(Cortito)
—Gracias —dijo Harry, devolviéndole la varita.
Draco miró la varita que Harry le tendía, su varita. Actualmente tenía otra, pero no era lo mismo. La primera varita de un mago era como el primer amor, única.
Cuando la tuvo entre las manos sintió la caricia, la unión, era tan agradable sostenerla de nuevo.
Harry asintió y parecía que iba a marcharse.
—Gracias —contestó Draco y Harry sonrió.
Quizás se envalentonó por el gesto pero decidió lanzarse.
—¿Puedo invitarte a una cerveza de mantequilla? —le propuso a Harry.
La sonrisa de Harry se hizo más amplia.
Draco había recuperado su varita, quizás también podría recuperar a su primer amor, uno que le miraba sobre la espuma de la cerveza y le aceleraba el corazón.
