Capítulo 1
Nuevamente… el mismo sueno se repetía.
Tenía el mismo patrón. Un pasillo sin fondo con puertas a ambos lados. Luces tenues de tono rojizo alumbraban el suelo y paredes adyacentes. Mismo sueno con mismo patrón, mismas respuestas de Shinobu quien solo apresuraba el paso y decidía abrir una puerta tras otra.
Todas, sin embargo, abrían la misma habitación de tapiz rojo con nada en su interior. Todas excepto la última puerta, la que estaba al fondo, cerca de la oscuridad. Cuando Shinobu tocó la perilla de esta y a diferencia de las anteriores, un escalofrío recorrió su espalda, "Está helada." Pensó al mismo tiempo que la giraba lentamente. La luz cálida rojiza alumbraba el suelo y las sombras se marcaban efusivamente en las paredes, el frío de la habitación choco contra el rostro pálido de la ex-hashira. Pero nada fue eso comparado con el cosquilleo que sintió a continuación al encontrarse con él. Sus ojos color arcoíris, los mismos por los que había sido proclamado como el niño especial, la miraban fijamente desde el fondo de la habitación. Impasible como siempre, Doma se encontraba sentado en su trono.
-¡Bienvenida Shonibu-san! Tardaste un poco esta vez.- dijo él, mientras una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro.
Se quedó estática, mirándolo, analizando la situación desventajosa en la que se encontraba. Parada en medio de la habitación con la misma ropa que había usado para acostarse, estaba frente al demonio que había matado junto con la ayuda de Kanao e Inosuke, sin arma y completamente indefensa. ¿Acaso era su mente la que le estaba jugando una mala pasada, haciéndole revivir el encuentro contra su peor enemigo una y otra vez? Su ceño se frunció un poco, pero antes de poder reaccionar, tenía el rostro de él a escasos centímetros de ella. Doma se había agachado para quedar a la altura de sus ojos. Shinobu se sintió pequeña frente a su imponente cuerpo y recordó con impotencia el momento exacto en el que la absorbió en su cuerpo como si fuera una pequeña muñeca..
-Hey hey Shonibu-san, viniste a hacerme compañía, ¿verdad?- Doma tomo el mentón de ella entre sus dedos, levantándolo sutilmente y así obligándola a mirarle a los ojos directamente. -Sabes, me sorprende lo pequeña que eres.- Murmuro con diversión al mismo tiempo que la miraba de forma penetrante.
Shinobu frunció el ceño, pero su mecanismo de autodefensa se activó al instante. Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de la azabache, y alcanzo a escupir las palabras con odio.
-Recuerda quien terminó contigo, demonio.-
Sus ojos se abrieron divertidos y una sonrisa retorcida se dibujó en su rostro. Ella pudo sentir cómo su tacto se volvió más duro contra su piel; estaba lista para un ataque. Sabía que alguien como él no dudaría en matarla y comérsela. Sería un festín para él. "¿Dolerá?", se preguntó a sí misma. Todo se sentía tan real. Estaba consciente de que era un sueño, pero no llegaba a entender por qué se sentía tan real y por qué se repetía. Aquel sello del número 2 ya no se encontraba tatuado en sus ojos, lo cual hacía que el color majestuoso de su mirada fuera más penetrante.
El ataque nunca llegó, en su lugar Doma deslizo los mismos dedos con los que la tenía del mentón, ahora por su cuello, sus uñas largas punzaban de forma intensa la piel suave de la ex-hashira. La rabia que impregno el cuerpo de Shinobu la hizo retroceder abruptamente, y aunque no se consideraba la hashira más fuerte físicamente, no dudo en levantar sus puños como única herramienta de defensa.
Esa imagen de pequeña mujer, con ropa de dormir, pelo suelto relativamente mojada, ceño fruncido y puños levantados, le pareció adorable a Doma, quien ahora la contemplaba con un deseo voraz.
-Shinobu-san, lo que menos quiero hacer es pelear. Te esperaba para hacer el amor.- balbuceó como un niño ofendido.
"¿Pero qué-?" los púrpuras ojos se abrieron estupefactos.
-¿No es eso lo que hacen las personas enamoradas Shinobu-san?- arrastraba las palabras. Pero lo más sorprendente para ella, era el hecho de que él no parecía bromear, eran preguntas legítimas.
-¿Cómo llegaste a la conclusión de que estamos enamorados?-El rostro asombrado de la ex-hashira ahora se llenaba de confusión. Pero necesitaba saber, cuál era la lógica detrás de su razonamiento.
-Me rompes el corazón… - Doma hizo ademán de agarrarse el pecho - … Te declaré mi amor antes de morir. Me encantas Shinobu-san, quiero tenerte para mí para toda la eternidad.-
-Mataste a mi hermana…- murmuró.
-Eso es desafortunado. Pero si ves el lado positivo, no me la comí.-
-¿Estás hablando en serio?-
Doma se acercó una vez más, esta vez no uso su velocidad, tan solo dio un paso hacia ella.
El rostro pálido de Shinobu estaba anonadado y confuso, cuando Doma lo tomo entre sus manos.
-Shinobu-san, eres una criatura majestuosa y te he deseado desde el momento en que te comí.-Murmuró a escasos centímetros de su boca, arrastrando cada palabra con su deje de diversión y calma. - Sin embargo… me preocupa lo pequeño que es tu cuerpo, me preguntó si no te haré daño cuando hagamos el amor.-
Cada gota de la sangre de ella comenzó a hervir de rabia, sintió como su estómago se convulsionaba y la impotencia llenaba su boca de insultos. Lo empujó con todas sus fuerzas logrando alejarse tan solo un poco del cuerpo masculino, esa misma fuerza hizo que su cuerpo se desestabilizara y cayera al suelo, lo vio una vez más con furia. El demonio estaba delante de ella, impasible, de ancha espalda y altura imponente. "Es un sueño, solo un sueño." Se dijo así misma, y la única forma de despertar del sueño era infligirse daño, se clavó las uñas de las manos a las palmas al mismo tiempo que estas se hacían puños.
Todo se volvió sombrío… la impasible figura se comenzó a ver distorsionada. Y lo único que alcanzo a escuchar fue un "Nos vemos pronto."
Despertó agitada, se sentó bruscamente sobre su cama, su mano apaciguaba su pecho y su incontrolable respiración. Estaba amaneciendo, pudo distinguir los rayos del sol entrando por debajo de las cortinas de las puertas.
Su respiración se regulaba acorde, se tranquilizaba y recordaba que estaba en la mansión de la mariposa.
Hace tan solo 2 meses, había pasado algo impredecible. Shinobo Kocho, la ex-hashira caída en la última batalla contra Muzan, había vuelto con vida. Nadie podía explicarlo. Una niña de una aldea cercana encontró su cuerpo, Shinobu estaba fría, desnuda y completamente perdida. La niña la llevo con su familia, le dieron ropa, comida y un lugar donde quedarse. En cuestión de un par de días, se identificó a la muchacha como la ex-hashira.
Shinobu se trasladó a la mansión y estuvo al cuidado estricto de Aoi, Sumi, Kiyo y Naho. Las primeras noches fueron las más duras para los habitantes de la mansión, al ver que la ex-hashira había ingresado en un profundo estado de sueño. Kanao se sentaba cada noche a lado de ella, esperando su pronta recuperación.
Kocho era fuerte. El primer mes recupero su memoria. El segundo mes volvió a entrenar. Los cazadores ya no estaban activos. Pero tener tiempo libre después de haber perdido a tantos seres queridos, daba rienda suelta a pensamiento y tristeza, ella quería mantenerse ocupada.
Se preguntaba, a diario, el cómo había vuelto con vida. El porqué ella y no los demás. Se sentía culpable, pensaba que quizás si el mundo tuviera de vuelta a cualquiera de sus camaradas caídos, sería de mucho mejor agrado que el tenerla a ella. No comentaba estos pensamientos a nadie. Eran de ella, y para ella.
Se había decidido a hacer bien y ayudar. Entrenar haría que sus habilidades de combate sigan al filo y pueda combatir el crimen en los pueblos cercanos, al fin y al cabo eso es lo que todos los cazadores hacían y el índice de crimen había bajado de forma increíble.
Se levantó de la cama y caminó hacia el baño. Podía escuchar a los pájaros, cantar afuera. Ya parada frente al espejo del baño, se miró así misma.
Desde hace unos días que viene soñando a Doma. El sueño parece extenderse y más cosas suceden. Primero fue el pasillo, luego fue el pasillo y verlo a él en esa oscura habitación. Hoy fue entablar una conversación con él. Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar sus palabras.
"¿Esta Doma conectado de alguna forma a todo esto?", se preguntó. Imposible, él estaba muerto. Incluso en sus sueños, ya no tenía el número 2 tatuado en los ojos. Pero cada sueño parecía real, y en cada uno, él parecía esperar un encuentro con ella. Shinobu lanzo un fuerte gruñido, tenía un muy mal presentimiento.
-Kocho-san, el desayuno está listo.-
-Gracias, Aoi, voy en un momento.- Dijo gentilmente mientras salía del baño y se encontraba con unas coletas.
-También llegó esto.- Una carta.
-Está firmada por Ubuyashiki.- Shinobu frunció ligeramente el ceño. Algo estaba mal.
En el sueño de alguien…
Una delicada y temblorosa mano gira la perilla de la misma puerta que hace unas horas Shinobu abría.
La sombría luz de la habitación descubre las facetas de la mujer, de hermosos ojos esmeralda, cabello negro largo, delgada complexión y tez pálida. La mujer de pequeño cuerpo ingresa lentamente al cuarto, parece tener miedo, tiembla y está apenada.
-Disculpe la m-molestia - su suave y gentil voz no se escucharía a un oído normal. Pero Doma no era normal, él escuchó y saboreo el miedo.
-Entra por favor. Pobre de ti, cuéntame, ¿qué te aflige?- Sus labios se relamieron en la oscuridad.
