El gran viaje de los primos
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Prompt: Donald y Reginella se quedan dormidos juntos con la cabeza apoyada en el hombro/cabeza del otro en el asiento trasero del automóvil mientras su Della conduce.
Capítulo 1: Tradición
I
Della se sintió molesta al saber que Donald había invitado a Reginella al gran viaje de los primos. El gran viaje de los primos era una de las tradiciones más importantes para Donald, Della, Gladstone y Fethry. Todos los años solían viajar en el automóvil de Donald, nunca usaban un mapa y solían evitar cualquier tipo de gastos si era posible. El viaje se había cancelado después de que ella se perdiera en la luna.
—¡No puedes hablar en serio! ¡El gran viaje de los primos es una tradición muy importante para nosotros!
—Hablé con Fethry y con Gladstone, ambos estuvieron de acuerdo ¿Por qué te molesta tanto?
—Tal vez porque ellos pudieron viajar contigo el año pasado.
Della se sentó sobre la hamaca de Donald. La expresión de enfado en su rostro fue reemplazada por una de tristeza.
—¿Está mal si quiero que las cosas vuelvan a ser lo que eran? Todo está cambiando y lo odio. Es mi hogar, mi familia, pero siento que no pertenezco.
Donald se mostró un poco más tranquilo. Seguía enojado, pero también más dispuesto a escuchar. La tristeza en el rostro de su hermana lo había conmovido.
—Della, el cambio es inevitable, pero no siempre es algo malo. Ya no somos niños, crecimos y tú te convertiste en la madre de tres maravillosos niños. Tío Scrooge y yo trabajamos en hacer nuestras diferencias de lado.
—Tú eres su socio más confiable. Honestamente me sorprende que nunca te enteraras de que eres su sobrino favorito.
Donald se rió con incredulidad.
—Pero sabes, hermanita. Hay cosas que nunca cambian, como lo mucho que te amo. Somos hermanos y siempre lo seremos. Tú y yo contra el mundo.
Della abrió y cerró el pico sin saber qué decir. Eso era algo nuevo para ella. La aventurera solía estar orgullosa de su habilidad para estudiar cualquier tipo de escenario, su tío Scrooge solía decirle que su habilidad rivalizaba con la suya y eso era lo que más orgullo le causaba. Muchos de sus amigos y conocidos solían decir que ella siempre tenía una palabra para todo momento, pero ese no era el caso.
Della seguía sin estar de acuerdo con que Reginella formara parte del gran viaje de los primos, pero se había quedado sin argumentos o deseos de discutir. Donald se veía tan enamorado.
—¿Tanto la amas?
—Más de lo que imaginas.
—De acuerdo, tú ganas, pero no te confundas. Todavía no estoy segura de que Reginella me agrade.
Donald sonrió y la sonrisa llegó hasta su mirada.
—Estoy seguro de que aprenderás a quererla y que muy pronto la verás como a una hermana.
El día del gran viaje de los primos llegó y Reginella fue la primera en presentarse a la mansión McDuck. Luego llegó Gladstone y por último Fethry, algo que no era nada inusual.
Para Della fue una sorpresa el que Reginella llevara una cesta con varios bocadillos.
—¿Estás intentando comprarnos?
—Es una tradición en mi país natal y una forma de agradecer el que me hubieran invitado. En Pacificus acostumbramos hacer un regalo cada vez que somos invitados a alguna actividad.
—Solo bromeaba.
Donald saludó a su novia con un beso en el pico, algo fugaz, y guardó la cesta en su carro.
—¿A dónde vamos?
—A donde nos lleve el camino. La primera regla es no usar carreteras, segunda regla: tomamos cada desvío, sin importar lo repentino que sea, tercera regla: Sólo visitamos lugares oscuros y desconocidos, y por último, la cuarta regla: nosotros nos divertimos y reímos sin gastar dinero.
—¡Qué fascinante!
Gladstone fue el siguiente en llegar y Fethry el último, una vez más había olvidado hacer su equipaje.
II
—¿Por qué no nos ayudas a empujar?
—Porque necesito concentrarme para que mi suerte funcione… y allí está una gasolinera.
El carro de Donald se había quedado sin gasolina, por lo que tuvieron que empujarlo durante varios metros.
—Lo mismo nos pasó el año pasado.
—Y una vez más, mi suerte salva el día.
La suerte de Gladstone no solo les permitió encontrar una gasolinera, sino también poder pagar el combustible y unas bebidas.
—Demasiado lícor.
Reginella había robado la Duck-Cola de su novio, pero el sabor había terminado por desagradarle.
—Cuéntanos sobre ti —le pidió Fethry, deseoso por conocer a la novia de su primo favorito —. ¿Cómo se conocieron?
Della y Gladstone no disimularon su curiosidad.
—Es una larga historia. Yo solía ser la reina de un planeta, Pacificus, en el que no existe la guerra o la violencia. Cierto día, mi tripulación y yo hicimos un viaje por el espacio. Naufragamos en uno de los océanos de la Tierra y permanecimos estancados durante milenios, sabiendo que moriríamos por vejez prematura si dejábamos nuestro reino submarino. Un día encontramos a Donald nadando en los alrededores e hicimos lo que solíamos hacer con todos los marineros que encontrábamos, separarlo de su cuerpo terrenal y aceptarlo como uno de nosotros. Comenzamos a salir, pero Donald tuvo que huir después de que uno de mis súbditos nos atacara. Tiempo después volvimos a vernos. Mi gente me dio su tiempo de vida para que pudiera ir por un repuesto, la única pieza que nos faltaba para volver a Pacificus. Tuve un incidente con dos terrícolas y Donald me salvó. Tuve que regresar con mi gente, pude regresar a Pacificus, pero descubrí con terror que había sido invadido por el pérfido Bingo. Ese cara feo quiso obligarme a casarme con él, pero Donald apareció y él solo derrotó a todo su ejército. Tuvimos que separarnos una vez más, pero nos volvimos a ver después de que fui enviada al pasado, a la prehistoria. Donald fue a salvarme una vez más, pero, de nuevo, era incapaz de volver a Pacificus.
Fethry, Gladstone y Della no disimularon su sorpresa.
—Descuiden, sé que nunca podré volver a mi reino, pero ya no me siento rechazada por este planeta.
Las manos de Reginella y Donald se conectaron bajo la mesa.
—¿Por qué no dijiste que Reginella era una reina extraterrestre?
Donald se encogió de hombros, Reginella rió de forma tímida.
—No pensamos que fuera importante.
—¿Qué otros secretos nos guardas, hermanito?
Donald comenzó a toser de forma excesiva.
—¿Te ha contado que es amigo de Duck Avenger?
—¿Quién es Duck Avenger?
—Hay mucho que necesitas saber, Dells. Él es el primer héroe de Duckburg y el mejor si me preguntan a mí.
—Huey me ha hablado de Gizmoduck, Dewey de Darkwing Duck, pero es la primera vez que escuchó ese nombre.
—Eso es porque no has hablado con Louie, él es su mayor fan.
—¿Cuál es el superhéroe favorito de Webby?
—Ella prefiere a los espías. Sus favoritos son la agente 22 y Double Duck.
—¿Cómo sabes tanto, Fethry?
Fethry mostró su WhatsMouse, específicamente un chato grupal en el que estaban todos los integrantes de la familia y varios amigos.
—¿Por qué no me incluyeron? —preguntó Della claramente ofendida.
—Es porque no tienes teléfono, pero descuida, compraré uno para ti y otra para Reginella en cuanto tengamos la oportunidad.
Gladstone se rió de forma burlona y aquello habría dado inicio a una pelea de no ser por la intervención de una mesera con un pastel de chocolate.
—Cortesía de la casa, ustedes son nuestro cliente número un millón.
III
La siguiente parada fue en un lago. Se habían detenido por sugerencia de Fethry. El lugar parecía agradable e ideal para acampar.
—Gladstone y Fethry iran a pescar, Reginella y yo iremos por frutas y algo para encender la fogata, Donald se encargará de la cocina.
A Donald le hubiera gustado ir a pescar, pero podía entender los motivos de su hermana. Ella y Fethry habían sido Jóvenes Castores en el pasado por lo que contaban con más experiencia y la suerte de Gladstone lo hacía perfecto para esa tarea. No obstante Donald no se consideraba un novato. Si bien era cierto que él fue expulsado, también lo era que había ayudado a Huey con sus prácticas y acampado muchas veces con Scrooge y Della, especialmente con su tío. La última vez había ocurrido semanas antes del regreso de Della y por insistencia de la señora Beakley.
—Ten cuidado con esas bayas, son venenosas.
Donald sonrió al ver a Della y a Reginella trabajar juntas. Su hermana había regresado del espacio recientemente y Reginella era incapaz de volver a su planeta por culpa de un hechizo que había salido mal, las dos tenían tanto por aprender y él se aseguraría de estar allí para las dos.
—Iremos a buscar en esa dirección, quédate a cuidar del campamento.
IV
Reginella se sintió un tanto confundida al ver la expresión de Della. Tenía la sospecha de que había algo que le molestaba, pero no podía imaginar qué.
—¿Amas a mi hermano?
Reginella llevó una mano hasta su pecho.
—Con todo mi corazón. El destino nos separó tantas veces, pero al final siempre encontramos una forma de volver a vernos.
—Mi hermano también te ama. Lo conozco bien y sé que lo hace. Él es un buen hombre y está acostumbrado a hacer tantos sacrificios. Cuidó de mí después de la muerte de nuestros padres y de mis hijos cuando me perdí en la luna.
—Lo sé, él es maravilloso.
Reginella recordó una de las ocasiones en que tuvo que despedirse de Donald. Él le contó que extrañaba a su familia y que sus sobrinos lo necesitan. Fue doloroso decir adiós, su corazón se había desgarrado, pero ella estaba acostumbrada a hacer sacrificios por sus seres queridos así que intentó convencerse con la idea de que era lo mejor. Mentalmente se preguntó si debería decírselo a Della y, aunque decidió hacerlo, ese día no tuvo la oportunidad.
