Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!

Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!

Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.


Capítulo 10 - La carne está ardiendo

Flesh is burning, you can smell in the air

'Cause men like you have such an easy soul to steal

So stand in line while they put numbers in your head

You're now a slave until the end of time here

Nothing stops the madness turning

Haunting, yearning, pull the trigger

"Nightmare" por Avenged Sevenfold (1)

BELLA

Un halcón gañó por encima de nosotros mientras seguíamos el río Calawah. Todos llevábamos una mochila llena de provisiones: agua bendita, flechas, incluso sangre de muerto y, ahora, luces ultravioletas. La sangre nos la había dado Emmett, que había dicho que la había robado de la morgue.

El suelo estaba húmedo por la lluvia del día anterior, pero ahora había salido el sol. Edward, que parecía una esponja para la información, charlaba con Billy.

—Anoche dijiste que estabas a salvo en la reservación. ¿Cómo es eso? —, le preguntó, y todos estábamos atentos a la respuesta de Billy.

Billy sonrió, poniéndose una mano en el pecho. —Mi pueblo tiene sus propias defensas. Los viejos mitos vinieron de alguna parte, ¿no? Al principio, la historia decía que algunos miembros de la tribu podían transformarse en lobo, el enemigo natural del vampiro. En realidad, entrenábamos cachorros de lobo—. Señaló a Max, que trotaba alegremente con nosotros. —Apostaría a que este grandote se las arregló junto a ustedes anoche.

—Así fue—, aceptó Edward asintiendo con la cabeza y alborotando el pelaje de Max. —A Bella le quitó a uno de encima.

Mi perro le dedicó una sonrisa bobalicona y yo negué con la cabeza. Desde que tuve a Max, e incluso a Lucy antes que él, probablemente podría contar con los dedos de una mano las personas que habían sido aceptadas por mis perros. Aceptados, en el sentido de "lo tomas o lo dejas". Pero ver a Max con Edward era fantástico. No sólo le gustaba Edward, sino que lo cuidaba. De alguna manera, mi perro había extendido su amor para incluirlo.

Y algo de eso hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas por un momento, porque los necesitaba a ambos.

—De todos modos, tenemos manadas bastante grandes en nuestra tierra—, continuó Billy. —Son un repelente natural, su olor, sus aullidos, su capacidad para cazar en grupo, mantienen a los vampiros alejados de nuestras tierras.

Emmett giró desde el frente de la fila por la que caminábamos, diciendo: —Bueno, si esta mierda falla, instalaremos nuestros culos contigo.

Billy se rio. —Me parece justo.

Se me escapó una carcajada, y Edward lanzó una mirada divertida en mi dirección, dedicándome una dulce sonrisa y un guiño.

Cuando recibí la llamada de Jasper, no sólo sobre papá, sino también sobre que los asesinatos habían vuelto a empezar, nunca había esperado que el reencuentro con Edward fuera tan fácil.

Tenía todo el derecho a estar enfadado conmigo, porque nunca había sabido la verdad. Una cosa de Edward que no había cambiado era su honestidad. Había sido así desde que nos conocimos, y seguía siendo infaliblemente sincero. Tenía que venir de sus padres, porque Alice era igual.

Si combinaba la hermosa honestidad de Edward con su naturaleza cariñosa, había días en los que apenas podía resistirme a él. Y al verle caminar con Billy delante de Max y de mí, había una parte de mí que quería mandar a la mierda el trato con el vampiro de la vieja cabaña y simplemente perderme en él.

~oOo~

Bella – A los diecisiete...

Pasé las páginas de mis apuntes de biología, echando un vistazo al libro de texto. La música de mi teléfono sonaba suavemente a través del altavoz de la mesilla de noche. Papá estaba trabajando toda la noche y mamá ya dormía. Jasper y Alice estaban viendo una película en Port Angeles.

La ventana se abrió y sonreí ante mis deberes antes de levantar la vista y ver a Edward entrando en mi habitación.

No lo esperaba esta noche, así que levanté la cabeza y le pregunté: —¿Vienes a estudiar conmigo para el examen de Biología de mañana?

Su sonrisa era hermosa mientras se quitaba los zapatos antes de subir a la cama y tumbarse a mi lado.

—No he venido por eso, pero podemos hacerlo—, dijo suavemente, acercándose a mi cara.

Sonriendo, negué con la cabeza. Me daba cuenta de por qué estaba allí; se le notaba en la cara y podía sentirlo en el tacto. Y era incapaz de resistirme cuando me miraba como si yo fuera lo que le ataba a la tierra. Cerré el libro y los apuntes y los dejé sobre la mesilla. Me incliné sobre él, con el pelo cayendo alrededor de nuestras caras, y lo besé suavemente.

—¿Por qué has venido? — le pregunté burlonamente.

—Para decirte que te amo—, dijo en un susurro, y aunque podía parecer una estupidez, sabía que no era así.

—Podrías haber llamado para eso—. No pude evitar burlarme un poco más de él, pero mi propio cuerpo me traicionó, porque lo empujé hacia su espalda y me senté a horcajadas sobre su cintura, apoyando mis manos en sus hombros.

Se rio en voz baja, sus manos se deslizaron inmediatamente por mi espalda hasta mi culo. —Podría haberlo hecho, pero no quería. Prefiero ver esta cara tan bonita cuando lo digo.

Ahí estaba. Ahí estaba eso a lo que no podía resistirme. No era estúpida. Sabía que los chicos podían decir casi cualquier cosa para tener sexo, pero ese no era Edward. Él decía en serio las cosas que decía, y lo que podría haber sido cursi simplemente no lo era cuando lo decía.

—Yo también te amo, cariño—, susurré, frunciendo el ceño cuando la canción cambió en mi teléfono acerca de sólo querer un beso, y esta noche, no se detendría con sólo un beso.

En cuanto mis labios se pegaron a los suyos, se acabó. Nos manoseábamos, la ropa se desprendía lentamente y caía por el borde de la cama. Edward nos hizo rodar de modo que se abalanzó sobre mí, buscando de nuevo mi boca. Me puso una mano junto a la cabeza, pero con la otra me tocaba suavemente, acariciándome los pezones, la suave piel del vientre y, finalmente, hasta donde yo ansiaba que hiciera algo, cualquier cosa.

—Quiero ver cómo te corres por mí—, susurró contra mi mejilla, pero sus ojos no se apartaban de mi cara mientras sus dedos encontraban carne caliente y húmeda. Dos dedos entraron y salieron de mí al mismo tiempo que su pulgar empezaba a girar alrededor de mi clítoris.

Puse los ojos en blanco porque se le había dado muy bien. En realidad, se había vuelto bueno en todo durante el año que llevábamos teniendo sexo. Sus dedos eran increíbles, pero su boca era pura magia, estaba convencida, lo que me hizo atraer sus labios hacia los míos cuando mi orgasmo se disparó a través de mí como un tren de mercancías.

Mi respiración se detuvo por un momento, mi cuerpo una ola de éxtasis. —Mierda—, apenas dije en voz alta mientras un escalofrío sacudía mi cuerpo.

Edward me besó profundamente, levantándose y acomodándose entre mis piernas. Se deslizó lentamente dentro de mí y lo apreté contra mí.

—Bella —respiró contra mis labios.

—Shh—, respondí. —Lo sé.

Asintió, iniciando un ritmo profundo y alucinante. Para Edward, nunca se trataba sólo de excitarse, aunque también lo habíamos hecho; se trataba de sentimientos, amor y necesidad. Así había sido desde que perdimos la virginidad una lluviosa tarde de miércoles del verano pasado en esta misma cama.

Se corrió con fuerza, pero más silenciosamente de lo que yo esperaba, y me perdí en unos profundos ojos verdes. Me miraban como si no pudiera creer que yo fuera real.

—Te amo—, susurró. —Mucho. A veces me cuesta respirar.

Asintiendo en señal de comprensión, le dije: —Te amo, Edward—. Recorrí con mis dedos su espalda desnuda una y otra vez. —Y lo entiendo. Es abrumador.

—Sí.— Nos puso de lado, pero me mantuvo entre sus fuertes brazos.

—Si te vas a quedar, será mejor que pongas un despertador.

Sonrió. —Puede ser. Sólo... necesitaba verte esta noche. Puedo... Todavía podemos estudiar, cariño. No soy tan egoísta como para joder eso.

Sonriendo, me enterré en su cuello.

~oOo~

Salí de ese recuerdo cuando un brazo pesado me rodeó los hombros, y alcé una ceja mirando a mi primo.

—Te has quedado un poco atrás, Baby Ruth—, dijo, señalando lo adelantados que estaban todos respecto a mí.

—Culpa mía. Lo siento—. Aceleré el paso y pude ver que ya habíamos girado hacia el norte, alejándonos del río y acercándonos a aquellas viejas cabañas.

—¿Estás bien? —, me preguntó, dándome una sacudida en el hombro.

Asentí, respiré hondo y solté el aire lentamente. Recuerdos como aquel solían dejarme aterrada porque no había mantenido a aquel amor perfecto. Había permitido que las mentiras y el odio lo borraran, y eso me causaba más culpa de la que podía soportar algunos días. Edward habría hecho cualquier cosa por mí. Habría luchado, arañado y peleado para que siguiéramos juntos, aunque fuera a larga distancia. Pero su pérdida, por no mencionar la pérdida de todo lo que había conocido, me había herido en el alma, me había dejado emocionalmente herida y débil.

Encontré la mirada de Edward desde el frente, y su sonrisa era suave y dulce. Sabía que seguiría luchando.

En lugar de decirle nada de eso a Jasper, simplemente le dije: —Voy a mudarme de nuevo.

Sonriendo, soltó una carcajada. —Por supuesto que sí—. Nos quedamos callados unos metros, pero luego añadió: —Para que lo sepas, nunca dejó de preguntar por ti. Nunca dejó de preocuparse, y aceptó ser sólo amigos porque no podía soportar del todo tu pérdida.

—Sí, bueno, yo he sido una pésima amiga—, admití. —No podía ser sólo amigos, así que cada llamada o carta, era todo lo que podía hacer para no decir algo. Pero honestamente no creí que pudiera lidiar conmigo. Mi yo de ahora.

Jasper resopló con una fea carcajada. —Bueno, creo que ya tienes la respuesta.

—Tal vez—, gruñí, dándole un codazo en el estómago.

—¿Y tu trabajo? — preguntó Jasper.

—Lo averiguaré. Seguro que en Seattle hay librerías de libros raros que pueden necesitar o no a un tasador—, murmuré, encogiéndome de hombros. —También hay bibliotecas y museos.

—Mm, cierto. Podrías encontrar un puesto en el museo con Alice—, sugirió.

—¿Ves? Ya se me ocurrirá algo.

Todos se detuvieron más adelante, lo que significaba que nos acercábamos a aquella desdichada cabaña. Todos habíamos decidido que primero teníamos que deshacernos de James. Íbamos a quemarlo y a repartir las cenizas en cuatro contenedores: uno para Billy y otro para cada pareja. Cada uno iba a deshacerse de su contenedor en lugares separados.

Una vez hecho esto, íbamos a ir al aserradero abandonado para acabar con Victoria. Y teníamos el presentimiento de que no se iría en silencio. Iba a ser una guerra.

Jasper y yo los alcanzamos, y nos deshicimos de las pesadas mochilas, llevando sólo armas y defensa. Emmett tenía el viejo rifle de papá y un puñado de dardos llenos de sangre muerta. El peor de los casos sería que pudiéramos envenenarlo con esa sangre una vez más solo para detenerlo o frenarlo. Y a Victoria también, para el caso.

No nos molestamos en ser sigilosos esta vez. Y no había ningún vampiro colgado de las vigas del salón. Fuimos directos a la cocina, y Billy y Emmett usaron palancas para abrir la puerta del sótano que habíamos cerrado con clavos.

No estaba segura de qué esperar una vez estuviéramos abajo, pero dos vampiros corrientes no eran. La verja de hierro que habíamos colocado en la entrada del túnel estaba abierta, y James estaba en el suelo, retorciéndose de agonía, porque los grilletes aún lo sujetaban. Estaba claro que la sangre de hombre muerto con la que lo habíamos tratado estaba desapareciendo, pero seguía encadenado con hierro, por no hablar de las barras de hierro que habíamos clavado en el duro suelo de tierra atravesándolo.

El primer vampiro cargó contra nosotros, pero le alcanzó un rayo de sol que se filtraba en la habitación y estalló en llamas.

—Bueno, mierda—, siseó Billy, levantando su arma sobre el segundo, que parecía confundido. —Apuesto a que envió humanos aquí abajo para liberarlo.

—Preguntémosle—, dijo Jasper, apretando el gatillo contra el segundo vampiro, fallando deliberadamente al corazón. Sin embargo, lo clavó en la pared de tierra. —¿Eras humano cuando bajaste aquí?

El vampiro gruñó y se retorció al tener plata en el hombro, pero no lo estaba matando. Sin embargo, asintió.

—Así que envió a dos humanos aquí abajo para liberarlo y alimentarlo—, supuse, haciendo una mueca al vampiro. —Pero no lograron romper la cerradura.

—Y probablemente se acercaron demasiado a él—, añadió Edward, arrodillándose junto a James, con la llave en forma de cruz en la mano.

—Bueno, intenta no cometer ese mismo error—, le advertí justo cuando los dientes de James chasquearon en su dirección, pero Edward retrocedió un poco.

James no estaba en el mismo estado marchito que cuando lo habíamos dejado diez años atrás. Había recuperado la cabeza, pero seguía débil. Max se acercó enseñando los dientes y gruñendo por lo bajo, y eso llamó la atención de James, sobre todo cuando mi perro se colocó entre Edward y la amenaza.

—Max ha dicho que no—, dijo Emmett, acabando por fin con el sufrimiento del vampiro contra la pared. Las cenizas cayeron al suelo. Volvió a encararse con James. —Yo lo escucharía, amigo.

Billy tomó el control por un momento y dijo: —Tenemos que encender un fuego.

—Yo lo haré—, se ofreció Rose, y Alice subió con ella.

Emmett caminó hacia James, clavándole un nuevo dardo en el pecho. Yo recogí los viejos, y James alucinó con mi tatuaje. Siseó y se retorció, moviendo la cabeza de un lado a otro.

—Victoria hizo lo mismo cuando vio el mío—, observó Edward, tirando de mi brazo hacia atrás. —No tan cerca, cariño—, susurró contra mi sien.

—¿Dónde está? — gruñó James, a pesar de que su cuerpo volvía a encogerse.

—Oh, pronto se reunirá contigo—, dijo Billy con un toque de sarcasmo. —No te preocupes por eso. Dejó que te pudrieras aquí abajo durante diez años, así que creo que tus sentimientos están fuera de lugar.

Eso llamó la atención de James, y sus ojos se entrecerraron, pero lo último que dijo antes de que Emmett le quitara la cabeza fue: —Hazla sufrir.

—Tienes nuestra palabra—, juró Edward con ironía.

Una vez más, los ojos de James estaban atentos, pero su cuerpo no se movía. Cuando sacamos su culo al sol, se limitó a arder. Rose y Alice habían encontrado un trozo de tierra y habían encendido una hoguera. Empezamos con su cabeza, añadiendo su cuerpo lentamente para no sofocar las llamas.

Tardamos menos de lo que esperaba en quemarlo, y no sólo se quemó. Se consumió. Las llamas ardían con colores extraños -azules, verdes y un poco de morado- y el humo era negro como el carbón. Cuando el fuego se extinguió, una brisa hizo que las cenizas se desplazaran y luego se deshicieran.

El tiempo corría, pero dejamos que el fuego se extinguiera antes de utilizar una pala para recoger las cenizas y depositarlas en los contenedores. James probablemente había vivido durante siglos, pero estaba reducido a cuatro contenedores de plástico como sobras de la cena de Navidad.

—¿Tomamos el túnel o caminamos desde aquí hasta el viejo molino? —. pregunté, echando un vistazo a todo el mundo mientras jugueteaba con la llave que ya no necesitábamos.

—Ese túnel podría ser peligrosísimo—, señaló Billy. —Y no me refiero a más vampiros. Podría derrumbarse, o después de la lluvia de ayer, podría inundarse.

Su argumento era válido, así que miré a Edward, Emmett y Jasper. Los tres parecían indecisos.

—Bueno, sabemos que lleva a algún sitio donde está Victoria, porque envió a esos dos a James desde el otro extremo—, supuse, encogiéndome de hombros. —Así que tiene que estar lo suficientemente despejado para eso.

—¿Quizás deberíamos separarnos? — Preguntó Rose, haciendo un gesto alrededor del grupo. —Dos grupos, igual número de armas, y llegamos a ella desde dos direcciones.

—No puedo bajo tierra—, admitió Alice, haciendo una pequeña mueca. —Lo siento.

—No lo sientas—, le dije, jugueteando con el pelaje de Max. —Si no puedes, no puedes. Max y yo podemos ir por el túnel.

—Iré contigo—, se ofreció Edward.

—Vale, de acuerdo. Entonces hagámoslo...— Dijo Emmett, cargándose la mochila al hombro. —Edward, Bella, Max... Nosotros iremos por el túnel. El resto comiencen a caminar hacia el molino.

—No me gusta separarme de ti, Emmett—, espetó Rose, señalando hacia la cabaña.

—Bueno, entonces ven a salvarme el culo desde el otro extremo—, afirmó Emmett con una sonrisa y encogiéndose de hombros, pero fue su sonrisa lo que nos partió de risa a todos. Aún mejor fue la risita de Rose.

Enterré mi risa en la parte superior del brazo de Edward, sintiendo un beso risueño presionado en la parte superior de mi cabeza mientras todos ordenaban las armas.

—Es como si no hubiera pasado el tiempo—, me susurró Edward al oído, lo que me hizo reír de nuevo. —Estamos igual—. Antes de que pudiera argumentar lo contrario, me pellizcó suavemente la barbilla para que le mirara. —Sigues siendo tú, cariño. Sigues siendo fuerte, hermosa, inteligente y valiente. ¿Y todo lo demás? No define quién eres.

Enarcó una ceja muy sexy cuando añadió: —Sigues siendo mi Bella. Eso tampoco va a cambiar.

Abrí la boca para discutir, y cuando él ladeó la cabeza mientras esperaba, volví a cerrarla. Quería darle un beso, pero no había tiempo. Quería discutir, pero su expresión seguía retándome a decir algo.

—De acuerdo—, respondí por fin, aunque tenía un millón de cosas que decir en la lengua. Pero la ceja seguía levantada y él seguía esperando. —Baja esa ceja. Ya te oí.

La sonrisa de Edward era dulce y preciosa. —Bien.

Después de pedir a todo el mundo que tuviera cuidado, Emmett nos llevó a Edward, Max y a mí de vuelta a la cabaña y escaleras abajo al sótano.

A la entrada del túnel, Emmett se volvió hacia nosotros mientras encendía una linterna y decía: —Max probablemente vea mejor que nosotros tres juntos, así que le dejaremos hacer lo suyo.

Tomé la linterna y la delantera, y Max se quedó a mi lado. El sonido era diferente allí abajo: sordo, apagado. Las paredes del túnel eran de tierra y roca ásperas, y Billy tenía razón sobre la lluvia; pisamos algún que otro charco. Sin embargo, cuanto más avanzábamos, más fuerte se hacía el olor a muerte y sangre. Olía a podredumbre y putrefacción.

Doblamos una ligera curva y me detuve en seco cuando el gruñido grave y profundo de Max llegó a mis oídos. Podía ver el final del túnel, donde había una pesada puerta de madera, pero colgando boca abajo de un travesaño había una vampira dormida. Era tan alta que su pelo rozaba el suelo del túnel.

Emmett ni siquiera esperó a debatirlo. Simplemente levantó la ballesta y le disparó una flecha con punta de plata directamente al corazón. Ella ni siquiera se despertó antes de disolverse en cenizas sobre la tierra.

Edward se acercó a la puerta, girando el pomo lenta y silenciosamente. Antes de que pudiera empujarla para abrirla, los dientes de Max relampaguearon y su gruñido retumbó mientras sus orejas se pegaban a su cabeza. La puerta fue arrancada de sus goznes, llevándose a Edward dentro con ella, y Max se lanzó tras él con el sonido de gruñidos y agudas risas femeninas.

~oOo~

(1) La carne está ardiendo, puedes olerla en el aire

Porque los hombres como tú tienen un alma muy fácil de robar

Así que ponte en la fila mientras ponen números en tu cabeza

Ahora eres un esclavo hasta el final de los tiempos

Y nada detiene el giro de la locura

Emocionante, anhelante, aprieta el gatillo.

(2) Así como los perros, ladran, o los cuervos graznan, los halcones gañen 😉.


Canciones añadidas a la lista de reproducción:

"Nightmare" de Avenged Sevenfold

"Just a Kiss" de Lady Antebellum