Draco fue con el resto a ver la competición, su pueblo estaba extasiado al participar en el Torneo de los tres magos, aunque en realidad fueran cuatro.
Y él conocía al cuarto, lo conocía bastante bien, pero nunca se lo había dicho a nadie. Era su secreto, el de ambos.
Se conocieron en el primer año de Harry en Hogwarts, lo había visto solo cerca del lago, en el lugar al que a él también le solía gustar ir. Allí su comunidad estaba a salvo, él nunca había vivido en otro lugar, pero los suyos sí. Y Hogwarts era un santuario en comparación al exterior donde la mejor suerte que podían sufrir era que un mago los cazara para esclavizarlos.
Los más mayores hablaban de como sus abuelos habían sido prácticamente exterminados por sus cualidades mágicas que los magos les arrancaban hasta matarlos.
Pero Draco nunca le tuvo miedo a los magos, aunque tampoco fue nunca amigo de alguno.
Era pequeño y parecía triste, y Draco se le acercó. Harry solo le miró sorprendido pero el interés que mostró por él les hizo hablar durante horas.
Se veía en aquel lugar al menos una vez a la semana, y lo más duro para Draco eran los veranos, Harry se iba de Hogwarts y tardaba meses en volver.
Ese inicio se curso parecía mucho más feliz, y Draco se alegraba por él. Pero luego pasó todo lo del torneo y parecía más preocupado que de costumbre.
Lo vio aparecer con las branquialgas que él le había dado, no era la primera vez que Harry se metía en el lago, a Draco le gustaba rodearlo con su cola y hacerle cosquillas, pero Harry no era muy bueno nadando, esa prueba sería dura para él.
—Demasiado pequeño —dijo alguien a su lado mirando a Harry.
Draco se preocupó pero aún más cuando vio que Harry trataba de socorrer a varias personas que habían sido encadenadas al fondo del lago.
Estaba prohibido y uno de los vigilantes le atacó con su tridente hiriéndolo. Draco fue sujetado por su padre que no le había quitado el ojo de encima.
—Padre —suplicó al saberse descubierto.
—Es humano, son las reglas, te lo advertimos.
Pero cuando demasiados vigilantes comenzaron a atacarlo supo que aquello era intencionado.
Draco se soltó del agarré de su padre, nadie le atacaría, nadie siendo él quien era. Llegó hasta Harry que sangraba por varios lados.
Las branquialgas duraban unos minutos y estos habían pasado ya. Harry se ahogaría, Draco hizo lo más prohibido para su pueblo, ofrecerle su aliento a un humano, a un mago. Colocó su boca en la de Harry y le insufló su aliento. Harry se agarró de sus hombros y Draco lo protegió con su cuerpo de los vigilantes que lo atacaban.
Lo sacó a toda velocidad de allí, pero Harry miraba al resto de humanos encadenados. No, no podían volver a por ellos. Cuando salieron a la superficie Draco había compartido con él varias veces su aliento, había sentido los labios de Harry sobre los suyos, como él los acariciaba en un beso cuando se separaron finalmente.
Estaban en su lugar, apartados de las carpas donde los magos de la escuela los esperaban.
—Ron —dijo preocupado cuando Draco lo soltó en la roca desde la que solían hablar por horas.
—Lo sacaré de allí —prometió Draco— pero lo que te estaban haciendo no era lo que estaba en las bases de la prueba, querían matarte.
Harry agachó la cabeza, como si aquello no fuera la primera vez que le pasaba.
—Voldemort.
Draco tembló ante el nombre, su padre había sido esclavo de ese mago oscuro, y solo su muerte le había liberado, Harry decía que había vuelto y que le quería a él.
—Ten cuidado —le pidió Draco, su padre había prohibido hablar de todo lo que no fuera su pueblo, sus tradiciones, pero Draco pensó que la ignorancia podía ser peligrosa si Harry tenía razón.
Las sirenas y tritones no volverían a estar a salvo, ninguna criatura mágica lo estaría.
Tenía que hablar con su padre, aunque él no quisiera creer que su amo había vuelto.
Harry le tomó del hombro antes de que Draco se sumergiera y se acercó a sus labios, posó un beso delicado en sus labios en comparación al aliento mágico que habían compartido, pero que a Draco le erizó todas las escamas de la cola.
—Ten cuidado —le pidió también Harry, buscando de nuevo sus labios que Draco ofreció con gusto.
Lo que nadie le había contado a Draco era por qué estaba prohibido hacer eso, porque sus bocas no dejarían de buscarse y por qué removerían agua y tierra para que dos criaturas no destinadas a unirse lucharan por ser solo una por el resto de sus vidas.
