Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!
Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!
Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.
Capítulo 8 – Intento alcanzarte
And I never minded being on my own
Then something broke in me and I want to go home
To be where you are
But even closer to you, you seem so very far
And now I'm reaching out with every note I sing
And I hope it gets to you on some Pacific wind
Wraps itself around you and whispers in your ear
Tells you that I miss you and I wish that you were here
"Wish That You Were Here" por Florence + the Machine (1)
BELLA
Pasé la página del libro de ocultismo, anotando algunas cosas más, pero miré por encima del hombro la figura dormida de Edward. La palabra guapo no parecía cubrirlo, pero siempre había pensado en él de esa manera, y él era todo dulzura y amabilidad. Eso no había cambiado nada. Sólo de pensar en su beso se me cortaba la respiración, porque había sido real y curativo. Dios mío, se había sentido tan bien debajo de mí. Ya no era un adolescente, sino todo hombre y fuerza: Edward había crecido muy bien.
Entre el estudio de aquel extraño libro, la casa silenciosa y la lluvia que salpicaba las ventanas, no duró mucho. Tenía la sensación de que se había quedado despierto casi toda la noche cuidándonos, aunque él lo atribuía al insomnio. Ahora, él y Max estaban completamente estirados, cada uno con la cabeza apoyada en un brazo del sofá.
Una vez que se hubo dormido, me deslicé del sofá donde habíamos estado acurrucados leyendo y me senté en el suelo junto a la mesa de café, con su portátil y unas cuantas hojas de papel. Había marcado algunas cosas interesantes en este libro, así que estaba apuntando algunas notas cuando Alice y Jasper volvieron a entrar por la puerta.
Me llevé un dedo a los labios cuando entraron corriendo, con los brazos llenos de bolsas de la compra. Me ofrecí a cogerles algunas cosas, y una vez en la cocina, guardando las compras, Alice me detuvo.
—¿Cuánto tiempo lleva dormido? —, susurró mientras guardábamos las conservas y los cereales.
—Unos cuarenta y cinco minutos. Creo que estuvo despierto toda la noche. Dijo que no dormía mucho de todos modos—, le dije, pero mi primo intervino.
—No lo hace. Esa mierda empezó en la UW. Pero lo usaba a su favor. Por aquel entonces, estudiaba, pero al final utilizaba el tiempo para escribir, así que...—. Se interrumpió encogiéndose de hombros. —El imbécil avergonzaba nuestras notas.
Sonriendo ante el irónico sarcasmo de Jasper, asentí y me centré en organizar la nevera y el congelador. Habían comprado como si nos fuéramos a quedar al menos el resto del mes.
—Supongo que nos quedaremos todos hasta que se acabe esta mierda—, murmuré, sobre todo pensando en voz alta, pero Alice me oyó.
—Bueno, lo prometimos, ¿no? Y Emmett y Edward parecen pensar que debemos permanecer juntos, en caso de que lo intenten de nuevo esta noche—, dijo en voz baja, asintiendo cuando le ofrecí café en silencio.
—Me lo imaginaba—, respondí, sirviendo una taza para ella y otra para mí. Jasper ya estaba en la barra con una. —Sé que tenemos que ir a casa de papá.
Jasper miró el reloj y sacó su teléfono. —Si lo hacemos, será mejor que planeemos pasar allí la noche. A Ed no le importará dónde durmamos, pero voy a ver cómo le va a Emmett en la morgue. Les haré saber lo que estamos pensando.
Una vez Jasper estuvo afuera hablando por teléfono, me apoyé en la encimera frente a Alice y me encontré con su mirada. No sabría decir si estaba enfadada conmigo o dolida, pero lo único que dije fue: —Puedes preguntarme lo que quieras, Ali.
Ella negó con la cabeza. —No, Jazz me lo ha explicado. Yo sólo...— Se interrumpió, lanzando una rápida mirada hacia la sala. —¿Ustedes dos...? Él no... ¿Qué están...?
—Lo sé. — Fue todo lo que pude decir, y sabía lo que estaba tratando decir. En el fondo, ella no quería que lastimara a su hermano de nuevo. —Estamos trabajando en algunas cosas, Alice.— Y antes de que pudiera advertirme o discutir, añadí: —En aquel entonces no estaba en condiciones mentales de trabajar en nada. Por favor, compréndelo. Venir a casa o llamar para retomar las cosas no habría arreglado nada.
—Lo siento—, susurró con lágrimas en los ojos.
Rodeé el mostrador para abrazarla. —No lo sientas. Ya se nos ocurrirá algo. Supongo que habrá algún tipo de boda con la que seguir lidiando en el futuro.
Alice rio suavemente, asintiendo. —Sí, y ahora estás en ella, mujer.
—Por supuesto. Me siento honrada.
El tono de llamada de mi madre sonó desde arriba, y puse los ojos en blanco y suspiré, diciendo: —Es mejor acabar con esta mierda de una vez, porque me va a marcar el culo. No sé si es la muerte de papá o que yo haya vuelto aquí lo que la ha puesto furiosa esta vez.
—Mmm—, tarareó Alice, con el ceño fruncido.
Corrí escaleras arriba hasta el dormitorio de Edward, donde mi teléfono se estaba cargando en su mesita de noche.
—¿Sí, mamá? — Respondí, rebuscando en lo más profundo de mí para encontrar paciencia y fuerza. A veces aún podía llegar a mí si se lo permitía... o si elegía el tema adecuado.
—¿Sigues en Forks?
—Sí.
—¿Por qué?
—Bueno, no es que te deba ninguna explicación, sino porque quiero—, respondí con un toque de condescendencia en el tono. —Estoy pasando tiempo con mis amigos y Jasper.
—¿Y tu trabajo?
—¿Qué es esto, mamá? ¿Por qué te molesta tanto que esté aquí? ¿Tienes miedo de que se descubra toda la basura que me has soltado? Porque ese barco ya zarpó.
Se calló un segundo, pero finalmente murmuró: —Forks es peligroso.
Fruncí el ceño y, de repente, recordé algo que Jasper había dicho en el funeral de papá. Había supuesto que papá me había enviado con ella para protegerla.
Max entró en la habitación, bostezando ampliamente, y detrás de él estaba Edward, que tomó asiento detrás de mí en su cama. Con la cabeza de Max en mi regazo y los besos de Edward en mi nuca, me quité el teléfono de la oreja y encendí el altavoz, levantando el dedo para que me escuchara.
—Vale, mamá, caeré. ¿Por qué es peligroso Forks? — Le pregunté, y las cejas de Edward se alzaron.
Jasper y Alice aparecieron en la puerta, y les hice un gesto para que escucharan.
—Yo... Bueno, son esos bosques, Isabella.
—Bella—, le recordé por enésima vez, que ella ignoró de inmediato.
—Esos bosques son peligrosos. No hay más que ver qué les pasó a Rachel y a tu padre.
Mis ojos se entrecerraron peligrosamente al mencionar a papá, porque hacía siglos que le había dicho que era un tema prohibido. —Osos, ¿verdad?
—No son los putos osos. ¡Esos bosques son malvados!
—Bueno, no se equivoca—, apenas susurró Jasper en voz alta, lo que nos hizo sonreír a todos.
—Papá intentó hablar contigo sobre eso, pero tú dijiste que eran estupideces—, le dije, a ver si podía cebarla para que revelara algo.
—Todo lo que dijo era mentira, Isabella. Harías bien en recordarlo—, respondió en tono altivo.
—Y hemos terminado aquí—, canté, empezando a terminar la llamada.
—Nunca me haces caso. Y me tratas muy mal.
—Tú no eres la víctima aquí, mamá. Esta mierda que estás haciendo ya no funciona. Por favor, vete a abusar a otra persona—, le dije.
—¿Está Edward entre todos tus amigos?
La cara de Edward se ensombreció cuando me volví para mirarle, pero parecía que se sentía especialmente malvado, así que se limitó a decir: —Aquí mismo, Renee. ¿Cómo has estado?
Jasper sonrió, tapando su risa con la mano y apretando sus ojos cerrados.
—¡Oh! Edward, cariño. ¿Cómo estás? — Su voz era enfermizamente dulce y falsa, y todos nos dimos cuenta al instante.
—Bueno, estamos algo ocupados. Tenemos que ir a casa de Charlie a revisar algunas cosas. Te dejaremos seguir con tu día. Fue un placer hablar contigo—, dijo suavemente, dándome un guiño sexy mientras se acercaba para terminar la llamada.
—Vale, hablamos...— Su voz sorprendida se cortó cuando tocó mi teléfono.
—Iba a utilizarme para hacerte daño, ¿verdad? —, me preguntó.
—¡Oh, sí! Eres su tema favorito.
Edward suspiró, negando con la cabeza, pero se limitó a besarme la sien, susurrando: —Gracias por dejarme dormir.
El teléfono de Jasper sonó, y bajó la mirada. —Bueno, Emmett y Rose van a reunirse con nosotros en casa de Charlie. Dijo que probablemente deberíamos planear pasar la noche.
—Me parece bien—, dije asintiendo.
Recogimos algunas cosas para pasar la noche, tomando algunas cosas de la cocina para poder preparar en casa de mi padre. Cargamos el auto de Edward, un todoterreno bastante nuevo, montando a Max en la parte de atrás. También traje toda la investigación que Edward y yo habíamos hecho, junto con el libro.
Sin embargo, no estaba preparada para la sensación de ver mi antigua casa. Cuando Jasper me recogió en el aeropuerto, sabía que no estaba preparada para dormir aquí, por eso había pedido quedarme en casa de los Cullen. Pero llegar a la entrada, pisar el césped y abrir la puerta de la casa de mi padre me estremeció un poco.
Observé la sala y la cocina, que no habían cambiado nada. Sujeté el chaleco de Max porque se estaba apoyando en mí, o quizá yo me estaba apoyando en él.
—Tómate tu tiempo, Bella—, susurró Edward, e incluso sus emociones estaban a flor de piel.
—¿Cuándo fue la última vez que estuviste aquí? — preguntó Alice suavemente.
—Cuando me fui—, susurré, dándome la vuelta para subir las escaleras, y Max me siguió de cerca.
Todo el lugar olía igual: a aceite para armas, a canela y al limpiador que siempre habíamos usado. Diablos, era el mismo limpiador que tenía en mi apartamento de California. Inhalé profundamente cuando entré en mi antigua habitación.
Era exactamente igual: las paredes de color morado claro, los muebles blancos y mi cama. Mi madre no me había dejado llevarme nada, excepto mi ropa, unas cuantas fotos y algunos pósteres de las paredes. Me acerqué a mi antigua ventana y froté con el pulgar las marcas que Edward había hecho al colarse por las noches.
Había una parte de mí que deseaba pasar una noche más acurrucada en aquella cama con Edward. Se me llenaron los ojos de lágrimas al pensarlo y tragué grueso para controlarme. Mi habitación no era la habitación segura de esta casa. Era la sala.
Salí de mi habitación, pero me encontré con un silencio absoluto en la casa que solía estar siempre llena de deportes en la televisión o todos mis amigos charlando con papá o incluso la música de la habitación de Jasper, todo eso había desaparecido. Mi padre no estaba viendo la tele, no estaba en el trabajo en la comisaría y nunca volvería a llamarme "niña".
Me topé con los tres cuando entré en el vestíbulo, pero lo único que dije fue: —De verdad se ha ido.
Mi sollozo salió de golpe, pero los tres me envolvieron en un abrazo, lo que hizo que Max caminara en círculos a nuestro alrededor. Todos estábamos hechos un lío, la verdad, y Max no podía soportarlo. Un quejido agudo resonó hacia nosotros.
Despegué a Alice de mi frente y retrocedí para arrodillarme frente a Max. Él resopló y me limpió la cara a toda prisa.
—Te estoy haciendo trabajar horas extras, ¿verdad, guapo? — Le susurré. —Pero eres un buen chico.
Se sentó, con la lengua fuera, pareciéndose al cachorro que era cuando lo compré.
—Lo estás haciendo bien, Bells —, elogió Jasper, apretándome el hombro.
—No me digas—, murmuró Edward, pasándome una mano por la cabeza al entrar en mi antiguo dormitorio. —¡Mierda! —, susurró, volviendo a mirarme.
—¿Verdad? — Solté una carcajada y moqueé al mismo tiempo.
Jasper, burlón, se puso los dedos en las orejas. —No quiero oír lo que hicieron ahí dentro cuando todos estábamos inocentemente dormidos.
Edward sonrió, con las mejillas ligeramente rosadas, pero soltó una carcajada cuando todo lo que dije fue: —Sí, porque eras jodidamente inocente. Ellos venían juntos.
Alice y Edward se rieron y se encogieron de hombros. Alice, sin embargo, lo puso todo en perspectiva. —Dios, cuántos recuerdos—, susurró, suspirando profundamente. —Realmente éramos todos inseparables.
—Realmente lo éramos—, asintió Edward, sentándose en la mecedora de la esquina de mi habitación. —Cuando Jake me envió la llave, todos los recuerdos me golpearon muy fuerte. Éramos tan diferentes, pero nunca nos peleábamos ni nos poníamos celosos por estupideces. Discutíamos, pero nada importante. Siempre sentí que éramos familia. A veces más que de sangre.
—Sí, y eso incluía a Jake y Rachel—, añadí asintiendo.
—Definitivamente—, asintió Jasper en voz baja.
Llamaron a la puerta en el piso de abajo y Max soltó un suave "Buf".
—Debe ser Emmett—, dijo Jasper, saliendo de mi habitación, y Alice le siguió.
Antes de que pudiera hacer lo mismo, Edward me agarró de la mano, tirando de mí entre sus piernas mientras permanecía sentado en la silla.
—¿Estás bien? —, me preguntó en voz baja, jugueteando con mis dedos y finalmente subiéndolos para darme besos en los nudillos.
Pasé los dedos por su cabello, sonriendo ante la posición en la que nos encontrábamos, porque no era nueva. Edward siempre fue mucho más alto que yo, así que las conversaciones cara a cara tenían que ser con él sentado. Pero mis manos nunca podían resistirse a ese cabello.
—Estoy todo lo bien que puedo estar—, respondí con sinceridad. —El duelo es curioso en ese sentido. Mi terapeuta dijo que lo pasé por alejarme de ti... bueno, de todos ustedes, pero sobre todo de ti.
—Cuando esto termine, Bella, tú y yo nos sentaremos a hablar. Trabajaremos para corregir ese desvío que tomaste. ¿De acuerdo? — preguntó, sonriendo ante mi suave risa. —Nuestro camino sigue ahí.
—¿Hablas de trabajarlo o de larga distancia o...?
Me besó con una suave carcajada. —Sí, claro. De todo eso. Solamente sé... que puedo hacer mi trabajo en cualquier parte—, afirmó, rodeando mi cintura con un brazo y alzándome una mortífera ceja.
Luchando contra mi sonrisa, asentí. —Para pensarlo, Edward.
Su mirada se desvió más allá de mí y sacudió la cabeza mientras sus ojos se volvían oscuros y ardientes. Era una mirada que conocía como la palma de mi mano, por mucho tiempo que hubiera pasado.
—Los recuerdos de esta habitación, nena—, susurró en un tono áspero.
Sonriendo, lo levanté de la silla. —Ese también es un tema para más tarde, Edward. Ven. Me toca cocinar a mí, y si vamos a quedarnos aquí esta noche, tenemos que asegurarnos—. Mientras bajaba las escaleras, lo miré. —Y tenemos que contarles lo que tú y yo encontramos en ese libro.
—Sí, podemos hacerlo mientras comemos.
Los chicos trabajaron en la sala, asegurándose de que las armas de papá seguían allí y funcionaban, mientras Rose y Alice me ayudaban en la cocina. El sofá fue desplazado un poco, y se hizo sitio en el suelo. Para cuando estaba sacando el pollo al limón y las patatas del horno, los chicos estaban prácticamente salivando en la encimera.
—¿Qué carajo, Bells? — gruñó Jasper. —¿Dónde coño estaba esto cuando vivías aquí?
—En YouTube esperando a que lo encontrara—, dije riendo. —Cállate y sírvete.
—¿Cómo coño sobrevivía el mundo antes de YouTube y el puto Google? — preguntó Emmett mientras todos llenábamos nuestros platos y nos sentábamos en la vieja mesa de mi padre.
Edward y yo pusimos los ojos en blanco, y señalé al gran libro. —Escondían información en los libros—, me burlé de él.
Rose soltó una carcajada. —Tú y yo nos pasaremos pronto por la cafetería.
Edward sonrió, negando con la cabeza. —No me metan en esa mierda—, murmuró.
Golpeé el cuaderno en el que había estado tomando notas y dije: —Creo que hay algunas cosas de las que deberíamos hablar aquí.
Antes de que pudiera continuar, llamaron a la puerta.
—Probablemente es Billy. Le pedí que se pasara—, dijo Emmett, levantándose para abrir la puerta.
El mejor amigo de mi padre parecía haber envejecido veinte años cuando entró en la casa. Estaba más canoso y calvo, y la tristeza de sus ojos era difícil de presenciar.
—Bella—, dijo suspirando.
Me levanté y caminé hacia sus brazos, abrazándolo con fuerza.
Se apartó y me acarició la cara. —Charlie dijo que te habías puesto más guapa, pero yo pensé que sólo estaba siendo un padre orgulloso. No estaba presumiendo. Bueno, lo hacía, pero aun así.
Solté una carcajada y me enjugué una lágrima. —Me alegro de verte, Billy. Si tienes hambre, hay de sobra.
Se sirvió un plato y le hicimos sitio en la mesa. Edward y yo pusimos todo en lo que habíamos estado trabajando en el mostrador.
—Antes de empezar—, dijo Billy, mirándonos a todos. —Sólo quiero darles las gracias por Jacob. Él nunca hubiera querido...
—Sí—, murmuramos todos al mismo tiempo.
—Tengo que enseñarles en el mapa de Charlie dónde se desató el mierdero. Dónde estaban—, nos dijo. —Estaban rastreando algunos informes de personas desaparecidas y más "ataques de animales".
—Más o menos sabía dónde estaban, pero Charlie no había dicho nada al respecto—, dijo Emmett frunciendo el ceño.
—Sí, Jake lo estaba manteniendo en secreto hasta que lo supieran con seguridad. Sólo era una corazonada—, contraatacó Billy.
—Vale, pero antes de hacerlo, tenemos que hablar de nuestro amigo de la cabaña—, afirmé, abriendo mi cuaderno.
Se volvieron para mirarnos y yo di un golpecito en la página. —Vale, sabemos que estos tipos han estado por aquí desde el siglo XIX. Como mínimo. También parece que han viajado por las mismas zonas, lo que concuerda con el patrón decenal que descubrió papá—. Abrí el libro por el viejo boceto. —Matamos a Laurent. Tenemos a James atrapado, pero eso se deshará pronto. Es Victoria la que sigue ahí fuera, fabricando más vampiros, y quiere vengarse y liberar a James.
—¿Qué te hace decir que se deshará solo? — preguntó Billy.
Pasé unas cuantas páginas. —La sangre de hombre muerto es un remedio temporal. Según esto, sólo dura un tiempo, dependiendo de cuánta hayamos usado—. Levanté una mano cuando todos empezaron a decir algo. —Sé que lo atamos con hierro y le cortamos la cabeza. Pero el hecho de que el sol no lo matara me dice que es antiguo. Una vez que esa sangre muerta desaparezca, su cabeza volverá a unirse, y sólo el hierro lo retendrá. Tal vez.
—Al final tendremos que salir. Llueva o no—, añadió Edward, golpeando el libro. —Creo que si quemamos a James, esparciendo sus cenizas... Y no me refiero sólo a dejarlas volar. Hablo de llevar partes de él a diferentes putos océanos o desiertos.
—Mmhmm,— tarareé de acuerdo, acomodándome el pelo detrás de la oreja. —Sin embargo, nuestro problema es Victoria. No sabemos si ella es como James... o Laurent. Y ella va a venir por nosotros. Por todos nosotros.
—Ella ya lo ha intentado, Bells —, señaló Jasper.
—Sí. Lo sé—. Pasé unas páginas más del libro. —Esta es la parte aterradora. No son los únicos que existen. Hay historias que se remontan a la antigua Grecia, Bulgaria, Inglaterra e Irlanda. Ese irlandés era desagradable. No paraba de volver.
—¿Cómo lo detuvieron? — Alice preguntó.
—A él...— Edward acercó el libro para leerlo. —Lo apuñalaron en el corazón con una espada hecha de tejo (2) y luego lo enterraron boca abajo, como de cabeza. Finalmente, plantaron un espino junto a su tumba luego de colocar una roca sobre él.
—Oh, todo en un puto día de trabajo—, se burló Rose sarcásticamente, poniendo los ojos en blanco. —Fuego suena mejor.
Edward rio. —Yo también lo creo.
—Vale, bien, ¿la diferencia entre nuestros vampiros y esos globales? —. Empezó Emmett, esperando a que asintiéramos. —Esos otros pendejos no saben de nosotros. Estos sí.
—Exacto—, estuvo de acuerdo Billy. —Así que vamos a mirar el mapa de Charlie, porque tengo la sensación de que vamos a hacer otra larga caminata.
—Tengo sus llaves—, dijo Jasper, sacando un llavero de su bolsillo.
Todos caminamos hacia el viejo cobertizo de mi padre, y sacudí la cabeza al ver que estaba exactamente igual. Cosas de jardinería y herramientas a un lado, y la central de caza de vampiros al otro. El mapa seguía colgado encima del banco de trabajo, y le habían añadido más chinchetas.
Billy estudió el mapa y finalmente señaló un lugar. —Nuestro amigo está bajo llave aquí—. Señaló el lugar donde estaban las viejas cabañas. —Charlie y Jake querían ver si tal vez estaban usando una cabaña diferente esta vez, pero no encontraron nada. Sin embargo, esta última vez... Estaban pensando en el túnel de ese sótano.
—¿Sí? — Jasper preguntó, acercándose.
—Sí, porque no muy lejos de allí hay un viejo aserradero abandonado, que utilizaba agua del río Calawah. Pero también utilizaba mierda subterránea: tuberías de agua, presas y estaría dispuesto a apostar que una gran sala subterránea para sierras industriales.
—¿Ahí es donde fueron? — Le pregunté acercándome al mapa.
—La última vez que hablé con mi hijo, me dijo que estaban revisando el viejo molino—, explicó Billy. —Lo siguiente que supe fue que Charlie había sido encontrado en su patrulla y Jake había desaparecido.
—Mierda—, siseó Edward, agarrándose el pelo y sacudiendo la cabeza. —Apostaría todo lo que tengo a que Jake fue mordido, pero lo último que hizo fue asegurarse de que Charlie fuera encontrado. Ya me había enviado la llave.
—Sí, lo hizo el día que se fueron—, dijo Billy.
—Vale, ¿entonces de excursión mañana? — Preguntó Emmett, y todos asentimos. Se volvió para abrir el armario de mi padre.
Todo seguía allí: botellas de agua bendita, estacas de madera, flechas con punta de plata y crucifijos.
—Mañana nos abasteceremos antes de irnos—, dijo Jasper, volviéndose hacia nosotros.
—Nos vemos aquí por la mañana—, dijo Billy, levantando la mano cuando todos empezamos a discutir. —Deténganse, niños. Esperen. Vengo porque le prometí a Charlie que lo ayudaría mientras pudiera. Y estoy a salvo en la reserva, así que los veré por la mañana—, reiteró.
La casa estaba en silencio mientras limpiábamos después de la cena, nos poníamos pijama o pantalones cortos y nos acomodábamos en algún lugar del salón; para entonces, el sol ya se había puesto, así que estábamos en alerta máxima.
Max necesitaba salir, así que lo llevé al patio trasero, sentándome en los escalones. Sonreí cuando el humo del cigarrillo llegó a mi nariz, pero miré a Edward, que estaba sentado a mi lado en el escalón.
—No quería que estuvieras aquí sola—, susurró, besándome los labios.
—No lo estoy—, dije, señalando a Max, que trotaba hacia nosotros.
Edward sonrió, despeinando a Max. —Ya sabes lo que quería decir.
Mientras él fumaba su cigarrillo, yo escuchaba. Los ruidos nocturnos habituales llegaban a mis oídos: perros ladrando, búhos ululando, grillos cantando. Y hasta el momento, Max no reaccionaba a nada, excepto a las caricias que recibía de Edward.
Esos ruidos seguían a todo volumen cuando por fin volvimos a entrar y cerramos la puerta. Con suerte Victoria nos dejaría en paz por una maldita noche.
~oOo~
(1) Y nunca me importó estar sola
Entonces algo se rompió en mí y yo quería irme a casa
Para estar donde tú estas
Pero aún más cerca de ti, pareces tan lejano
Y ahora intento alcanzarte con cada nota que canto
Y espero que te lleguen con algún viento del Pacífico
Te envuelva y te susurre al oído
Te diga que te extraño y desearía que estuvieras aquí
(2) Taxus baccata, tejo común o tejo negro, es una especie del género Taxus originaria de Europa occidental, central y meridional. Es una conífera que puede crecer hasta 10-20 m (excepcionalmente, 28 m). Tiene un tronco marrón grueso que puede llegar a los 4 m de diámetro. Su crecimiento es lento y con una longevidad de hasta 5000 años.
Canciones añadidas a la lista de reproducción:
"Wish That You Were Here" de Florence + the Machine
"Easy on Me" de No Resolve (original de Adele)
