Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!

Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!

Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.


Capítulo 7 - Fuego interior

If the fire inside still burns

All I have, All I need

He's the air I would kill to breathe

Holds my love in his hands

Still I'm searching for something

Out of breath, I am left hoping someday

I'll breathe again, I'll breathe again

Open up next to you

And my secrets become your truth

"Breathe Again" por Sara Bareilles (1)

EDWARD

—Estoy trabajando en ellos ahora, Garrett—. Hablé en voz baja, usando mis auriculares, porque no quería despertar a Bella.

—Vale, genial. Paul estaba preguntando—, contestó. —¿Estás bien, Ed? No tengo problema en cuidarte la casa, pero te fuiste de aquí como un murciélago despavorido.

Solté una carcajada, tecleando las respuestas a las preguntas de los medios que él quería... o que, mejor dicho, quería mi representante.

—Estoy bien. Tenía que asistir a un funeral y decidí quedarme un tiempo en casa de mis padres. Es una especie de reencuentro con viejos amigos—, expliqué con todo el tacto que pude.

—Joder, la has visto.

Sonriendo, negué con la cabeza. —Sí, Gare, la he visto.

—¿Entonces lee tu mierda o no?

Riéndome, respondí: —De hecho...

—Bien, amigo. Impresionante—. Hizo una pausa y preguntó: —¿Sigue siendo tan hermosa como la describes en tus libros?

Capté movimiento en lo alto de la escalera, y Bella estaba guiando a Max hacia abajo, seguramente para dejarlo salir. —Aún más, Garrett—, dije, terminando la última pregunta. —Bien, ya vigilaste mi trasero el tiempo suficiente para que completara esto. Te los devuelvo.

Pulsé enviar en el correo electrónico y terminé la llamada con Garrett mientras Bella abría la puerta principal. El sonido de la lluvia salpicando los escalones de la entrada llegó a mis oídos. Llevaba lloviendo desde las cuatro de la mañana.

—No estás hecho de azúcar, Max. Te prometo que no te derretirás—, le dijo a su perro, y yo sonreí mirando el portátil. Max pareció lanzarle una última mirada suplicante antes de que ella añadiera: —¡Dios mío, ve a orinar!

Su resoplido me hizo reír, y ella se volvió hacia mí, apoyada en la puerta.

—¿Has dormido siquiera, Edward? —, me preguntó.

—Un poco.

—¿Dónde? ¿En esa silla?

Me encogí de hombros, cerrando el portátil y acercando ese grueso libro suyo hacia mí. —No duermo mucho. Viene y va. Suelo trabajar cuando el sueño no llega, así que esta mañana he trabajado en las preguntas de la entrevista que me envió mi asistente—. Señalé la lluvia. —Hoy no habrá excursión, obviamente.

Ella asintió. —¿Dónde están todos?

—Rose y Emmett se fueron a casa, y luego él iba a ir a la morgue o tal vez a la funeraria. No estaba seguro de quién le ayudaría con la sangre de un muerto—, le dije, dando un sorbo a mi taza de café. —Alice y Jasper fueron a buscar comida para la casa. No habíamos comprado víveres, hasta ahora. Y no es que me esté muriendo de ganas de encontrarme con Jessica Stanley en la cafetería.

Bella soltó una carcajada. —No puede ser que trabaje allí.

—Sí que trabaja—, le contesté. —No tenía ni puta idea de lo que había hecho hasta que Rose, no muy amablemente, se lo contó.

—Déjame adivinar... leer sigue siendo aburrido—. Cuando asentí, Bella sonrió, sacudiendo la cabeza. —Idiota. Debería haberla hecho entrar en razón en Décimo.

—Rose también dijo eso.

Max apareció detrás de ella, con aspecto mojado y desaliñado, por no decir un poco traicionado. Ella lo miró y dijo: —¿Ves? No te derretiste.

Resoplé, hojeando ese libro suyo, diciendo: —Debería haber algunas toallas en el baño, Bella.

—Gracias—. Llevó a Max al baño de la planta baja.

El texto era pequeño en el libro, por no hablar de que estaba escrito de esa manera florida del inglés antiguo que tiende a enroscarse en descripciones y lugares. A veces las palabras podían ser tan superfluas que el punto podía perderse por completo. Sinceramente, intentaba encontrar algo que me ayudara con el vampiro que habíamos mantenido cautivo durante diez malditos años.

Me perdí en viejas descripciones de James, Laurent y Victoria, y nunca oí a Bella salir del baño ni siquiera servirse una taza de café. De repente estaba allí, de pie junto a mí.

—No puedo creer que aún conserves esto -susurró, dándole golpecitos al viejo diario que me había regalado por mi decimocuarto cumpleaños.

Asentí con la cabeza y tragué saliva. —Me he debatido una y otra vez si escribir o no lo que hay ahí. Es algo contra lo que todavía estamos luchando—. No estaba seguro de si decirle o no que todo estaba ahí, incluyendo cómo luché con su pérdida, la pérdida de lo nuestro.

—Bueno, si lo hicieras, compraría ese también.

Llevaba diciéndolo desde que éramos niños, siempre la mayor animadora cuando se trataba de mis escritos.

—Sí, bueno, ese libro tiene algunas partes no tan agradables. Tendría que cambiarlo para la historia.

—Ah—, suspiró. —A mí.

Asintiendo, me encontré con su hermosa mirada. —Sí, pero no te disculpes, Bella. No estoy seguro de haber podido soportar la verdad en ese momento. Yo... habría...

—Te hubieras culpado.

—Sí, tal vez—. Suspiré, cerrando el viejo libro y acercando mi diario. —Honestamente pensé que era lo correcto, y pensé que sobreviviríamos un año escolar. Estaba dispuesto a afrontarlo.

—Sí—, convino ella, sentándose en la silla junto a mí. —Mi madre vio mi corazón roto por dejarte como una debilidad, y se aprovechó de ello—. Cuando volví a mirarla, sonrió con tristeza. —Tardé mucho tiempo en poder decir esas palabras.

Levanté el diario y dije: —Es un poco discutible. Mi rabia, mis sentimientos de abandono estaban fuera de lugar. Lo único que me molesta ahora es que hubiera deseado que encontraras la forma de decírmelo. Incluso después.

Ella asintió, con lágrimas en los ojos, y yo me sentí como una mierda por hacerla sentir mal por viejas heridas. Empecé a levantarme en busca de más café o espacio; no estaba seguro de cuál de las dos cosas, pero su mano en mi brazo me detuvo.

—Todos en mi vida tomaron una decisión por mí, Edward. Todos. Nadie escuchó lo que yo quería. Sabiendo lo que sé ahora, si esta mierda hubiera ido a los tribunales, a los diecisiete años, podría haber elegido con qué padre vivir o podría haber solicitado emanciparme, pero nadie se paró a escucharme—, afirmó con firmeza, y cuando fruncí el ceño por haberme incluido en eso, negó con la cabeza. —No pretendo que te sientas mal, pero cuando nadie se paraba a escucharme, parecía que lo que pasaba en Phoenix no le importaba a nadie aquí. ¿Tiene sentido?

Asintiendo, me centré en mi diario. —Me arrepentí en cuanto salí de tu habitación, Bella. Al tratar de ponerte a salvo, te hice sentir no amada y eso... Cuando no supe nada de ti en seis meses, supuse que habíamos terminado. Cuando finalmente llamaste después y apenas hablamos, supe que habíamos terminado. Pero sabiendo lo que sé ahora -dije, repitiéndole sus palabras-, me estabas alejando.

Asintió con la cabeza, respiró hondo y soltó el aire.

—¿Y después? — le pregunté.

—Sigo teniendo ataques de pánico, Edward. Por mucho que me gustaría pensar que soy la misma Bella de antes, no lo soy—, dijo, jugando con el marcapáginas de mi diario. —Max ayuda. Estar aquí es surrealista y reconfortante, incluso con lo de anoche. Pero no soy la misma. Tengo momentos en los que me siento inútil e indecisa sobre todo. Rompo a llorar porque hacer la maleta para un viaje de trabajo es repentinamente demasiado. O me pongo furiosa porque estoy enfadada por algo tan vanal como un pedido mal hecho en el autoservicio. Por mucho que los haya echado de menos, especialmente a ti, necesito que lo sepas.

—Bienvenida a las razones por las que fumo—, afirmé, encogiéndome de hombros. —No es frecuente, pero es mejor que las drogas y el alcohol.

Bella sonrió, inclinando la cabeza hacia mí. Siempre lo había hecho: aquella dulce inclinación, una pequeña sonrisa que llegaba hasta aquellos ojos oscuros. A veces era coqueta, sobre todo cuando nos dábamos cuenta de lo que sentíamos el uno por el otro. Cuando la miraba ahora, aún podía ver a la antigua Bella. Puede que ella no lo sintiera, o que hubiera pasado por cosas tan duras que la hubieran alterado, pero aquella chica preciosa y brillante seguía estando ahí.

Pero antes de que pudiera soltar lo mucho que había echado de menos esa cara, preguntó: —¿Cuándo empezaste?

—La noche de la graduación del instituto—, respondí, asintiendo un poco y golpeando el diario. —Está aquí. Puedes leerlo si quieres.

—Preferiría que me lo contaras, pero...

—Bella, yo...— Me interrumpí, frotándome la cara con frustración. —Aquella noche, por muy mal que me sintiera, no fue ni de lejos como fue tu graduación—, le dije, haciendo una mueca al pensar en su intento de suicidio.

—Soy consciente, Edward. Sólo dímelo—, me pidió en voz baja, y Max, que ahora me daba cuenta de que debía de haberle leído los latidos del corazón o el estado de ánimo o algo así, apareció, apoyando la cabeza en su regazo.

—¿Por qué? — pregunté, levantándome para caminar un poco. —¿Quieres oír cómo me emborraché totalmente? ¿Que, de alguna manera, acabé con un cigarrillo en una mano y una chica cuyo puto nombre no recuerdo en la otra? —. Me acerqué a ella y se limitó a asentir, pero sus manos se hundieron profundamente en la piel de Max. —Crees que mereces oírlo.

—Tal vez—, afirmó, sonando mucho más tranquila de lo que yo me sentía en esta conversación. —He aprendido que alguna mierda necesita ser abierta y examinada, Edward. Solíamos ser muy buenos en esto de hablar, pero...

Sacudí la cabeza, sentándome de nuevo a su lado. —Me dolió mucho caminar por ese pasillo sin ti—, dije apretando los dientes. —¿Es esa la historia que quieres oír? Porque tu ausencia en mi vida fue un puto letrero de neón el día de la graduación.

—Sí—, aceptó, asintiendo un poco. —Yo también conozco esa sensación.

Tomé su mano, le di la vuelta y recorrí su tatuaje con los dedos, pero también sentía la cicatriz. La usaba como una especie de conexión a tierra.

—Para que lo sepas—, empecé, enarcando una ceja, —nada sobre nosotros, nada sobre esto...—. Hice un gesto entre nosotros. —Nada de lo que hemos hablado parece un castigo o un examen.

Empezó a apartarse y yo le sujeté la mano con más fuerza hasta que volvió a mirarme.

—¿Sabes cómo se siente? — Le pregunté, ahuecando su barbilla. —Es como... volver a conocerte. Te lo repito... No quiero disculpas, cariño. Nunca las he querido. Te contaré esta historia, pero entiende que estaba perdido sin ti. ¿De acuerdo?

~oOo~

Edward – A los dieciocho...

—¡Cullen! ¡Ya era hora de que llegaras! — Newton retumbó cuando entré por la puerta principal. —¿Dónde está tu hermana?

—Está despidiendo a Jasper antes de que se vaya al aeropuerto —respondí entumecido mientras me dirigía a la cocina en busca de Emmett y Rose, haciendo todo lo posible por no pensar en Jasper yendo a la graduación de Bella.

Todo el puto día había sido recordatorios de Bella: el vuelo de Jasper y Charlie, la carta que le di a Jasper para que se la diera, todo el día sin ella. Habíamos querido tanto hacer esta mierda juntos, ir juntos a la universidad, pero no conseguí nada de ella en la última conversación. Apenas recordaba lo que había puesto en la nota que le había dado a Jasper, excepto que por favor mantuviéramos el contacto.

Tal vez fuera una tontería, querer tener algún tipo de relación con la chica que me había dejado plantado, pero algo sobre Bella se sentía mal. Me sentía jodidamente mal sin ella.

—Hola, Edward—, oí detrás de mí con esa horrible forma de cantar que las chicas creen que es bonita. No lo era; era nauseabundo.

Eché un vistazo y vi que Lauren y Jessica ya estaban destrozadas, y me limité a saludarlas con la mano. Finalmente encontré a Rose y Emmett sentados con Angela Weber, Ben Cheney y un par de chicas que me habían presentado como primas de Rose. ¿Una era Tammy? ¿Tanya? ¿Y la otra era Ilene? ¿Irene?

Daba igual, y no me importaba.

Me senté junto a Emmett, que me puso un vaso plástico en la mano y me dijo: —Hasta el fondo, amigo. Crowley preparó esa mierda, así que... no conduzcas.

Dos vasos llenos de esa mierda que sabía a Kool-Aid, y yo estaba entumecido, y me sentí bien al no sentir dolor. Para el tercer vaso, ¿Tammy? ¿Tanya? De alguna manera su culo estaba plantado en mi regazo mientras fumaba en cadena.

En mi estado de embriaguez, aquel humo era hipnotizante: los zarcillos que se enroscaban en el extremo, la forma en que salía de su boca e incluso el olor acre me atraían.

—¿Quieres un cigarrillo? —, me preguntó, tendiéndomelo, y me sostuvo la mirada mientras yo rodeaba el filtro con los labios.

Por extraño que parezca, no tosí y acabé robándole uno. Me quitó la borrachera iracunda en la que me estaba convirtiendo y, en realidad, me dejó cansado y triste.

¿Tanya? ¿Tammy? Coqueteaba y me tocaba, se reía y se movía en mi regazo. Empezamos a tocarnos más y empezaron los besos. Encontramos una esquina y un banco al otro lado de la piscina. Me sentí adormilado y torpe. Y aunque hacía poco menos de un año que no tenía relaciones sexuales, no la deseaba. Mi cuerpo sí, pero mi cabeza era un puto desastre. Así que cuando me preguntó si podíamos irnos o buscar mi coche, negué con la cabeza.

Sabía que no debía conducir y estaba a punto de irme a casa caminando, porque Forks era así de pequeño, cuando saqué el teléfono celular. Llamar a Bella estando borracho era probablemente la cosa más tonta que podía hacer, pero pulsé el botón de todos modos. Sin embargo, saltó el buzón de voz.

No me molesté en dejar un mensaje.

Acababa de llegar al final de la calle Newton cuando un coche se detuvo a mi lado.

—¿Ed? — Escuché, y sonreí a Jake. —¿Por qué caminas, amigo?

—Porque conducir es probablemente una mala idea—, murmuré, pasándome una mano por el pelo.

—Sube. Te llevaré a casa—, me ofreció, abrí la puerta del pasajero y me dejé caer en el asiento. —Iba a unirme a la fiesta, pero...

Sonriendo, solté una carcajada. —No te molestes.

—Me parece justo—, dijo con una ligera risita.

Ahora tenía diecisiete años y estaba enorme. A los dieciséis nos había pasado a Jasper y a mí, pero Emmett había hecho lo mismo. Sin embargo, Billy debía de haberle permitido hacerse el tatuaje antes de tiempo, porque adornaba su antebrazo con tinta nueva y fresca, y me hizo frotarme el pecho donde tenía el mío.

—Se ve bien—, murmuré, señalando su brazo.

—Sí, bueno, papá dijo que era genial, así que me llevó—, respondió con esa gran sonrisa infantil. —Me pregunto si Bells habrá conseguido el suyo...

Negué con la cabeza. —No sabría decirte.

—Lo siento.

Hice un gesto de disculpa. Siempre rechazaba las disculpas. Simplemente no creía que le correspondiera a nadie disculparse por Bella. Todos la queríamos y la echábamos mucho de menos, aparte de mi relación con ella. En realidad, no era culpa de nadie, el divorcio de Charlie y Renee no era culpa de nadie en particular. Simplemente fue así. Podía odiar el momento, las mezquinas discusiones que Renee había tenido, pero al fin y al cabo, todos la habíamos dejado marchar.

Jake se quedó callado hasta que se detuvo en mi entrada. —¿Vas a tener problemas por beber?

Resoplé, frotándome la cara. —No estoy seguro de que me importe. Al menos no conduje.

Su sonrisa brilló, pero cayó rápidamente. —Los voy a extrañar el año que viene.

—¿Tienes planes para la universidad? — le pregunté.

—No. Ya trabajo en el taller de la reservación. Voy a trabajar a jornada completa—, respondió, encogiéndose de hombros. —Me pagan bien y se me da bien. Y me deja cerca para vigilar que no vuelvan esos vampiros.

—Bueno, ya sabes qué hacer si vuelven a aparecer—, le dije, acercándome a la manilla de la puerta.

—Oye—, llamó suavemente antes de que saliera. —Sé que la echas de menos. Dale tiempo. Mi padre dice que su madre está un poco chiflada, por eso Charlie y ella se separaron, así que... ¿Quizá cuando vaya a la universidad?

Se me cerró la garganta y me ardían un poco los ojos, pero asentí. —Tal vez—. Le tendí el puño y le dije: —Gracias por traerme, Jake.

Él lo chocó. —No te preocupes, socio. Te cubro la espalda.

~oOo~

Mis ojos se quedaron en nuestras manos aún juntas, mis dedos recorriendo ligeramente su tinta y su cicatriz.

—Parece infantil en comparación—, susurré, con el ceño fruncido. —Mientras Jasper y Charlie estaban en el aire camino hacia ti y yo bebía hasta entumecerme, tú decidiste que ya no querías vivir.

Bella apartó sus manos de las mías y las colocó a ambos lados de mi cara. —Cada uno maneja las cosas de forma diferente—, afirmó con firmeza. —Y eso está bien.

Asentí con la cabeza, respiré hondo y lo solté lentamente, pero mis ojos no se apartaban de su cara. Jesús, qué cara tan preciosa.

—Te he echado de menos—, dije en un suspiro, pasando el dorso de mis dedos por su suave mejilla. —Nada... nadie ha sido nunca como tú, Bella. Esa es la verdad.

—Sí—, asintió con una sonrisa. —Yo también conozco esa sensación—, añadió, repitiendo lo que había dicho antes. —Solía soñar con volver a verte, preguntándome si me dejarías disculparme.

Sacudí la cabeza antes de que terminara.

—Ahora somos diferentes, Edward. Y vivimos como a dos estados de distancia el uno del otro.

—¿Quieres solucionarlo? ¿O simplemente vamos a limpiar este desastre y volver a como eran las cosas? — Le pregunté.

—¿Qué quieres?

Sonreí, bajando la vista un momento, pero luego volví a encontrarme con su mirada. —Quiero saber si sigues sabiendo igual cuando te beso.

Su risita era pura bondad, y era el mismo sonido que había hecho la primera vez que nos habíamos besado de verdad.

Me reí entre dientes, tirando de ella más cerca, y su frente cayó sobre la mía. —Maldita sea, he echado de menos ese sonido.

—He echado de menos esta cara—, susurró ella, con su nariz acariciando la mía.

Eso fue todo. Era todo lo que podía aguantar. Sabía que había cosas de las que teníamos que hablar, más allá de vampiros y peleas. Sabía que tenía que aprender cosas nuevas de ella, pero todas mis preocupaciones y pensamientos se esfumaron en cuanto mis labios tocaron los suyos.

Dios, fue como volver a casa. Era tan fácil, perfecto y ardiente como antes, pero era más. Era curativo.

Labio superior, labio inferior y en el medio, apreté mi boca contra la suya una y otra vez, pero cuando ella se movió y se sentó a horcajadas sobre mi regazo, todo en nosotros se deshizo. Manos se enredaban en cabellos o agarraban ropa. Lenguas se entrelazaron, respiraciones se entrechocaron contra mejillas y, como en un puto baile practicado, cabezas se inclinaron y caderas giraron.

Colocando mis manos a ambos lados de su pecho, la frené, y mis ojos permanecieron cerrados mientras su frente volvía a caer sobre la mía. Sin embargo, Max se movió y se sentó a nuestro lado.

Empujé suavemente a Bella, y pude ver que el pánico subía a la superficie. —¿Bella?

—No puedo... yo no...

—Mírame—, supliqué suavemente, estudiando esos ojos oscuros y preocupados cuando sus largas pestañas se abrieron. —Respira. Dime de qué se trata.

—Llevo tanto tiempo deseándolo—, me dijo apretando los dientes. —Tengo... tengo miedo.

—Yo también—, acepté de buena gana, asintiendo como un niño, lo que la hizo esbozar una sonrisa. —Podemos hacerlo—. Acaricié su nariz con la mía y sujeté su la cara con mis manos. —La última vez que dije esas palabras, no me creíste. Por favor, por favor, créeme ahora.

Una pequeña sonrisa curvó su boca inflamada por el beso. —De acuerdo.

—Prométemelo, cariño.

Ella asintió, besándome suavemente. —Te lo prometo, Edward.

~oOo~

(1) Si el fuego interior todavía arde

todo lo que tengo, todo lo que necesito

es su aire que mataría por respirar

Él sostiene mi amor en sus manos

Todavía estoy buscando algo

Sin aliento, me queda la esperanza que algún día

volveré a respirar, volveré a respirar

Ábrete y mis secretos se convierten en tu verdad.


Canciones añadidas a la lista de reproducción:

"Breathe Again" de Sara Bareilles

"I Think it's Going to Rain Today" de Bette Midler