—Suéltale —dijo Harry haciendo retumbar todas las piedras de Malfoy Manor sin necesidad de gritar.
Draco, su Draco estaba presa de un hechizo por dos magos que antaño habían sido sus amigos.
Ron Weasley y Neville Longbottom.
Ahora no eran más que meros enemigos que tenían a su amor apartado de él.
—Harry, esta criatura no es Malfoy —dijo Ron, en el salón de la mansión Malfoy estaba solo se escuchaban los lamentos de su amor.
—Suéltale y solo tú morirás —dijo Harry alzando por última vez su varita— sino, mataré a los dos, y luego iré a tu casa, iré a la Madriguera y los mataré uno por uno delante de ti. Sus muertes no serán agradables.
Ron le miró sin entender cómo Harry podría haber cambiado tanto, y solo encontraba en aquella criatura que se retorcía en el suelo al culpable.
Por su culpa, Hermione había muerto, por su culpa la magia oscura en Harry había crecido, por su culpa aquel lugar era el epicentro del mal.
El pago por mantenerlo con vida había sido el sacrificio de otro ser humano.
La primera fue Hermione pero ella no había sido la única, solo la primera, Harry tenía que parar.
—Harry… —gimió la criatura Malfoy— me duele.
—Harry, por favor —suplicó Neville.
Pero Harry cumplió su promesa, siempre juntos, por toda la eternidad.
Neville fue el primero en caer, después Harry llevó s Ron a La Madriguera y mató uno a uno a los Weasley pagaron, ellos pagaron por la ofensa de su hijo. El precio era alto, Harry lo sabía, pero si tenía que sesgar una vida pera seguir teniendo a Draco consigo, lo haría. Hacía tiempo que habían superado ese límite.
La madriguera cayó y Draco aún estaba a su lado, relamiéndose los labios llenos de muerte.
—Juntos —dijo Draco agarrado de su cuello.
—Siempre —contestó Harry.
Entonces los bonitos pálidos de Draco se congestionaron en una mueca de dolor, y su cuerpo, inerte comenzó a descomponerse entre sus brazos.
Delante de él, tirado en el suelo, Ron Weasley alzaba por última vez su varita antes de morir.
Harry tomó atónito el montón de nada en la que se había convertido Draco, su único amor, por el que había perdido su alma.
Y el mundo sufrió lo que se conoció como la peor plaga del mundo, muggles y magos murieron allá por donde Harry pisaba. Harry se convirtió en la muerte que incansablemente buscaba el modo de resucitar al amor de su vida.
Hasta que la muerte, la verdadera muerte, tuvo que presentarse ante él.
—Si no cesas, no habrá vivos ni para ti ni para mí.
—Solo le quiero de vuelta, le necesito de vuelta —aclaró Harry.
—Devuélveme mis regalos y yo te daré lo que más ansías.
—¿Y cómo puedo confiar en ti?
—Porque no tienes nada más —contestó la muerte.
Harry había hecho ya de todo y nada había servido, pactar con la muerte en ese punto ya no le preocupaba.
Y entregó la reliquias que esta había regalado a los Prewett, la muerte las disolvió entre sus manos y de ellas apareció un rostro tan pálido como el mármol, unos ojos tan claros como el hielo, pero unos labios rosados como solo los había tenido Draco en vida.
—Harry —le llamó.
Y Harry fue a su encuentro, Draco Malfoy jamás regresaría a la vida, pero Harry le siguió en su muerte.
Y por fin pudieron estar juntos para siempre, como solo la muerte era capaz de cumplirlo.
FIN
No me he podido resistir a continuarlo
