(Continuación del anterior "alfas y sigmas")

Harry despertó sintiéndose mejor que jamás en su vida, se desperezó sobre las sábanas como un gato mimado.

Y qué sábanas, eran tan suaves como una caricia, como cientos de caricias sobre su piel sensibilizada.

¡Un momento! Él no tenía unas sábanas de tanta calidad ni que olieran tan bien. De hecho, siempre se le olvidaba cambiarlas más a menudo.

Esas sábanas no eran suyas, esa almohada no era suya, y lo que definitivamente no era suyo era el brazo que le tenía firmemente sujeto por la cintura.

Harry volvió a reaccionar como un gato pero en esta ocasión lo que hizo fue saltar y sacar las uñas.

—¿Quién coño…? —Pero el brazo estaba pegado a un cuerpo y ese cuerpo a un rostro, y ese rostro lo conocía. Harry lo recordó todo y se le puso dura al instante, además de sentir que su culo había sido parte de la fiesta.

—Buenos días —Tan rubio como en el callejón oscuro, tan guapo como una puñetera alucinación, y el dueño del olor delicioso de las sábanas.

—Serán buenos para ti, para mí son pésimos —se defendió Harry, no sabía de qué, pero se defendió.

—¿Cómo puedo arreglar tu mañana? —pregunto el rubio dios griego ojos de hielo, mientras le acariciaba el vientre jodiéndole la cabeza.

—Eh… yo —Harry iba a abrir la piernas de nuevo, ya se veía. Maldito embaucador. Era un enigma, los enigmas te jodían la cabeza, te jodían la vida. Eran unos jodidos jodedores.

Pero la imagen del rubio jodiéndole de nuevo era demasiado excitante.

—¿Dónde está mi ropa? —cabeceó Harry tratando de salir del trance —¿Qué has hecho con mis cosas?

—Están donde las dejaste anoche mientras me rogabas que te follara, Harry.

—Eso es mentira. —Aunque tristemente lo recordó a la perfección, se avergonzaba de sí mismo, aunque si no se controlaba volvería a menearle el culo como la noche anterior. ¿Él le había dicho cómo se llamaba?

—¿Siempre eres así? —le preguntó el rubio con media sonrisa.

—Así ¿cómo? —Levantó el morro oliendo el insulto en su pregunta.

—Tan… —pensó durante unos segundo— tan combativo.

—Por supuesto, en este mundo de mierda, lleno de alfas de mierda hay que plantar cara.

El rubio lo miró de arriba abajo dudando sobre su poder de plantar cara, y Harry sonrió de lado, que se lo dijeran al alfa al que había rajado la noche anterior.

—¿Por qué me los quitaste de encima? ¿Es que solo sabes ligar haciéndote el héroe?

El rubio le atrajo hacia así y Harry cedió demasiado rápido.

—Por lo que vi el único que se hizo el héroe fuiste tú enfrentándose a cinco alfa.

—Y podría haber rajado a alguno más, no tenías que meterte.

Harry lo vio incorporarse, y no pudo evitar mirarlo. ¿Por qué el mundo era así? Unos tanto y otros tan poco.

—No deberías enfrentarte a tantos alfas, 1 o 2, quizás, lo que hiciste fue un suicidio.

—¿Y dejar que le hicieran cualquier cosa a mi amigo? —dijo Harry tan enfadado que no se dio cuenta que se había levantado completamente desnudo.

—¿Mejor que te lo hagan a ti?

—Yo puedo resistirlo, Ron no. No entiendes una mierda.

Vale, la ayuda había estado bien, el sexo había estado bien, de hecho si no hubiera hablado hubiera repetido, pero que le dijeran lo que debía hacer nunca estaba bien.

El rubio no hizo el más mínimo esfuerzo por taparse, Harry no iba a mirarle la polla, muchas gracias.

—Un sigma justiciero —le dijo— pensaba que solo estabas dañado de la cabeza.

Y el gesto le apuntó a la enorme cicatriz que le cruzaba la frente, un regalo de otro puto alfa.

—Y yo pensaba que los enigmas no existían y si lo hacían no se meterían en mierdas mundanas con sigmas.

—Me gustan las rarezas, y me gustas tú, estoy dispuesto a meterme en tus mierdas mundanas.

Harry se le quedó mirando, era guapo, estaba buenísimo y tenía ese no se qué que le hacía querer decirle a todo que sí. Pero era un gilipollas presuntuoso.

Acabó de vestirse y le levantó el dedo corazón al rubio antes de cerrar la puerta dejándolo pasmado.

Harry acarició su navaja, preparado para atacar a cualquiera que tan solo se atreviera a mirarle mal. Quizás sí estaba un poco dañado de la cabeza después de todo.