Charla emotiva entre Papelucho y Tita

Unos días después de que Papelucho se despidió definitivamente de Det, el niño se levantó y decidió salir con su perro Choclo al parque más cercano a su casa.

A la vez Tita, la compañera de clases de Papelucho también salió de su casa, con ganas de ver al niño. A pesar de que no se llevaban al principio bien, los eventos que involucraron a Det los hicieron acercarse de a poco convirtiéndose en amigos íntimos. Cuando se encontraron en el parque, Tita dijo:

- Hola, Papelucho, ¿ya te sientes mejor?

- Hola, Tita, sí, por fin pude levantarme de mi catre. Gracias por preguntar – respondió Papelucho.

- ¿Has vuelto a saber del marciano Det? – preguntó Tita.

- No, pero siento que él ya debe estar bien de vuelta en Marte y ya no tiene que vivir dentro de mí o de Choclo.

- Es bueno saberlo.

- ¿Puedo decirte algo, Tita? Pero que esto quede entre nosotros.

- Por supuesto, Papelucho. Yo nunca haría nada que rompiera tu confianza.

- Det originalmente se metió en mi cuerpo, no dejándome concentrar en lo que trataba de hacer, hasta que se metió en el cuerpo de Choclo, y ahí tuve algo de ayuda en la escuela.

- Te refieres a cuando resolviste ese ejercicio matemático grande, ¿verdad? – adivinó Tita.

- ¿Cómo te diste cuenta? – preguntó sorprendido Papelucho.

- Papelucho, seamos realistas. En general a ti no te va tan bien en matemáticas. Aún recuerdo la cara de incredulidad del profe Chuleta Pardo. Pero no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo.

- Gracias, Tita. Espero que no me operen de nuevo por error como lo hicieron al sacarme mi apéndice. El doctor Robles se habría salido con la suya si yo no le hubiera lanzado mi ejército de pulgas.

- ¿Cómo está tu familia ahora?

- Bueno, mi papá ya no me hace tantos interrogatorios, mi mamá se ha vuelto más atenta como Domi, parece que mi hermana Ji aún sigue sospechando lo que me pasó y mi hermano Javier no tiene idea de nada.

- Mi madre también se preocupó por ti al preguntarme cómo estabas, Papelucho. Escucha, esto me ha estado molestando, y mejor te lo diré antes de que no tenga la ocasión de hacerlo.

- ¿Qué cosa, Tita?

- Lamento haber tomado tu diario secreto con mis manos y que te lastimaras la nariz. Eso estuvo fuera de lugar.

- No te preocupes, Tita. No estoy enojado contigo. Ya te perdoné por ello. ¿Quieres ir por un helado? Tal vez te cuente más sobre mis aventuras pasadas – dijo alegremente Papelucho.

- Sí, me encantaría, Papelucho. Gracias por ser mi amigo – dijo Tita sonriente, abrazando a Papelucho.

Por primera vez en su vida Papelucho se sonrojó, pero a él no le importó eso, y le abrazó de vuelta a Tita.