Harry había recibido una lechuza y había dudado mucho si ir o no ir, no era adecuado, no era el momento. Pero era uno de los momentos más importantes para Draco y le había pedido estar presente.
Y allí estaba, en un pasillo solo y esperando mientras un sinfín de medimagos corrían pasillo arriba y abajo. Pero ni rastro de Draco.
En un momento escuchó chillar a Astoria, y la ansiedad empezó a consumirlo, el hijo de Draco estaba a punto de nacer y él no aparecía por ningún lado.
Astoria había comenzado a gritar el nombre de su marido y Harry deseó profundamente que apareciera de una vez.
Pero pasó el tiempo y Draco nunca llegó.
—¿Es amigo de la familia? —le preguntó una sanadora. Harry asintió— Puede pasar si quiere.
Harry se asomó a la puerta, no había rastros de sangre ni vísceras que por los gritos que ella había emitido parecía que los habría por todos lados, en su lugar, Astoria reposaba sobre una cama tan hermosa como siempre, y sobre ella un pequeño bultito con pelusa rubia en la cabeza.
—Harry, ¿sabes dónde está Draco? —El tono de preocupación era evidente.
—No, me mandó una lechuza desde el Ministerio, viene lo antes posible pero él aún no ha llegado.
Ella asintió, pero no le pasó por alto la mirada que le echó. ¿Lo sabría?
—¿Cómo estás? —le preguntó, y ella sonrió cansada.
—Agotada.
—¿Quieres que haga algo? ¿Que hable con alguien?
—¿Puedes cogerle un momento? —Harry la miró sorprendido, ¿se refería al bebé? El movimiento en sus brazos le decía que sí.
Harry miró a la pelusita rubia con terror, era demasiado pequeño, ¿y si le hacía daño?
Se inclinó a cogerlo y a pesar de ser diminuto notó claramente su peso, pero sobre todo su calor. Lo miró con los ojitos cerrados, los puñitos apretados y un puchero en el mentón que le recordó muchísimo a Draco.
Nunca supo qué sentiría por el hijo de Draco, nunca se lo había planteado, pero en sus brazos se dio cuenta de que ese niño siempre sería importante para él.
Un par de aurores entraron por la puerta en ese momento, los miraron a ambos y una especie de mala sensación hizo que Harry se tensara.
—¿Astoria Malfoy? —preguntó uno de ellos.
Ella asintió e instintivamente Harry se colocó más cerca.
—Siento comunicarle que ha ocurrido un accidente en el Ministerio y su marido ha muerto.
—¿¡Qué!? —dijo Harry aún con el recién nacido en los brazos.
—Draco Malfoy ha muerto.
Astoria alzó la mano y agarró el brazo de Harry desde la cama. Ella era su esposa, él era su amante y ambos habían perdido al hombre que más habían amado.
FIN
Auch
