Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!

Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!

Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.


Capítulo 6 — Ese grito que escucho

Last fire will rise behind those eyes,

Black house will rock, blind boys don't lie.

Immortal fear, that voice so clear,

Through broken walls, that scream I hear.

Cry, little sister (Thou shall not fall)

Come, come to your brother (Thou shall not die)

Unchain me, sister (Thou shall not fear)

Love is with your brother (Thou shall not kill)

"Cry Little Sister" por Gerard McMahon (1)

.

EDWARD

—¡Ed! ¿Todo sigue ahí? — preguntó Emmett, corriendo hacia mi viejo armario.

—Debería estar. No toqué nada cuando me mudé a Seattle—, respondí, cerrando la puerta del dormitorio y corriendo hacia las ventanas para cerrar las persianas.

A Max le brillaron los dientes y gruñó por lo bajo mientras estudiaba la ventana que yo acababa de dejar. También parecía haber aumentado de tamaño: el pelo de la espalda, las orejas erguidas y el pecho expandido. Pero fueron los bufidos y los dientes aterradoramente afilados los que me habrían asustado si no hubiera estado delante de Bella desafiando al maldito demonio a acercarse a ellos.

Cuando éramos niños, Charlie nos enseñó a tomar una habitación de la casa y hacerla "segura". Una vez que habíamos decidido qué habitación, la tratábamos con todas las cosas que necesitábamos para defendernos de los vampiros. Cruces, agua bendita y armas, Emmett sacaba estas últimas de mi armario.

Las risas agudas resonaron por toda la casa desde afuera. A ellas se unieron burlas y gritos masculinos, aullidos y gruñidos. Los pendejos podían volar, o quizá simplemente saltar alto, así que no me sorprendió cuando las voces se burlaron al otro lado de la ventana.

—Veo que esta vez ha traído refuerzos—, observó Jasper, recibiéndole una ballesta a Emmett y cargándola con una flecha con punta de plata.

—Han pasado diez años—, dijo Bella, probando una pistola de agua llena con agua bendita. —Ha tenido tiempo de planearlo, de cabrearse cada vez más, y ha venido por la llave.

—Ella no puede tener la maldita llave—, declaré, buscando debajo de mi cama la otra ballesta. —Y buena suerte entrando aquí—, dije lo suficientemente alto para los pendejos de afuera. —Las ventanas son de espino, y la puerta del dormitorio también.

—¿Sangre de hombre muerto? — Preguntó Rose, aplastándose junto a la ventana para asomarse al exterior. —¿Está en las ventanas y puertas?

—Bueno, sí, pero esa mierda ya se habrá lavado, estoy seguro—, le dije, volviendo mi atención al sonido de los golpes en la puerta principal. —Últimamente no he ido a la morgue precisamente.

Sin embargo, sonreí cuando intentaron abrir el pomo de la puerta, que era de hierro. El grito era fuerte y furioso, pero alguien afuera se estaba curando una mano quemada.

—Van a romper una ventana—, advirtió Bella, y el cristal al romperse nos hizo retroceder a todos cuando una gran roca cayó al suelo.

Al mismo tiempo, las persianas fueron arrancadas y, de repente, nos encontramos cara a cara con la puta que había atormentado nuestros sueños durante años. Pelo rojo antinatural, ojos que parecían brillar en la oscuridad y colmillos que aún goteaban la sangre de su última víctima. Su sonrisa era espeluznante y tan segura de sí misma.

Alcanzó los barrotes de la ventana, pensando que eran de acero. Sin embargo, no lo eran; eran de hierro, y gritó al mismo tiempo que Jasper y yo soltábamos dos flechas. Una la alcanzó en el brazo. La otra pasó velozmente justo al lado de su cara.

Otra ventana se hizo añicos, y Emmett y Bella estaban allí con pistolas de agua, junto con Alice con una espada cubierta de plata. Chorros de agua bendita golpearon a un vampiro en la cara, y empezó a gritar cuando su cara chisporroteó y ardió. El olor era como a carne podrida. Alice atacó su pecho, pero el vampiro se apartó justo a tiempo.

Cuando ese se alejó de la casa, el siguiente corrió la misma suerte, por no hablar de una flecha en su pecho. En cuanto la plata le atravesó el corazón, estalló en llamas, cayendo al patio delantero.

—¡Mierda! —, oí susurrar a Bella, con la boca abierta al ver al siguiente vampiro en la ventana.

—Ah, Cristo—, gimió Jasper. —Jake.

Ya no era nuestro amigo de la infancia, y sabía a ciencia cierta que la muy zorra lo había hecho para jodernos. Tenía el tatuaje del antebrazo mutilado y lleno de cicatrices, los ojos le brillaban de un amarillo espeluznante y nos gruñía a través de los barrotes, asegurándose de no tocarlos.

Si lo tenían, era posible que les hubiera contado secretos, pero no podía estar seguro y, sinceramente, no tenía tiempo para pensar mucho en ello. Sabía que Jake preferiría morir antes que convertirse en uno de esos bastardos.

—Carajo, Jake—, susurré, caminando despacio hacia la ventana y levantando mi arma mientras destellaban colmillos y me escupían gruñidos. —Lo siento, amigo.

Apreté el gatillo y él estalló en llamas, cayendo al césped donde quedó hecho cenizas. Sacudiendo la cabeza, me preparé para otro ataque, pero no llegó nada. Afuera había silencio, pero un silencio normal: habían vuelto los sonidos de grillos y ranas, y un gato callejero gritaba desde la calle.

—Mierda—, siseé, sentándome en el borde de la cama. —Maldita sea, Jake.

La habitación estaba en silencio, pero nadie había bajado la guardia todavía.

—¿Están todos bien?— preguntó Bella sin aliento.

—Sí, sí—, respondió Emmett.

—Estoy bien—, replicó Jasper.

Tanto Rose como Alice asintieron, y yo me encontré con la mirada de Bella, diciendo: —Estoy bien. Supongo que el viejo sistema de Charlie aún funciona.

La sonrisa de Bella era emotiva y llorosa, pero asintió. —Supongo que sí—, convino, pasando una mano a ciegas por la cabeza de Max.

—Es todo un guerrero, Bells—, señaló Emmett, señalando a Max con la barbilla.

Ella sonrió, miró a su perro y le revolvió el pelo. —Sí, lo es. Deberías verlo reaccionar ante mi madre. Esto fue jodidamente suave en comparación.

No pude contener la carcajada que brotó de mí. Estoy seguro de que fue un algo de adrenalina sobrante o simplemente demasiadas cosas sucediendo a la vez, pero salió con fuerza. Después de oír todo lo que le había pasado cuando se había mudado con Renee, me había vuelto retraído. Rara vez me excedía fumando, sólo cuando estaba completamente estresado, pero toda esa conversación me había llevado demasiado lejos.

Jasper me había jurado que Bella estaba bien, que se encontraba bien, pero había estado lejos de estarlo. Pero no podía reprochárselo. Había hecho lo que cualquiera de nosotros habría hecho. Juró proteger su secreto. Le dio su palabra de que nunca se lo diría a nadie. La amaba, y aparentemente se lo había ocultado incluso a mi hermana, lo que me decía que había estado dispuesto a llevárselo a la tumba.

—Supongo que iremos de excursión cuando salga el sol—, declaró Emmett, deteniendo mis miradas sin reparos hacia Bella, porque desde que hablamos, estaba sintiendo todo de nuevo con ella.

—Ya sé que sí, pero joder, no quiero— dijo Alice entre gemidos. —Después de diez malditos años, no puedo imaginarme cómo estará eso allá.

Asintiendo, me levanté y miré el reloj. —Voto por que acampemos todos aquí esta noche. No sé si volverán a intentarlo, pero no estoy seguro de querer correr ese riesgo—. Miré a Emmett. —Y supongo que hemos encontrado a Jake, ¿qué quieres hacer con Billy?

—Se lo diré—, dijo Emmett con tristeza, abriendo la puerta de mi habitación. —Vamos, chicos. Recojan sus cosas. Vamos a dormir en el piso.

—Vaya, como si nunca hubiéramos hecho eso antes—, declaró Bella sarcásticamente de camino a la habitación de invitados.

Era verdad. Desde la secundaria, todas las pijamadas terminaban en una habitación, aunque esa habitación fuera una sala de estar o un estudio. Nos quedábamos dormidos viendo la tele o jugando, o se dormían cuando yo contaba un cuento. No fue hasta que nos hicimos mayores, en edad de ir al instituto, cuando hubo que separar las fiestas de pijamas. En Décimo grado, Jasper y Alice ya eran pareja. También lo éramos Bella y yo. Rose luchó contra sus sentimientos por Emmett hasta que estuvimos en Undécimo. Vigilancia o no, todos acabábamos desperdigados por algún piso: la casa de Charlie, la nuestra o la de Emmett. Nunca íbamos a casa de Rose porque su relación con sus padres era tensa. Y la casa de Jake y Rachel era pequeña, así que no cabían ocho niños.

Pensar en Jake me hizo frotarme la cara y pasarme los dedos por el pelo. Volví a sentarme en la cama y me miré los zapatos. Quería enfadarme por Jake, pero había una parte de mí que sabía que era el riesgo que había corrido al quedarse.

Unos pequeños zapatos se interpusieron entre las míos y sonreí a Bella.

—¿Estás bien? —, preguntó en tono suave.

—¿Sobre qué parte? — repliqué en un susurro.

—Cualquier cosa. Por todo. ¿Jake, yo, los asquerosos chupasangres?

Sonreí por la forma en que lo había expresado. Siempre había sido la más valiente de nosotros. Incluso al principio, se adaptó. Luchaba como una tigresa y siempre se le ocurrían cosas distintas cuando se trataba de esos demonios. De hecho, la llave que estaba sacando de mi bolsillo había sido idea de Bella.

Girándola entre mis dedos, miré desde aquella llave en forma de cruz hasta su hermoso rostro. Por un momento, me pregunté cómo sería besarla de nuevo. Casi lo había hecho estando afuera, antes de que estos pendejos aparecieran esta noche.

La mano de Bella envolvió la mía, echando un vistazo a la llave. —Antes de que salgamos, deberían escuchar lo que he encontrado. Esta mierda es importante.

Dejó caer un libro viejo a mi lado en la cama. Tenía casi cinco centímetros de grosor, con el cuero descascarado y páginas desgastadas. Era negro y muy viejo; diablos, olía a viejo.

—¿Un poco de lectura nocturna, Hermione? ¿Has vuelto a visitar la sección restringida? —me burlé de ella, sonriendo cuando soltó una risita de lo más dulce. Dios, había soñado con volver a oír ese increíble sonido.

—No, me compré a este cabrón en Europa. Me costó una cifra de cuatro dígitos—, dijo, levantando la vista cuando los demás empezaron a llevar todas sus cosas a mi habitación. —Chicos, esto no será como la última vez. De hecho, tenemos un límite de tiempo.

—Oh demonios, ¿ahora qué? Porque la última vez fue una mierda—, señaló Rose, dejando caer sus mantas al suelo. —Casi perdemos a unos cuantos.

—No jodas—, asentí de buena gana. —Alice fue una de ellas.

~oOo~

Edward – A los catorce...

Apenas había salido el sol cuando Charlie nos dio un codazo a todos para despertarnos. —Vamos, chicos. Arriba esos traseros—, susurró, dándonos palmadas, sacudiéndonos e intentando pasar por encima de nosotros, porque nos habíamos quedado dormidos en la sala de los Swan.

Cuando llegó hasta Bella, que se había acurrucado en el sofá, se dio la vuelta y su mano cayó de un lado a otro sobre mi pecho.

—Dios, cinco minutos más, papá—, murmuró, apretando mi camiseta con el puño.

Solté una carcajada y le di unas palmaditas en la mano. —Bella, tenemos que irnos—, susurré al mismo tiempo que intentaba apartar sus dedos de mí. —Bella—, volví a llamarla, —hoy tenemos una larga caminata. Déjame pararme—. Me reí, finalmente me rendí con su mano y me acerqué para hacerle cosquillas en los costados.

Se levantó como un rayo, se le escapó un chillido y mi hermana le tapó la boca con una mano para no despertar a Renee. —¡Shhh! — Alice le siseó al oído y Bella finalmente asintió.

Se acercó y me revolvió el pelo. —Tramposo.

Una vez levantados, vestidos y preparados para el día, salimos y vimos a Billy y Jake en su camioneta. Todos los chicos nos amontonamos en la parte trasera, y Charlie y Billy se sentaron en la cabina. Billy nos condujo a través de la ciudad en dirección al Parque Nacional Olimpic y se detuvo en un antiguo camino de tierra.

Cuando bajamos todos, Emmett nos detuvo y sacó su teléfono. —Bueno, jefe, mira esto—, dijo, abriendo una aplicación de GPS. —Estamos aquí, y según el mapa de tu cobertizo, quieres explorar esta zona, ¿verdad?

—Sí, Em. Hay unas cabañas viejas ahí arriba—, le dijo Charlie, inclinándose para ver la pantalla.

—¡Sí, sí!— coincidió Emmett entusiasmado. —¡Pues mira esto!

Emmett cambió la vista de calle por la de satélite. En lugar de calles de dibujos animados y grandes manchas verdes, había árboles de verdad y vistas generales de senderos y carreteras. Acercando más el zoom, mostró las cabañas que Charlie quería que viéramos hoy.

Charlie sonrió a Billy. —Bueno, qué sé yo...

Billy soltó una risita y miré a los dos viejos amigos. Probablemente ya lo habían intentado antes, pero ahora disponían de una tecnología que antes no tenían, y contaban con siete chicos fuertes dispuestos a ayudar.

—Seguiremos el río Calawah la mayor parte del camino y luego giraremos un poco hacia el norte. Deberíamos ver esas cabañas en un par de horas—, nos aconsejó Billy. —Está bien, descarguemos, porque sé que no queremos estar fuera después de que se ponga el sol.

En la parte trasera de la camioneta había una de esas carretas de jardinería. Medía unos 120 centímetros de largo y tal vez 60 centímetros de ancho, con neumáticos todoterreno y un mango largo para tirar de ella. Estaba cargada con lo que sonaba como metal chocando contra metal.

—¿Qué demonios hay aquí, tío C? — preguntó Jasper mientras los chicos hacíamos acopio de todas sus fuerzas para depositarla en el suelo.

—Algunas cosas que creo que nos ayudarán—, respondió Billy en su lugar. —Algo de plata, algo de hierro. Y algunas flechas extras.

Todos llevábamos algún tipo de defensa: pistolas de agua con agua bendita, ajo machacado o extracto de ajo, ballestas con flechas bañadas en plata y, por último, sangre de hombre muerto. A todos nos había dado un poco de asco el enorme frasco que Charlie llevaba en la mochila, pero nos explicó que se podía poner sobre ventanas y puertas para ahuyentar a los vampiros y, si conseguíamos acercarnos lo suficiente, inyectársela a esos pendejos.

Eso último me sonaba imposible porque se movían muy rápido y al parecer eran fuertes como el demonio. Charlie estaba seguro de que podían volar.

Nos turnamos para tirar de la carreta, y la charla fue bastante tenue durante los primeros dos kilómetros que anduvimos. Justo cuando pensaba que las chicas se quejarían del sudor o de los bichos o de algo asqueroso, simplemente siguieron adelante, incluso mi hermana, que no era exactamente de las que le gustaran las actividades al aire libre.

Había un sentimiento de necesidad en esta larga caminata, junto con un toque de venganza. Habíamos explorado varios lugares en el centro de todos los ataques marcados en el mapa de Charlie, y este no era únicamente la tarea más grande, sino también el último esfuerzo para encontrar a esos vampiros.

Bella se detuvo de repente frente a mí, arrodillándose.

—¿Estás bien? — Le pregunté, quedándome con ella mientras los demás seguían caminando delante de nosotros.

—Sí, se me ha desatado el cordón—, contestó, arreglándose el calcetín, apartando un escarabajo y poniéndose de pie.

Incluso con el pelo recogido en una coleta desordenada, las mejillas sonrojadas por el caluroso día de verano y la camiseta más vieja que llevaba, seguía siendo la chica más bonita que había visto nunca. Sabía que todos los chicos de nuestra clase pensaban que Rose estaba buena, y era bonita, pero también conocía a chicos que les gustaba la chica que tenía delante: Newton y Crowley eran dos de ellos. Odiaban que fuéramos amigos, que nos tomáramos mucho de la mano o que nos quedáramos a dormir en casa del otro. Bueno, podían morderme, porque me encantaban esas cosas entre Bella y yo.

—¿Qué? — preguntó Bella, ladeando la cabeza hacia mí.

—Nada—, dije con una sonrisa. —Deberíamos ponernos al día.

Alcanzamos a todos, pero nos quedamos un poco atrás.

Bella me miró y preguntó: —¿Estás nervioso?

Arrugué la nariz y me encogí de hombros. —No lo sé. A veces pienso en esto que vamos a hacer, y suena a locura en mi cabeza, como una historia que tengo que escribir.

—Tal vez deberías—, dijo con una sonrisa. —La leería sin dudarlo.

Me reí un poco y asentí. —Yo también—. Unos pasos más, y la miré, diciendo: —Pero sí, un poco nervioso. Estas cosas matan.

Ella asintió. —Menos mal que estoy yo aquí y no Lauren o Jessica.

Me estremecí, haciendo una mueca ante la idea. —¿Crees que el agua bendita funcionaría con ellas?

La risita de Bella se convirtió en una carcajada en toda regla, e hizo que todos los que estaban delante de nosotros se volvieran para mirarnos.

—Lo siento—, murmuré a todos cuando nos pusimos a su altura, todavía sonriendo por su risa que intentaba calmar.

—Vamos, tenemos que empezar a dirigirnos hacia el norte—, dijo Charlie, sacudiendo la cabeza hacia nosotros e intentando no sonreír, pero la risa de Bella era contagiosa.

Una hora más tarde, nos encontramos mirando la casa más espeluznante que había visto jamás. Nada en una película de terror era tan espeluznante como esta cosa. Era una casa de dos pisos de pesadilla, tapiada, destartalada y con la pintura descascarillada. Los escalones de la entrada estaban torcidos y rotos, y en la parte trasera había un cobertizo que se había derrumbado sobre sí mismo. De todas las cosas que no estaban deterioradas en aquel lugar, era el columpio del porche delantero el que empezaba a moverse por sí solo con la brisa.

—Todo tapiado—, dijo Billy, mirando a Charlie.

—Perfecto para dormir durante el día—, añadió Charlie.

—Me pregunto qué tan profundo duermen—. Pregunté, pensando principalmente para mí, pero era una preocupación porque siendo tantos, seguro alguno haría ruido.

—¿Como los muertos? — preguntó Emmett, y yo puse los ojos en blanco.

—Y me pregunto cuántos habrá ahí dentro—, nos dijo Bella a Charlie y a mí.

—Supongo que lo averiguaremos—, respondió su padre. —Prepárense todos, y no lleven nada que no necesiten. Sólo armas y defensa.

—La luz del sol será nuestra mayor arma aquí—, añadió Billy.

Bella se hizo un poco a un lado, diciendo: —A menos que haya un sótano.

Haciendo una mueca, miré la casa, y tenía razón. Era posible que hubiera un nivel bajo tierra. Y ese sería su lugar más seguro para dormir.

—Bien hecho, Baby Ruth. Ahora has asustado a todo el mundo—, se burló Jasper, estremeciéndose cuando ella lo roció con agua bendita.

Mirando hacia mí, dijo: —Tampoco funcionó con él.

Sonriendo, negué con la cabeza. Miré a Charlie. —¿La puerta principal?

—Dividámonos. La mitad por delante y la otra mitad por detrás—, respondió en voz baja.

Billy llevó a Emmett, Rose y Jacob a la puerta principal. Charlie nos llevó a Bella, Alice, Jasper y a mí a la puerta trasera. Sinceramente, no sabía qué esperar dentro de esta casa. Desde que Charlie había mencionado a Drácula, mi mente evocaba ataúdes o criptas.

Nos acercamos despacio y en silencio a la puerta, probando el pomo que en realidad no estaba cerrado con llave, sólo algo oxidado y atascado. La puerta no crujió, pero sonó como el roce de metal contra metal. El interior de aquella casa olía a moho, a sangre y a muerte.

—Oh, mierda—, apenas dije en voz alta cuando miré hacia una esquina de la habitación. Los pendejos colgaban boca abajo de las vigas: cuatro de ellos. Pero lo que más me llamó la atención fue que los tres de las fotos de Charlie no estaban allí: ni el rubio, ni el de las rastas y, por supuesto, no estaba la pelirroja.

Sin embargo, en cuanto Billy abrió la puerta principal, los cuatro se esfumaron como las cenizas de un cigarrillo. Ni siquiera hicieron ruido.

Señalé hacia la escalera del segundo piso y Charlie asintió. Nos condujo a Bella y a mí escaleras arriba hasta un pasillo. Sin embargo, este nivel tenía muchas ventanas, así que ningún vampiro habría dormido allí.

Lo que significaba que todo lo que necesitábamos matar estaba abajo, en el sótano.

En cuanto volvimos al primer piso, Billy se dirigió a una puerta dentro de la cocina. El olor que salía de allí era asquerosamente nauseabundo. Usando linternas, bajamos las escaleras de dos en dos. El sótano era más grande de lo que esperaba para una casa tan pequeña, pero cuando miré bien, pude ver que había sido excavado. Había un túnel que sobresalía en el fondo de la habitación, pero justo delante de mí, colgados de unas vigas de soporte, estaban los tres vampiros en cuestión.

El tipo de las rastas era el que estaba más cerca de mí, el rubio estaba en medio y la mujer pelirroja estaba en el extremo cercano al túnel.

Levanté mi ballesta, mirando a Billy y Charlie para pedirles el visto bueno, y ambos asintieron. Todos los demás levantaron las armas, apuntando y preparados para los otros dos. Disparé mi flecha y el infierno se desató allí abajo.

En lugar de evaporarse en cenizas como los de arriba, el tipo de las rastas gritó y cayó al suelo del sótano, despertando a los otros dos. Se retorcía y parecía arder de dentro hacia fuera. Pero antes de que pudiéramos pestañear, el rubio tenía agarrada a mi hermana.

La levantó por el cuello, manteniéndola pegada a su frente. —Hace falta algo más que plata para matarnos—, gruñó, sonando inhumano y alienígena, pero las vías respiratorias de mi hermana estaban cortadas.

Billy cortó la cabeza del tipo al que había atravesado con una flecha, y los gritos cesaron.

—¿Quieres decir así? — le preguntó Charlie mientras estaba levantando el arma.

No estaba seguro de lo que podía hacer un rifle en esta situación, pero apretó el gatillo de todos modos. No era una bala, sino una especie de dardo.

—¿Qué coño acabas de...?

El rubio dejó de hablar, y soltó a Alice al instante. Bella estaba allí para tirar de ella hacia atrás. Busqué con la mirada a la mujer pero no pude verla... hasta que tuvo a Emmett en sus manos.

—Oh, serás una comida decente—, le susurró al oído, pero pude ver su preocupación al ver cómo el rubio se secaba como el lecho de un río vacío. Cayó de espaldas, acurrucado como esas momias de los museos.

Todas las armas se concentraron en la mujer pelirroja. Emmett pataleaba y luchaba contra ella, pero se estaba poniendo morado. Bella abrió fuego contra ella con agua bendita, prácticamente empapando a la mujer y a Emmett.

Su cara empezó a chisporrotear y a humear, y agarró a Emmett con más fuerza y luego lo arrojó, derribándonos a Jasper y a mí. El rifle de Charlie volvió a disparar, pero cuando pude mirar, ella ya se había ido. Había escapado por ese túnel.

El de las rastas se había ido, pero el rubio seguía estando... bueno, algo. Su cuerpo estaba seco, pero me pareció ver conciencia en sus ojos amarillos.

—Todavía está...— Jake empezó con expresión de asco.

—Sí—, murmuramos todos al mismo tiempo.

Lo intentamos todo, atravesarle el corazón con una flecha con punta de plata, cortarle la cabeza y agua bendita, pero esos ojos amarillos seguían conscientes, mirando, fulminando, odiando.

—¿En qué es diferente? — pregunté, haciendo un gesto desde las cenizas del primero hasta el pendejo momificado que no moría.

—Quizá es más viejo—, adivinó Bella. —Quizá es más fuerte.

Arrastramos su culo hasta la luz del sol, pero lo único que hizo fue carbonizarlo, no destruirlo. Todos miramos a Charlie y a Billy.

—Tenemos que tomar una decisión antes de que esa otra vuelva—, afirmó Charlie, señalando hacia el túnel.

—Podríamos hacerla salir, tío C—, ofreció Jasper.

—No, quédense aquí. No sabemos qué hay ahí abajo, y la he marcado con sangre de muerto—, nos dijo.

—Si no podemos matarlo, tenemos que asegurarnos de que nunca pueda escapar—, dijo Bella.

Eso hizo que toda la habitación se paralizara.

—¿Quieres decir... mantener su culo atrapado aquí abajo? — Le pregunté.

—Puede que tenga razón—, dijo Billy con un suspiro, volviéndose hacia su hijo. —Jake, ve a buscar la carreta. Encadenaremos a este cabrón con hierro, lo encerraremos aquí abajo y luego haremos de esta habitación una gran trampa.

Tardamos horas en hacerlo. El vampiro rubio fue encadenado con hierro, el resto de los dardos de Charlie le fueron clavados y colocamos una cruz de hierro en la entrada del túnel. Se roció más sangre sobre la entrada del túnel, la jamba de la puerta del sótano y alrededor del cuerpo del vampiro, ahora en medio del suelo del sótano.

Bella volvió a comprobar los cierres de las cadenas de hierro y levantó una llave en forma de cruz. Se la dio a su padre, que a su vez se la dio a Billy, y este se la dio a Jake.

—Guárdala, Jacob—, dijo Billy con firmeza. —Tú eres el responsable.

—Bien, salgamos de aquí—, ordenó Charlie. —Tendremos que vigilar a la que queda, pero tengo la sensación de que ha salido corriendo a lamerse las heridas.

—¿Qué hacemos si vuelve? — preguntó Alice, mirando hacia atrás por los escalones del sótano antes de que Billy y Rose clausuraran esa mierda con clavos y colocaron un crucifijo en el exterior.

—Volveremos—, afirmé, encogiéndome de hombros. —Todos, jurémoslo. Si esto vuelve a empezar, todos volveremos. Siempre habrá alguien protegiendo la llave, y la mantendremos alejada de esas cosas.

—Suele ser un ciclo de diez años, chico—, señaló Charlie.

—No importa—, argumentó Bella. —Será un juramento de sangre. Todos volveremos si ella lo hace—, juró, pinchándose el dedo con la punta de una de mis flechas.

~oOo~

Bella abrió el libro que había traído y dijo: —Esos imbéciles existen desde siempre. Y el nuestro no es el único pueblo del que se aprovechan.

Había marcado una página y levanté el pesado libro para ver mejor el dibujo que me estaba mostrando.

—¡Maldita sea! —, susurré, quedándome con la boca abierta mientras hojeaba el texto que había debajo del dibujo. —James, Laurent y Victoria. Y hay avistamientos de ellos por todo el mundo. Ya existían en el siglo XIX.

—Probablemente antes—, afirmó Bella, pasando a otra página.—Este libro trata de ocultismo y probablemente se consideraba ficción, pero he encontrado este pasaje—. Dio unos golpecitos en la página que tenía delante. —¿Sangre de hombre muerto? Sólo deja inmóvil al vampiro durante unos diez años. No es permanente.

—Sí, pero el hierro y la plata lo mantendrían atrapado—, argumentó Jasper.

—Pero no a ese imbécil—. Señalé al vampiro rubio que se llamaba James. —Joder, Jazz, la luz del sol ni siquiera mató a ese cabrón. ¿Te acuerdas?

—Entonces necesitaremos más sangre de muerto antes de plantearnos volver ahí—, dijo Rose, cruzando los brazos sobre el pecho. Miró a Emmett y añadió: —Eso correrá por su cuenta, oficial.

Emmett esbozó una sonrisa. —Vale, vale. ¿Hay algo en ese libro sobre cómo matarlo?

—No. Cuanto más mayores son, más poderosos se vuelven—, afirmó Bella, cerrando el libro. —Estaremos viendo a este James para siempre. Nuestros hijos heredarán esta mierda.

—Tal vez—, evadí, intentando no pensar en Bella con hijos. No podía decidir si me gustaba la idea o la odiaba. Y entonces me di cuenta de que, si fuera con alguien que no fuera yo, la odiaría. —Déjame esto—, pedí, cogiendo el libro. —Todos, traten de descansar. Hablaremos de sangre y vampiros marchitos por la mañana—. Miré a Bella, diciendo, —Toma mi cama. Tú y Max.

Me levanté y tomé la silla en la esquina de mi habitación mientras todos extendían sus mantas y almohadas. No creía que fuera a dormir mucho, así que iba a ver qué podía decirme este libro tan viejo.

~oOo~

(1) El último fuego se levantará detrás de esos ojos,

La casa negra se moverá, los muchachos ciegos no mienten,

Miedo inmortal, esa voz tan clara,

A través de paredes rotas, ese grito que escucho.

Llora, hermanita (No caerás),

Ven, ven con tu hermano (No morirás),

Desencadéname, hermana (No temerás),

El amor está con tu hermano (No matarás).

~oOo~

Nota de la Autora: Jake. Jake. Lo sé. Jake. Lo sé. Lo siento. No vi a los lobos cambia formas en esto. Y ahora ya saben para qué sirve la llave... ;)

-Canción añadida a la lista de reproducción:

"Cry Little Sister" de Gerard McMann