—Estos son los apuntes de Uso de la magia contra maleantes mágicos —dijo Draco levitando 3 metros de pergamino—. Estos los de Control de explotidos incontrolables.

Hasta la cama de Harry fueron llegando más y más pergaminos, pero el que no llegaba era Draco.

Estaban en su segundo curso en la academia de aurores, habían tenido que limar asperezas que para sorpresa de Harry fueron más sencillas de lo que él imaginó. Robards se empeñaba en ponerlos en el mismo equipo siempre, la competitividad y querer ganar siempre hizo el resto.

Fue en una de esas prácticas donde Harry se había lesionado, quizás una táctica demasiado arriesgada, pero habían ganado.

Ahora le tocaba estar todo el fin de semana en la enfermería de la academia y perderse la salida mensual al Londres muggle, y por lo que parecía lo iba a pasar hasta arriba de apuntes que repasar.

Draco iba a emprender la huída, pero Harry no se lo permitió usando un truquito de magia no verbal que tanto molestaba al rubio.

Acabó en su regazo con el morro torcido.

—¿Me vas a dejar solo todo el fin de semana? —preguntó Harry agarrándole por la cintura atrayéndolo hasta sí.

Draco hizo el amago de quejarse, pero ambos sabían que no serviría para nada.

—Si dejaras de hacer el imbécil, Potter, tu culo estaría bailando con el resto esta noche —se quejó Draco, pero sin moverse de su lado.

—¡Ganamos! —dijo orgulloso Harry.

—Pero a costa de una semana en la enfermería, el modo de ganar también es importante, zoquete.

Harry sonrió, el día que Draco no le insultara sabría que le había lanzado un Imperius y que tendría que matar a alguien.

—Al menos dime que me vas a echar mucho de menos esta noche. —El rostro de Draco comenzó a enrojecerse y Harry sonrió más amplio.

—No sueñes, Potter, bailaré con todos los muggles que se atrevan a sacarme a bailar.

Esos apuntes de Control de explotidos incontrolables le vendrían bien en esos momentos, porque aunque Harry sabía que era broma, su magia hizo que las luces de le enfermería parpadearan.

Ahora el que sonreía era Draco, que se libró de su agarre y se puso de pie a su lado.

—Estudia y piensa en cómo no perder una parte de tu cuerpo en la próxima competición.

Maldito Draco Malfoy, pensó Harry cuando el rubio se dio media vuelta dejándolo estúpidamente celoso.

Pero antes de irse se giró y dio media vuelta hasta inclinarse sobre él y besarle en los labios.

—Te echaré un poco de menos —le dijo al separarse.

Debía reconocer que esos acercamientos, completamente secretos de momento, también habían hecho que limarse las asperezas entre ambos fuera mucho más interesante.