(Conti de la conti)
—¡Deja de seguirme! —dijo Harry, estaba harto de ese enigma trastornado que se había obsesionado con él.
Vale que era una pasada cuando llegaba y con solo una palabra o una mirada los imbéciles caían como moscas. El problema es que Harry también caía, cuando llegaba hasta él, Harry se el encaramaba como un koala para besarle, ofrecerle el cuello y toda es mierda.
Harry se subió los pantalones, y se hizo el digno.
—Deja de meterte en situaciones suicidas —dijo el rubio mirándole como si aún siguiera desnudo.
—No puedes decirme qué hacer —se enfadó Harry.
—Sabes que sí puedo —esta vez llevaba el pelo rubio suelto, era largo, más largo de lo que pensaba. —Pero preferiría que saliera de ti.
—¡Déjame en paz!
Harry tomó sus zapatos y fue hacia la puerta que ya conocía perfectamente. Pero detrás de ella había dos criaturas que le hicieron quedarse paralizado.
Él tenía la piel de chocolate y el aire más sensual que Harry había sentido nunca, y eso que consideraba que su enigma era la definición de sexo con patas.
La otra era letal, estaba seguro que podría matarle solo con el pensamiento. Y supo que era cierto cuando el rubio lo ocultó con su cuerpo y desplegó la mierda enigma que hacía de uno un pelele.
—Ni lo miréis.
—¿Qué es esa cosa? —preguntó el sexy.
—Es nuevo juguete de Draco —dijo el la asesina en serie.
—Fuera —gruñó el rubio.
Harry acariciaba la navaja que llevaba siempre en el pantalón, pero esta comenzó a arderle en la mano.
—Pansy, déjale o juro que te destripo.
—¿Es un sigma? —La cabeza del otro traspasó la barrera que era el cuerpo del rubio— Hola, cosita.
Harry le enseñó los dientes y el otro se rio.
—¿Muerde?
—Harry, vete a la habitación.
Y Harry obedeció contra su voluntad, odiándolo tanto pero siendo consciente que era la primera vez que de verdad Draco usaba su poder sobre él.
Cerró la puerta y la pateó desde dentro. Un enigma era malo, tres una catástrofe, sobre todo cuando una parecía querer matarlo y el otro lo trataba como si fuera un puto Corgi.
