(Dos en un día, estoy en racha)
—¿Qué es eso? —preguntó Draco apoyado al quicio de la puerta.
—Un arreglo floral.
—Son flores secas.
—Lo sé. —Harry rodó los ojos ante su arreglo floral.
—No es muy bonito así, ¿no?
Harry aplastó una de las ramas que tenía en la mano convirtiéndola en polvito marrón.
—Es para el estrés —contestó Harry estresado.
Draco parpadeó llevando su mirada de la mano a la cara de Harry.
Habían acabado siendo compañeros de piso del modo más rocambolesco posible, Harry compartía piso con Seamus, Seamus encontró trabajo en Cornualles y su primo ocupó su lugar, y cuando este se fue le recomendó a un amigo.
El amigo era Draco, Harry pensó que sería el rubio el que al saber quién era su nuevo compañero de piso se marcharía rápidamente, pero resultó que no tenía otro sitio a donde ir esa noche. Algo que nunca le quiso contar y Harry trató de no averiguar.
Le dijo que buscaría otro lugar, pero nunca lo hizo, y llevaban dos años viviendo juntos.
Lo de los arreglos florales se lo había recomendado el psicomago del cuartel de aurores, y no le estaba ayudando para nada.
—¿Estás estresado? —preguntó Draco.
—Olvídalo. —Harry recogió el desastre de arreglo con un giro de su varita haciéndolo desaparecer, pero Draco seguía mirándole.
—El sexo es mejor para el estrés. —Harry giró la cabeza casi como la niña que salía en la película que habían visto la semana pasada, el exorcista— Sexo, Potter, que practiques más sexo.
Harry bufó, como si él no quisiera follar más.
—¿Sabes? No es como si no quisiera, pero entre hacer guardias de tres días, y que oh, resulta que soy famoso, y cada paso que doy sale en El Profeta, los pretendientes se me espantan.
Se lo había pensando mejor y volvió a aparecer las flores.
—Bueno, yo soy Draco Malfoy, el malvado mortífago. Tampoco tengo una cola de tipos caliente en mi puerta haciendo cola.
Harry lo miró, sí sabía que Draco era gay, había tenido que sacar a un imbécil de su casa que había comenzado a tratar mal. Draco también sabía que él lo era.
Todo el mundo lo sabía gracias a El Profeta, por supuesto.
Harry volvió a desaparecer el arreglo floral, era ridículo, y se dejó caer en la silla del comedor.
Draco se acercó lentamente, de hecho, nunca lo hacía de otro modo. Harry le miró, cuando Draco se inclinó sobre él y le puso la mano en la entrepierna. Harry se quedó muy quieto y al principio Draco también, pero pronto comenzó a mover la mano.
—El estrés mata, no es bueno para ti, yo puedo ayudarte —le dijo Draco muy cerca de sus labios— ¿Quieres que te ayude?
—Por el estrés —contestó Harry.
—Por el estrés, por supuesto.
Harry lo agarró con una mano del cuello hasta besarlo y la otra le ayudó a seguir los movimientos sobre su entrepierna.
Desde entonces, Harry a veces volvía estresado del trabajo pero Draco siempre sabía como desestresarlo.
