Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!
Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!
Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.
Capítulo 2 - Recuérdame
Seasons change with the scenery
Weaving time in a tapestry
Won't you stop and remember me
"A Hazy Shade of Winter" de The Bangles
(original de Simon & Garfunkel) (1)
EDWARD
Era a mitad de la mañana del día siguiente cuando cargué el auto y salí de Seattle. Tardé siglos en conciliar el sueño, y una parte de mí se sintió cobarde por no haber partido de inmediato, pero algo en conducir hasta Forks en medio de la noche me ponía enfermo.
Cuando salió el sol, había recuperado el valor que había tenido diez años atrás. No se me escapaba que había sido más valiente a los catorce años que ahora, con casi veinticuatro. El tiempo cura las heridas y cicatriza la mierda que, en realidad, debería hacer que la cordura se rompiera como una ramita seca. Y, curiosamente, todos lo habíamos superado más o menos bien.
Más o menos bien. No perfecto. Ya no celebro mi cumpleaños. Eso cambió. Alice tampoco lo hizo, por años, pero una vez que entró a la universidad, dejó que Jasper la invitara, le comprara un pastel, y ese tipo de cosas.
La mayoría de nosotros habíamos terminado el Instituto en Forks, y unos cuantos fuimos juntos a la Universidad de Washington. Respiré hondo, cambiando de carril en la autopista, y me pregunté si, de haber estado todos juntos hacia el final del instituto, las cosas habrían ido de otra manera. Todos habíamos prometido volver si nos necesitaban, pero en cierto modo nos habíamos curado juntos. Aunque nos faltaban algunos amigos cuando llegó la hora de ir a la universidad.
La noche del decimocuarto cumpleaños de Alice y mío lo cambió todo. Y el miedo, la sangre y las peleas duraron hasta el final del curso y el verano.
Sonó el teléfono, sacándome de mis pensamientos, pero sonreí al ver el nombre que aparecía en la pantalla.
—Hola, mamá—, contesté.
—Cariño, solamente quería decirte que la casa está abierta para ti y Alice—, dijo. —Ojalá pudiéramos ir, pero tu padre tiene que trabajar.
La sola idea de que mis padres se acercaran a Forks me hizo sacudir la cabeza, aunque ella no podía verme.
—No, no. No pasa nada. Teniendo en cuenta por qué vamos a estar ahí, estaría dispuesto a apostar que se consumirá algo de alcohol. Puede que no sea bonito—, le dije, en realidad no bromeaba, porque honestamente me vendría bien un trago fuerte, a pesar de que sólo eran como las diez de la maldita mañana.
—No puedo creer que Charlie se haya ido—, susurró. —¿Has hablado con Bella?
—No. Pero estoy dispuesto a apostar todo lo que tengo a que estará allí—, respondí suavemente, esperando como el demonio tener razón. Necesitaba verla.
—De acuerdo, hijo. Por favor, dale nuestro cariño si la ves.
—Prometido—, exclamé.
—¿Sabes cómo ocurrió? ¿O qué pasó? —, me preguntó.
Respiré hondo. —No tengo datos concretos, pero al parecer Jacob ha desaparecido. Charlie se encontró con un... un... oso o..., o..., o algo así. Fue durante una búsqueda en el bosque cercano.
Apreté los dientes porque, dijeran lo que dijeran los artículos del periódico, sabía a ciencia cierta que no era un animal el que atacaba en aquellos malditos bosques. Y conociendo a Charlie, cayó luchando como un guerrero.
—¿Jacob Black?
—Sí, señora—, murmuré, negando con la cabeza. Quería decirle que a pesar de que Jake era más joven que el resto de nosotros, probablemente era el más valiente de todos, porque se quedó a hacer guardia mientras los demás nos íbamos a vivir nuestras vidas.
—Primero Rachel y ahora Jake—, susurró. —Billy debe tener el corazón destrozado.
—Mamá, yo... no puedo hacer esto ahora, ¿vale? Ya es bastante malo que conduzca hasta Forks para un funeral, pero la posibilidad de que sean dos está a punto de enfermarme.
—Claro, cariño. Por favor, dile a tu hermana que se reporte cuando ya estén instalados en la casa—, contestó amablemente.
—Lo haré.
—¿Edward? —, preguntó antes de terminar la llamada.
—Sí, mamá.
—Pasó algo la noche en que cumpliste catorce años, ¿verdad? —, preguntó de golpe.
Se me escapó una carcajada sin humor antes de que pudiera controlarla. —¿Quieres decir, además de Rachel?
—No. Quiero decir, sí. Rachel. Pero hay algo más, ¿no? —, preguntó, y el corazón me dio un vuelco.
Me mordí la lengua hasta que me dolió. Habíamos intentado decirles que en el bosque había algo más que animales. Tanto mamá como papá lo habían atribuido a la histeria, a la pena, y aunque todos teníamos esa mierda, había algo más. Sólo un adulto nos escuchó.
~oOo~
Edward – A los catorce...
—Y el hombre de negro apareció de repente detrás de ella en el espejo. Nadie la oyó gritar...— Me interrumpí, sonriendo ante los gemidos y escalofríos alrededor de la hoguera.
—¿Era un fantasma o qué? — bramó Emmett.
—Tal vez—, respondí, riendo cuando me lanzaron una bolsa de malvaviscos.
—Joder, hermano, cuentas las mejores historias—, dijo Jasper entre risas.
—Por eso va a ser el mejor escritor—, murmuró Bella, asintiendo un poco y apoyándose en mi hombro. —Me las creo todas.
—Tengo que orinar, y ahora no voy ni loca al bosque—, afirmó Rose, tirándome cosas ante mi risa.
—Iré contigo—, se ofreció Rachel, poniéndose de pie.
—Sí, yo también voy—. Bella apretó mi mano y me soltó, poniéndose de pie. —Vamos, Alice. Iremos todas juntas.
Jake lanzó el rollo de papel higiénico hacia las chicas, y su hermana lo atrapó.
Los demás nos quedamos callados. Escuchaba las risas de las chicas y el crujido de las ramitas bajo sus pies, pero también había ranas, grillos y lechuzas haciendo ruido, y un perro ladraba en algún lugar a lo lejos.
Jasper y Emmett hablaban de los videojuegos que ambos jugaban, y Jake comentaba algo, pero de pronto, todo aquel ruido se detuvo de golpe. Casi como si alguien hubiera pulsado la pausa en un video.
Simplemente... no había nada.
Miré a mi alrededor, sin poder evitar que se me erizaran los pelos del brazo.
—¡Shh! — Dije, y los chicos siguieron charlando. —¡Chicos, cállense! — Siseé, levantándome.
La falta de sonido no era natural. No tenía sentido. Y no estaba seguro de por qué me molestaba tanto cuando a mis amigos parecía no molestarles en absoluto. Algo se desdibujó entre los árboles y, cuando me concentré, no había nada más que quietud.
—Chicas, dense prisa—, grité. Nos estaban observando; podía sentirlo.
—¡Está bien! — oí gritar a Bella y Alice.
Jasper se levantó y vino a ponerse a mi lado. —¿Qué pasa?
—No lo sé. Algo está mal. Algo está...
Un pequeño y ligero chillido llegó a mis oídos, pero se acabó tan pronto como ocurrió. Otro movimiento borroso atravesó los árboles.
—¿Qué coño ha sido eso? — preguntó Emmett, levantándose.
—¡Chicas! — Grité. —¡Vamos!
—¡Rachel, date prisa! — Oí que Bella llamaba, pero no hubo respuesta, y eso nos puso a todas de los nervios. —¿Rach? Rachel, no jodas—, espetó Bella.
Nada. No hubo respuesta. No había nada: ni viento, ni grillos, ni ranas. Hasta que una de las chicas gritó, y no fue un grito de niña tonta. Era aterrador y me erizó la piel, porque me di cuenta de que era mi hermana.
—Jesucristo—, jadeó Jasper, haciendo señas a los demás para que se levantaran.
Los cuatro salimos corriendo en dirección al grito. Encontramos a las chicas llorando, excepto Rose, que estaba vomitando entre los arbustos.
Me quedé con la boca abierta al ver lo que había en el suelo. Rachel estaba tirada como una camisa desechada, sólo un montón de carne, pero mis ojos se clavaron en su cuello. Estaba desgarrado y la sangre salpicaba su camisa, su cara y su pelo.
—¿Qué coño? — Jake gritó. —¿Qué pasó?
—Llama al 911—, dijo Bella, pero era lo suficientemente lista como para saber que un hospital no iba a traer de vuelta a nuestra amiga. —¡Jazz, llama a papá! ¡Ahora!
Jasper sacó su teléfono, pulsó un botón y dijo tras una breve espera: —Tío Charlie, tienes que venir a casa de los Cullen. Ha habido... no sé. Algo le pasó a Rachel.
Otro borrón captó mi visión periférica, y giré la cabeza para intentar cogerlo esta vez, pero de nuevo, había desaparecido antes de que pudiera enfocar. Aunque juraría que parecía una mujer, una mujer pelirroja.
Jasper se estremeció y puso el teléfono en altavoz.
—¡Los quiero a todos fuera de ese maldito bosque ahora mismo! ¡Ahora, maldita sea! Nos vemos en casa de Carlisle. Estaré allí en menos de cinco minutos. ¡Ya!
—Vamos—, gruñí, echando otro vistazo rápido al bosque, pero nada se movía y los grillos seguían jodidamente silenciosos. —Todos. ¡Ahora!
No estábamos muy adentrados en el bosque desde mi casa. De hecho, justo detrás de nosotros, el reflector del patio trasero podía verse iluminando la oscuridad. Dejamos la hoguera, nuestras tiendas, nuestros sacos de dormir.
Irrumpimos por la puerta, despertando a mis padres, pero con solo mirarnos supieron que algo no iba bien.
—¿Qué pasó? — preguntó papá, haciendo recuento mental. —¿Dónde está Rachel?
—Ella...— Jadeé y miré a Jake, que parecía que iba a llorar, vomitar o ambas cosas. —Algo... Alguien la atacó. Había... Ella está...
—¿Un animal?
Sacudí la cabeza, pasándome las manos por el pelo. —No lo sé. No creo... ¡Hay algo ahí fuera!
—¿Está herida? —, preguntó, agarrándome por los hombros.
—Está muerta—, dijo Bella con lágrimas en los ojos. —Mi padre está en camino.
Todos nos sobresaltamos cuando Charlie llamó a la puerta. Mi madre lo dejó entrar y, de inmediato, Bella corrió hacia su padre. Charlie no estaba solo; había traído a unos cuantos agentes y, por las luces azules y rojas que parpadeaban en la puerta, una ambulancia.
Se volvió hacia mí y retuvo a su hija para poder verla. —Enséñenme lo que han encontrado—. Miró a mi padre. —Carlisle, tal vez quieras venir con nosotros.
—¡No voy a volver ahí fuera! — Alice gritó, apoyándose en mamá.
—Me quedaré con ellas—, se ofreció Jasper. —Ve, Ed.
Bella, Jake, Emmett y yo guiamos el camino de vuelta a nuestro campamento. Cuando pasamos por delante, empecé a explicarle a Charlie la extraña mierda, porque ahora los grillos, las ranas y los búhos habían vuelto a los ruidosos sonidos normales del bosque.
—Le juro, jefe, que vi a alguien corriendo, pero...
—¿Pero qué, hijo? —, preguntó, deteniéndonos y poniéndome las manos en los hombros. —¿Qué viste?
—Parecía una mujer. La segunda vez. La primera no la vi tan bien.
Asintió y señalamos hacia donde seguía Rachel. Mi padre se puso inmediatamente en modo médico, pero miró a Charlie por encima del hombro y negó con la cabeza.
—Oso, creo—, dijo papá con tristeza, acercándose para cerrar los ojos de Rachel.
—No era un oso—, susurré, negando con la cabeza. Cuando papá se limitó a mirarme con expresión triste, mis manos se cerraron en puños y grité: —¡Te lo estoy diciendo! No era un maldito oso.
Pude ver que mi propio padre no me creía. O si lo hacía, estaba asumiendo que yo estaba en pánico o era irracional en ese momento.
La mano de Bella se deslizó sobre mi puño cerrado. —¿Has visto pelo rojo? —. Cuando giré mi mirada hacia la suya, se estremeció. —La mujer. Era pelirroja. Como rojo botella. ¡Y se movía muy rápido!
—Sí... Sí, exactamente.
Charlie se acercó a nosotros dos y le cogió la cara a Bella. Su voz era baja, lo bastante alta para que Bella y yo le oyéramos cuando dijo: —Escúchenme los dos. Les creo, pero les prometo que nadie más lo hará. Prometo explicarlo, pero no aquí, y no en este momento. Por ahora, esto fue un oso. ¿Pueden prometérmelo?
Bella y yo asentimos. —Sí. Prometido—, dije en voz alta. —Creo que Emmett también lo vio.
—Bien, pues dile lo mismo al resto—, dijo Charlie, señalando con el pulgar por encima del hombro hacia mi casa. —Si quieren saber la verdad, hablaremos el domingo, cuando Renee vaya a la iglesia. ¿Entendido?
—Sí, señor—, le susurramos los dos.
Se alejó para hacer lo que tenía que hacer con Rachel, pero yo me volví hacia Bella.
—No estoy loco, ¿verdad?
Ella negó con la cabeza antes de que yo terminara. —Sentí que el bosque... se detenía, Edward. Y entonces algo siguió moviéndose en mi visión lateral—. Agitó una mano.
Cuando sacaron la bolsa negra del bosque, Bella empezó a llorar y yo la envolví en un abrazo.
~oOo~
—¿Edward? ¿Sigues ahí? — Mamá preguntó por los altavoces de mi auto.
—Sí, sí, mamá. Lo siento. Un pendejo casi me corta el paso—, mentí con facilidad, esperando que el cambio de tema la distrajera lo suficiente como para no hacerme más preguntas sobre Rachel.
—Te dejaré ir, Edward. Ten cuidado. Y saluda a todos de mi parte.
—Adiós, mamá.
Durante años, traté de no resentir a mis padres por no creernos. A ninguno nosotros. Causó tal ruptura que apenas les conté sobre mi vida de adolescente. Sólo sabían lo que veían: amigos, Bella, la escuela. No tenían ni idea de que el destino de la pequeña ciudad de Forks había recaído sobre los hombros de siete chicos menores de quince años.
Y Charlie.
Aún no estaba listo para ver mi antigua casa, así que me detuve en Forks Diner. Necesitaba café y tal vez algo de comer. Me estaba retrasando, pero me importaba una mierda en ese momento.
La campana sonó por encima de mí cuando entré por la puerta. Una voz me gritó que me sentara. Encontré una mesa vacía contra la pared del fondo y me senté mirando hacia las ventanas.
—Vaya, vaya, si es el famoso escritor—, oí a mi lado, pero sonreí ante los ojos azules y el pelo rubio.
—Rose—, dije, levantándome para abrazarla. —Me alegro de verte. ¿Hace cuánto regresaron?
—Oh, hará unos seis meses. En cuanto Emmett consiguió su nuevo puesto, nos mudamos de Portland—. Se sentó frente a mí cuando le hice un gesto silencioso. —Estaba decidido a volver a casa—. Levantó la barbilla con una sonrisa.
Emmett se acercó a la mesa, una enorme sonrisa se extendió por su rostro. —Joder, Ed. Me alegro de verte, amigo.
Creo que, de todos nosotros, Emmett era el que más había cambiado. Físicamente, al menos. Su sonrisa tenue, su encanto infantil... todo seguía igual, pero ya no era el niño regordete. Era jodidamente enorme: hombros anchos, bíceps abultados y se había disparado hasta ser más alto que yo.
—Oficial McCarty... Señor—. Me reí al ver que ponía los ojos en blanco. —¿Volviste para ser policía?
Se sentó en la mesa junto a la que su esposa desde hacía dos años. Sus ojos recorrieron la cafetería. Nadie nos prestaba atención.
—Tenía la sensación de que todos volveríamos—. Se encogió de hombros, jugando con el salero. —Cuando no pudimos encontrar a Jake, y ahora con Charlie... fui yo quien envió los artículos a todos. El problema es que... ¡no está la puta llave, Ed!
—Jake me la envió. Yo la tengo.
—Menos mal—, dijo Rose a través de un suspiro aliviado.
—Él sabía que estaba empezando de nuevo—, dijo Emmett, asintiendo un poco. —Me llamó hace unos diez meses, dijo que alguien había estado cazando campistas en el bosque, así que cuando decidí volver a casa, llamé a Charlie para pedirle trabajo. Supuse que necesitaría ayuda, sobre todo la clase de ayuda que supiera la verdad.
Una camarera se acercó a la mesa, y Rose sonrió hacia mí, diciendo: —Café, por favor, Jessica.
Tenía miedo de mirar, sinceramente, pero lo hice. Jessica Stanley tenía exactamente el mismo aspecto que tenía en el instituto, sólo un poco cansada de la vida alrededor de los ojos.
—¡Edward! —, dijo casi chillando. —¿Qué estás haciendo estos días?
—Amigo—. Emmett soltó una carcajada, sacudiendo la cabeza.
—Jess, él es uno de esos escritores más importantes de la lista de los más vendidos del New York Times—, afirmó Rose sin apenas disimular su desdén.
—Oh, no leo mucho. Es aburrido—, resopló, encogiéndose de hombros. —Les traeré café.
—Joder—, susurró Rose, poniendo los ojos en blanco. —No me extraña que Bella casi le diera un puñetazo en clase de Literatura en Décimo.
Sonreí, sacudiendo la cabeza. Miré a Rose a los ojos. —¿Has hablado con ella?
Asintió. —Está en camino. Está... Demonios, Edward, prepárate. Está enfadada. Por algo más que Charlie—. Ella levantó una ceja hacia mí.
Asentí con la cabeza y traté de contener las ganas de llorar. —Lo sé. Ojalá todo hubiera sido diferente, pero cuando Renee y Charlie se divorciaron...
Emmett tarareó y asintió. —Sí, eso fue duro. Bella quería quedarse aquí, pero Charlie la quería a salvo.
—Peor aún, Jasper se quedó con Charlie—, añadí, arrugando un poco la nariz. —Yo no quería que ella se fuera, pero la quería a salvo. Yo sólo... Hemos hablado de esa mierda, sin embargo. Ella sabe por qué le dije que debía ir.
—Pero nunca fue lo mismo entre ustedes—, Rose terminó por mí, y negué con la cabeza. —Sí, lo sé. He defendido tu caso más veces de las que puedo contar. Creo que ella lo sabe. Es tan terca, pero creo que la vida con Renee no ha sido fácil.
—No, nunca fue lo mismo. No me habló durante meses, y cuando lo hizo, fue entrecortado. La última vez que le dije que la amaba, yo estaba a punto de aplicar a la UW. Quería que ella también lo hiciera. Me dijo rotundamente que no y nunca más me volvió a contestar—, les conté. —Nos escribimos durante la universidad y después, pero era como... amigos por correspondencia, porque al final ella viajaba por trabajo. Somos amigos—. Hice una mueca con ese título. —Y de verdad, aceptaré lo que ella quiera darme, pero no me arrepiento de haberla mantenido a salvo.
Emmett resopló, diciendo: —Y ahora todos estamos a punto de volver a meternos en la mierda. Incluyendo a Bella.
Pusieron tres tazas de café sobre la mesa, e ignoramos a Jessica en su mayor parte porque Emmett me miró.
—Supongo que te quedarás en casa de tus padres, ¿verdad? —. Cuando asentí, continuó. —Vale, bien. Una vez estemos todos, nos reuniremos allí. Fijaremos una hora antes del funeral del domingo.
—¿Cuánto tiempo piensas quedarte, Edward? —. preguntó Rose.
Sonreí tristemente, encogiéndome de hombros. —Supongo que hasta que terminemos.
~oOo~
(1) Las estaciones cambian con el paisaje,
tejiendo el tiempo en un tapiz,
¿No te detendrás y me recordarás?
La playlist ha sido actualizada con los temas de este capítulo:
"Hazy Shade of Winter" de The Bangles
"Enter Sandman" de Metallica
