Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!

Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!

Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.


Capítulo 4 - Cuando estás solo

People are strange is when you're a stranger

Faces look ugly when you're alone

Women seem wicked when you're unwanted

Streets are uneven when you're down

When you're strange

Faces come out of the rain

When you're strange

No one remembers your name

"People Are Strange" por Echo & the Bunnymen (original de The Doors) (1)

BELLA

—Tómate tu tiempo, Isabella—, dijo el reverendo Weber, dándome un apretón en el hombro.

—Gracias—, le susurré, hundiendo mis dedos en el pelaje de Max para evitar perderme.

Miré el ataúd que tenía delante y oí a la gente salir del cementerio cerrando las puertas de los autos y gritando «hasta luego». Una rápida mirada detrás de mí y pude ver que mis amigos eran un muro de apoyo, pero era Jasper quien caminaba hacia mí. El mero hecho de verlos me trajo sentimientos de hogar, comodidad y facilidad, por no hablar de miedo, promesas y sangre.

Se sentó a mi lado y me dijo: —Algunas de esas viejas de la iglesia querían llevar comida, pero les dijimos que no. Hemos pensado que tío Charlie se despediría mejor con unas hamburguesas, cerveza y sólo nosotros.

Sonreí con satisfacción y asentí. —Creo que murió pensando que lo odiaba, Jazz—, susurré, apoyándome en él cuando me rodeó el hombro con un brazo.

—No. No lo hacía. Te lo prometo—. Cuando miré a mi primo, que era más como un hermano, negó con la cabeza. —Pensó que estaba haciendo lo correcto, pero después de esos primeros meses en los que no estabas y cómo la tía Renee llamaba toda loca y toda esa mierda... Creo que sintió que la había cagado.

Resoplé burlonamente. —¿Tú crees? — Me pasé el pulgar una y otra vez por la cicatriz que tenía en la parte interior de la muñeca por debajo de las mangas largas, pero la cicatriz sólo se podía palpar, no ver, porque estaba cubierta de tinta. —¿Crees que fue un error? ¿Qué parte? ¿Enviarme lejos de todos los que amaba, o enviarme con alguien que claramente se le estaban aflojando los tornillos?

Jasper hizo una mueca. —Sí. Simplemente... sí, Bells.

—Tardé meses sólo en poder llamarlos, incluso más en recuperar mi teléfono y mi portátil de ella. Estaba convencida de que todo lo que decía era una puta mentira y que todo era por tu culpa, la de papá y la de ellos—. Hice un gesto con el pulgar hacia el grupo que estaba detrás de nosotros y que no se había movido. —¿Sabes lo que pasa cuando alguien te dice una y otra vez que tú eres la razón de todo lo malo? ¿Que tus propios recuerdos son una mierda? Empiezas a creértelo.

Cerré las manos en puños apretados sobre mi regazo, pero Max le dio a una de ellas un rápido y ligero lametón. Aflojé el puño y le pasé una mano plana por la cabeza, jugueteando un segundo con su oreja suave como el terciopelo.

—Joder, Jasper, lo había vivido, lo había presenciado, había participado en ello, y al final de mi último año en el instituto, casi me había convencido de que estaba jodidamente loca—, rechiné entre dientes, con el pulgar frotando una y otra vez la cicatriz de la parte interior de mi muñeca.

—Lo sé, Bells.

—¿Lo sabe él? — le pregunté a Jasper.

—No, señora. Me hiciste jurarlo. Ni siquiera Alice lo sabe.

—Se lo diré, pero lo conozco. Se va a volver loco. Se esforzó mucho antes de mudarme, me hacía creer que le parecía bien, que se adaptaría, y yo...—. Me interrumpí, sacudiendo la cabeza. —Le debo una disculpa a Edward.

—Tal vez. Fue un desastre durante mucho tiempo—, admitió Jasper. —Pero todos lo fuimos. Y nosotros éramos nuestra propia terapia de grupo, mientras tú sufrías sola. Y por eso, mi dulce prima, lo siento.

—No fue tu culpa.

—Eso no significa que no lo sienta, Baby Ruth.

Soltando una carcajada, negué con la cabeza. —Hoy no es el día para ponerme a prueba, idiota.

La sonrisa de Jasper era torcida y malvada, pero era como mi hermano. Cuando éramos pequeños, solíamos decirle a la gente que éramos mellizos como Edward y Alice, pero papá nos decía que «dejáramos de tomarle el pelo a la gente».

Me levanté, cogiendo una flor de encima del ataúd y llevándomela a la nariz.

—¿Alguna vez has deseado que no hubiera sido sincero? — preguntó Jasper en voz baja, metiendo las manos en los bolsillos delanteros de sus pantalones de vestir.

—No, nunca lamentaré su sinceridad. Después de lo que he pasado, la honestidad lo es todo.

~oOo~

Bella – A los trece...

El partido de béisbol estaba sintonizado en la sala de estar, pero la habitación se sentía pesada. La pérdida de Rachel era una cosa, pero la anticipación de lo que mi padre quería decirnos era más pesada.

Empujé los cereales en el tazón, sin saborear realmente nada, pero necesitaba sentirme normal, parecer normal, porque papá no quería que mamá supiera nada.

—¿Por qué vienen todos tus amigos? ¿No los acabas de ver por el cumpleaños de Alice y Edward? — preguntó mamá, dejando su taza de café.

Estaba vestida para ir a la iglesia y un poco enfadada porque yo no iba con ella. Jasper puso los ojos en blanco mientras prácticamente se metía una pop-tart (2) en la boca.

—Porque les prometí perritos calientes a la parrilla y el partido de hoy en la pantalla plana—, le contestó papá con suavidad. —Dales un respiro, Renee. Perdieron a una amiga hace dos noches.

Mamá arrugó la nariz pero asintió, murmurando: —Este bosque nos matará a todos—. Se levantó de la mesa, cogió las llaves y el bolso y respondió a los golpes en la puerta.

Todos mis amigos la saludaron, pero ella apenas dijo algo mientras salía de casa y se metía en el auto.

—Chicos, siéntense todos—, dijo papá señalando la mesa.

—Claro, jefe—, contestó Emmett.

Rose se sentó en la silla a mi lado, y Edward ocupó mi otro lado. Alice saltó a la encimera y Jasper se colocó a su lado. Emmett giró la última silla y se sentó a horcajadas sobre ella.

—Necesito que, por favor, me prometan que lo que hablemos hoy no saldrá de esta casa, de este grupo de personas—, empezó papá, y todos murmuramos que sí. Se frotó el bigote un momento, mirándonos. —¿Cómo empiezo? — preguntó, sin querer realmente una respuesta.

— ¿Jefe? — Edward llamó en voz baja, y mi padre lo miró.

Intenté concentrarme en la seriedad de la situación, pero era difícil cuando recordaba el beso de agradecimiento de Edward por su regalo de cumpleaños. Era sin duda el chico más guapo de nuestro instituto, pero también un amigo increíble. Todavía tenía el pelo un poco húmedo de la ducha y se le caía por todas partes, como siempre, y jugueteaba con el diario que le había regalado en la mesa que tenía delante. Me alegró que le gustara; nunca iba a ninguna parte sin un cuaderno y un bolígrafo encima.

—¿Sí, Ed?

—Tú... dijiste que no estaba loco. Que realmente vi algo el viernes por la noche. Algo que no era un oso—. Edward sonaba inseguro, pero se había enfadado cuando nadie parecía escucharnos sobre Rachel.

—Lo vi.

—Tío C, ¿estamos esperando a Jake? — preguntó Jasper.

—No, colega, está con su familia. Hablaré con él más tarde, pero conociendo a Billy, probablemente ya lo sepa—, dijo crípticamente papá, recostándose contra la estufa y cruzando los brazos sobre el pecho. —Está bien, ¿quién de ustedes ha leído Drácula?

Edward y yo levantamos inmediatamente la mano, y Jasper soltó una carcajada, diciendo: —Por supuesto que ustedes dos.

—Sólo porque no sabes leer—, me burlé de él, sonriendo ante la risita de Edward.

—Cállate, Baby Ruth—, replicó Jasper.

—Sigue así—, le advertí, señalándolo con la cuchara y bajándola por fin.

Mi padre sonrió ante la burla y negó con la cabeza. —Vale, supuse que ustedes dos conocerían el libro.

—He visto algunas películas sobre Drácula—, dijo Emmett.

—Muy bien, perfecto—. Papá se volvió hacia Edward, diciendo: —No era un oso. Hay algunas leyendas por ahí que se basan en cosas reales, hijo.

Toda la cocina se quedó helada.

—E-Espera—, empezó Edward. —Quieres decir que... la mujer pelirroja era...

—Vampiro.

La palabra, aunque sonaba tonta e irreal, dicha en voz alta en mi casa cayó con dureza en la habitación. Era una palabra que rara vez se oía fuera de un disfraz de Halloween. Y recordé la noche del viernes. Había tenido la extraña sensación de que me observaban, todos los grillos se habían callado, y entonces apareció Rachel. No solamente Rachel, sino el cuello de Rachel.

—Dios mío, su cuello—, susurré, con la boca abierta mientras cruzaba miradas con los preciosos ojos verdes de Edward. —¿En serio?

—No, esas cosas son solo... ficción—, replicó Alice, pero se detuvo cuando mi padre miró hacia ella. —Oh, demonios. No lo es.

Papá sacudió la cabeza con tristeza. —No lo es, y sinceramente, niños, si no hubieran dicho nada de la mujer, no estaría teniendo esta conversación con ustedes, pero todos estuvieron ahí. Y me temo que ellos volverán.

La mano de Edward cayó sobre su diario. —Ellos. Como... Más como la mujer.

—Sí.

—¿Cuántos? — preguntó Rose.

—Creo que son tres—, le contestó papá. —Y si los han visto, es posible que vuelvan a...

—Eliminar a los testigos—, terminé por él, y mi padre asintió nervioso.

—Bueno, ¿qué vamos a hacer? — Jasper le preguntó. —Quiero decir, si no nos estás hablando mierda...

—No, ojalá fuera así, pero no lo estoy—. Papá se apartó de la estufa, diciendo: —Vengan conmigo. Todos.

Nos llevó a través de la sala de estar hasta la puerta trasera, sacando las llaves de su cobertizo en el patio trasero. Últimamente trabajaba mucho allí, pero le echaba la culpa al motor del cortacésped o al filo de las tijeras podadoras. Pero cuando abrió las puertas pude ver que había estado cambiando algunas cosas.

A lo largo de una pared estaban las cosas habituales del cobertizo: cosas del césped, herramientas, neumáticos para la nieve. Todo estaba perfectamente colocado a lo largo del lado izquierdo. En el lado derecho había un nuevo banco de trabajo, pero también un enorme mapa del noroeste del Pacífico en la pared, y en ese mapa había chinchetas rojas. Y esas chinchetas estaban por todo Forks, La Push, Port Angeles y el Parque Nacional Olímpic.

Nos reunimos a su alrededor y señaló el mapa. —Chicos, no siempre creí en estas cosas. Lo juro. Pero empezó aquí—, dijo, señalando un punto entre La Push y Forks. —Bella, probablemente tenías unos dos años, y Jazz, acababas de venir a vivir conmigo. Yo aún llevaba uniforme por aquel entonces, y estaba de patrullero en la noche y me llamaron para comprobar un auto averiado en la autopista.

Me moví nerviosamente porque podía sentir cómo se iba a desarrollar esta historia.

—Llamé a la central cuando encontré el auto—, continuó, dirigiéndose a un cajón que había encima del banco de trabajo. Sacó un montón de papeles y los dejó encima. —No les voy a mostrar todo, porque ya han visto los resultados, pero cuando llegué a la puerta del conductor, estaba abierta de par en par y no había nadie. ¿Pero lo más extraño? No había ni un sonido ahí fuera, ni búhos ululando ni lobos aullando. Ni siquiera grillos. Ni siquiera grillos.

Edward y yo nos quedamos boquiabiertos mirando a mi padre.

—Sí, lo sé. Los dos han dicho lo mismo. Lo sé—. Levantó una foto de un auto viejo con la puerta abierta. —Aquí no tenemos exactamente una unidad de CSI de guardia las veinticuatro horas del día, así que solemos fotografiar las cosas nosotros mismos. Así que empecé yo. Llevaba una Canon en el auto.

Entrecerré los ojos al ver la foto que sostenía, pero me quedé con la boca abierta al ver lo que realmente intentaba mostrarnos.

—Dios mío—, susurré, sujetando la foto.

Todos nos apretujamos para mirar, y justo fuera del foco del auto, había bosque, bosque y más bosque, excepto que había una mancha borrosa rompiendo el bosque.

Y era pelirroja.

—Mierda—, siseó Edward en voz baja, mirando a mi padre. —Lo siento.

Papá le hizo un gesto con la mano. —Podrías decir cosas peores, Ed. Y de verdad, lo entiendo—. Levantó dos fotos más y se las cogimos. —Sinceramente, no los vi en el fondo hasta que las imprimí.

La siguiente foto tenía el mismo auto, pero era de un ángulo diferente. En el fondo se veía borroso lo que yo habría adivinado que era un hombre: pelo largo y rubio, pantalones oscuros. Y la siguiente foto, desde otro ángulo, era la más clara. Había un hombre negro, alto, con largas rastas. Sonreía, pero no era una sonrisa feliz, así que ¿quizá gruñía?

—Yo vi a este—, dijo Emmett, levantando la foto con el rubio al fondo.

—Edward y yo la vimos—, dije yo, levantando la de la pelirroja. Miré a mi padre y le pregunté: —¿Qué podemos hacer?

—Hay un patrón, y si te fijas bien en el mapa.

—Se forma un círculo—, gritó Alice, saltando sobre el banco de trabajo. Cogió un lápiz y dibujó ligeramente un círculo.

—Sí, exacto, pequeña—, la elogió papá, ayudándola a bajar. —Por lo que he visto, por todas las personas desaparecidas y los «ataques de animales», suelen pasar por aquí cada diez años, quedándose un año más o menos. He investigado en los registros policiales, y se remonta a décadas atrás.

—¿Alguien los ha denunciado alguna vez? — preguntó Edward en voz baja, mirando las fotos y estudiando el mapa.

—Ah, sí. ¿Y quieres saber qué pasó?

—También desaparecieron.

—Algunas veces. O un accidente de auto, o un allanamiento de morada.

—¿Qué podemos hacer? — preguntó Jasper, apoyándose en el banco de trabajo junto a Edward. —Todos los hemos visto, tío C.

—¿Alguno de ustedes conoce las reglas de los vampiros? ¿Cómo se pueden repeler? —, nos preguntó.

—¡Pues sí! Son como las reglas de las películas de terror—, contestó Emmett. —Agua bendita, crucifijos, plata, ajo... todo eso los repele. La luz del sol, las estacas en el corazón y la decapitación pueden matarlos. El fuego también.

—Umm, tierra sagrada - como iglesias y templos - no pueden entrar en ellos—, dijo Edward asintiendo con la cabeza.

—Necesitan dormir de día—, añadí. —¿En ataúdes? Drácula, necesitaba la tierra en la que fue enterrado originalmente.

—Y sus poderes...— Edward me señaló. —Si estamos usando a Drácula, entonces pueden transformarse en niebla o en murciélagos. Pueden hipnotizar a sus víctimas, o sirvientes, porque necesitan a alguien que trabaje de día.

Miré a papá. —¿Qué hacemos si vienen por nosotros?

—Les enseñaré a protegerse, a proteger sus casas y, si podemos, los detendremos.

Se dirigió a un armario alto en la esquina y abrió las puertas dobles. Dentro había botellas de agua, cabezas de ajo y simples cruces de madera. Y me di cuenta de que tenía esas últimas cosas por toda la casa. Estaban sutilmente colocadas en macetas, alféizares y sobre las puertas.

—Mírenme, niños—, nos instó papá, e hicimos lo que nos pedía. —No pueden decírselo a nadie, pero debo mantenerlos a salvo. Ustedes los han visto, y si el patrón se mantiene, entonces...

—Tendremos que protegernos entre nosotros y a nosotros mismos—, terminó Edward por él, agarrando una botellita de agua bendita. —Me apunto, jefe.

—Me apunto—, dijo Rose, que llevaba un rato callada.

—Sí, yo también—, juró Emmett, tomando una cruz.

Jasper asintió, y yo miré a papá. —Muy bien, dinos qué hacer.

~oOo~

—Hizo todo lo que pudo para mantenernos a salvo—, señaló Jasper, encogiéndose de hombros.

—Lo sé. Sólo que no entendía por qué era a mí a quien enviaba lejos. Por qué mi seguridad era diferente a la de los demás—, murmuré, haciendo girar la flor entre los dedos.

—En realidad, siempre supuse que te había enviado para proteger a Renee—, admitió Jasper en voz baja. —Nunca lo dijo, pero creo que ella ha visto a esos monstruos y simplemente no sabía qué coño eran.

Respiré hondo, dejándolo salir lentamente. —Demasiado para su honestidad.

—No tenías miedo, Bella, no de ellos. Tenías miedo de cosas normales de adolescentes, pero no de demonios chupasangre. Él lo sabía. Demonios, todos lo sabíamos.

Resoplé, asintiendo un poco. —Sí, pero no creo que él conociera a mamá. O al menos no sabía lo resentida que ella estaba conmigo—. Mi teléfono sonó en mi bolsillo, y lo levanté, mostrando el número de mi madre. —Todavía lo está, solo que ahora no le doy mucho poder. También tardé mucho en aprenderlo.

Rechacé la llamada y guardé el teléfono en el bolso. Volví a sentarme y Max se sentó inmediatamente a mis pies. Miré el ataúd que tenía delante durante unos minutos más, intentando olvidar mi rabia, intentando recordar al hombre que me enseñó a pescar, que nos animó a Edward y a mí a leer y escribir y a aprender, el que era mucho más bromista de lo que los habitantes de Forks sabían que era su jefe de policía.

Pero sobre todo recordaba abrazos, risas y a mi padre dejándose la piel para salvarnos.

Me sequé las lágrimas, pero unos pañuelos doblados aparecieron ante mí. Se los recibí a Edward mientras se arrodillaba frente a mí. Max nos miró y se inclinó para olisquear la cara y el cuello de Edward.

—Hola, Max—, saludó, y Max extendió una pata, que Edward tomó con una dulce sonrisa.

—Lo siento—, dije entre sollozos. —Sólo quiere conocerte. Y gracias—. Levanté los pañuelos.

Edward soltó una risita, pero se centró en mí. —Sí, bueno. Si algo me enseñó mi madre es a estar preparado, aunque en aquel momento creo que se refería a mi hermana.

Sonreí y asentí. Dios, había echado de menos esa cara. Edward Cullen me parecía guapísimo en la secundaria y muy sexy en el instituto, pero el hombre que estaba arrodillado ante mí ahora lo dejaba en evidencia. La redondeada cara de niño había desaparecido, dejando una mandíbula afilada, una sonrisa impresionante y un ceño fruncido y preocupado. Tenía el pelo un poco más suelto, pero sabía que al final del día estaría desordenado porque no podía apartar las manos de él. Era ancho de hombros y delgado, pero ya no estaba tan delgado como antes, y eso le sentaba bien.

Pero lo que no había cambiado eran esos hermosos ojos verdes. Eran exactamente los mismos. Eran amables, preocupados y cálidos. Y a pesar de haber manejado mal las cosas en aquel entonces, no había ni una pizca de ira o amargura que se viera en esos preciosos ojos.

—Sé que tenemos cosas que hacer y que tenemos que hablar de Jake, y tengo algo que enseñarles, pero me gustaría ponerme al día con todos ustedes esta noche—, le dije.

—La cerveza está en mi casa. Recogeremos las hamburguesas de camino—, dijo sin perder un segundo.

Asentí con una sonrisa y volví a llorar al mirar el ataúd de mi padre. Me limpié los ojos con los pañuelos, me levanté y sujeté la correa de Max. Me parecía mal prepararme para una pelea sin mi padre. Parecía un poco desalentador ser adulta ahora, sobre todo porque la única persona que había luchado durante años se había ido. Si habían llegado a papá, entonces no se sabía lo que harían con el resto de nosotros.

~oOo~

(1) La gente es extraña, cuando tú eres un extraño.

Los rostros se ven feos cuando estás solo.

Las mujeres parecen malvadas, cuando no eres deseado.

Las calles son disparejas, cuando te has caído.

Cuando eres un extraño,

Las caras salen de la lluvia.

Cuando eres un extraño,

Nadie recuerda tu nombre.

(2) Pop-tarts es el nombre con que se le conoce a unas tartas planas, rectangulares y prehorneadas hechas por la compañía Kellogg's. Los Pop-Tarts contienen un relleno dulce sellado entre dos capas de masa.


Nota de la autora: Sin bromear. Algunos de ustedes estarán felices de saber que estos no son los vampiros brillantes de Crepúsculo. Sólo para que lo sepas. Aquí es donde el resto de mis influencias entran en juego: "The Last Boys" [Jóvenes ocultos en España, Los muchachos perdidos, Generación perdida o Jóvenes del mal en Hispanoamérica], "Drácula" (con todas sus muchas, muchas versiones), "Blade", "Interview with the Vampire" [Entrevista con el vampiro], "30 Days of Night" [30 días de oscuridad en Argentina y España, 30 días de noche en Hispanoamérica]... y así sucesivamente. Sin embargo, la más importante fue The Last Boys, algo que siempre había querido incorporar a un fanfic de Twilight, pero que no acababa de funcionar... hasta ahora, porque lo he abordado desde una dirección diferente.

La historia de Bella aún no ha terminado.

Nota de la traductora: Si has comentado, seguro has recibido un mensaje de respuesta de mi parte, si no es así, es posible que tengas inhabilitada la opción de mensajería privada o seas un "Guest", en ese caso, por favor déjame un correo (dejando espacio, por ejemplo: ericastelo arroba gmail com) para poder responderte. ¡Gracias!

*Canciones añadidas a la lista de reproducción:

"People Are Strange" de Echo & the Bunnymen (original de The Doors).

"Lost in the Shadows" de Lou Gramm.