N/A: HOLA bueno, estoy feliz de mostrarles este delirio nuevo. Espero que nadie haya hecho una versión kyman y OMEGAVERSE de la caperucita roja lkdajkslds lloro qué era mi mente. En fin, les dejo mi primer omegaverse, espero que lo disfruten uwu

Trigger Warning: Casi que todo esto tiene poco y nada de consentimiento y tiene diferencia de edad.

*.*.*

Into The Woods

Su madre por esa mañana lo sermoneó, ya era casi una costumbre, después de todo tenía 17 años y no podía desobedecer, o al menos no mientras viva con sus padres y eso era una desgracia. Particularmente, como condición para su perdón, le pidió un favor, uno importante. "Ve a entregarle esta tarta a tu abuela" le dijo, "además, llévale este collar, se lo debo por su cumpleaños". Él claro que bufó, no enfrente de su madre, por supuesto, sino habría sido regañado y no quería escuchar el tono estridente de su voz liquidando sus tímpanos. Odiaba ir a la casa de su abuela, era una casa alejada, a la que sólo podía acceder a pie por un camino de tierra en medio del bosque, entre árboles. No entendía cómo a su abuela le gustaba vivir en ese lugar, era la fantasía cottage core, pero era tan irritable que quede en medio de la nada que era un dolor en los huevos, o al menos eso pensaba.

Y bueno, nada, se preparó para salir. Metió la tarta de manzana en una bolsa de tela y la mantuvo firme, derecha, con cuidado para que no se volteara e hiciera un desastre. También guardó bien el collar, en uno de sus bolsillos. Su madre le preguntó si tenía todo, él le respondió que sí. No necesitaba protegerse, porque no había un peligro real y era el único en su familia que luego de generaciones nació con esa extraña condición, era una anomalía, un milagro de la genética quizá, pero la familia lo recibió bien y él estaba agradecido. Su olor era fuerte y alimonado como el de un pino. Intenso, envolvente, el cual siempre que iba a casa de su abuela se camuflaba con el resto de los árboles.

—Ten cuidado y pórtate bien. —Dijo su madre.

—Bueno, mamá. Nos vemos después.

— ¡No te desvíes del camino! —Y eso fue lo último que llegó a pronunciar, pues para ese entonces su hijo ya había empezado a caminar, dejando atrás la puerta de su casa y a la mujer pelirroja que lo saludaba.

Decidió tomar por lo menos un autobús que lo llevara a cercanías del bosque, tuvo que esperar un rato, hasta el atardecer, y dio cuenta de que tal vez no fue una buena idea tener que ir a esa hora, pero de nuevo se repitió "Kyle, no hay nada que temer". Iba a boxeo, se mantenía en forma, no es que era un inflado pero estaba muy bien cuidado y sus prendas eran lo suficiente cómodas para pelear. Holgada, fresca, era más que lo necesario. Cuando el autobús pasó al fin se subió con cuidado, saludó al conductor y pagó. Fue a sentarse a uno de los asientos libres que estaban atrás, y allí esperó hasta que llegó a su destino, en el cual bajó y con un fuerte suspiro se sintió bienvenido en ese lugar. La vegetación, como era lo usual, era de un color tan verde y brillante que lo encandilaba. Las flores silvestres que adornaban el suelo le parecían muy bonitas, a decir verdad. Afianzó su agarre a la tarta, revisó no haber perdido el collar, y así como estaba se adentró entre lo verde, con cuidado de no pisar nada extraño, y así fue hasta encontrar el sendero marcado por pasos anteriores a los suyos, un lugar por donde podría caminar tranquilo, y así con pasos rápidos se adentró cada vez un poquito más, en dirección a aquella casona perdida en esa inmensidad.

Habían muchas cosas que realmente desconocía, una de ellas: su abuela no estaba en casa, y donde estaba realmente era un misterio. Bah, pasó lo siguiente: era primera hora en la mañana, fue a regar las plantas como cada día, ocultando su fuerte olor a rosas con una fragancia más dura en un intento de camuflaje, no podía ser descubierta, la familia Broflovski era lo suficientemente conocida y no era conveniente tener más peligros que los acecharan. Quizás ese fue uno de los motivos por los que vivía en esa casa tan alejada, aunque Kyle nunca se pondría en su lugar, después de todo no sufría nada de eso. Recapitulemos, volvamos a la rutina: estaba regando las plantas, con un aroma que no era el de ella, hasta que de pronto sintió un aroma más fuerte, un intenso olor a whiskey que embriagó sus pulmones. Era ese olor que tiene el alcohol guardado, uno delicioso, que nunca había sentido antes pero fue poderoso, y luego no sintió más nada. La regadera quedó tirada a un costado de los largos tallos, el agua terminó por volcarse, y pronto un intruso tomó su lugar.

La casa se hizo un desastre, las cosas fueron removidas de su lugar y aunque él intentaba tener cuidado para volverlas a guardar y ser disimulado, no podía evitar mirar a su alrededor y sentir curiosidad, sacando así cada cosita, cada pequeño detalle, y bueno era desprolijo, no podía evitarlo, pero lo estaba intentando. Estuvo entretenido, bastante entretenido. Usaría a la vieja después, asumió que como su aroma era tan delicioso seguramente seguiría fresca en cuanto a acción se trataba, o en otro caso sería un buen pasaje de entrada a esa tan codiciada familia. La vieja ahora estaba inconsciente en su casa, la cual solía llamar como su guarida.

Aclaremos una cosa: no, no estaba robando, no era un criminal, pero necesitaba más información de ella, de su sangre, sabía que no la soltaría por sí sola. La vieja era vieja, pero no estúpida. Eso era un lema conocido. Y ahí lo encontró, en la mesa de luz. Un retrato relucía por sí solo, una familia de pelirrojos y castaños. Se acercó hacia ella hipnotizado, la sostuvo entre sus manos y entonces vio algo que le llamó aún más la atención: un adolescente reluciente, precioso, rizado, un tanto pálido y un poco alto con un fuerte carmín en sus cabellos que por supuesto le llamó aún más la atención. Familia de omegas, hijos omegas, y ese muchacho resaltaba entre la multitud. Estuvo con muchos omegas en su vida, pero instintivamente supo que quería uno, lo quería a ése, y lo tendría, eso era un hecho. Dejó de nuevo el retrato, y justo como si fuera un milagro en el que todas las cosas se daban a su favor, sobre la cama sonó un celular, al que agarró sin perder más tiempo y en él vio un mensaje. Una mujer llamada Sheila estaba escribiendo, y cuando obtuvo la información arqueó sus cejas y sonrió ampliamente. Ese chico, objeto de deseo, se llamaba Kyle e iba en camino hacia acá. Y eso era todo lo que quiso saber para llevar a cabo un plan. Era mucho más sencillo de lo que pensaba, y por un momento sintió un profundo alivio, pronto todo lo que quería se haría realidad... pero antes tendría que revisar la mercancía. Dejó todo en la casa, se llevó las llaves que estaban colgadas, cerró la puerta como si nada, y emprendió caminata esquivando el sendero marcado pero lo suficientemente cerca como para seguir observándolo. Su presa pronto acortaría la distancia, y estaría disponible para ese entonces, para verlo, olerlo, esperarlo y comerlo.

El camino de momento a otro se sintió sinuoso y resbaladizo, Kyle pensó que sería por las lluvias de los pasados días e intentó con todas sus fuerzas que aquella tarta de manzana que traía no se cayera y a la vez intentaba mantener el equilibrio, hasta el momento hacía un buen trabajo. Iba concentrado en el camino, pero la oscuridad se hizo presente con una impronta un poco inesperada. Oscurecía más temprano entre tanta vegetación.

Avanzó un poco más, pero a lo lejos divisó una figura, la de un hombre. Levantó una ceja confundido, ¿qué haría en un lugar desolado? Y sintió miedo, pensó que quizá sería un ladrón y recordó del valor que tenía el collar que cargaba en su bolsillo, el cual no era sólo sentimental. Apresuró sus pasos, tratando ignorar esa presencia, y lo consiguió pero sintió como una mirada penetrante y profunda lo seguía, y no desaparecía. Era intensa, pudo sentir que lo observaba desde la punta de sus rulos hasta los dedos de sus pies. Cada movimiento suyo era analizado y para ese momento el hombre se relamió.

El hombre sintió una cosa. ¿Olor alimonado? Olor a limón, un fruto jugoso, digno de estrujar, de saborear... digno de un omega. Sonrió.

Y para cuando Kyle volteó a ver por fin, el hombre ya no estaba.

*.*.*

El camino se sentía largo, tuvo que desviarse un poco y llegar más tarde por la sorpresa de haber visto aquel hombre misterioso, prefería llegar tarde y en una pieza antes de temprano y encontrado por un extraño. Ese extraño era un hombre robusto, castaño, y no pudo apreciar mucho más de él, sólo percibió su silueta. El olor a humedad y el de los árboles hizo imposible percibir su aroma, pero aún quería convencerse de que no existía ningún peligro, o al menos no uno que no pudiera enfrentar.

Tocó la puerta de la casa cuando por fin llegó, la oscuridad tapaba el jardín y las luces no estaban prendidas, cosa que le pareció extraña, pero aún así hizo caso omiso. Escuchó pasos desde adentro del lugar, desvió su mirada hacia el suelo y esperó. Esperó y siguió esperando. Los pasos que había escuchado en algún punto desconocido dejaron de sonar y eso fue raro. No escuchó ningún golpe, pero aún así ¿habrá tenido un accidente? Para cerciorarse, volvió a tocar la puerta, con insistencia. Su vista ahora estaba fija en la puerta. — ¡Abuela! —Llamó, tomó aire una vez más, y cuando iba a rendirse con la puerta y acercarse a las ventanas, dio cuenta de que una de ellas estaba abierta de par en par. Sintió un escalofrío que lo recorrió en todo su cuerpo, de pies a cabeza, y en ese entonces sintió un pésimo presentimiento. Uno que sería confirmado apenas segundos más tarde. Volteó hacia atrás por instinto, pero dejó de ver. Intentó pelear, tiró la tarta al suelo para desocupar sus manos pero fue en vano. El desconocido le había colocado una bolsa de tela en su cabeza y antes de poder reaccionar lo había atrapado y golpeado contra la pared. Su cabeza resonó contra el cemento de ella. Gimió de dolor y se sintió perdido por la grandísima confusión, no supo qué hacer. Atinó a lanzar patadas al aire, sólo dio una y sintió un quejido venir de una voz grave. Mordió sus labios pero rápidamente aquella persona volvió a tomarlo desde el rostro y en la bolsa metió su mano. Con fuerzas lo obligó a oler un pañuelo. Él intentó evitarlo, pero no pudo, y poco a poco empezó a ver su mundo desaparecer y pronto todo, pero todo, se ennegreció y cayó sumido a sus pies. El hombre sonrió.

Horas habían pasado. Para ese entonces el hombre robusto, castaño, de profundos ojos marrones y, un dato interesante, de 27 años, ahora estaba viéndolo desde la puerta de la habitación, a la cual mantenía cerrada al igual que las ventanas. Había atado al muchacho en una cama, la cama de su abuela para ser específicos. Lo veía dormitar aún por el cloroformo, y sus rizos caían sobre su frente de una manera tan juguetona que parecían no ser conscientes del peligro que corría en esa habitación. Todo el aroma del lugar era una combinación del whiskey con limón. Una combinación sencillamente perfecta, deliciosa, y él simplemente supo que era una cuestión del destino, que no podrían combinar de una forma tan perfecta de no haber sido todo un mandato divino, cosa que agradeció.

Vio entonces removerse sobre las sábanas al muchacho, y se acercó lentamente a su cuerpo. No aflojó ninguna de las cuerdas que seguro dejarían marcas en su piel pálida. Abrió los ojos. Él estaba a su lado.

—Al fin despiertas, discúlpame lo bruto.

— ¿Dónde está mi abuela? —Preguntó Kyle, confundido, sin siquiera comprender del todo la situación. Apenas y recordaba el lugar a donde debía ir, y apenas que comprendía el lugar en el que estaba.

—Está en un lugar mejor.

— ¡¿La mataste?! —Exclamó, abrió sus ojos como platos e intentó levantarse pero en respuesta sólo recibió un fuerte tirón de sus muñecas. Gruñó del dolor.

—No, por favor. No soy un monstruo. —Rió y se colocó a su lado, sentándose en un espacio libre. —Pero puedo serlo si eso te gusta.

Kyle no respondió esta vez hasta pasado un rato.

—Desátame. —Ordenó, nervioso. Empezó poco a poco a sentir el aroma a whiskey pero se veía mezclado con otro más dulce que aún no lograba descifrar. El hombre lo miraba.

—Déjame presentarme antes, soy Cartman. Eric Cartman. ¿Tú eres?

—Desátame.

—Kyle, Kyle Broflovski. Familia milenaria omega. Casi que son como un clan. ¿No es así?

—Desátame.

— ¿Por qué no respondes a mis preguntas?

—Desátame.

—Qué insistente que eres, chico. —Se cruzó de brazos, suspiró frustrado. —Yo no quería llegar a este punto pero no me dejaste otra opción. Igual, dentro de poco te desataré, se paciente y...

— ¿Qué quieres de mí? —Preguntó Kyle jugando su única carta. Esperó a que diga dinero, pero ya veía por dónde iba la situación, no era un idiota.

—Tu cuerpo. —Respondió Cartman simplemente, sonriendo ante la pregunta con una fingida amabilidad. Kyle rodó sus ojos, frustrado. Cartman rió. —Imagino que no soy el primero que lo pide, ¿no?

—Imaginas bien.

—Pero seré el único y el último que lo conseguirá. —Advirtió y esta vez sí volvió a acercarse, inclinando su rostro sobre él. Acarició su mejilla con la palma de su mano con suma lentitud pese a la expresión de incomodidad que traía el muchacho, hasta que con sus dedos llegó a sus labios, a los cuales acarició con suavidad buscando aquella humedad y acortó toda distancia entre ellos y los suyos. Los buscó con fiereza, los atrapó, los mordió y enredó su lengua a la fuerza con la ajena, obligando su intromisión en su boca, apegando sus alientos, dominándolo como él sabía hacer... pero Kyle le mordió la lengua y como acto reflejo se hizo hacia atrás. Sangraba.

—Hijo de puta.

—Púdrete en el infierno. —Maldijo Kyle y juntó saliva sólo para escupirle al rostro que tenía enfrente. Cartman se alejó aún más y se limpió con su manga.

—Obedéceme y cállate. —Pronunció, pero su voz era diferente. Franca, precisa, cada palabra en el tiempo perfecto, todo perfectamente coordinado, y resonó en la habitación como un eco. Fue lo suficientemente fuerte para que sonara en toda la casa aunque sin hacer ningún escándalo y eso sólo pudo significarse una sola cosa: una voz de alfa. Kyle arqueó una ceja, no funcionaba en él, era claro, pero tuvo una idea brillante. No sonrió, no hizo nada, sólo cumplió una orden: efectivamente se calló. Cartman poco a poco volvió a acercarse hacia él. —Así, buen chico. Ahora serás mío, ¿entendido?

Kyle permaneció en silencio.

—Respóndeme. —Ordenó, de nuevo, Cartman.

—Sí. Entendido. —Fingió, y en tanto terminó de pronunciar aquellas palabras, la cabeza de Cartman se zambulló en el espacio que estaba desde su hombro hasta su cuello e inspiró fuerte en ese lugar, llenando sus pulmones de un olor agrio y dulce que lo hizo estremecer en su lugar, y con sus colmillos lo mordió. Kyle gimió, entre una mezcla de dolor sumado a lo inevitablemente erótico que le pareció la situación y podría considerarse un poco fetichista por ese asunto, pero por el momento sólo culparía a sus hormonas.

Cartman continuó mordiéndolo, marcándolo, dejando en él un rastro que luego sería imposible de borrar, pues ahora era de su propiedad. Le gustaba hacer eso con sus omegas y esa vez no sería la excepción. Con sus manos empezó a recorrer el cuerpo ajeno. Agarró la camiseta del joven de extremo a extremo y con fuerzas la rompió, desligándose totalmente de ese asunto.

—Así me gustas más. —Dijo Cartman, pero Kyle no respondió, sino que sólo apartó su mirada avergonzado. Ante las marcas sólo había atinado a aguantar sus gemidos de dolor manteniendo sus labios tan apretados que en cualquier momento los rompería, dejarían de existir y pasaría directamente a su mandíbula y nariz. Pero cuando Cartman se separó de sus mordidas aprovechó para respirar hondo. Sus manos siguieron moviéndose por su cuerpo y encontraron los botones de su pantalón, a los cuales desabrochó con rapidez y desenfreno. Cartman tenía sus mejillas sonrosadas, al igual que Kyle, sólo que Cartman ansiaba un tanto más.

La erección de Cartman era palpable y Kyle no era ningún tonto, la veía de reojo, se fijaba en ella y cómo asomaba. Él se acercó nuevamente hacia Kyle, y en ese momento murmuró algo cerca de su oído.

—Si te desato, me la chupas. —Y continuaba usando su voz de alfa. Kyle tragó saliva. Asintió repetidas veces y eso fue suficiente para él. Con cuidado tomó las cuerdas, primero las de sus pies y desató sus extremos al fin, dejándolo en libertad. Luego, continuó con sus muñecas, las cuales Kyle estiró y movió en círculos apenas eso sucedió. Cartman se sentó sobre la cama, mirándolo con ganas. Kyle lo observó de reojo y supo lo que esperaba, y con cuidado se dispuso a obedecer esa orden. Se arrodilló frente a él, como si fuera a implorar en un rezo, a jurar por madre y padre, pero en vez de ello sólo abrió su boca para pecar. Cartman pasó su mano por aquellos cabellos rojizos, enredando sus dedos con sus rulos, y entonces con su diestra desabrochó su propio pantalón y de él sacó su miembro semi erecto, que esperaba ser engullido.

Kyle acercó su cabeza a su entrepierna. Cartman cerró sus ojos haciéndose ligeramente hacia atrás y aún acariciaba sus cabellos. La boca ajena había apresado su glande y hacía una succión en el tan deliciosa que sentía que iba a derretirse sólo por aquella húmeda boca. Sus piernas temblaron, y su miembro siguió adentrándose en las profundidades de su cavidad. Suspiró.

Sin embargo, para el momento en el que Kyle tuvo aquel miembro rellenando toda su garganta, y cuando fue el momento de, poco a poco, dejar que abandonara su ser para volverlo a penetrar, elevó su mirada, vio como Cartman tenía sus ojos cerrados y una postura confiada y abandonaba su mano de su cabeza. En ese momento supo que sería su oportunidad y mordió con fuerzas aquel miembro cuando terminó de sacárselo de su boca, y antes de que Cartman pudiera quejarse, -tan sólo se le permitió jadear de sorpresa y dolor-, golpeó su estómago en el punto que conocía, para que de un sólo golpe cayera hacia atrás. Se levantó con rapidez y se puso encima suyo, trabando sus piernas con las ajenas, presionándolo con sus brazos, acortando la distancia de sus rostros hasta que sus narices chocaban y sus respiraciones se mezclaban.

— ¡¿Qué mierda haces?! —Exclamó Cartman, aún usando aquella voz, la cual era tan insistente como desesperada. Kyle sonrió.

—Eres el imbécil más grande que he visto. —Dijo. Sostenía con una de sus manos ambas muñecas de Eric, y con la que le quedaba liberada lo tomó del mentón y lo obligó a verle. —Adivina.

Cartman tragó saliva, sintiéndose un poco intimidado, pero frunció su ceño.

Kyle sonrió aún más.

—Soy un alfa.

Cartman supo de inmediato sobre lo que eso significaba y empalideció.

Y Kyle apoyó su naciente erección contra la que yacía ahora bajo su yugo.

Cartman intentó, realmente intentó soltarse pero en respuesta sólo recibió un cabezazo que lo dejó viendo pájaros a su alrededor y en un descuido se hizo hacia atrás.

—Es imposible que seas alfa. —Musitó, cada vez más nervioso y sin ganas de adivinar si era verdad o no lo que decía, no le creía simplemente, le resultaba imposible que lo sea y punto, porque no quería averiguar si era más dominante, no quería saber si era más fuerte o más brusco que él. Cartman era fuerte, bastante, pero aún así nunca se sabe si eso resulta suficiente. Y en este caso...

—Cállate. —Rugió Kyle, en aquella conocida voz ronca, usando su voz especial. El rostro de Cartman a estas alturas parecía una hoja de papel e intentó hacerse hacia atrás, esquivarlo, al menos lograr que el colchón lo tragara y poder desviar su funesto destino, pero Kyle no se lo permitía, todo lo contrario: lo buscaba y con su muslo empezó a acariciar su erección que pese a la situación no podía calmar su calor. —Te pones así por otro alfa. —Se rió el muchacho, mirándolo a los ojos con sus penetrantes iris verdes. Cartman tragó saliva. —Eres patético. ¿No te diste cuenta? No me sorprende.

—Te juro que voy a matar a la puta de tu abuela.

—No, no harás nada, gordito. —Sonriente, se acercó a sus labios, y buscándolos los encontró y mordió con fiereza, echándose hacia atrás, estirándolos y lastimándolos. Cartman soltó un quejido de dolor y Kyle caló con un mayor contacto, buscando su lengua, deseando su saliva, y simplemente por un pequeño detalle: aquel olor, aquel olor a whiskey y a algo más que le resultaba tan atractivo como ninguna otra cosa pero que aún no podía descifrar qué era, pero era sensual, atrevido, presumido y lascivo, como una invitación en una casa sola, como el olor a un bar, como el olor del color rojo, y esa era descripción suficiente.

Poco a poco Cartman aflojó su mandíbula y correspondió al beso cegado por un naciente deseo, motivado por su ya crecida erección, después de todo aquel muchacho pelirrojo, sea alfa, beta u omega, era hermoso, lo encandilaba y enceguecía su razón. Fue entonces que Kyle se separó y fue directo a su cuello para morderlo con ganas. Cartman se mordió el labio, hasta ese entonces desconocía esa sensación pero no se animó a pararla, tenía fe de poder revertir la situación. Y Kyle siguió bajando, recorriendo su clavículas, masajeando aún su miembro, y Cartman se retorcía entre la fina línea del disgusto y el placer.

Ambos tenían sus hormonas a tope, ambos disfrutaban de alguna manera retorcida la bizarra situación. Un alfa y un alfa no podían estar juntos y así lo dictaba la sociedad, pero eso no quitaba que era parte del morbo del momento. Desde el vamos la situación ya era prohibida, uno era un adolescente brusco, duro, y preciso. El otro, un hombre con antecedentes dudosos, quién sabe porqué, pero cada cosa era un condimento que agregaba sazón. Y Cartman gimió cuando se vio a sí mismo siendo manipulado por quien pensaba que sería su víctima, de pronto una mano se estrelló en su mejilla dejándola roja y latiendo. Jadeó de la confusión, pero aprovechando el descuido Kyle se separó apenas sólo para dirigir sus manos a su propio miembro ya erecto y liberándolo de sus telas al fin. Respiró con alivio y volvió a situarse encima suyo, entre sus piernas las cuales separó a la fuerza y de repente el miedo se apoderó de las pupilas nerviosas de Cartman.

—Ni se te ocurra. —Advirtió.

—Tú quisiste esto. —Sonrió Kyle.

Y ahí fue cuando a Cartman le cayó la ficha. Una familia milenaria de omegas puros, donde nació un alfa. Era un alfa anómalo y eso explicaba todo, un alfa bendecido por la genética, uno que sólo nace cada casi quinientos años en promedio, un caso raro apenas estudiado, pero aceptado de todas maneras, con un olor más fuerte, voz más dura, órdenes más fuertes, con una fuerza que lo ponía en ventaja, y quizás lo más atemorizante de toda la situación era su nudo, el cual era diametralmente más grande a comparación con el suyo o al menos eso había escuchado hablar de los alfas anómalos y realmente no era algo que quería comprobar, pero ahora estaba en una situación que lo ponía en peligro, y por lo que todo eso significaba... dio cuenta de que no podía escapar.

Kyle agarró su propio miembro, empezando a masturbarse, rozándose con el ajeno, mirándole a los ojos y disfrutando de su miedo, sobre todo el que vio como avanzó sobre él cuando con sus neuronas por fin llegó a sumar un dos más dos. Por su expresión sólo quiso reír.

—Para ser un viejo no estás nada mal. —Musitó Kyle, y lamió los labios de Cartman de a poco y buscó aquellos nuevamente para besarlos y morderlos como cada vez se volvía más adicto a ellos. Cartman quería echarse hacia atrás pero su cuerpo respondía de manera diferente, se afianzaba a él, y casi inconscientemente bajó una de sus manos, la derecha, a masajearse su propio pene, logrando que ambos glandes se choquen entre sí, que se mezclen las humedades pese a que su miembro aún estaba sensible por la mordida anterior, cosa que de alguna manera lograba que todo fuese aún más delicioso y excitante. Kyle notó esa acción y finalmente se separó de él. Terminó de bajar los pantalones del hombre, quien para ayudarlo levantó sus caderas y en respuesta Kyle sonrió, enarcando una ceja.

—Cállate. —Ordenó Cartman, haciendo su último intento. —No digas nada.

—Tus trucos no funcionan en mí, ¿sabes?

Cartman no respondió y ahí fue cuando se confirmó cada una de sus creencias, respiró hondo y tragó saliva. Por un momento dudó de todo lo que estaba sucediendo, se preguntó cuándo fue que uno de sus planes maestros salía tan mal y no halló una respuesta, esta era quizá la primera vez y todo se caía a pedazos a su alrededor. Temblaron sus piernas porque supo lo que iba a pasar, sobre todo cuando sintió los dedos del muchacho recorrer y apretar sus muslos con voracidad. Supo que iba a ser cogido por un pendejo, que su culo probablemente se destruiría y que nada era como esperaba. Él era quien quería hacer eso, él era quien quería tenerlo bajo suyo, embestirlo, hacerlo sudar, profanar cada rincón de su cuerpo virginal, llevarlo hacia el pecado y que pruebe esa fruta prohibida hasta hacerse adicto, y por un momento temió que quien se haría adicto no sería otro que sí mismo. Kyle llegó a su ingle y luego deslizó su pulgar hacia su entrada, masajeándola en círculos, haciendo una ligera presión.

—Estás muy caliente, ¿seguro que no eres omega? —Se burló. Cartman desvió su mirada. Kyle separó su mano interrumpiendo el contacto y la llevó hacia la boca ajena, obligándolo a lamer sus dedos, introduciéndolos a la fuerza. —Lubrica bien. —Ordenó, y Cartman obedeció haciéndolo como podía. Una vez que eso fue hecho recuperó el contacto y poco a poco introdujo el primero, abriéndose paso entre sus paredes. Cartman gimió mientras que Kyle lo observaba sin perderse ni un detalle, e introdujo el segundo para empezar a moverse tomando cada vez más ritmo.

Para cuando se quisieron acordar, la mano de Kyle lo embestía con tanta fuerza que arrancaba gemido tras gemido de la garganta del otro alfa. Kyle se mordía su propio labio viéndolo y tenía sus mejillas rosas. Cartman no era capaz de dirigirle la mirada, estaba avergonzado como nunca antes, pero eso no era un impedimento para masturbarse a la vez que el otro lo penetraba. Estaba por acabar, pero fue entonces cuando Kyle separó su mano poco a poco, saliendo de su interior bajo el ceño fruncido de Cartman, pero sin prestarle mayor importancia, y se situó al fin con su pene apretando su culo, presionando su orificio hasta colmarlo lentamente, llenándolo hasta su base, y sin esperar demasiado empezó a embestirlo con fiereza. Cartman jadeó del dolor por aquel grueso miembro que ahora invadía su interior y golpeaba su próstata, su punto más sensible, con tanta insistencia. Cada gemido que profería su garganta salía sin que él pudiera evitarlo y retumbaba en las cuatro paredes de la habitación. Para esas alturas las sábanas ya eran un desastre y realmente era una falta de respeto para la abuela que en tiempos normales habitaba en esa casa pero ni siquiera a su nieto podía importarle menos. Para esas alturas estaba tan concentrado en la labor de profanar al secuestrador y sentir sus testículos golpeándose contra sus nalgas siendo este un sonido que hasta lo hipnotizaba, como si fuera una dulce melodía. Cada estocada era más fuerte e intensa que la anterior. Las piernas de Cartman terminaron por rodear su cintura, apretándolo entre ellas, aferrándose a él y atrayéndolo cada vez más a su propio cuerpo. A Kyle eso le daba gracia, nunca había visto a un alfa ser tan puta, ni siquiera sabía si eso era posible.

El apretado y virgen ano de Cartman también tenía un efecto en él, jadeaba y las gotas de sudor manchaban el rostro de quien yacía bajo él. Su cabello se pegaba en su transpiración y sus rulos se mecían al igual que todo su cuerpo. Pero se detuvo casi cuando estaba por terminar y Cartman suspiró frustrado. Sacó su miembro de su ano, y tomándolo de sus caderas bruscamente hizo que su cuerpo se volteara, que su cara se ahogara en el colchón, y que su culo quede levantado a la altura perfecta para volver a penetrarlo, y así lo hizo de golpe, arrancándole de cuajo un grito a Cartman a lo que le siguió un agudo dolor y seguro que para ese entonces lo había lastimado. La saliva no era lubricante suficiente, pero la sangre que ahora brotaba de su interior seguro sí lo era. Cartman se aferraba a las sábanas y respiraba en ritmos irregulares y cortos periodos. Casi no podía pensar y tampoco era algo que quería, en su mente sólo quedaban hormonas que lo aturdían y desviaban todo pensamiento, sólo quedaban los antinaturales, esos que clamaban por el otro alfa que ahora taladraba tan dentro suyo con toda su longitud prominente. Entre esos pensamientos, vulgares y lascivos, mientras masturbaba su miembro a la vez que era prácticamente empalado, y causa de toda deshonra, culminó, pero antes su nudo se hinchó en su mano y sintió tanto pudor de haber llegado a ese estado en esa situación, pero ahora todo estaba hecho y tuvo que conformarse y adaptarse. Su nudo estaba hinchado entre su pulgar y su índice, el cual extrañaba la sensación de estar dentro de alguien más, la sensación del nodo en el aire frío era tortuosa. Su pene que no paraba de echar semen y manchar las sábanas y el gemido que dio inicio a su orgasmo que aún daba eco en la habitación eran el resultado de la estimulación tan bestial que irrumpía en su culo. Kyle le estrelló una nalgada en el momento en el que él intentaba calmarse. No lo dejaba descansar.

Kyle aceleró, empezó a empujar cada vez más hondo, de una manera más potente que encarnaba el aguante de su juventud y dentro del cuerpo de Cartman el nudo empezaba a crecer y crecer. Los ojos del hombre se abrieron como platos y gimió del miedo, clamó piedad, pero Kyle simplemente sonrió.

—No... por favor, no... —Farfulló, pero sería en vano. El miembro de Kyle estaba completamente hinchado dentro de él, apretando sus paredes, rompiéndolo por dentro y Cartman se retorcía por un dolor que le resultaba tan agudo bajo él. Un hilo de sangre se resbalaba por sus muslos y manchaba las blancas sábanas y las lágrimas no tardaron en ser despedidas de sus ojos, pero nada de eso le importaba a Kyle. Esta era su venganza, ese alfa esperaba que todo eso le pasara a él y eso era imperdonable. Con esto simplemente se la estaba cobrando: cobró el golpe que le propició, la mamada forzada, lo que le pasó a su abuela y tanto más, y se aseguraba de ubicarlo, de ponerlo en su lugar. Mientras que llenaba su interior de semen, se inclinó hasta llegar a su cuello y por fin lo marcó, impregnándolo de su olor. Y Cartman lloró más, no quería ser de nadie pero ahora eso era imposible, ahora le pertenecía sólo a él y parecía que la vida se le reía en la cara. Ese era su karma.

Kyle dio cuenta de cuál era ese aroma perdido: whiskey y cereza, y habiéndola probado dio cuenta que era deliciosa. Lo aspiró con fuerzas, mientras que todos sus músculos se relajaban.

Pasó el tiempo, media hora tal vez, una que pasó increíblemente rápido para Kyle pero con una lentitud tortuosa para Cartman. El inmenso nudo poco a poco fue mermando y Cartman pudo respirar otra vez pero el sentimiento de acongojo y un profundo vacío no cesaba. Estaba en shock. Kyle salió de su interior y el líquido que con su miembro contenía salió despedido, resbalando por sus piernas una combinación perfecta de semen y sangre. Un tono rosado veteado encantador. Cansado, terminó por recostarse al lado de Cartman, quien intentaba recuperarse dando cuenta de todo lo que había sucedido, pero llegar a esa calma era una tarea imposible. Kyle mirando al techo sonrió satisfecho y profundamente complacido. El compás de su respiración con el pasar de los segundos se tornaba más tranquilo.

Cuando las aguas se calmaron, Kyle ordenó usando su voz: —Tu serás el que cuide a mi abuela, y yo seré el que te cogerá todas las noches.

Y Cartman, quien aún lloraba en silencio, humillado y despojado de su dignidad, simplemente no se pudo negar.

*.*.*

N/A: BUENO QUÉ LES PARECIÓ? ESPERO SUS COMENTS! Y si tienen alguna petición especial o les gustaría que escriba sobre algo particular pueden escribirme a mi twitter ( Cosocosita_) muchísimas gracias por leerme! Nya!

PD: La descripción de Cartman es muy ambigua por si quieren imaginarlo con el diseño del kyman future uwu