—¿Y dónde vais a ir? —preguntó Harry por tercera vez en la tarde, esta vez apoyado contra el quicio de la puerta del baño donde Draco estaba terminando de prepararse para salir.
—Al nuevo restaurante que ha abierto Blaise —contestó Draco por tercera vez.
—Ah, sí, es cierto —suspiró Harry— ¿Y vais todos?
—Sí, vamos todos —contestó Draco mirándole a través del espejo.
—¿Y…?
—Sí, va Theo si es lo que te preocupa.
Y sí, todo Theodore Nott le preocupaba, el ex que dejó a su novio y del que seguía enamorado cuando ellos comenzaron.
Draco se giró y se acercó.
—Puedes venir si quieres —le repitió.
—Son tus amigos, y es una tradición, yo no pinto nada allí.
Pero casi no se atrevía a mirarle.
—No te voy a mentir en decirte que no siento nada por Theo, fue mi primer amor y también mi amigo.
Harry asintió pero sus ojos cada vez estaban más bajos.
—Pero ya no le quiero como te quiero a ti, y es contigo con el único que quiero estar.
Harry le miró y Draco le besó, en realidad estaba un poco asustado porque hacía mucho tiempo que no veía a Theo y no sabía cómo iba a reaccionar.
—Te quiero —reafirmó Draco.
—Y yo a ti —contestó Harry, pero aún sonaba preocupado.
Cuando salió por la chimenea estuvo a punto de darse la vuelta, pero aquella era una prueba de fuego que tenía que superar o quemarse en ella.
Theo hablaba con Pansy y Dafne y las dos se giraron a verle, Theo también lo hizo.
Igual de alto, igual de guapo, su estómago se contrajo con su sonrisa en la que apenas levantaba la comisura del lado derecho.
Todo en él era de un exquisito gusto, su peinado, su túnica, incluso su postura. Y conocía esa mirada apreciativa.
Theo extendió su mano y Draco sintió el calor propagándose de su mano a su brazo hasta el resto de su cuerpo.
Charlaron, rieron y Draco se metió completamente en las llamas cuando se quedaron a solas después de que los demás se fueran.
—¿Cómo has estado? —preguntó Theo.
Habían sido amigos, habían sido amantes, luego novios, y luego esa relación tensa que queda tras una ruptura donde uno no está completamente de acuerdo.
Y ahora estaba allí con Theo acariciando sus nudillos con la yema de sus dedos, mirándolo a los ojos como tiempo atrás.
Lo suficientemente cerca para quemarse.
—Estoy saliendo con Harry.
—¿Harry? —preguntó Theo.
—Harry Potter —contestó, sintiendo una sensación cálida en el pecho.
Recordó su gesto nervioso al colocarse las gafas, su risa que escalaba siempre; recordó como le acariciaba la espalda buscando su contacto; como jamás había sido tan sincero como lo fue con él, porque podía ser él mismo siempre. Aunque a veces ser él mismo fuera una auténtica mierda.
Recordó cómo le miraba lleno de amor, como sintió con él que el amor no era sentirse inseguro, sino acompañado en un sentimiento que ambos sostenían.
Recordó todo eso y más, y sonrió.
—Nunca pensé que diría esto pero estoy completamente enamorado de él.
Theo asintió y sus dedos se apartaron, se reclinó en su asiento y escuchó como Draco le explicaba su relación, lo bueno y lo malo. Draco sonrió y Theo le correspondió. Unas sonrisas que apagaron todas las llamas que a ambos les hubieran quemado vivos.
Cuando volvió a casa, Harry fingía dormir, fingía realmente mal. Pero Draco le siguió el juego, le abrazó por la espalda y suspiró contra su cuello.
—Solo tú, Harry, solo tú.
FIN
