Advertencia: Ishi/Hime&Ichi. Algo de OoC.

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It was not your fault but mine… •

"Kurosaki-kun me pidió salir. Y dije que sí".

Su rostro lucía rozagante, sonrosado, tímido. Uryū ahogó un suspiro ante dicha visión. Creyó, iluso, que hablarían de ella. Que su fiebre repentina era a causa de un virus desconocido que el estudiante estrella de Medicina daría por fin nombre; coronándolo de laureles ante la ciencia y el amor.

Él le recomendó descanso, pero sabía que ella se desgastaría mentalmente pensando en la cita anhelada.

"Él sólo me tomó entre sus brazos y me besó".

El encuentro había sido todo un éxito. Que Ichigo, quien estaba bajo el rumor que era asexual o estúpidamente tímido, animara semejante paso era de aplaudirse o escandalizarse, lo que tomara menos esfuerzo.

Uryū carraspeó, indeciso de hacer cualquier otra acción. Comúnmente se encontraba sin palabras ante las confesiones de Orihime: demasiada información para su corazón iluso, enceguecido de amor hacia la pelirroja. ¿En qué momento había pasado de ser su compañero de batalla a su doctor de cabecera (en proceso) a su confidente en el amor? Tal vez era una de las maldiciones de los médicos: atender cuerpos de almas rotas y, en el proceso, tratar de consolar sus penas.

"Me pidió que me casara con él. Yo no dejé de llorar y besarlo hasta dos horas después".

Ese día Ishida perdió una exquisita pluma fuente (proveniente de su herencia familiar) entre sus propias manos: la rompió por la impresión de dichas palabras. A lo mejor también influyó ver llorar a Orihime. Eran lágrimas agridulces: de incredulidad, de gozo. Las gotas no dejaban de fluir por su cara. Su maquillaje se corrió y parecía que no le importaba lucir como un total desastre. El llanto pasó a sollozo y luego a risitas histéricas.

"¿Por qué alguien como Kurosaki kun, el gran Shinigami Sustituto, quiere estar conmigo? ¿Qué vio en mí cuando hay mujeres mejores que yo?"

Dicha expresión la soltó Inoue como un puñetazo de boxeador al hígado. Uryū sintió cómo le cortó el aliento la fuerza de sus palabras. Podía ver cómo supuraba la incredulidad del autodesprecio de sus labios magullados por la ansiedad.

Era una pregunta retórica, ya que nadie podía realmente responderla. Así que sólo fue exhalada en un gemido histérico que se perdió en el vacío de un consultorio desolado. Ishida sonrió amargamente y, como el primer día, realizó cálculos mentalmente de los resultados de la absurda unión de dos almas tan distintas (de acuerdo a su percepción). En la receta del día, medio rasgada por la intensidad del momento, anotó la prescripción de pastillas para dormir.

"Agradezco a todas las personas que creyeron en nosotros para salir adelante" su vista almendrada se posó en cada una de las personas que los habían acompañado en la tranquilidad escolar o en el calor de las batallas; en donde sus almas habían podido encontrar el camino a su existencia. Su vista se posó largo rato en Uryū, quien sólo esquivó la mirada, incómodo.

"Ahora comienzo una nueva vida con un corazón que late al mismo ritmo que el mío. De vivir algo que creí imposible para alguien como yo. Una esperanza que creí quedaría entre los recovecos de mi mente y entre deseos muertos. Gracias por tu amor, Ichigo".

El beso compartido entre ambos fue aplaudido, incluso por Ishida mismo. Sin embargo, en su paladar se sedimentó un sabor amargo que no desapareció. Apuró un trago de licor.

¿"Que vivan los novios"?

No. Qué desastre.

Estaba al borde de la asfixia, de un ataque al corazón por los celos bien fundados desde años atrás. Ahora le estallaba la verdad en la cara y él fingía, como siempre lo había hecho toda su estúpida, estúpida vida; que no importaba, que lo que importaba es que ella estaba radiante vestida de luz y azahares.

Que ella, en su corazón, era suya.

Qué mal licor habían traído a la fiesta, por los dioses, ni cómo fingir su mal estado. Ese día tendría la jaqueca más patética de la existencia. Esperaba que, siquiera, Orihime estuviera en su cabeza.

"Estoy esperando un bebé. No sé cómo decírselo a Ichigo".

Su rostro, un día lleno de júbilo, estaba velado de tristeza.

"¿Por qué?" cuestionó en un gesto hueco, más por cortesía que por interés.

"Yo… No pensé que pasaría tan rápido". Sus dientes se aferraban al tierno labio que, milagrosamente, no se había roto todavía.

"Pasó, Orihime. ¿Ahora qué sigue?" su acento no lo suavizó pese al puchero que comenzaba a dibujarse en el rostro ajeno.

"Amo a Ichigo. Amo a este bebé. Pero no sé si él también pueda hacerlo".

"¿Por qué dudas tanto?"

"Temo que sienta que sea muy repentino para sus planes; apenas consiguió un contrato de traducción y estábamos por cambiarnos de casa, para acercarnos a su nuevo empleo. Además–"

Uryū clavó su afilada mirada azul en ella mientras balbuceaba. Oh, ¡la comunicación entre los esposos no era tan íntima como entre ellos dos! Se sintió miserable, por el ligero atisbo de satisfacción que recorrió su corazón al saber que había tenido razón todo ese tiempo respecto a dicha relación.

Pero sus ojos castaños cargados de lágrimas le sacudieron violentamente. Odiaba verla llorar. Y más por la inseguridad que ella parecía conservar respecto al amor de Ichigo. Si supiera la inocente lo valiosa que era; que ese bastardo se sabía afortunado de ser el elegido por el amor de ella. Y que un bebé era la corona de su triunfo.

No era culpa de Orihime, sino de él. Uryū Ishida había sido un cobarde todo ese tiempo, por haberle ocultado su pasión fervorosa ante el inconmensurable monstruo de temor al rechazo que él se sabía conocía como víctima; ya que era bien conocido el amor de Orihime Inoue hacia Ichigo Kurosaki; ellos habían dado el gran paso: aceptarse el uno al otro para una vida en común. A diferencia de él, en su pusilanimidad disfrazada de arrogante indiferencia y que había desembocado en su solitaria posición. Ishida se tragó los restos de su corazón roto para hacer el gesto más doloroso y humilde de su vida: rendir su orgullo ante el bien de ella.

"Orihime, sólo díselo. El bebé llegará en cualquier momento. Deben estar preparados. Él es un idiota, pero nadie mejor que él sabe lo importante que es un primer hijo. Estarán bien bajo su cuidado".Mentalmente, ahí se incluía él mismo. Porque desde él estaba dispuesto a dar su vida por el bien de Orihime y, ahora, por su bebé.

Ambos sonrieron, él estrujó su mano con dulzura. Ella, le devolvió el gesto, reconfortada.

La receta del día venía con indicaciones de cuidados básicos, la recomendación de un colega ginecólogo y sus mejores deseos; escritos con un pulso tembloroso y alguna que otra frase borrosa por su mano en un gesto nervioso. Aún así esperaba que no tuviera problemas la joven madre para hacerla válida.

"Muchas gracias, Ishida kun". El abrazo repentino de Orihime le desconectó de la realidad. Su suavidad y ternura se grabaron a fuego en su piel. Toda su vida atesoraría dicho recuerdo.

"Bienvenido, Kazui". Orihime e Ichigo agradecieron los costosos regalos de Ishida Uryū para su primogénito.

Uryū esbozó una sonrisa, aliviado y con un gozo malicioso mal ocultado, al ver que el pequeño ser tenía los rasgos más hermosos de ella en su adorable rostro.

"No es nada, al contrario, todo un placer".

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Fin

N/A:

Han sido AÑOS desde que publiqué algo, especialmente del bello Bleach, que tan buenos momentos me ha dado. Espero que este pequeño y humilde one-shot me ayude a superar mi bloqueo de escritura; Diosmíoporquémehasabandonado.

Quienes me conocen, saben lo DRAMÁTICA que soy. AMO darle uno que otro tropezón a los finales felices; esto pese a que el final de Bleach fue satisfactorio para mí. Así que esa sombra de posibles celos en Ishida sobre la unión de Orihime e Ichigo (especialmente con las inseguridades que ella mostró a lo largo de la historia respecto a su relación con Kurosaki) es algo con lo que tenía tiempo de querer jugar.

Agradezco el interés de quienes se detengan a leer.

See you around...~