció luego, aunque ahora menos impactante, más hombres del temido general enemigo. A este paso, la llegada del general enemigo y la derrota de las defensas eran un hecho. Aunque cuando vio a otra preciosura montar y desfilar con las ropas de un general sengoku, supo que, encontrarse con "Yoshimoto" y que sonase tan familiar en su cabeza, nunca debería haber descuidado su lado más analítico sin importar su situación. Por lo menos, la negociación iniciaría en buen puerto. Las palabras no son suficientes para describir su asombro y alivio vivido en su psique. Solo atinó a exclamar, desde lo más profundo de su cabeza, cierto desdén.

— Un estudiante de preparatoria… Debe ser una broma...

— Oh, ¡Es un estudiante japonés de la era moderna!¡No soy el único que vino aquí!¡Ahora esa Nobuna debe creerme!

— Estoy aquí,Saru

En ese instante, la línea central del mayor combate naval en la historia, comenzó a deformarse.