(Siempre hay alguien que acaba con el corazón roto)
—Ginny, lo siento —dijo Harry, mientras la hermana de Ron le miraba con los ojos acuosos— No llores, por favor.
—Yo creía —dijo la joven.
—Te aprecio muchísimo, te lo aseguro —dijo Harry sabiendo que nada de lo que dijera iba a contentarla— pero como una amiga, una hermana.
Ginny le había besado en la sala común de Gryffindor después de ganar el partido de Quidditch delante de todos, pero Harry no supo reaccionar, y ella malinterpretó que él no se apartara.
—Eres una chica estu…
Pero Ginny se había marchado corriendo y en el fondo Harry no sabía qué más hacer o decir.
Escuchó una tosecita a sus espaldas y supo quién era antes de verle.
—Ni se te ocurra decir nada malo de ella —le amenazó Harry.
—Eso le pasa por besar a alguien sin estar seguro de si siente lo mismo que tú, puedes acabar con el corazón roto.
Harry miró a Draco y meneó la cabeza, la situación no era buena, todo se estaba complicando demasiado pero se alegraba de verle.
—Yo hice lo mismo contigo —Harry se enganchó de su largo cuello y le besó.
—Y tuviste mucha suerte, Potter.
Harry volvió a besarle como hacía casi un mes cuando se lanzó contra sus labios tras su enésima pelea, no sabía si solo Ginny acabaría con el corazón roto ese curso, pero que Draco le devolviera cada vez el beso era suficiente, de momento, era más que suficiente.
