—Draco, por favor, sal del cuarto de baño —le pidió Harry, al otro lado de la puerta— es completamente normal.

—No es para nada normal, es horrible, quiero morirme.

—No seas exagerado, por favor. —Harry estaba intentado no reírse, pero reconocía que le estaba costando horrores.

—¡Vete! —gritó Draco.

—Pero yo no quiero irme, quiero seguir haciéndolo contigo.

Draco abrió la puerta de golpe y Harry por poco se cae de bruces a sus pies.

—¿Estás diciendo que a pesar de "eso" quieres seguir haciéndolo conmigo? —La cara de asco de Draco era un monumento.

Harry se miró hacia abajo, mostrándole fuertemente cuán poco se le habían pasado las ganas.

—Eres un cerdo, Potter.

Pero él se acercó al rubio que para su enorme suerte aún seguía tan desnudo como él.

—Me sigues poniendo terriblemente cachondo —le dijo Harry al oído y el bufido nervioso de Draco le hizo sonreír.

Harry llevó sus manos hacía su trasero y jugueteó con él, estaba bien lubricado, se había encargado a conciencia de ello. Cuando metió dos de sus dedos el bufido se convirtió en un gemido.

Eso le gustaba mucho más.

Le alzó con los dedos aún metidos en su interior y Draco buscó sus labios mientras Harry los volvía a llevar a la cama de donde Draco había salido huyendo.

Lo tumbó y apartó los dedos para volver a meter su polla. Seguía deliciosamente apretado, pero cuando la sacó, volvió a ocurrir y Draco se quedó mortalmente rígido llevándose las manos a la cara.

—Es solo un pedo, Draco, no pasa nada no te la voy a dejar de meter.

—Eres un cerdo, un completo cerdo.

Pero Harry no incumplió su promesa y Draco no dejó de emitir comprometedores sonidos anales.

—Si se lo cuentas a alguien, te corto la polla, Potter.

Harry sonrió.

—¿No crees que teniendo mi polla en tu culo sería hora de ir llamándome Harry?

—No —dijo lo más dignamente que pudo Draco, porque cada una de las palabras de Harry fue seguida de una embestida—. Las confianzas dan asco.