Resumen: Nos habíamos comprometido con sangre y tinta volver si la amenaza regresaba a Forks. Se me cortó la respiración al ver el interior de aquella caja. Metí la mano y cogí la llave de latón junto a una nota: «Guárdala bien. Mantenla oculta. Ha vuelto a empezar». AU/ExB


Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!

Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!

Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.


Nota de la autora: Este fic tiene un combo de etiquetas: thriller, sobrenatural, dolor/confort, romance y amistad. Hay varias influencias para este fic, desde películas hasta música y libros, pero no las diré ahora. Es totalmente un Universo Alterno.

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Once Upon Another Time

Capítulo 1 - Vivir para contarlo

I have a tale to tell

Sometimes it gets so hard to hide it well

I was not ready for the fall

Too blind to see the writing on the Wall

"Live to Tell" de Madonna (1)

EDWARD

Hojeé mi diario, reflexionando sobre el sentido de todo aquello. ¿Estaba escribiendo para mí mismo? ¿Estaba documentando algo que nadie creería? ¿O simplemente estaba sumergiéndome en mis recuerdos para tenerlo todo presente?

Sacudiendo la cabeza, me senté de nuevo en la silla del escritorio y me quedé mirando la ciudad. Seattle de noche casi parecía tranquila. No lo era, pero lo parecía desde trece pisos de altura.

Hubo un tiempo en que mi vida no estaba rodeada de edificios y cristales. Estaba rodeada de árboles y lluvia, inmersa en amistades tan profundas que éramos prácticamente familia. La sangre no significaba una mierda cuando tenías amigos que morirían por ti. De hecho, a veces, no valía la pena tener la misma sangre. También recordé una época en la que la noche estaba lejos de ser jodidamente pacífica.

Unos golpecitos en la puerta de mi despacho me sacaron de mis recuerdos, que o bien tenía que poner por escrito, o al menos en un archivo informático, o bien olvidar por completo.

—Adelante—, contesté, sonriéndole a mi asistente.

—Tienes correo, Edward—, dijo Garrett, mostrando una pila de sobres y una o dos revistas. Pero lo interesante era una cajita que había encima. No recordaba haber pedido nada últimamente.

Garrett era un buen tipo, joven, que aprovechaba el tiempo que pasaba conmigo para aprender. Quería dedicarse al mundo editorial, quizá a la edición, por no hablar de escribir guiones: Kevin Smith era su héroe, mientras que Stephen King siempre había sido el mío. Era estudiante de segundo año en la UW, y trabajar como mi asistente le estaba dando experiencia. Tenía la sensación de que no lo tendría mucho más tiempo. Pronto dejaría de ocuparse de mi correo, mi agenda y las llamadas. Tenía demasiado talento para eso.

Y, en realidad, yo podía hacer esas cosas por mí mismo, pero el profesor de Literatura Inglesa de la UW era mi amigo, así que me enviaba a los más nuevas y brillantes mentes para que aprendieran de mi experiencia. Marcus había hecho lo mismo conmigo cuando entré en su clase, y ahora ya he sido publicado, con dos libros en la lista de los más vendidos, de hecho.

Le tendí la mano. —Gracias, Garrett—, dije con una sonrisa, recibiéndole la pila. —Si quieres, puedes salir antes. ¿Cómo está Katie?

—Impresionante—, respondió de inmediato, asintiendo un poco. —Sí, me hace sentir tan tonto como una puta piedra.

Riendo, asentí. —Sí, una chica hermosa puede hacerle eso a un hombre.

De repente, me invadieron recuerdos de cabello castaño oscuro y ojos marrones aún más oscuros. Primeros besos y sonrisas secretas, risas y aventuras, lágrimas y mudanzas... todo me venía al pensar en ella. Parecía una chica a la que había amado toda mi vida.

—¿Has sabido algo de ella últimamente, Ed? —Preguntó Garrett con tristeza.

—Hace mucho que no—, murmuré, frunciendo el ceño ante la pila de correo. —Demasiado tiempo.

Tiré cupones y folletos de seguros a la basura, aparté facturas y extractos bancarios para más tarde y estudié un sobre y la cajita.

—¿Lo sabe? —, preguntó señalando hacia mi estantería.

Resoplando, negué con la cabeza. —¿Qué si sabe que es la base de la obra de mi vida? —. Aclaré, y cuando asintió, sonreí con tristeza. —No, probablemente no. Ni siquiera sé si lee mis cosas.

Esbozó una sonrisa. —Entiendo.

El primer día de Garrett fue una sucesión de preguntas sobre mi serie de libros. Quería saber por qué escribía thrillers sobrenaturales y cómo se me ocurrían las ideas. Quería conocer la base de mi trabajo, incluidos todos los personajes claves. Pero en concreto, quería saber quién era la hermosa y brillante castaña, si ella era real.

Era muy real.

Y le conté algunas historias, utilizando las relaciones de la vida real como método de enseñanza para el futuro escritor. Lo que más le gustaba eran las historias sobre mis amigos de la infancia, que probablemente era la razón por la que mi diario me llamaba.

Cogí la caja, le di la vuelta y enarqué las cejas al ver el lugar remitente.

Forks.

—Me pregunto...— murmuré, usando un abrecartas para cortar la cinta.

Me quedé sin aliento al ver lo que había dentro de la caja. Era algo que no veía desde hacía diez años. Un vistazo al calendario me hizo sacudir la cabeza. No hacía ni diez años.

Metí la mano y saqué la llave de latón de la cama de papel Kraft. Pesaba y estaba un poco deslustrada, pero la visión de la cruz me hizo sudar la gota gorda.

Con mano temblorosa, metí la mano para tomar la nota doblada que había dentro de la caja.

Guárdala bien. Mantenla oculta. Ha vuelto a empezar. – J

—Joder—, susurré, arrugando la nota en mi mano.

Sin darme cuenta, froté con mis dedos la tinta que tenía en el pecho, sobre mi corazón. Tinta que casualmente coincidía con la puta llave que tenía en la mano.

—¿Estás bien, jefe? — Garrett preguntó. —Amigo, te acabas de poner blanco como una sábana.

Tragando nerviosamente, asentí. Dejé la llave encima del escritorio y cogí el sobre blanco. También tenía matasellos de Forks. Lo abrí y saqué unos cuantos recortes de periódico.

Cuatro campistas atacados por un oso en el Parque Nacional Olímpic, no hay supervivientes.

Hombre local desaparece, se teme ataque animal.

El sheriff de Forks, Charlie Swan, muere a los 51 años.

Me empezaron a pitar los oídos, se me oscureció un poco la vista y, en el fondo, estaba jodidamente enojado. Pero lo que estaba sintiendo por encima de todo eso era puro miedo. El timbre de mi teléfono me devolvió al presente.

—Residencia Cullen—, contestó Garrett en voz baja, aunque pude ver que seguía mirándome con preocupación. —Claro. A ver si puede tomarse un descanso de la escritura—, me cubrió con suavidad. Silenció el teléfono. —Es tu hermana.

Tendí una mano temblorosa hacia el teléfono de casa.

—Ed, ¿estás bien? — Garrett preguntó una vez más.

Asentí con la cabeza, respirando hondo y dejándolo salir. —Sí, estoy bien. Puedes irte, Garrett. Ve a ver a tu chica—. Intenté sonreír, pero probablemente salió como una mueca.

—Si estás seguro...— Se interrumpió.

—Estoy seguro. Ve. Llévala a pasear, cómprale algo bonito, y asegúrate de decirle lo que sientes, Garrett. No dejes pasar la oportunidad, porque si no es posible que te arrepientas—, le dije, porque joder, esa era la maldita verdad.

Vacilante, asintió y se alejó de mi puerta. Le oí recoger sus cosas y la puerta se cerró de golpe. Le di la vuelta al teléfono y finalmente pulsé el botón de silencio.

—Hola, Alice—, dije, tratando de sonar normal, pero incluso para mis propios oídos, sonaba tensa. —¿Cómo van los planes de boda?

—Olvídate de la boda—, prácticamente gruñó. —Acabo de recibir una carta rarísima.

—¿Tres artículos de periódico? — pregunté, empujando mis propias copias hasta que estuvieron extendidos ante mí.

—Sí, ¿cómo lo sabes?

—No creo que los haya enviado Jake.

Se quedó callada. —Jesucristo... ¿Por qué dices eso? Él...

—Porque recibí algo en el correo que tú no recibiste. Me envió la llave—, susurré, apretando los ojos cerrados ante los recuerdos de miedo y sudor y promesas inquebrantables.

—Joder, han vuelto—, apenas lo dijo en voz alta, pero la oí.

—Tenemos que ir, Alice—, dije con una advertencia en mi tono. —Llama a mamá y a papá.

—No quiero—, suplicó entre lágrimas. —Tengo una boda, un trabajo, una prueba del vestido...

—Lo prometimos. Lo juramos con sangre y tinta, Ali. Y ella nos va a necesitar—, contraataqué, tomando el artículo sobre Charlie para ver cuándo sería el servicio. —No es como si pudieras huir de esto. Te vas a casar con Jasper; Charlie prácticamente lo crio. Seguro que él ya ha hablado con ella. Sólo... Llama a mamá y papá, porque vamos a necesitar que abran la casa.

—Edward...

—Alice, se lo debemos a Jake, se lo debemos a Charlie, porque ellos se quedaron cuando nosotros no—, espeté, porque por mucho que entendiera su miedo, de hecho, habíamos prometido volver en caso de que las amenazas regresaran. —¿Y ahora? Se lo debemos a Bella.

—¿Sabes algo de ella? —, preguntó mi hermana en voz baja.

Abrí el cajón lateral de mi escritorio y saqué una cajita. Eran todas las cartas que me había enviado. La última estaba fechada hacía un año. Al principio, venían de Arizona y, finalmente, de California. Culpé a su madre.

Con tan solo pronunciar su nombre me latía el corazón y me sudaba la frente.

—La última carta fue hace un año—, respondí, frunciendo el ceño. —Dios, ojalá pudiéramos volver a cuando éramos niños.

Alice rio suavemente. —Ustedes dos... tenían algo mucho antes que el resto de nosotros.

~oOo~

Edward – A los catorce...

—¡Edward! ¡Espera! — Oí detrás de mí por el pasillo.

Me giré y vi a Bella abriéndose paso entre la multitud de alumnos del Instituto de Forks. Tenía el pelo largo y oscuro y una sonrisa que siempre parecía un poco sarcástica. También ignoraba a las chicas malas y a los chicos idiotas mientras me alcanzaba. No le importaban los rumores ni las opiniones, solamente las de sus amigos.

—¿Vamos a ir todos juntos a tu casa? —, preguntó, subiendo su bolso.

—Sí, creo que sí. Bueno, todos menos Jake y Rachel; ellos llegan allá. Vamos. Esperemos a todos al frente—, le dije.

Alice y yo cumplíamos catorce años, así que nuestros padres por fin habían accedido a que tuviéramos una fiesta de cumpleaños combinada. No es que la mayoría de las fiestas de pijamas no acabaran así, independientemente de en qué casa durmiéramos.

Cuando llegamos a la entrada del instituto, sacudí la cabeza. No podíamos ser más distintos. Todos éramos... diferentes.

Alice y yo éramos mellizos, y sólo eso ya nos había hecho raros cuando nos habíamos mudado aquí por primera vez, pero al grupo al que miraba no le importaba. Jasper era primo de Bella y vivía con ellos desde que era un bebé. Se peleaban como hermanos, y era superinteligente: le encantaba la historia y la ciencia ficción. Emmett era el chico más divertido que había conocido, pero utilizaba sus bromas para ocultar que sufría acoso por su peso. Sinceramente, algunos de nuestros compañeros de clase eran idiotas. Emmett no era tan gordo como todos decían. Le encantaban las películas de miedo, pero también cocinar.

Rose era amiga de Bella desde el jardín de infantes. Eran las chicas más guapas del curso, pero ellas no lo sabían. O tal vez lo sabían y no les importaba. Rose era rubia y de ojos azules, alta. Emmett estaba convencido de que podría salir en la tele, ¿pero Rose? Le gustaba construir cosas: autos, motos, karts. Vivía para la clase de mecánica.

Bella tenía el pelo y los ojos del color del chocolate derretido, lo que le valió que Jasper la apodara BabyRuth (2). Siempre le daba un puñetazo cuando él se lo decía, porque decía que estaba "loca por dentro". Le pegaba aún más fuerte si él se lo cambiaba por Butterfinger (2) cuando ella tropezaba accidentalmente o se le caía algo.

Pero Bella y yo teníamos algo en común. Nos encantaban los libros. Los libros antiguos, los nuevos. Los de miedo o los de ciencia ficción. Cuentos de hadas o poesía. Así nos habíamos conocido. En la Biblioteca Pública de Forks, buscando el mismo maldito libro: El Hobbit. Era el verano anterior al Sexto grado.

Bella fue la primera persona a la que le dije que quería ser escritor cuando fuese adulto. Me había besado la mejilla y me había dicho que estaba deseando ver mis libros en la biblioteca.

—Creo que tu hermana está enamorada de mi primo—, me susurró Bella al oído mientras nos acercábamos al ruidoso grupo que nos esperaba.

—Sí, creo que es mutuo—, asentí, pero la miré de reojo, porque mi hermana y yo habíamos proclamado nuestros sentimientos hacia los Swan con un juramento de meñique, pero podía delatar a Jasper, sin problemas.

Ella sonrió, uniendo nuestros dedos. —Vamos. Estoy deseando darte tu regalo—, dijo con una risita y tirándome de la mano. —También estoy impaciente por comer las hamburguesas de tu padre y la tarta de banano de tu madre. Sé que ya tendría que haberlo hecho para esta noche.

Sonriendo, asentí. —Se lo pedí específicamente. Ali quería un pastel. Yo quería tarta de banano.

—Seguro que hizo las dos cosas—, dijo Bella riendo.

—¿Son algo o no? — Oí un siseo detrás de nosotros, y puse los ojos en blanco porque Lauren odiaba a Bella.

—No puedo decirlo, joder—, Jessica siseó.

—Hablando de enamoramientos—, murmuró Bella, poniendo los ojos en blanco.

Cuando intentó apartar la mano, mantuve los dedos entrelazados. —No te sueltes—, le susurré al oído. —Porque esa mierda no es mutua.

Bella soltó una carcajada, inclinándose hacia mí. —¿De verdad quieres cabrearlas? Diles que voy a quedarme a dormir en tu casa. O podrías ser mi acompañante a partir de ahora a todos los eventos.

—Hecho. Sí. Desde ahora hasta que nos graduemos en el instituto—. Y tampoco estaba bromeando con esa mierda.

Bella se rio, sus mejillas se tornaron de un rosa claro. —Eso suena como un plan increíble.

Llegamos hasta nuestros amigos, y Rose dio un silbido estridente, diciendo: —¡Vale, empecemos este fin de semana! Me alegraré cuando acaben las clases de verano la semana que viene.

Éramos un grupo ruidoso y bullicioso caminando por la acera. Cuando estábamos entrando en nuestro jardín, un VW blanco se acercó chirriando a la acera. Leah Clearwater puso la radio a todo volumen mientras Jake y Rachel salían del coche y sacaban sus cosas.

—¡Vamos, Cullen! — gritó Jake con una sonrisa. —Feliz cumpleaños a los dos. Por favor, por favor, díganme que Esme hizo tarta de banano.

Jacob Black era un poco más joven que nosotros, pero su hermana era amiga de las chicas. Habían crecido juntos. Era callada y tímida, y sabía que yo le gustaba. Ella era genial y todo, pero yo estaba demasiado feliz con la mano de Bella en la mía.

—Hola, Ed—, Jasper llamó desde mi porche. —¿Vamos a acampar?

—Puedo preguntar—, respondí, acercándome a la puerta de mi casa. —Alice, ¿quieres acampar en el bosque?

Bella resopló en una carcajada, enterrándola en mi hombro, porque mi hermana no podía lucir más conflictiva. El aire libre no era exactamente lo de mi hermana. Fue idea de Jasper, pero era dormir al aire libre... en tiendas de campaña y sacos de dormir.

—Vamos, Alice. Será divertido. Ed puede leernos uno de sus cuentos para darnos un buen susto—, instó Emmett, sonriéndome.

—La verdad es que me apunto—, dijo Rose asintiendo con la cabeza.

—Yo también—, añadieron Jake y Rachel al tiempo.

—Sí, suena bien—, aceptó Bella en voz baja.

—¡Uf, bien! — Alice finalmente estuvo de acuerdo.

Todos nos amontonamos en la casa, y mi madre estaba allí para recibirnos.

—¡Eh, niños! Lleven sus cosas arriba—, dijo, y cuando abrí la boca para preguntarle por la acampada, se echó a reír. —Lo oí, lo oí. Jasper no es precisamente discreto.

Todos soltamos una carcajada, empujando a Jasper.

—Así que... acamparán atrás. Entendido. Primero haremos lo de la tarta y los regalos, y luego pueden ir a aullarle a la luna—, se burló mamá.

—Eso es una pulla a mi tribu, ¿verdad? —. preguntó Jake riendo, agachándose cuando mamá le tocó el pelo, porque más de una vez nos había contado las historias de miedo de la tribu Quileute.

—No, me refiero a todos estos locos. Vayan. Cámbiense y vuelvan abajo—, ordenó, inclinándose hacia mi beso en su mejilla.

—Gracias, mamá.

Todas las chicas subieron corriendo a la habitación de Alice, y los chicos dejaron sus cosas en mi habitación. Solo me cambiaría la camisa. Una vez que guardé mis cosas, abrí mi puerta para ver a Bella allí.

—¡Oh!

—Lo siento, Bella.

—Toma—, susurró ella, echando un rápido vistazo al pasillo. —Quiero que abras primero el mío.

—¿Sí? Está bien—, dije, recibiéndole el regalo. Rasgué el papel de colores brillantes y saqué un diario muy bonito, de cuero negro y páginas rayadas, con mi nombre en plateado. —Bella, esto es... realmente impresionante.

—Es para todas tus ideas de historias. Sé que usas el computador, pero... esto es para cuando no puedes, y sé que tus cuadernos se están llenando...—. Se interrumpió porque abrí la portada y vi su letra en la primera página junto al año.

"Para: Edward - Feliz cumpleaños. Que todos tus sueños se hagan realidad. Con amor, Bella".

Parecía innecesariamente nerviosa cuando añadió: —Lo digo en serio. Espero que te conviertas en el mejor y más grande escritor que exista. Pero... no te olvides de nosotros, la gente normal y aburrida.

Me reí, porque Bella estaba lejos de ser aburrida. —Eso nunca ocurrirá, Bella. Te lo prometo—. Me incliné hacia ella y le besé la mejilla, pero casi, casi cerca de la boca. Quería preguntarle por el "con amor", pero no lo hice. En su lugar, simplemente dije: —Gracias.

~oOo~

Tomé el diario, pasando el dedo por su dedicatoria.

"Que todos tus sueños se hagan realidad. Con amor, Bella".

Respiré hondo y solté el aire. Su deseo de que me convirtiera en un gran escritor se cumplió, pero no todos mis sueños habían girado en torno a la escritura. Cogí la llave y la hice girar entre los dedos. Con sólo verla me daba miedo.

Busqué mi teléfono y llamé a Garrett.

—Hola, jefe. ¿Me necesitas de vuelta? —, contestó de inmediato.

—No, Garrett, pero necesitaré que vigiles mi apartamento durante un tiempo. Tengo que salir de la ciudad—, le dije.

—Sí, claro. ¿Está todo bien?

—Es umm... Es una emergencia familiar—, le dije, y no era exactamente mentira. —Y tienes que cancelar todas las citas que tengo pendientes. ¿De acuerdo?

Me levanté del escritorio, cogí la llave, los artículos y el diario, lo metí todo en la bolsa del portátil y me la eché al hombro.

—No hay problema. ¿Cuánto tiempo vas a estar fuera? —, me preguntó mientras me dirigía a mi dormitorio para hacer mi equipaje.

Respiré hondo y solté el aire. —No estoy seguro, Gare, pero te mantendré informado.

Había una parte de mí que se preguntaba si volvería del todo, pero había hecho promesas que me negaba a romper, así que estaba haciendo las maletas para volver a casa, a Forks.

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(1) Tengo una historia que contar,

A veces se hace muy difícil esconderlo bien,

No estaba lista para la caída,

Muy cegada para ver la escritura en la pared.

(2) Entre las marcas más simbólicas de chocolate norteamericano se encuentran los Butterfinger y los Baby Ruth. Baby Ruth es una barra de chocolate rellena de caramelo y Butterfinger es una golosina de mantequilla de maní.


Nota de la autora: Habrá una lista de reproducción en YouTube para este fic, y sí, abarca toda la gama de géneros que estoy usando.

Nota de la traductora: Igualmente, habrá una lista de reproducción que será actualizada a la par que la historia. Puedes buscarla en Youtube con el nombre de esta traducción o en la página de Facebook que he creado para cosas como estas ;-P . Los enlaces, tanto de la playlist como de la página de Facebook están en mi perfil.

Para este capítulo la única canción añadida es "Live to Tell" de Madonna.