Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!
Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!
Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.
Capítulo 9 – Cae la noche
When the shadows come
And the night is falling
And the voices tell you
This might be the end
Screaming
When your heart is barely beating
When your lungs are barely breathing
Thinking this might be the end when
You're caught in the
Crossfire
"Crossfire" por No Resolve (1)
EDWARD
Algo me despertó, e inhalé bruscamente. Todavía estaba oscuro, la sala de la casa de Charlie estaba en silencio, aparte de la respiración profunda de todos y los suaves ronquidos procedentes de Jasper. Según el reloj de pared, eran casi las tres de la madrugada.
Me concentré en la suave respiración contra mi cuello, porque Bella había acabado con la cabeza sobre mi pecho. Le aparté suavemente un mechón de pelo de la cara y estudié su belleza natural a la tenue luz del pasillo.
No le mentía al decir que quería redescubrirnos. Había vivido demasiado tiempo pensando cosas y ahora quería deleitarme con la verdad, volver a aprender sobre nosotros. No era mentira cuando le había dicho que podía hacer mi trabajo en cualquier parte. Ella vivía en California, y tenía un trabajo al que tendría que volver en algún momento. Yo podía escribir en cualquier lugar, y todo lo que hacía podía hacerlo a distancia. Me daba igual Washington que California. No me importaba que viajara; diablos, yo también podía hacerlo con ella.
Sólo contemplar su rostro relajado mientras dormía me traía recuerdos de haberme colado en su habitación, de sonrisas y besos secretos, de haberle hecho el amor hasta que creí que los dos nos volveríamos locos.
Y Jesús, también quería eso. Lo deseaba tanto que hasta mi cuerpo reaccionaba al volver a tenerla entre mis brazos.
Me aparté un poco de ella para controlarme, pero unos cálidos ojos marrones se abrieron para encontrarse con mi mirada.
—Shh—, apenas dije en voz alta, apretando mis labios contra los suyos.
Aunque estábamos en una habitación llena de familiares y amigos, nos perdimos por un momento. Besos profundos, con lengua en la boca del otro, con manos deslizándose por debajo de las camisas. Le rodeé la cintura con un brazo, atrayéndola hacia mí, y su pierna se enganchó alrededor de mi cadera.
Joder, nos estábamos volviendo locos... hasta que se cortó la electricidad de la casa.
Bella y yo nos separamos con una bocanada de aire.
—Mierda—, siseamos, sentándonos al instante.
—¡Chicos! — Llamé, alcanzando a Emmett mientras Bella sacudía a Jasper y Alice.
Lo que realmente llamó la atención de todos fue Max. Estaba de pie, paseándose por la habitación, casi como si estuviera siguiendo sus movimientos afuera. Estaban aquí, y Max estaba cabreado. Bufidos y gruñidos brotaron de él cuando finalmente posó su mirada en la puerta trasera. Finalmente, ese ladrido profundo y gutural que sólo un pastor alemán tenía se dirigió a las risas que resonaban en el porche trasero.
Tomamos las armas y nos apostamos en las ventanas y las puertas. Todo quedó en silencio durante una fracción de segundo, y entonces la puerta trasera se hizo añicos. Levantamos las armas, pero tres vampiros entraron volando en la habitación. Sentí como si me hubiera atropellado un camión, sobre todo cuando de repente me encontré contra la pared, en lo alto de la pared, como contra la pared del segundo piso.
El hedor que sentí en la cara fue peor que el dolor de ser golpeado contra la pared de yeso y los soportes de madera, lo que me hizo soltar la ballesta. El vampiro que me sujetaba era un hombre: desaliñado, de pelo rubio sucio, con una sonrisa colmilluda y lo que parecía una camiseta de los Marineros (2). Estaba tan jodidamente sucio; no podría decir exactamente qué había debajo de la sangre y la tierra y cualquier otra cosa en la que se hubiera revolcado, salvo que el aserrín llamó mi atención.
Detrás de él sólo había un puto caos. Max sonaba salvaje, con gruñidos y ladridos. Podía oír a Emmett peleando, a Jasper gritando y el forcejeo de Bella.
—Entrega la llave, pendejo—, me gruñó en la cara.
—¿Qué llave? — me burlé, tratando de agarrar algo, cualquier cosa, para quitarme a este tipo de encima.
Su mano me rodeó la garganta, apretando, y finalmente gruñí: —De acuerdo, de acuerdo. Déjame...
Metí la mano en el bolsillo y tomé una botella de agua bendita. Le quité el tapón a ciegas y la volví a sacar rápidamente, echándosela en los ojos al tipo. Gritó y me dejó caer al suelo de la sala, lo que me dolió muchísimo. Sin pensarlo, cogí mi ballesta y apreté el gatillo.
El vampiro beisbolista estalló en llamas, convirtiéndose en cenizas sobre mi cabeza. Cogí otra flecha justo cuando Victoria apareció en la puerta para inspeccionar su trabajo.
Bella estaba siendo sujetada por una vampira de largo cabello negro, pero justo cuando pensé en sacar mi arma, Max se lanzó contra el atacante de Bella. Cayeron en la cocina en una cacofonía de gruñidos, dientes y ruidos guturales. Jasper estaba siendo sujetado en lo alto de la pared por un tipo que no parecía tener más de dieciséis años, pero Emmett alzó la mano con toda la fuerza que tenía y clavó una flecha en el pecho del vampiro directo al corazón. El fuego floreció con fuerza, pero se apagó de inmediato cuando las cenizas cayeron al suelo.
Levanté el arma hacia Victoria y apreté el gatillo, pero ella me devolvió la flecha como si se la hubiera arrojado. Parecía sacada de una pesadilla: ojos brillantes, un gruñido amenazador y ese pelo rojo salvaje. La sangre manchaba su cara, su ropa, sus manos. En el fondo de mi mente, me preguntaba a quién habría matado, a quién le faltaría un ser querido esta noche.
—¡Quiero esa llave, mosquitos insignificantes! —, gritó, y de repente estaba sobre mí, presionándome contra la alfombra, con mi camisa desgarrándose bajo sus manos.
Sin embargo, gritó aterrorizada al ver mi tatuaje y se apartó de mí, lo que hizo que mi cabeza se golpeara con fuerza contra el suelo. Y eso dio a los demás la oportunidad de apuntarle con algún arma. Me salpicaron con agua bendita y ella desvió más flechas, pero antes de que pudiera parpadear, salió volando por la destruida puerta trasera.
—Dios, Edward—, jadeó Bella, corriendo hacia mí. —¿Estás bien?
—Eso creo. — gruñí, sin confiar aún en mis piernas. —¿Están bien?
—Sí—, dijeron Rose y Jasper al mismo tiempo.
Alice estaba a mi otro lado. —Yo estoy bien. No te han mordido ni nada, ¿verdad?
Negué con la cabeza, apretando los ojos cerrados mientras me incorporaba. —No, pero me siento como si me hubieran metido dentro de una maldita batidora.
—Cariño, estás sangrando—, susurró Bella, tirando ligeramente de la parte de atrás de mi camiseta.
Señalé hacia arriba, hacia los paneles de yeso destrozados y los soportes rotos de dos por cuatro que había detrás. Asintió con la cabeza, pero miró hacia otro lado cuando Max se acercó a ella. Le olisqueó la cara y el cuello y luego el mío.
—Has estado increíble, amigo—, dije entre suspiros, frotándole la cabeza con una mano temblorosa.
Max se sentó a nuestro lado, pero todos levantamos la vista cuando Emmett volvió a entrar por la puerta trasera. Estaba cabreado, con los músculos crispados y la mandíbula apretada.
—Sabemos lo que está haciendo, carajo, ¿verdad?—, atronó, paseándose un poco delante de la puerta, y la madera astillada crujió bajo sus zapatos. —Va a seguir atacándonos hasta que entreguemos la llave o hasta que alguien más muera.
Asintiendo, me puse lentamente en pie. —Tengo la sensación de que es tan vieja y fuerte como James—, supuse con un gruñido mientras me dirigía al mostrador y tomaba un taburete. —Esquivó las flechas como si estuviera matando moscas.
Bella seguía quejándose de lo que probablemente eran arañazos en mi espalda, y tiré de ella hacia mi frente, susurrando: —Estoy bien. Lo prometo—. Sin embargo, pude ver como Max se movía a su lado. —Respira para mí, cariño—, le susurré al oído.
Ella asintió con vehemencia, inhalando bruscamente, pero lo dejó salir suave y fácilmente. Volvió a asentir. —¿Me prometes que estás bien?
Solté una carcajada y dije: —Sí, señora.
Frunció el ceño y hundió las manos en el pelaje de Max.
Estos eran los cambios en Bella sobre los que no paraba de advertirme. Recordando a la Bella de antes, ella simplemente habría recogido y continuado después de este tipo de pelea. La Bella de ahora estaba absolutamente aterrorizada de perder a alguien en esta habitación. Le daba pánico, no la pelea, sino que yo pudiera estar herido. Ya le había entrado el pánico cuando nos besamos por primera vez en siete malditos años, porque permitir la felicidad le parecía mal. Su jodida madre le había dicho una y otra vez que no se lo merecía, y lo asimiló un poco. Cuando intentó alejarse de mí, la rodeé con un brazo y la metí entre mis piernas, dándome la espalda para mantenerla cerca.
Me acerqué a su oído y le susurré: —No me alejes. No voy a ir a ninguna parte.
Bella finalmente esbozó una sonrisa y asintió. Sus dulces mejillas se sonrosaron un poco, pero no dijo nada.
Sin embargo, nos centramos en Emmett, que dijo: —Si vamos hoy a esa cabaña, quizá debamos prepararnos para pasar la noche.
—¡Diablos, no! — Rose protestó. —No pienso dormir en esa casa de mierda. No he olvidado cómo era. Joder, no.
—Tampoco voy a dormir donde puede o no haber algún tipo de túnel que la zorra pueda usar—, añadió Alice, señalando hacia la puerta. —Mira, estoy a favor de prenderle fuego a James y asar perritos calientes en el culo, ¿pero quedarnos afuera de una de estas habitaciones seguras? Estás bromeando, ¿verdad?
—¿Cuál habitación segura? — replicó Bella, señalando la puerta. —No es nada que no podamos montar en otro sitio. Victoria lanzó a sus acólitos por esa puerta. Esa puerta era de espino -la madera que los repele- y lo único que hizo fue chamuscar al que cayó sobre mí. Y siguieron viniendo.
—Seguirá creando más y más hasta que estemos demasiado cansados o superados en número, y cometeremos un error—, añadí, sacudiendo la cabeza. —Si recuerdan, ella intentó esta mierda hace diez años. Nos golpeó duro antes de rendirse.
~oOo~
Edward – A los catorce...
—Toma, Ed—, dijo Charlie, tendiendo un plato con hamburguesas. —No puedo prometer que no estén secas, pero es mejor que nada.
Sonriendo, llevé el plato a la mesa de picnic que había colocado en el patio trasero. Todas las chicas estaban haciendo dibujos o escribiendo sus nombres con algunas bengalas que habían sobrado del 4 de julio. Bailaban al ritmo de una tonta canción pop que Emmett ponía en su teléfono.
Miré a Jake, que las observaba con una sonrisa de satisfacción, pero me di cuenta de que echaba de menos a su hermana. Era la primera vez que nos reuníamos desde que encerramos a aquel vampiro en el sótano de aquella cabaña. Nos estábamos desahogando un poco, ya que Renee estaba en Port Angeles con unas señoras de la iglesia. Iban a ver una película, un concierto o algo así.
Jake miró a Bella y luego a Alice, pero enseguida volvió a Bella. Cuando captó mi mirada, se estremeció. —Lo siento, amigo. Es que...
—Sí—, asentí con un movimiento de cabeza. —Lo es.
—Sin embargo, ella solo está interesada en ti.
Me encogí de hombros, no necesariamente creyéndolo, pero lo esperaba, no obstante.
Se rio, empujándome un poco. —Créeme. Oí a mi hermana hablando con Bella no hace mucho, porque Rachel quería saber si ustedes dos eran algo.
Suspirando, negué con la cabeza. Sabía del enamoramiento de Rachel, pero nunca la había visto de esa manera.
—De todas formas, Bella avisó a mi hermana.
Mis ojos se desviaron hacia la chica en cuestión y sonreí al ver lo que estaba escribiendo con una bengala recién encendida: B + E. Algo de aquello hizo que me sudaran las palmas de las manos, pero levanté la vista cuando Emmett dejó de poner música. Se hizo el silencio, y no sabría decir si era porque la música había estado muy alta o si algo más estaba haciendo que todo se callara.
Justo cuando iba a decir algo, Jake susurró: —Algo acaba de moverse en esos árboles.
En el rincón más alejado del patio trasero de los Swan había un fuerte que Jasper y Bella habían abandonado hacía siglos. Era solamente madera contrachapada y cajas, así como un poco de lona. Renee lo utilizaba para guardar abono y macetas.
Sin embargo, de repente se hizo añicos: la madera y las macetas naranjas salieron disparadas hacia el patio trasero, y eso último alcanzó la pierna de Bella. Bella cayó al suelo mientras la vampira pelirroja salía a la luz del porche.
—¡Charlie! — Jake y yo gritamos simultáneamente, pero yo ya estaba en movimiento hacia la amenaza.
Corrí hacia Bella, deslizándome por la hierba como un corredor hacia el home plate (3). —Vamos, Bella—, la insté a que me rodeara el cuello con sus brazos y la levanté, corriendo hacia el porche trasero, donde todos nuestros amigos nos gritaban que moviéramos el culo.
Charlie salió por la puerta trasera, levantando su ballesta, y yo me arrodillé para apartarme de su camino. Disparó un tiro, pero cuando me giré para ver el resultado, lo único que vi fue a la vampira, ilesa cada vez más cerca. Parecía concentrada en Bella, concretamente en la pierna sangrante de Bella. Me giré para colocarme entre ellas, por si esa diabla loca decidía saltar, pero dos más cayeron al césped detrás de ella, ambos hombres.
Un chorro de agua la golpeó desde detrás de mí, y ella gritó mientras sus brazos, cara y manos ardían y se humedecían. Cuando se acercó un paso más, otro chorro de agua bendita la empapó. Una flecha alcanzó a uno de los vampiros detrás de ella, que ardió intensamente antes de apagarse.
Se detuvo, gruñendo con fuerza, y juro que oí las palabras: —¡Quiero esa llave! ¡Los mataré a todos!
—No lo recuperarás—, replicó Charlie, —porque no hay nada que recuperar, pero no dudes en seguir intentándolo.
Sacó del bolsillo lo que parecía una linterna y la encendió. En lugar de un haz de luz blanca o amarilla, era de un púrpura azulado, pero la reacción de ella fue instantánea. Su piel ardió y se descamó, chamuscándose y humeando.
El último que la acompañaba dio un paso al frente en señal de venganza o estupidez, pero antes de que pudiera acercarse a nosotros, Emmett se acercó con otra ballesta y apretó el gatillo. Estalló el fuego, y al instante se lo llevó el viento. La pelirroja era la única que quedaba, pero gritó una vez más en nuestra dirección antes de alejarse hacia las copas de los árboles.
Miré a Bella y le pregunté: —¿Estás bien?
—Sí, ya he dejado de sangrar—, me susurró. —Gracias.
Asentí, mirando a Charlie cuando sentí una mano en mi hombro. —La mierda más valiente que he visto, chico. Te debo una.
~oOo~
—¡Mierda! —, jadeé, cruzando miradas con Rose, porque parecía que todos habíamos olvidado ese recuerdo en particular.
—Luces UV—, dijimos al mismo tiempo.
—Puedo conseguirlas—, afirmó Emmett, asintiendo.
—¿Qué estás pensando, Ed? — preguntó Jasper, echando una mirada de reojo a la puerta abierta de par en par.
—Estoy pensando que tenemos que revisar esa vieja trampa, y también creo que tenemos que seguir la pista de Jake y Charlie—, respondí, gimiendo cuando me senté del taburete.
—Tal vez deberías tomarte un día—, sugirió Alice.
—No tenemos un día—, contraataqué negando con la cabeza. —Va a seguir viniendo. No se ha dado cuenta de que sabemos dónde se esconde.
—Tiene razón.— La voz de Bella era suave, pero miró alrededor de la habitación. —Si vamos, llevamos todo: todas las armas, toda la defensa que podamos cargar.
Todos se quedaron callados por un momento, pero finalmente Jasper asintió, diciendo: —De acuerdo, entonces reunámonos. Nos encontraremos con Billy en cuanto salga el sol.
Bella se giró delante de mí, susurrando: —Ven conmigo.
Me llevó escaleras arriba, echando una mirada mordaz a la pared destrozada sobre nuestras cabezas de camino a su dormitorio, y tiró de mí para que me sentara en el borde de su cama.
—No te muevas.
Sonriendo, levanté las manos en señal de rendición mientras ella me dejaba para entrar en el cuarto de baño. Oí correr el agua y abrir y cerrar un armario.
Reapareció susurrando: —Quítate esa camiseta.
—Bella, yo...
—Quítatela, Edward.
Eché la mano hacia atrás, cogí un puñado de algodón y me lo quité por la cabeza. Se subió a la cama para sentarse detrás de mí.
—Gracias a Dios—, dijo con un profundo suspiro. —No es tan malo como lo imaginaba.
La miré por encima del hombro. —Ya lo he visto. Estaré magullado más que nada, cariño. Estoy más cabreado porque interrumpió un tremendo beso.
La risita fue música para mis oídos, y aún mejor fue su comentario.
—Jesús, Edward, no has cambiado nada.
Me reí entre dientes, encogiéndome de hombros mientras me limpiaba suavemente. Me escocía y siseé un poco, pero ella siguió.
—¿Eso es malo? — Pregunté.
—Dios, no. ¿Bromeas? —, replicó, bajando de la cama para colocarse entre mis piernas. —No. No es nada malo, Edward. De hecho, justo cuando pensaba que estarías enfadado o amargado, sigues siendo... tú. Dulce y amable. Es que... necesitaba tanto eso. Ni siquiera sabía cuánto.
—Estuve enfadado y amargado en algún momento, pero...— Me interrumpí, encogiéndome de hombros mientras la sujetaba de la cintura para acercarla. —No estoy seguro de que fuera dirigido a ti, tal vez sólo a la vida en general. Creo que cuando empecé a escribir, a escribir en serio, me desahogué.
Sonrió con satisfacción. —Escribiendo sobre una castaña que se hace llamar Hershey.
Asentí con una sonrisa. —Sí. Jasper se equivocó con Baby Ruth. Recordaba besos, no nueces.
Su risa fue preciosa, y me agarró suavemente ambos lados de la cara. —Puede que sea o no una acosadora de famosos cuando se trata de ti.
Resoplé, poniendo los ojos en blanco. —Como si hubiera mucho que ver.
—Cierto, pero creo que me he descargado todas las entrevistas sólo para ver esta cara—, susurró como si fuera una confesión mientras me pasaba suavemente los dedos por el pelo. —Y cada vez que te miraba, simplemente... me volvía a enamorar de ti.
El corazón me palpitó en el pecho con aquella afirmación suave y nerviosa. —¿Nunca dejaste de hacerlo?
—Nunca dejé de hacerlo. ¿Y tú?
Sacudí la cabeza. —No. Lo escondí, pero nunca dejé de hacerlo.
Besé sus labios suavemente, susurrando: —Te he amado toda mi vida, Bella. Eso no hay quien lo evite—. La besé de nuevo, abrazándola, pero me aparté un poco. —Tenemos esto, nena. Tal vez me mude contigo.
Ella negó con la cabeza. —No... Edward, quiero volver a casa.
Estudié su cara, y lo decía en serio. Sabía que más tarde resolveríamos los detalles: su propia casa, la mía, o incluso la de Charlie. Apostaría a que él se la dejó a ella.
—Hecho. Te mudaremos a casa—. La besé una vez más y me puse de pie. —Pero primero, tenemos que evitar que Victoria drene todo el noroeste del Pacífico.
~oOo~
(1) Cuando llegan las sombras
Y cae la noche
Y las voces te dicen
Este puede ser el final
Gritando
Cuando tu corazón apenas late
Cuando tus pulmones apenas respiran
Pensando que este puede ser el final cuando
Estás atrapado en el
Fuego cruzado
(2) Los Seattle Mariners (en español: Marineros de Seattle) son un equipo profesional de béisbol de los Estados Unidos con sede en Seattle, Washington.
(3) Edward está usando una alegoría beisbolera al decir que se desliza hacia el home plate queriendo decir que hizo un esfuerzo dramático en llegar lo más rápido posible.
Nota de la autora: ¿Todavía sigues a bordo? Por favor, mantén las manos dentro del vehículo hasta que se detenga por completo. ;) Regresaremos con el próximo capítulo de Bella.
*Canciones añadidas a la lista de reproducción:
"Crossfire" de No Resolve
"Hammer to Fall" de Queen
