—¿Y cómo era? —preguntó Scorpius.

—Tenía los ojos del mismo color que tú —le contestó Harry.

Él parpadeó intensamente como siempre hacía cuando le preguntaba sobre el tema. Acarició el pelo suave y rubio de su cabecita mientras él realizaba las mismas preguntas de siempre.

—Yo también vuelo rápido como tú y como él —dijo con su barbillita puntiaguda alzada con orgullo.

Harry sonrió, Hermione siempre le reemprendía por dejar a su hijo volar en escoba siendo tan pequeño, pero lo hacía realmente bien y ambos disfrutaban tremendamente.

Eso y que Harry había aprendido todos los hechizos protectores como un buen padre responsable.

El pequeño se estaba quedando dormido y Harry le llevó en brazos a la cama. Cuando le dejó en ella, el niño abrió los ojitos somnolientos.

—Le echo mucho de menos, papi —dijo Scorpius.

—Yo también, hijo, yo también.

Le dio un beso en la frente y Scorpius se durmió.

Harry anduvo hasta la cocina que de nuevo estaba echa un desastre, el salón no estaba mejor y el jardín parecía que había sido ocupados por la plaga de gnomos de jardín de la Madriguera.

Eso no podría hacerse solo con un giro de varita.

La puerta se abrió y Harry sonrió cuando hasta él llegó alguien que le besó en el cuello por detrás mientras tenía las manos llenas se agua.

—Has llegado pronto —dijo echándose hacia atrás dejando sostenerse.

—Me he podido escapar, París no es lo mismo sin ti.

Harry recordaba ese viaje que habían hecho en el pasado. Fue un gran viaje, aunque salieron poco de la cama.

Harry se giró para besarle, Draco parecía cansado pero contento de estar de nuevo en su hogar.

—¿Cómo habéis estado? ¿Scorpius ya se ha dormido?

—Bueno, ya sabes que cuando no estás se nos cae la casa encima, pero bien.

—Es el último congreso, te lo prometo —le aseguró Draco besándole. Pero Harry le conocía y no sería el último, amaba demasiado su profesión como medimago y era reconocido en todo el mundo mágico. Nunca le pediría que lo dejara.

—Lo sé, amor, lo sé.

Draco comenzó a quitarse la túnica de viaje y Harry dejó la casa tal cuál estaba.

—Esta vez es verdad —le aseguró Draco.

—Ya hablaremos mañana.

Una carrera de piececitos veloces entró derrapando en el salón.

—¡Papá! —gritó Scorpius abrazando a Draco mientras este lo alzaba en brazos.

—Ya he llegado, ¿te has portado bien?

El pequeño de enorme ojos verdes pestañeó como cuando estaba preparado para mentir, Draco lo abrazó fuerte de nuevo.

—Se ha portado genial —mintió Harry. Pero eso no era algo para contar en ese momento. Ahora Draco por fin había vuelto y estaban todos juntos.