Harry no pensó que tras la guerra volvería a utilizar la capa de invisibilidad, pero aquel 8º año estaba siendo bastante complicado.
La fama le cayó como una losa pesada, muy pesada.
Ya estaba llegando al bosque prohibido cuando iba a quitarse la capa cuando le vio, habían comenzado a caer los primero copos de nieve.
Tenía el cabello rubio más largo y algo muy triste en la mirada.
Habían hablado ocasionalmente tras los juicios, un gracias, un hola, un con Snape esto no pasaría, pero cada uno había seguido su camino.
Sabía que su padre había vuelto a Azkaban y que su madre no estaba muy bien de salud. En esa guerra todos habían perdido, todos.
Lo vio mirar al cielo y cómo no parecía querer irse de allí aunque cada vez la nevada fuera mayor. Y entonces miró hacia él, como si pudiera verle.
—Un camuflaje bastante malo, Potter —dijo Malfoy.
Harry se sintió como un niño pequeño pillado en una travesura, pero era cierto, estar parado en mitad de un claro cayendo nieve sobre su capa no era muy inteligente.
Se destapó y Malfoy solo le miró y volvió a mirar al cielo.
—Viene una tormenta invernal.
Harry miró el cielo pera las gafas se le llenaron de copos.
Ninguno se movió, hasta que la tormenta realmente les arrancó de allí. Ambos anduvieron justos hasta el castillo, un grupo de estudiantes estaba lanzando bolas de nieve a diestro y siniestro y Harry decidió que era buen momento para volver q cubrirse con la capa. Pero antes de taparse completamente miró a Malfoy, y sin saber muy bien porqué alzó el brazo.
Aquel no fue el único paseo bajo su capa ni la única tormenta invernal que vivieron, pero sí fue la primera vez que Harry se atrevió a besarle.
