«Trigun Stampede no es de mi autoría, yo sólo juego con sus personajes».

«Es Vashmeryl en su totalidad».

«Sólo se menciona a los personajes».

«Tome lo que pasó en Stampede y lo mezcle con Trimax (Trigun Máximum), así que es un ¿Qué pasa sí?».


I


Meryl de nuevo está haciendo lo mismo que suele hacer antes de actuar, su vista en la fogata dudoso de si decirle o no, al principio no era algo que le importaba que hiciera, pensaba que era algo como una muestra afectiva de su parte, pero ahora realmente creía que ella debía ser consciente de sus acciones. La pelinegra mordía el bolígrafo distraída, mientras leía una y otra vez su libreta de información, dedicada hasta el final con su nota periodística que parecía que no le importaba nada más que eso, pero Meryl era más que una periodista cazadora de la mejor noticia. Ha comenzado a notarlo con el corto tiempo que han estado viajando para llegar a su destino… Sí, el destino del que suele escapar y al cual le tiene bastante miedo…

Sale de sus pensamiento cuando puede sentir como la pequeña mujer comienza acercar su cuerpo sobre el suyo y antes de que lo haga…

—Meryl.

El cuerpo de la joven queda completamente quieto suspendido y con una gran cercanía sobre el rubio, al parecer procesando la razón por la que tiene su rostro tan cerca de la mejilla de Vash, se aparta rápido como si el rubio irradiara calor y le quemará.

—¿Dónde están los demás? —Fue lo que soltó en un tono alarmado y nada disimulado al intentar olvidar lo de hace un instante.

—Se fueron a dormir…

—Ah, sí, puedo ver las piernas del sepultero arriba —Señaló con la pluma arriba de su medio de transporte, soltó una risa aun cubierta de nerviosismo.

—Meryl.

La chica volteó a verlo con una sonrisa forzada ante el llamado, estaba avergonzada porque comprendió al instante que ella estaba cerca de Vash no él de ella, porque si hubiera sido el caso ella sabría cómo reaccionar a la defensiva.

—¿Qué pasa? —Preguntó Vash con una sonrisa igual de complicada.

—Eso iba a preguntar yo, sólo dices mi nombre y no dices nada, ¿qué pasa? —Ahí relucía su actitud defensiva ante sus propias acciones, pero Vash no dice nada sólo se limita a ver la fogata.

—¿Te molesta ir un poco más lejos de nuestro campamento? Quiero hablar de algo —Se levantó sacudiendo sus pantalones sin esperar respuesta, ella guardó su libreta y bolígrafo en el bolsillo de su chamarra para levantarse.

—Mientras no sea para ver bichos brillantes, no me molesta.

Vash rió y la hizo seguirle. El silencio gobernó todo el trayecto, Meryl giró su rostro a la pequeña luz de su campamento, sólo era eso, una pequeña luz brillando en la tenue oscuridad de la noche, el cielo y las luces del mismo era lo que les mantenía una ligera vista del enorme desierto nocturno.

Llegaron a una zona donde había una enorme roca lisa y plana dónde Vash se sentó y le pidió en silencio que ella lo hiciera también, Meryl mentalizo en una parte de su cerebro que debía girar un poco cuando condujera para evitarla.

—¿Ahora me vas a contar? —Recargó sus manos en la piedra e inclinó su cuerpo hacía atrás mientras lo miraba curiosa por lo que fuera a comentarle.

—¿Sabías que cuando te concentras mucho pareces perdida en tu mundo?

Ella se hizo pequeñita al instante, rió y se avergonzó porque no tenía nada para contradecir lo dicho, luego suspiró porque no podía negarlo o buscar una excusa, pero fingiría que no sabía que él quería llegar a lo que pasó hace poco y la verdad es que ella no sabe cómo llegó a estar su cara cerca del rubio.

—Suele decirme eso mi superior, que cuando estoy tan metida en una idea me muevo mecánicamente. Pero… ¿A qué viene esa pregunta?

—¿Sabes lo que ibas hacer antes de que te llamara?

—No sé de qué hablas —Respondió al instante mirando hacia otro lado, ahí de nuevo su lado defensivo.

Vash rió tímido o derrotado.

—En realidad esa fue la cuarta vez que te llamé y pensé que no me harías caso hasta que actuaras, últimamente sueles hacerlo más seguido.

—Yo no hago nada. No te entiendo.

Él podría decir que sí y comenzar una lucha de un tira y afloja hasta que alguno de los dos se rinda, pero prefiere usar otra estrategia, comenzó hacer ruidos lastimeros y fingir que lloraba.

—Entonces Meryl dice que no hace nada, pero se ha robado mi inocencia.

Meryl grita y al fin le da la cara tomando de la chaqueta, las mejillas coloreadas y sus ojos llenos de pánico como de vergüenza.

—¡No mientas! ¡Yo no hago nada! ¡No acuses sin pruebas!

Vash llevó su mano a su boca y aún fingiendo estar herido.

—Pero si los demás son testigos, Wolfwood lo ha visto más de dos veces.

—¡Mentira!

—Puedes preguntarle.

—¡Me va querer cobrar para contarme!

—Entonces pregúntale a Roberto, él también lo ha visto.

—¿Qué ha visto? ¡Nada, porque no he hecho nada!

—¡Claro que sí, eres culpable de todos los cargos!

—No hay cargos, soy inocente.

—Mentira.

—Verdad.

Los dos seguían mirándose fijamente, aun a través de los lentes de Vash, Meryl podía ver el brillo de sus ojos azules infinitos como el cielo por las mañanas.

—¿Qué he hecho? —Se rindió, sentía un extraño sentimiento cada que se le quedaba viendo directamente algo que prefería ocultar en algún rinconcito de su corazón.

El rubio inclinó hacia un lado su cabeza con esas típicas sonrisas apenadas que le quedaban muy bien.

—¿Muerdes?

—¿Por qué te lo cuestionas?

—Es que no lo haces muy fuerte, además que es algo muy resiente.

Meryl bajó el rostro porque ya no puede sostenerle la mirada, llevó su mano a la barbilla tratando de que su mente y boca no se coordinaran en el grito de pánico que su alma vibraba por salir, prefería analizar lo que acaba de escuchar. Vash no es alguien de mentir, es más de ocultar información con silencio así que lo dicho debe ser verdad.

—¿Te he mordido más de una vez?

—Sí.

—¿Dónde?

—La mejilla —dijo sin mirarla—. Siempre es en la mejilla.

Ella sólo soltó un ligero ruido al meditar lo dicho por el rubio porque si se centraba en la información ya hubiera gritado que se la tragara otro bicho gigante o la arena misma.

No le mentía, no tendría y no había motivo para hacerlo, ella sólo un día comenzó hacerlo, recuerda bien que fue en medio de la noche cuando todos los demás se retiraron a dormir, Meryl muy perdida en su libreta y pensamientos no escuchó lo que le dijo Roberto, en realidad sólo contestó varias veces: "Sí". Esa noche pudo dejarla con la fogata encendida, pero no lo hizo, no quería dejarla sola y se quedó hasta que ella reaccionara, el sonido de la leña junto al de ella masticando el bolígrafo combinado con el ruidito al estar pensado era todo lo que oía, le parecía curioso.

Después de un rato ella se recargó sobre su hombro y cuando giró su rostro pudo ver que ella seguía perdida en alguna parte de su mente, luego de un largo silencio Meryl se acercó como un animal sigiloso y le mordió la mejilla. Esa vez quiso gritar en broma por el ataque repentino, pero al notarla tan tranquila como en un trance no lo hizo ya que cuando le soltó volvió a llevarse el bolígrafo a su boca, tal cual eso no hubiera pasado, segundos después parecía que volvía a la realidad, puesto que le sonrió y le dijo sin más: "Ya es bastante noche, creo que deberías ir a dormir también, Vash", con eso dicho se alejó luego de darle palmaditas en el hombro como ánimo.

Hay gente que tiene reflejos bastante buenos de manera inconsciente, sentía que Meryl hacía algo similar cada vez que le mordía la mejilla porque esa acción comenzó hacerla ya no a solas, el primero en ver tal situación fue Wolfwood que soltó una carcajada que hizo a Meryl reaccionar, pero ya no le estaba mordiendo así que no pasó a mayores, ella le lanzó al sepultero una mirada horrible y luego le gritó por escandaloso sin saber el motivo de su diversión.

—¿Te chantajeó?

Vash sólo respondió con esa sonrisa desanimada que decía todo, ella sólo suspiró.

—¿Por qué pagarías para ocultar eso? —Ella cubrió su cara con sus manos torturada por tal información, estaba tratando de permanecer serena, pero le era difícil porque la vergüenza ya estaba flotando y ardiendo en sus mejillas.

Vash le mencionó que no era importante, pero sí lo era para ella, porque a veces divaga en su mente sobre que las mejillas del rubio tenían una apariencia suave, de vez en cuando se pregunta si podría tocarlas y muy, muy penosamente morderlas, pero no creyó que de manera inconsciente lo haya hecho y peor aun no haberse dado cuenta hasta ese momento. Sin duda lo peor de toda la situación es que el resto lo sabe también y ahora entiende porque el pelinegro soltaba comentarios sobre que si tiene hambre coma carne de animal/insecto y no humana.

Se ha hecho pequeñita ahí hundida en sus remordimientos y sus acciones, sabe perfectamente que Vash es demasiado bueno como para darle el permiso de hacer tales acciones sin queja, eso le frustra en muchos sentidos y le hace sentir un poco triste porque es igual que cualquier persona a sus ojos, cuida o intenta protegerlos por igual.

—Lo siento.

—No me molesta.

—Lo sé —murmuró muy bajito desanimada por ese hecho.

Vash sonrió un poco apenado y miró al cielo, lentamente el silencio comenzó a gobernar entre ellos, entonces la vocecita de Meryl volvió a surgir como un canto.

—¿Hago algo para que sepas en qué momento voy a actuar?

Cuando él busca sus ojos brillantes ella sigue oculta, sólo puede ver sus cabellos oscuros.

—Sueles inclinarte sobre mí, para unos segundos después dejar de morder el bolígrafo y entonces… —Dejó que el silencio fuera la respuesta.

—¡Ah! —Meryl gritó levantándose de la roca y señalándolo, tal cual hubiera descubierto una nota mejor que tener al huracán humano en vivo ahí mismo.

—¿Qué pasa? —Preguntó confundido.

—Ahora entiendo por qué me gritaste en la tarde cuando estábamos tomando descanso antes de seguir viajando —Ahora es Vash que desvía la mirada a otro punto que no sea la joven mujer frente suyo—. Se me hizo raro, yo estaba leyendo una información antigua y use la espalda del sepultero como reposo…

Sí, lo recuerda, él estaba al otro lado de ellos, el pelinegro fumaba con calma, todo parecía normal, hasta que vio como Meryl se recargaba en Wolfwood el cual le dijo que le cobraría y se sacudió para apartarla, pero ella no se inmutó, Vash no debía preocuparse por eso ya que ella nunca había hecho esa acción con nadie más que con él y siempre fue en la noche, no a plena luz, así que no había problema y además ella no mordía su… El extraño sentimiento surgió cuando la vio morder el bolígrafo que sacó de su chaqueta y sólo fue un movimiento ligero que ella hizo para que sin poder evitarlo le gritara sorprendiéndola y para excusarse rápidamente le dijo que vio un gusano por dónde estaba sentada provocando que de un saltó se alejara de ahí, Wolfwood sólo soltó una larga carcajada y sin duda ella pensaba que era por su asco a los insectos, pero esa risa burlona era para él.

—¿Por qué hiciste eso?

Él no contestó, prefirió hacerse el desentendido, ella llevó sus manos a sus caderas juzgándole, al no ver respuesta al final soltó un ligero suspiro, se rindió muy fácil y suele hacerlo cuando se trata de Vash, sin más volvió a sentarse en la roca prestándole atención al cielo como él lo hacía.

—Sabes, yo no quiero morder a todo el mundo. No lo hago.

No hubo respuesta, no buscaba una en realidad sólo quería dejarlo en claro. Parecía que ninguno de los dos tenía algo más que decir, tanto que Meryl creyó que debía irse, pero sólo observaba el cielo a su lado, rió sin más ante un pensamiento.

—¿Qué es lo divertido? —Aventuró el rubio.

—Que no tengo el recuerdo de si son suaves o no —Volvió a soltar una risa nerviosa seguido de un largo suspiro, puso sus manos en sus muslos palmeándolos y se levanto—. Supongo que debo ir a dormir, no te duermas tarde Vash, luego te la pasas roncando todo el trayecto en…

Su voz desapareció cuando los dedos mecánicos de Vash se aferraron a su chaqueta blanca, se sostenía de la puntita de la tela como si titubeara de su acción, ella miró el ligero agarre y luego a los ojos de Vash a través del cristal. Rogaban algo que no podría descifrar, por un instante deseo leer la mente.

—¿Qué pasa? —Sintió por alguna extraña razón la garganta seca, sus manos comenzaban a sudar y el corazón en el pecho bombeaba con más fuerza.

—Puedes probar.

—¿Qué?

—Morder.

Ahora creía que su corazón estaba por salir de sus oídos o estaba haciendo demasiado ruido que seguro llegaba el sonido hasta el campamento a varios metros de ellos y despertaría a los dos hombres dormidos, rió nerviosa, intentó que le soltará de la tela lográndolo fácilmente, pero Vash ahora la sostenía por la muñeca. Esa mano era un tanto fría al tacto, pero como siempre el agarre era muy humano.

—Así sabrás si lo son.

Era el justo momento en el que debía actuar a la defensiva, ser agresiva y actuar un poco engreída, lo era, pero bajó la mirada y se dejó guiar de nuevo a la roca sentándose por inercia, la voz de Vash sonaba lejana porque su corazón bombeante era todo lo que podía escuchar a la perfección.

—Aquí tienes —El rubio acercó su rostro al de ella, en específico su mejilla y Meryl sin poder evitarlo se apartó un poco por la cercanía.

Fijo sus ojos en el perfil de Vash que tenía los párpados cerrados en la espera, una ligera sonrisa en esos labios y de alguna manera sentía un nudo en la garganta al verlo, estaba segura que él hacía esto por ser alguien bondadoso y amable, que no había segundas intenciones, se limpia las manos en sus shorts de mezclilla y toma el rostro entre ellas, es cálido, sus largas pestañas son doradas y le parecen muy bonitas desde esa distancia. Cierra los ojos y posa sus labios en esa suave mejilla.

Vash abre los ojos ante lo inesperado, estaba seguro que recibiría una de sus mordidas, todo lo contrario. Ella le soltó, él voltea a verle y puede ver en sus ojos que brilla algo intenso, desconocido para Vash y que a la vez quizás reconoce. Meryl es la primera en aparta la vista.

—Gracias, sí son suaves —dijo de una forma muy poco natural en su vivaz alma, tímida, pequeña y triste.

—Meryl… —susurra y está vez es él el que toma el rostro ajeno entre sus manos para que le vuelva a ver, ella está conteniendo las lágrimas mordiéndose los labios—. Lo siento, te moleste.

Ella rió triste y avergonzada, negó con la cabeza e igual tomó el rostro del rubio entre sus pequeñas manos.

—No, es todo lo contrario. Sólo es que me doy cuenta que Vash es demasiado bueno.

—Lo sé, soy un tonto.

—No, no lo eres —Ella le sonrió, mientras él con sus pulgares acariciaba sus mejillas—. Eres demasiado bueno para el mundo. El mundo es el tonto.

Él soltó una ligera risa nerviosa, triste y tímida al compás de la de Meryl.

—Vash… —susurró para apagar la situación, para volver a ser los dos que se escudan con sus comportamientos y que son sólo amigos o algo cercano a ello. Sus ojos mirándose, dando esa indicación de que es momento de apartarse y alejarse para continuar con sus papeles porque uno no puede corresponder y la otra no puede admitir sentimientos porque sabe que no puede recibir afecto.

Pero…

La visión se apaga, sólo queda la sensación vibrante de los suaves labios tocándose mutuamente, presionándose sobre otros, aún hay tiempo para alejarse y no mencionar nunca más eso, pero quieren memorizar cada arruga de los labios ajenos con los propios, las manos ya no están sobre el rostro, las de ella se deslizaron hasta su cuello para sostenerse y las de él por la pequeña cintura.

Deben parar ¿No? Meryl abre sus labios dándole permiso a la lengua de Vash adentrarse a su boca, que sus lenguas se encuentren y aunque sus besos son torpes por ambas partes, están cubiertos con el mismo sentimiento y deseo.

De repente ella está completamente tumbada sobre la roca, no vinieron a ese lugar para algo así, sólo quería decirle ¿Qué no quería que mordiera a nadie más? ¿Tiene el derecho? ¿Merece siquiera permitir estar en esa clase de situación cuando ha hecho y hace sufrir a todos los que se relacionan con él?

—Vash —Lo jala de su chaqueta roja para traerlo a la realidad, no tiene idea de qué es lo que su mente le ha mostrado para perturbarlo, pero su lastimera mirada la reconoce, la ha visto más de una vez.

Se siente un poco mal porque sabe bien el cómo llegaron ahí, fue el calor del momento, la situación los dejó llegar a ese punto, debe volver a su papel de amiga confiable y periodista fastidiosa, guarda sus deseos de llorar porque sabe bien que lo de hace un instante sucedió por un momento de debilidad del rubio, ha bajado todas sus defensas, por lo tanto ella le sonríe en forma burlona para volver al punto de retorno.

—Creo que ya es bastante tarde, debería ir a dormir, estaré cansada para cuando despierte y será una tortura tenerme farfullando por mi mal humor, ¿no crees? —dijo en un tono divertido aunque el nudo en su garganta la estaba lastimando al punto que sentía que su saliva era como tener agujas incrustándose en todas partes. Se incorporó y puso la mano sobre la de Vash que estaba cerca de su cintura deteniéndose en la roca, sus miradas se vuelven a encontrar y ella con su sonrisa amable le dice: "Está bien".

Él baja lentamente su cabeza hasta posar su frente en el hombro de ella, Meryl no se mueve y espera, pero su cuerpo sufre una corriente eléctrica en cada nervio al sentir la mordida en su mejilla.

—¡Vash! —Grita alarmada.

—También son suaves —dice divertido y ella al final suelta una risa apagada tratando que suene su defensiva personalidad en ella.

¿Qué deberían hacer? ¿Qué es lo correcto? Sus manos se entrelazan en la penumbra del desierto, sólo un instante necesitan y volverán a ser lo que tratan de ser para el otro; un amigo.

*

Había sospechas de lo qué es o podría ser y aun así tenía el impulso de quedarse o seguirlo dónde fuera, no quería marcharse, algo demasiado fuerte le hacía aferrarse, eso a lo que no admitiría que existía si le fuera posible eternamente, por su bien y por el del rubio. Vash era algo mucho más que un simple humano, lo sabía y ese día se confirmó en el barco que resultó ser una nave, vio sus marcas de planta. Ella no dudo en correr hacía él cuando cayó inconsciente, los salvó a todos, como solía decir que lo haría. Vash seguía siendo Vash sin importar lo que fuera y quería estar para él.

*

—¿Amigos?

Los tres se asomaron a la habitación cuando Vash se cuestionó aquello, ella mostró una sonrisa amable al saludarlo sumamente aliviada al verlo despierto y no herido. Aunque el sepultero decía que no lo eran, estaba segura que sí, que lo eran, eso siempre serían.

*

Perder a Roberto por sus decisiones le hizo entender que debía irse, era una simple humana ¿Qué demonios hacía ahí? ¿Por qué seguía aferrándose a él e involucrándose? Sus manos temblaban mientras se aferraba al arma, las lágrimas fluían cada que pensaba quién estaba detrás de ella sin vida y rápido uso su mano para apartarlas. Inhaló y vuelve a controlar sus emociones, las guarda en lo profundo como ha hecho desde que lo conoció, pero ya lo ha decidido, Roberto lo dijo: "No dudes de tu intuición", pero esto era mucho más que sólo intuición por lo tanto apretó el botón del elevador y volvería para ayudarlo aunque estaba segura que podría morir, lo intentaría, lo haría como él lo hace siempre. ¡Una y otra vez si fuera necesario!

Pero sólo llegó para darse cuenta que no puede hacer nada, no puede salvarlo, sólo ver cómo lo usan para un fin destructivo. Uno que no va de acuerdo con el deseo de Vash, está frustrada porque sólo puede suplicar que paren que aun se puede detener todo. Sólo puede aferrarse al cristal cada instante que él pierde una parte de su existencia, le están borrando su vida, sus recuerdos y su propio dolor.

Las raíces se extienden mucho más, parecen querer consumir todo a su alrededor, ella las escala y ruega que pueda su voz llegar a él, pero de la boca ajena sólo brota una melodía, cae de nuevo, pero no se va rendir, ella aun cree que en alguna parte sigue Vash y podrá detener está locura, él no es sólo una planta es Vash. El hombre que desea salvar a todos.

No entiende que pasa alrededor, sólo quiere traerlo de vuelta, entonces la voz de Millions Knives le hace girarse, le grita y se abalanza sobre ella. Tiene miedo, por supuesto, pero al menos hizo lo que creyó correcto…

Es jalada y cae detrás de la figura que salió del vidrio, su alma cobra brillo de nuevo no sólo porque está viva, es porque él la escuchó.

Hubiera deseado que su primer abrazo con él la razón no fuera para no caerse y aunque intentó seguirlo ¿Qué podía hacer realmente estando ahí? Eso fue todo, fue rescatada por el sepultador… Sólo miró desde la lejanía como una luz brillante consumía todo.

*

Después de dos años en silencio llegó una advertencia a ella y que no la logra comprender por completo, de regreso a la central alguien quiere estar a su lado como su compañera…

Una novata.

No puede evitar reír y pensar en Roberto, en querer imitarlo un poco en su forma de hablar.

¿Lo extraña? Por supuesto, no sólo a él, también lo hace con los otros dos, sobre todo con Vash… Pero cree que tarde o temprano volverán a encontrarse y si no es el caso, quizás así debía ser, pero no, es terca y sin duda se encontrarán…

*

Los dos se la pasan de un sitio a otro, se han encontrado un par de veces, pero suelen desaparecer, dejarlas atrás y es posible una señal, pero es terca, necia y va seguir haciendo lo que cree y desea sin importar qué, ella va ir e intentar alcanzarlos.

Milly le dijo que Wolfwood está bastante dormido, que dudaba que se fueran a escapar, pero que haría guardia, ella rió y le dijo que no era necesario, ellos harían lo que quisieran y ellas también.

—Vash, sé que no estás dormido.

El rubio abre un ojo para verla y luego sonríe apenado por su teatro.

—Es bastante obvio, ¿no?

—Cuando duermes tu pecho no se infla tanto, aunque sólo lo ví un par de veces e igual podrías haber fingido estar dormido —dijo sin más, restándole importancia.

Vash no tiene el valor de verle a la cara, ella prefiere mirar por la ventana de la habitación.

—El cielo sigue siendo el cielo sin importar lo que pase —susurró y él volteó a ver su perfil, parece tener la apariencia de alguien que ha pasado por cosas y es sin duda por su culpa, todo el que se relacionaba con su persona terminaba mal.

—Me preguntó si recuerdas la vez que nos conocimos —Ella seguía divagando—. No sabía que desde el momento que tome tu mano no querría…

No, ella se ha mantenido al margen antes y ahora también debe hacerlo, debe callar y aprieta sus labios con fuerza antes de volver hablar.

—¿Cómo sobreviven ustedes en el desierto tanto tiempo sin morir en el intento? Ese sepultero sigue siendo malo usando a los…

Calla cuando la mano de Vash le sostiene por la muñeca, por instante siente que perdió la información para respirar y puede sentir en esa mirada emociones infinitas que la regresaban a esa noche alejados del resto.

—¿Qué pasa?

—Tampoco has cambiado.

Puede sentir el ardor en sus ojos, pero es evasiva y frunce el ceño.

—¡Claro qué sí! Estoy segura que crecí un par de centímetros, además ahora tengo a mi propia novata a mí cargo. ¡Soy mejor que antes!

Él sólo soltó una risa nerviosa porque sí, así la recordaba, energética y dura con alma sensible. Meryl sonrió melancólica al oírlo, porque recuerda a cuando se reía de esa forma por algún comentario de Wolfwood o queja de Roberto. Ella posó su mano sobre la ajena, le obligó a soltarla de esa manera ella pudo con sus dos manos acunar esa mano que carga con muchas cosas en su interior.

—Vash sigue siendo Vash —susurró, silencio, sólo eso podía surgir porque no se podía decir más, revelar algo más sería darle final.

Alzó su cabeza con firmeza, soltó su mano o más bien la empujó, se acostó en la cama individual asombrando a Vash por tal cambio de actitud, esperaba otro, porque así son, ocultándose con acciones bromistas o regaños. Pero no imaginó que se acostara a su lado, ella miraba al techo con sus manos en el estómago con el ceño fruncido porque él podía ver todo eso desde tal cercanía.

—Ya que seguro mañana por la mañana se irán de nuevo, planeó dormir aquí porque gastar dinero por habitaciones extras es derrochar —Sentenció cerrando los ojos—. Mi chequera no es infinita, ojalá.

Vash aligero su mirada de nuevo, ella no mostraba ni una señal a un pasado, parecía lejana y aunque estaba ahí no la sentía ¿La había alejado tanto o era él que lo estaba haciendo con ella? ¿Meryl intentaba cada instante estar a la misma distancia sin cruzar ningún limite? Sabe la respuesta.

Su mano mecánica se mueve hasta la mejilla cercana, no puede sentir su calidez, pero puede imaginarla porque aun recuerda esa noche en el desierto.

—¿Aun muerdes tu bolígrafo cuando estás concentrada?

Ella por fin abrió los ojos y giró su rostro para verlo, su expresión le revelaba que le estaba hiriendo con tal comentario, sus ojos brillaban no por la luz que siempre parecían tener, no, contenía su dolor. Claro, ella intentaba ser la chica que quería estar con él por sentimientos que no fueran relacionados a esa noche.

Volvió a cerrar sus ojos y sólo dijo—: Cambie de bolígrafo, ya no era útil de tanto que lo mordí.

El penumbrante silencio los gobernó por largo rato, ella se dio la vuelta por completo, le miraba echa bolita, luego le sonrió.

—Me alegra volver a verte, Vash.

No hubo respuesta y ella no buscaba una como tal, fue entonces que realmente se quedó dormida.

*

Ya lo había estado notando, pero trataba de no entrar en pánico, intentaba no verse preocupada o muy triste, pero no lo logró, su cabello ya no era de un rubio brillante, oscuro anunciando algo que le estrujaba el corazón, le costaba hablar, sólo brotaban lágrimas y él intentaba consolarla, Milly lo regañó porque le dijo llorona, pero ¿Qué más podía hacer? Sólo siente que lo está perdiendo y lo peor es que todo está dentro de su pequeño ser y no puede fluir tal como debería porque ya se ha revelado demasiado y ninguno de los dos puede ir por ese rumbo, sólo su corazón sufre lo que nunca ha sido y será, sólo en el suyo.

Cuando por fin se abrazan es casi una despedida, seguido de un beso mucho más dulce, pero mucho más doloroso que el de aquella noche.

*

De la boca de Vash sólo brotaban gritos desesperados, sostuvo su mano que se aferraba a su arma y trató de protegerlo, deseaba que se aferrara a ella, que confiara, que no estaba solo en esa lucha, pero se sentía tan pequeña porque aunque anhelaba que se apoyará en el resto. Él tenía razón se ha vuelto una llorona, antes contenía tanto y ahora cada instante sus ojos gritaban lo que su alma tanto se forzaba en retener.

Ese día pudo ver como se alejaba por el horizonte sin dejar rastro alguno. Como un ángel…

*

Cuando lo vuelve a encarar sólo le pudo gritar que estaba harta de perseguirle, que no volvería a dejarlo escapar, nunca más. No era ni la mitad de lo que aguardaba en su corazón, pero era lo que se permitía, lo que los dos podrían soportar o más bien ella, porque su corazón sigue aun en el desierto de hace casi tres años escuchando que le ha mordido las mejillas más de una vez.

*

La pequeña figura avanza por el pasillo hasta llegar a la sala donde se sentó en el sofá que se compró hace un mes, era usado, pero Meryl se ha vuelto una ahorradora compulsiva o más bien en cosas específicas. La ve hundirse en el asiento, con sus documentos en mano y un bolígrafo bastante nuevo que a veces posa en sus labios y luego en la barbilla, el ruido que hace al pensar aparece y él ríe, no ha cambiado. Ella permanece como una figura viva, es como una estrella en el firmamento inamovible que no se puede perturbar a menos que está misma lo haga.

Se sienta a su lado creyendo que no tardará en recargarse en él y…

Meryl se levanta y parece que va en dirección a la salida.

—Meryl…

Ella gira confundida al llamado.

—¿Qué pasa? —Curiosa y luego le sonríe—. ¿Quieres algo? Saldré por un reportaje pequeño en la siguiente ciudad, Milly y yo estábamos planeando traer más cosas para la casa de paso, sigue muy vacía.

Bajó la cabeza, le contó sobre su deseo de vivir como un humano, ser invisible como el resto y ella le dijo: "Está bien, vamos a cualquier lado y nos quedaremos ahí". Así ha sido, un lugar pequeño, en un barrio bastante normal y con personas similares entre si. Ella lleva su mano derecha a la cadera.

—¿Qué sucede?

—Trae donas.

Ella ríe al escucharlo.

—Sí, no me esperaba otra sugerencia —Cuando creyó que se iría sin más, porque ahora parece que es ella la que desaparece sin dejar rastro, ella se acercó y colocó su mano en sus cabellos oscuros—. Volveré, así que no hagas esa cara, Vash.

¿Qué cara hacia? Ni siquiera la estaba mirando para que lo supiera, pero lo sabe, ella sin duda lo hace.

Sólo queda el eco de la puerta cerrándose y al fin alza su cabeza para mirar el techo de ese lugar. El que supone es su nuevo hogar, pero ¿Por qué se siente vacío? ¿Por qué lo que desea no lo llena por completo? ¿Qué es lo que le falta? Ha hecho y logró hasta cierto punto lo que Rem soñaba…

Rem.

Sin duda había pasado un tiempo desde que pensó en ella, sonrió por los recuerdos y su corta vida a su lado, agradecido con todo lo que le dio. Cerró los ojos y se hundió en un profundo sueño.

"Vash…"

El eco de una voz resuena en algún punto tratando de sacarlo de su letargo, pero no se perturba quiere permanecer más tiempo fundido en la nada. Entonces un tirón en su mejilla lo hace realmente volver a la vida sensorial, al abrir sus ojos se encontró con los de Meryl que mostraban alivio, pero no sabe a qué se deba.

—Creí que tendría que morderte —dijo medio en broma y molesta a la vez al soltarlo y ponerle en el regazo dos cajas de donas—. No te las acabes todas de un sentón, comamos que traje comido y obvio bebida —Eso en un tono juguetón porque sí, aun le gustaba beber.

Miró la caja y la abrió, cada dona escogida, las que más le gustan.

—Meryl.

—¿Sí? —Fue un eco en la pequeña cocina y no tardó en aparecer con platos y la comida, la puso en la mesita de centro la cual fue el primer objeto que obtuvieron y del cual Meryl estaba orgullosa.

—Gracias —susurró y ella se quedó quieta, estática y luego volteo a verle.

—¿Qué pasa? ¿No te gustaron las donas?

Él ríe y niega.

—¿Entonces?

—Por quedarte.

Ve cómo sus expresiones son un tumulto en un instante, molestia porque parecía querer estar a la defensiva, indiferente porque quería dejarlo pasar, triste porque seguro tiene los peores pensamientos y luego se mantuvo en la sonrisa melancólica. Colocó su pequeña mano en su mejilla.

—No hay nada que agradecer —Rió porque su voz estaba jugándole chueco y se escuchaba su pena en esta—. Te seguiría las veces que fueran necesarias, soy buena en hacer eso, lo sabes. Si te hartas de estar aquí y te vas, te buscaré.

Ella es sincera, le quiere, pero no es como hace casi cinco años, se siente un poco herido de sus propias acciones, él le marcó en silencio un límite y ella lo mantuvo, tanto que ahora realmente no parece que haya rastro de lo que hubo esa noche en el desierto. Es como se mostró con todos; cercano, pero distante, era por su bien y ahora sus acciones le rebotan, como todo lo demás hecho.

Meryl bajó su mano, conectaba con ella y a la vez no lo hacía.

—Vamos a comer…

Se sorprendió que él se levantará y la tomara por el rostro, pegará su frente a la suya, estaba confundida, llevaban meses compartiendo un mismo hogar, no había rastro de nada entre ellos, desde hace tiempo había visualizado ese camino y este cambio comenzaba a perturbarle el alma, intentó zafarse, pero no la soltó.

—Vash… —Suplicó.

Los ojos de Vash siguen siendo infinitos como el cielo por la mañana, a veces pensaba en él al verlo, esa intensidad en ellos era mucho más fuerte y no entendía qué intentaban expresar.

Él sólo pedía un instante, si ella se apartaba esa noche se esfumó junto a alguna tormenta de arena y nunca más se mencionara, pero quiere saber si ella pudo mantenerse ahí aun cuando él se marchó como un cobarde…

Ningún ruido brota de ninguna parte, ni sus respiraciones se escuchan y vuelve la oscuridad a ellos.

Aun cuando sus ojos están cerrados le arden y de ellos fluyen lágrimas que son consoladas por las manos de Vash, frías y cálidas a la vez, es un beso tan torpe y está cubierto del mismo sentimiento que aquella noche, el mismo que creyó que debería hundir en la arena hasta el último día que su corazón ya no clamara el de Vash. Pero ¿Se estaban llamando mutuamente? ¿No era sólo la soledad y el miedo a ello? ¿De nuevo estaba vulnerable y acaba de romper su muro tan fácil por una pizca de ilusión? La sola idea hace que el encanto muera y ella se aparte de los cálidos labios del que tanto anhela.

—Vash, creo que sólo…

—No me apartes… —susurró y ella se enojó.

—¡Tú eres el que siempre me aparta! ¡Tú siempre lo has hecho! —Ahora las lágrimas son una fuente de todo lo que ha guardado en su alma por su bien, porque reconocer que siente mucho en su interior, lo tonta que es al aferrarse a un recuerdo de años, no poder olvidar el cómo su corazón comenzó a latir por él.

—¿Tienes la menor idea del miedo que tengo cada día al pensar que te volverás a ir? Que me vas a dejar y yo tendré que volver a buscarte cuando sé que seguro eso no es lo quieres y me sigo aferrando a la tonta idea de que podré ser al menos tu amiga y puedo estar para ti como una.

Las manos le tiemblan mientras las aprieta con fuerza, los ojos de él muestran tristeza y vergüenza, muerde su labio inferior.

—Ya he dicho lo que tenía que decir —dijo limpiándose con ira las lágrimas porque no piensa seguir ahí de nuevo por una luz de esperanza en medio del desierto, no de nuevo, esa noche debe ser sepultada por completo y lo va cumplir.

—También tengo miedo de que te vayas…

Le molestó oír eso, porque le confirmaba que de nuevo fue un momento de debilidad de su parte que le hizo hacer aquello, molesta responde.

—No digas tonterías, Vash, yo no me…

Su ira es apaciguada tan fácil con tan sólo verlo llorar, al instante él cayó de rodillas ocultando su rostro entre sus manos tratando de que su llanto no resuene, todo resentimiento desapareció y nació su preocupación. Lo abrazó con todo el afecto que tiene para él.

—No me iré, yo soy la que siempre te va a buscar sin importar cuánto escapes, estaré ahí cuando me necesites, te lo juro…

—Soy un cobarde porque escape de todos y no quise aceptar que era cercano a gente al miedo de no poder protegerlos porque siempre falle al hacerlo, pero ahora que todo lo que me motivaba a vivir se ha cumplido sólo me quedaba esperar que…

—¡No te vas a morir! ¡No te lo permito! —Gritó alarmada a la idea de que tal vez Vash hizo toda esta situación porque desaparecerá en silencio como le pasó a Knives y esperaba poder hacerla abandonar para siempre esa noche para seguir adelante sin él.

—¿Eh? ¿Por qué me quieres muerto?

—¿Qué?

Ahora los dos se miran perplejos, Vash fue el primero en soltar un bufido un poco más aliviado aunque las lágrimas siguen brotando.

Meryl está avergonzada porque se adelantó a los hechos, pero estaba un poco mejor porque la situación se relajó. Los dos en el suelo mirándose las manos sin hacer más que eso.

—Sólo quería saber si podía volver.

Ella lo entendió, él quería volver a esa noche dónde ella aun esperaba que se quedará, esas palabras provocaron que sintiera que todo regresaba y estaban en medio del desierto sentados sobre la roca uno al lado de otro, hablando de mejillas y mordidas, con Wolfwood y Roberto vivos a varios metros.

Apretó con mucha fuerza sus labios y tomó un larga bocanada de aire, alzó su puño y golpeó el pecho de Vash con toda su fuerza empujándolo y descolocándolo, su mirada lacrimosa confundida le veían.

—¡Eres un maldito egoísta! Pero te juro que yo lo soy más, lo sabes, soy terca, no me rindo con nada y yo voy por todo o nada —Le señaló con gran ira.

Vash lentamente se relajó y salió de su estupor, pudo soltar una risa divertida y penosa porque así era ella, agresiva en momentos bastante curiosos.

—Vash.

Alzó su mirada, los cálidos labios sobre los suyos lo recibieron, estaba sorprendido de nuevo ¿No debería ser Meryl el huracán humano porque sus acciones y emociones arrasaban con todo?

—Que te quede claro que ahora no podrás huir nunca más —Sentenció aun con los labios rozando los contrarios.

Vash pudo notar las mejillas sonrojadas y con un saltó ella se levantó del suelo.

—Y ya vamos a comer que tengo que alimentarme bien porque yo soy la que trae comida a la casa.

Rió, es todo lo que podía hacer.

*

Vash recargó su cuerpo sobre el de ella, Meryl rápido le empujó porque no podía lavar los trastes de esa forma, ni siquiera había pasado un día, sólo fueron dos horas y él ya se mostraba demasiado efusivo, siempre lo era, pero no pensó que podía escalar a otro nivel. Cuando estaban comiendo él puso su mano en su cintura estuvo muy cerca de ella, su aliento le hacía cosquillas y le fue difícil concentrarse en comer, ahora en la cocina queriendo llamar su atención en vez de terminar de secar los platos limpios.

—Vash —dijo secamente sin afecto alguno, debía ser dura.

El con un ligero puchero por la forma de hablarle dijo—: ¿Si?

—Si terminamos pronto de lavar y limpiar, podemos dormir juntos está noche.

Sus ojos parecían focos de luces por la noche, no pensó que se le iluminaría tanto la cara con ello, pero la hizo reír, hasta la quitó para hacer todo él. Al final lo dejó lavar y fue al segundo piso, esa casa sólo tenía dos habitaciones y un baño. Su habitación estaba limpia porque Vash se encargaba de ello, se quitó los zapatos y al fin pudo cambiarse a ropa más ligera.

*

Jugaba con sus cabellos ahora negros, no hablaban sobre ello, quizás en algún momento llegaría esa plática, pero sin duda Vash sólo quiere un poco de paz en su existencia, por lo tanto no preguntara y no lo hará hasta que el otro lo mencioné.

—Voy a extrañarlo —susurró aunque estaba segura que lo pensó.

—¿Qué cosa? —Vash salió de su escondite entre los pechos de Meryl, le abrazaba por la cintura, ella trataba internamente de no morirse de vergüenza por la forma tan natural con la que el contrario tomaba iniciativa para tales cosas porque sin duda eso era un anuncio del huracán que se avecinaba en su vida.

—Tú cabello rubio, me gustaba mucho.

—¿Ahora ya no te gusto tanto por mi pelo? —Su tono triste era bastante fingido, le hizo reír.

—¿Qué? No digas tonterías, pero contrastaba mucho con tus ojos.

—A mí me gusta mucho el color del tuyo y también hace juego con tus ojos.

—Bueno, ahora combinamos —Quiso cortar la charla porque si le avergonzaba de esa manera tendría que esconderse debajo de la cama o en algún rincón que Vash no conociera.

—Meryl —Le llamó y cuando sus ojos volvieron a comunicarse en silencio ella le tomó del rostro y le besó, tendrían que darse muchos besos para compensar los que nunca surgieron, pero que viven en alguna parte entre la arena abandonados por ambos.

Él suelta una risa divertida y feliz, ella lo abraza un poco más, siente que no podrá dormir porque siente que está es alguna clase de despedida, sí, duda, tiene tanto miedo de que desaparezca de nuevo y está vez no pueda ir a dónde él va. Sus lágrimas brotan de nuevo, sí, se ha vuelto una llorona, pero hay razones.

—Dime que no te vas a ir, Vash, dime que te quedarás.

—Meryl —Su voz suena tranquilizadora aun oculta entre su ropas, aunque le da paz sigue teniendo mucho miedo.

Se aparta del abrazo incorporándose un poco de la cama, puede verla ahí con la mirada llena de pánico y dolor por todas las veces que ella intentó quedarse o hacer algo por él y no lo consiguió, sólo lágrimas pudo darle y se siente culpable. Vuelve a limpiarle las lágrimas entre sus manos, él es quien ahora besa sus labios porque ha vuelto a ese sitio donde la dejó esa noche para desenterrarla porque sabe bien que ella se mantuvo sentada en la roca con esperanza consciente de que la arena lentamente podría devorarla, pero al fin él tomó el valor para regresar, quitar todo la arena que ha envuelto ese lugar y quedarse a su lado.

Beso sus mejillas, sus ojos y nariz, ella sólo soltó una risa cubierta de nerviosismo y torpeza porque sin duda se sentía como una tonta.

Sólo se apartó para quitarse la playera para volver a los labios suave, Meryl sin temor desliza sus manos por su pecho y espalda, no estaba preocupada por las marcas del pasado, en realidad parece que quiere memorizar cada pedacito de piel como si fuera alguna especie de tesoro al que cuidar, tal vez porque siempre lo fue para ella.

Hace lo mismo y desliza sus manos por debajo de la ropa de ella su piel es cálida y suave, todo de Meryl lo es, su boca es aparte húmeda y bastante adictiva, aunque pareciera que no tenía recuerdo de aquella noche ese beso sin duda lo mantuvo en su mente, ahora podrá tenerlos las veces que deseara, pero sin duda lo sentiría igual que la primera vez.

—Vash —susurró en busca de espacio entre los besos, pero tampoco se aparta, queriendo llamar su atención.

—¿Qué pasa?

—Tu mano… se siente…

Jadea cuando su pezón es apretado por los dedos mecánicos de Vash, tiene la misma presión en ambas, pero el tacto es diferente; ligeramente frío y es una sensación bastante nueva en muchos sentidos. Su boca es libre, pero no el resto de su cuerpo porque él reparte besos por su piel, por un instante le preocupó el hecho de no haber tomado una ducha antes de dormir, pero no quería parar así que silenció su consciencia un poco.

Levantó el cuerpo de Meryl para retirarle la blusa, rápidamente ella ocultó su desnudez con sus manos y el sonrió porque le parecía lindo de su parte.

—No te rías o te voy a golpear.

—Lo siento —susurró apartando las manos de Meryl de sus senos y aunque ella titubeó un poco le permitió apartarlas.

Tomó cada uno entre sus manos y Meryl prefirió apartar el rostro aunque los ligeros jadeos que salían de su boca dejaban mucho que desear, los acaricio, apretó entre sus dedos, aplastó con sus dedos los pezones para luego inclinarse para besarlos, ella se aferró a sus hombros, lamió la piel blanca, la respuesta fueron más ruidos, introdujo un seno a su boca escuchándola gemir y colocar sus manos por sobre sus cabellos oscuros, apretando sus dedos sobre ellos por las sensaciones.

—Vash… —Ese tono de voz era sumamente encantador, sus movimientos, que se aferra a él cada que mordía o chupaba su piel. Deseaba más de ella.

Sólo había tocado sus pechos y aun así podía sentir que su zona baja comenzaba a reconocer, como si estuviera entumeciéndose, sus caderas haciendo que curvara su cuerpo ante la corriente desconocida después de una mordida que la hizo gritar, estando tan pegados que su cuerpo rozó con cierta parte de Vash y el calor aumentó en su rostro, creía que no estaba haciendo nada intenso y aun así pudo sentir algo duro ¿No era la única disfrutando?

Una de sus manos hizo un ligero recorrido intentando llegar a ese lugar, pero Vash se le adelantó levantando sus caderas para quitarle lo que faltaba de ropa, dejándola completamente desnuda a él, pero intento no pensar en toda la vergüenza que sentía al punto de sentir que su piel misma ardía, llevó su mano al bulto sobresaliente de los pantalones de Vash y lo miró fijamente.

—También quiero —murmuró y la repuesta fue una intensa mirada seguido de un beso que le robó el aliento, pero pudo escuchar que deslizaba su ropa.

Tragó saliva, porque tan pronto se separaron del beso su vista fue a parar a ese lugar y no es que no sepa qué es lo que oculta un hombre en ese sitio, pero verlo a todo color en muchos sentidos fue otra cosa. Su mano era pequeña a comparación a la de su pareja, pero no imaginó que no pudiera rodear su pene con ella, tan concentrada estaba en su propia situación que el toque en su zona íntima la sorprendió en muchos sentidos, sus ojos se encontraron y él volvió a besarla.

—De arriba a abajo —Susurró por sobre sus labios, frunció el ceño porque le molestaba la idea de que creyera que no sabía qué debía hacer, pero por esa ocasión siguió lo pedido a cambio ella le dice la forma en la que debe mover sus dedos. Algo que le parece injusto es que lo haga con su mano mecánica porque siente que no tiene rival contra eso.

Sus frentes unidas con los dos dejando salir su placer con cada movimiento entregado por ambos, Vash besa su mejilla con ternura porque le parece linda en todos los sentidos, pero quiere más de esa suave y cálida mujer, sus dedos ya no explora ahora se mueven incesantes sobre el clítoris de su pareja, ella se remueve en busca de aire, a la vez alza sus caderas.

—¡Espera! ¡Vash! ¡Espe…! —Ha dejado de masturbarlo y se aferra a las sábanas con fuerza porque el movimiento cambio, es tan placentero que su visión se desenfoca y sus oídos zumban, busca aire retorciéndose con desesperación mientras niega con la cabeza, su estómago lo siente contraerse, un fuerte gemido fluye de sus labios junto un ligero fluido brotando de su sexo.

Por unos segundos sólo puede jadear para llenar sus pulmones con oxígeno, su mente quedó en blanco, sus ojos buscan a Vash y puede ver que él está lamiendo el líquido que quedó impregnado entre sus dedos mecánicos. Eso es jodidamente sexy, sí, Vash tiene un lado muy sexual, su cabello hacia arriba lo ha demostrado, pero no es nada comparado a ese instante. Su mirada viaja a cierto lugar que abandonó por culpa del portador, sigue erecto. Con rápidos movimientos lo jala del cuello y lo tira a la cama para estar encima.

—¿Meryl? —Sin duda su expresión muestra sorpresa y ella se siente orgullosa de si misma por ello, se sube por completo encima de él tocando heridas antiguas con sus palmas, rozando su propio sexo sobre el contrario para verlo reaccionar, lo escucha y observa como cambia su expresión por sus acciones, disfrutaba y aun así tenían un aire inconforme. Entendió que no era suficiente con rozarse.

Se levantó ligeramente sólo para poder tomar el miembro de Vash y acomodarlo por sobre su entrada, él tardó un segundo en reaccionar para detenerla. Los dos soltaron un grito por igual, Meryl dejó caer su cuerpo, aferrándose a los brazos de Vash, tratando de amortiguar algún ruido de dolor de su boca.

—¿Te duele? ¿Debo sacarlo? —Aunque su voz misma tenía un tono bastante forzado, no era de dolor por lo tanto ella niega, podrá adaptarse, sólo debía acostumbrase a lo que tenía en su interior palpitando, pero le juega chueco las lágrimas y él en cambio comenzó a besar su frente, mejillas, limpiar su lagrimas, acariciar su espalda para relajarla, es que hasta en esas situaciones era demasiado bueno y amable. Estaba priorizándola antes que a él, quería que fuera un poco egoísta, tomó el valor de levantar sus caderas brotando de su boca otro jadeo por el movimiento. Le obligó a tomarla de las caderas porque sus balbuceos de esperar o parar no se detendrían, por lo tanto ella debía tomar el control hasta que se diera cuenta que no necesitaba de esa parte suya en esa situación.

Con las manos en sus caderas y ella con las propias sobre las suyas obligándolo a quedarse ahí, Meryl movía su cuerpo ligeramente, ambos gemían, imposible no hacerlo, pero podía notar que en la expresión de ella estaba incómoda, aun así no dejaba de moverse, no existía un ritmo como tal, pero él dejaría…

—Vash… —susurró en un quejido llamándolo y pidiéndole en silencio lo que necesitaba—. Por favor… —Lo besó a su vez, fue dulce y suplicante.

Entendió el mensaje sus dedos apretaron sus caderas y la obligó a adaptar un ritmo muy distinto al que ella llevaba, las pequeñas manos se sostienen sobre su pecho, las lágrimas vuelven a su pequeño rostro, los gemidos nombrándolo aumentan, su miembro es comprimido con más intensidad y ambos hacen eco con sus ruidos.

—Vash, Vash… —Es su único coro.

No puede detenerse las sensaciones se vuelven más intensas con cada estocada, su mente se nubla cada que es devorado por el interior de ella, todo su cuerpo parece arder, su cuerpo la desea, estimulado hasta el límite que sus propias caderas se mueven al ritmo, Meryl vuelve a suplicar para que se detenga un momento dado, no lo hace porque sabe que no es lo que realmente quiere, su mente sólo funciona para un único fin motivado por el cuerpo que se retuerce encima de él nombrándolo, su paredes internas lo exprimen y no hay retorno, extiende sus brazos sobre el pequeño cuerpo y lo abraza en el justo momento que llega al orgasmo.

*

Sus manos se aferraban a la almohada y sábanas, no puede levantar más su cuerpo porque una firme mano sobre su espalda no se lo permite, igual no tendría fuerzas para sostenerse de ellas, su rostro a veces busca aire entre la tela. Soltó un gemido bastante fuerte cuando esa embestida dio en cierto lugar, apretó un poco la boca queriendo contener el siguiente, pero la fría mano que se deslizó por su pecho hasta alzar su rostro lo suficiente para que los dedos metálicos pudieran adentrarse por su boca no se lo permitieron, ella dándoles permiso y lamiéndolos en el proceso, sólo movió un poco su cabeza para poder ver su rostro; él le sonrió con ese toque amable que sólo podía hacer, pero ya no tenía tiempo para pensar, de nuevo una oleada de calor proveniente de su vientre se expandía a cada parte de su cuerpo, los sentidos dejaban de funcionar y sólo su boca funciona.

—¡Más! ¡Vash! —Reciben la orden y se ejecuta, su cuerpo se tensa por completo mientras ella sólo puede gemir ahogada en su clímax, segundos después el cuerpo de Vash se une más al de ella, puede escuchar en su oído como él suelta sus obscenos ruidos con su nombre en ellos aun con los retazos de su orgasmo en su ser.

Su cuerpo cae rendido al volver lentamente sus sentidos y suelta un quejido tan pronto su pareja sale de su interior, sólo puede pensar en algo:

«Eso que dicen que los calladitos y amables son los peores, es verdad», es que no tiene que ver sus piernas para saber que están temblando como gelatinas y no tiene fuerzas para siquiera girarse, sólo se quedará ahí esperando que no vuelva a apretar algún extraño interruptor en Vash, sabe que la segunda vez sí fue su culpa, no quería que su primera vez fuera un recuerdo incómodo y molesto porque podrá haberlo disfrutado, pero hubo ciertas cosas que no deseaba que le hicieran dudar en el futuro. Pero las siguientes veces ella jura y perjura que no hizo nada… ¿O sí?

—Meryl…

No responde, ruega internamente que si ese es el fin, que sea rápido, silencio y ella espera que eso lo haga retroceder en lo que sea que fuera a sugerir, en cambio siente un suave beso en su hombro y su fuerza de voluntad la siente flaquear al punto que quiere girarse y abrazarlo, pero no pasa nada más porque por alguna razón todo se ha vuelto negro.

*

Meryl se removió molesta a causa de la luz que provenía de la pequeña ventana de su habitación, alguien abrió sus cortinas sin su permiso y lo va matar, toma las sábanas cubriendo su cabeza por completo, pero ese escondite no dura demasiado, es forzada a despertar, quiere patalear y arrojar su almohada a la ventana, pero un ligero dolor en su espalda baja le hace detenerse y entre quejidos al fin abre los ojos a esa mañana.

¿Por qué demonios le dolía el cuerpo? ¿Por qué tenía la puerta de su habitación abierta? ¿Por qué usaba una camisa blanca que no era suya?

Todo corre como cámara lenta en su cabeza y sus manos cubren su cara, la vergüenza llega y el rojo es su mejor representante. Un gritó ahogado en su boca hace acto de presencia, con qué valor pudieron hacerlo tanto, lo contó con sus dedos, su cara se coloreaba más con cada dedo aumentando, entonces con timidez volteó a la cama, pero no había nadie y el sentimiento de felicidad fue devorado por el pánico, si él ya no estaba sin duda alguna esta vez no podría recoger nada de lo que se rompa, la arena del desierto va a consumir ese lugar por completo.

Pero una melodía muy pequeña llega a sus oídos antes de que de sus ojos brote una herida, se levanta olvidando por un instante el rastro de dolor en su cuerpo, corrió por las escaleras hasta la pequeña cocina oculta al final del pasillo y al entrar está ahí con su cabello negro que aun imagina rubio, su figura, su espalda en específico, todo él está ahí.

—Vash… —¿Es un espejismo? Pero la respuesta es un "¿Ah?" cantarín.

—¡Meryl…! —Todo lo demás a su nombre son palabras o chillidos inentendibles cuando él se giró, ella frunce el ceño confundida.

—¿Qué fue eso? ¿Tan molesto es verme por la mañana? —Ya anda a la defensiva sin poder evitarlo porque no quiere llorar por el alivio que sintió al verlo, él tiene la culpa, aunque Vash ahora cubre su rostro con una mano y desvía la mirada, la señala con la otra mano libre, ella mira hacia abajo y entiende su escándalo.

La camisa está abierta, sólo cubre lo necesario por así decirlo, pero algo le llamó la atención, tocó uno de sus senos para comprobar que no era alguna mancha y no.

—¡Oye, qué es esto! —Molesta, Vash trata de ver todo menos a ella—. ¿Qué clase de fuerza usaste para dejarme estás marcas? Ni siquiera recuerdo que me mordieras así de…

Es que no podía estar molesta si Vash actuaba así, como si nunca la hubiera visto desnuda o que todas las marcas en su cuerpo no fueran su propia obra de arte. Se cruzó de brazos.

—Eres tan raro —dijo al final, curioso que esa fuera la primera impresión que tuvo sobre él cuando lo conoció.

Se acercó a Vash el cual retrocedió y chocó con la estufa, ella ríe divertida, lo tomó por la ropa y aunque parecía que lo fuera a besar, mordió su mejilla.

—¡Esa es mi venganza!

Con eso dicho se dispuso a buscar algo mejor para ponerse, pero él soltó una risa que le hizo verlo de mala gana porque no la estaba tomando en serio.

—¿De qué te ríes?

—Es que caminas como un polluelo de…

—¡De quién es la culpa, tonto! —Salió con prisa avergonzada y furiosa—. Y no te voy a dejar dormir en mi cama, no te quiero en ella.

—¿Pero si en la mía?

—¡Cállate!

—Que linda —susurró luego de sonreír al recuerdo de ella de hace unos segundos, volvió su atención a la estufa colocando el sartén que sacó del fuego, inteligente, lo aprendió a la mala por su propio huracán humano.


Al fin pude hacer un fanfic de mi OTP

Desde que vi Stampede he quedado loca, pero súper loca por ellos dos y estoy tan feliz de poder escribir algo con ellos.

Vashmeryl mis papás!!

Sin mentirles que me chingue en una noche el manga de Trimax sólo para que el fanfic tuviera un final decente, porque la idea general era sólo que Meryl tiene un gusto bien curioso por las mejillas de Vash y eso era todo, pero mi imaginación me hizo escribir más, de esta forma acabo por como es ahora este fanfic.

Voy a traer más, tengo ideas más para ellos, NO ME BAJO DE ESTE BARCO HASTA QUE ME MUERA

Espero les guste y si pueden dejarme un comentario estaría bien agradecida

Larga vida y prosperidad ~