Disclaimer: Stephenie Meyer is the owner of Twilight and its characters, Drotuno is the author of this amazing story and gave me permission to translate it for you. thank you so much, Deb!
Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es la dueña de Crepúsculo y sus personajes, Drotuno es la autora de esta asombrosa historia y me dio permiso de traducirla para ustedes. ¡Muchas gracias, Deb!
Mi eterna gratitud a mis amigas, Larosaderosas, sullyfunes01 y Troyis por su valiosa ayuda, ¡muaks! Todos los errores son míos.
Capítulo 11: Encuentra y destruye
There is no escape and that's for sure
This is the end, we won't take anymore
Say goodbye to the world you live in
You've always been taking but now you're giving
Running, on our way
Hiding, you will pay
Dying, one thousand deaths
Searching, seek and destroy
"Seek and Destroy" de Metallica (1)
EDWARD
Fui arrastrado a través de la puerta hacia la oscuridad, la única luz provenía de la linterna que Bella había estado sosteniendo. Aterricé bruscamente contra algo duro, pero al instante, Max estaba allí: las zarpas plantadas, enseñando los dientes y gruñidos tan profundos que podía sentirlos en el pecho.
—Joder—, siseé, incorporándome y sacudiendo la cabeza mientras el sonido de la risa de Victoria llegaba a mis oídos.
Lo que antes me producía escalofríos ahora sólo me cabreaba. Estaba cansado de tratar con ella. Parecía que hubiéramos estado luchando contra ella desde siempre. Estaba dispuesto a volver a escribir, a pensar en algún tipo de futuro con Bella y a dejar de preocuparme por llaves, vampiros y habitaciones seguras. Tenía la mochila rota, la camisa desgarrada y busqué a ciegas mi ballesta.
—¿Creías que podías entrar aquí y matarme? —. preguntó Victoria en tono divertido.
No le contesté; escuché. El movimiento de la ropa, los silbidos y las maldiciones, los golpes de los pies contra el suelo, todo llegó a mis oídos, y me di cuenta de que nos superaban en número. A mi izquierda, Bella y Emmett venían preparados y cabreados, porque una luz púrpura azulada iluminaba el espacio subterráneo, y con cada vampiro que chillaba de dolor bajo el haz ultravioleta, se soltaba una flecha. Destellos de fuego y cenizas humeantes empezaron a darme una idea de lo grande que era el espacio aquí abajo.
Sin embargo, era difícil contar cuántos vampiros había, porque se movían muy deprisa. Victoria había estado ocupada, eso era seguro. Y tuvimos que luchar contra todos ellos para llegar hasta ella. Estaban adoptando una postura protectora frente a ella. Me impulsé hasta ponerme de pie, ignorando los músculos doloridos y los pequeños rasguños en la espalda que parecía que sangraban de nuevo.
Max emprendió una veloz carrera y lo oí atacar en algún lugar cerca de Bella. Otro destello azul y luego fuego, y giré cuando oí pasos detrás de mí. Disparé una flecha y derribé a una joven vampira. Su grito se cortó cuando estalló en llamas.
No estaba seguro de dónde estaban el resto de nuestros amigos, y el hecho de estar bajo tierra me daba la sensación de que era de noche, pero sólo podía ser media tarde. Corrí hacia el extremo opuesto de la sala, deslizándome por debajo de una especie de maquinaria pesada. Estaba cansado de no poder ver, así que tenía que encontrar una forma de iluminar este lugar. El motor o la máquina estaban cubiertos de aceite viejo y pegajoso, así que cogí una de mis flechas, me arranqué un trozo de camisa y lo froté sobre el aceite. Envolví la punta de la flecha con la tela pegajosa y finalmente cogí el mechero que llevaba en el bolsillo.
La llama prendió bien y cargué la flecha en mi ballesta, disparándola hacia el suelo en lo que parecía el centro de aquel espacio subterráneo.
—Cristo—, susurré, preguntándome ahora si no habría sido mejor permanecer en la ignorancia en lo que respecta a la incapacidad de ver.
Si hubiera tenido que dar un número, tendría que calcular diez vampiros. Sin incluir a Victoria, porque no la veía. Diez, y eso después del puñado que Bella, Emmett y yo habíamos matado. Y aún no había rastro del resto de nosotros.
Cargué otra flecha, rodando sobre mi estómago para apuntar. Vi que Emmett aguantaba desde detrás de otra pieza de maquinaria como yo, y escudriñé la habitación en busca de Bella, que corría con Max mientras una vampira los perseguía. Antes de que pudiera alcanzar a Bella, solté mi flecha, matando a su perseguidora y dándole la oportunidad de meterse debajo de la máquina conmigo.
—¿Estás bien? —, preguntó jadeando.
—Sí. ¿Y tú?
—Sí. ¿Dónde están los demás? —, preguntó, abriendo su mochila y sacando un gran foco ultravioleta.
—Ya vienen—, respondí, cargando otra flecha. —Ilumina esa cosa y yo apuntaré y dispararé. Tenemos que ayudar a Emmett.
—Entendido.
Salimos de debajo de la máquina y apuntamos hacia la esquina opuesta. La luz ultravioleta provocó chillidos y aullidos de dolor, pero las flechas acabaron con ellos rápidamente. Corrimos hacia donde Emmett estaba usando la máquina como cobertura, cada uno de nosotros disparando dos flechas más.
—Gracias por iluminar el lugar. No veía una mierda—, se frotó la cabeza, donde sangraba por un corte encima del ojo.
—Está a punto de apagarse—, le dije, encontrando un trapo viejo que sobresalía de lo que parecía un motor. Ya estaba cubierto del aceite viejo, así que lo envolví alrededor de una flecha, encendiéndola y enviándola de nuevo al centro de la habitación. —No estoy seguro de que ver mejore esta mierda—, murmuré irónicamente, observando a dos o tres vampiros que volaban de un extremo a otro de la habitación.
La sonrisa de Emmett relampagueó rápidamente. —Es cierto.
Bella apuntó la luz ultravioleta hacia la habitación, y Emmett y yo la utilizamos en nuestro beneficio. Por cada grito de dolor, disparábamos una flecha, pero nos estábamos quedando sin munición. Estaba dirigiendo esa luz azul hacia una esquina cuando, de repente, desapareció de nuestro lado con un chillido.
La bombilla ultravioleta se hizo añicos y Max perdió la puta cabeza. Quienquiera que la agarrara lo hizo desde debajo de la máquina que estábamos usando, arrastrándola por el suelo y sujetándola por el cuello.
—¡Bella! — Emmett y yo gritamos, empezando a salir corriendo.
—¡Basta!— chilló Victoria, sujetando aún más a Bella; era lo mismo que le había hecho a Emmett diez años atrás.
—Suéltala—, dije, levantando mi arma, y Emmett levantó una pistola de agua.
Max, sin embargo, daba miedo. Ni siquiera parecía el mismo perro que simplemente apoyaba la cabeza en su regazo. Tenía un aspecto salvaje, con los dientes relampagueantes, las orejas aplastadas, hilos de baba cayéndole de la boca y el pelo de su lomo erizado de punta a punta. Paseaba, se plantaba y volvía a pasear, como si no supiera cómo llegar hasta su enemigo. Su ladrido sonaba incluso salvaje.
El color de Bella estaba pasando lentamente del rojo intenso al púrpura, y temía que Victoria fuera a romperle el cuello. Sus segundones se reunieron a su alrededor, y Emmett y yo nos movimos un poco al darnos cuenta de que Bella estaba en medio de cinco putos vampiros.
—¡Quiero la puta llave! — gritó Victoria, sacudiendo un poco a Bella.
—No necesitas la llave—, respondí acercándome, pero me detuve cuando todos esos pendejos se acercaron peligrosamente a Bella.
—¿Está libre? — preguntó ella, mirando a su alrededor con lo que parecía miedo.
—Está muerto—. Me encogí de hombros e intenté no preocuparme por Bella, que lentamente estaba metiendo la mano en el bolsillo. Al menos no estaba tan morada como hace un minuto.
—Mentiras—, espetó Victoria.
—No—, dijo Emmett, sacando uno de los recipientes. Reventó la tapa de plástico y vertió el contenido en el suelo. —No estoy seguro de qué parte de él es... ¿Podría ser la cabeza, quizá el culo? No sé. Da lo mismo—. Se encogió de hombros.
—Tenía un mensaje para ti, sin embargo—, empecé, mirando a Bella, que estaba sacando esa llave en forma de cruz de su bolsillo. Estaba temblando, pero al menos podía respirar. —Dice que, ya que dejaste que se pudriera durante diez años, espera que sufras.
Bella cogió aquella llave y la colocó de plano sobre la cara de Victoria, haciendo que chisporroteara y echara humo. Emmett aprovechó la distracción, enviándole un chorro de agua bendita a la cara. Victoria gritó, soltando a Bella, que cayó con fuerza al suelo.
Por mucho que quisiera acabar con Victoria, los dos vampiros que se acercaban a Bella eran los que nos preocupaban a Emmett y a mí. Mientras él los rociaba con agua bendita y yo les disparaba una flecha al que iba a por Bella mientras corría hacia ella. Sin embargo, me quedé sin flechas. Bella se levantó del suelo y la abracé mientras Victoria ordenaba a sus monstruos que nos sujetaran.
Emmett se había quedado sin agua bendita, los dos nos habíamos quedado sin flechas y la luz ultravioleta de Bella se había hecho añicos. Poco a poco nos iban arrinconando contra una de las viejas máquinas.
La cara de Victoria seguía un poco humeante, por no decir cabreada, y eso último parecía ir dirigido a Bella. Emmett y yo la metimos detrás de nosotros.
Sin embargo, sus ojos se clavaron en mí. —¿James está muerto? —, verificó.
Asentí, estremeciéndome cuando alargó la mano para acariciarme la mejilla. Max nos rodeó, gruñendo por lo bajo, pero ella no le prestó atención. La sonrisa de Victoria era lenta, espeluznante y un poco desquiciada. Sus ojos amarillos brillaban con algo más allá del mal.
—Bien—, susurró feliz. —Siempre me detenía—. Hizo un gesto con la mano hacia sus monstruosas creaciones. —Y no podía matarlo yo misma. Tsk, tsk, tsk. No puedes matar al que te crea. Oh, no.
Sinceramente, la forma cantarina en que hablaba daba más miedo que los gruñidos, los vuelos y los colmillos.
—¿De nada? — ofreció Emmett.
Ella sonrió con satisfacción, pero volvió a mirarme, lo que hizo que Bella me agarrara la camisa por la espalda.
Me tocó la cara con un dedo sorprendentemente suave sobre la ceja y dijo: —Serías un buen inmortal.
La idea me hizo hacer una mueca y sacudir la cabeza. —No.
Volvió a abrir la boca, pero algo pesado golpeó en el piso de arriba, y esperé que fuera el resto de nosotros, porque tenía la sensación de que yo era el siguiente: su próxima comida o su próximo vampiro, no estaba seguro de cuál.
La mirada de todos se desvió hacia arriba cuando el polvo cayó sobre nosotros, y juraría que vi la luz del sol, pero no estaba seguro. La mano de Bella me rodeó la cintura y subió hasta mi pecho, agarró el borde de mi camiseta rasgada y tiró con fuerza, lo que reveló mi tatuaje: aquella llave en forma de cruz.
Los cinco vampiros retrocedieron al mismo tiempo que algo rompía el techo desde arriba, lo que permitió que el sol brillante se filtrara en la habitación desde el techo que faltaba sobre el primer piso. Los cuatro vampiros de Victoria estallaron en llamas, desvaneciéndose al instante, pero ella ardió igual que James.
Rose, Jasper, Alice y Billy se asomaron por la abertura, todos apuntándole con flechas y disparando a la vez. Se desplomó de nuevo en el suelo, pero sus ojos estaban tan atentos como los de James.
Emmett señaló a Billy. —¡Muy oportuno, joder! Enciendan fuego—, dijo, corriendo alrededor del cuerpo retorcido de Victoria para coger la pala que le ofrecía el Jasper. —Esta zorra va a perder la cabeza.
Todos gemimos cuando usó la pala, pero me volví hacia Bella. —¿Estás bien? — pregunté, inclinando un poco su cabeza para poder ver su cuello. Tendría algunos moretones.
—Sí, estoy bien—, carraspeó, tendiéndome la llave.
La recibí y guardé rápidamente en el bolsillo y la abracé. —Por un segundo no estuve seguro de que lo estuvieras.
—Tú también—, asintió Bella. —Cuando te sacaron del maldito túnel, casi me vuelvo loca.
Sonriendo, le besé la frente, y Max saltó sobre los dos, dando lametones y quejidos y morreos.
Le acaricié la cabeza. —Estuviste genial, amigo.
—¿Chicos? ¿Un poco de ayuda? — Jasper llamó desde arriba. —¿Como dónde mierda está la puerta? Por eso tardamos tanto.
—¡Oh! — Bella y yo dijimos juntos.
Hizo falta que todos nos dispersáramos para encontrar lo que solía ser una puerta en la esquina trasera de la habitación subterránea, pero había sido sellada con tablas y las quitamos. De este modo, descubrimos unos escalones de aspecto inestable también cubiertos por tablas. Una vez abiertos, pudimos subir al primer piso. Emmett cargó con la cabeza de Victoria, y Bella y yo con el cuerpo.
Al igual que James, quemamos primero la cabeza y luego el cuerpo. Mientras se incineraba en todo su colorido esplendor, miré a mi alrededor, respirando hondo y dejándolo salir. Se había acabado. Terminó. No más vampiros, al menos no más vampiros que amenazaran Forks o a mis amigos. Me pasé las manos por el pelo, agarrándolo y soltándolo.
Me senté en un tronco mientras esperábamos a que el fuego se consumiera. El camino de vuelta sería largo y probablemente ya habría anochecido cuando volviéramos a los automóviles estacionados, pero la amenaza había terminado.
Mis ojos se desviaron hacia la única persona a la que siempre se desviaban: Bella. Las chicas la estaban cuidando y Billy le decía que se pusiera hielo en el cuello para bajar la hinchazón. También los miraba a todos, recordando los diez años anteriores, cuando todos juramos volver, luchar y proteger.
Habíamos perdido a Rachel, Jacob y Charlie. ¿Y quién sabía cuántas personas desaparecidas eran ahora cenizas porque se habían convertido en un demonio chupasangre, o simplemente seguían desaparecidas, para no volver a ser encontradas? De repente, no sabía qué era lo que más deseaba: volver a casa, a Seattle, seguir a Bella a California sólo para empacar, o celebrar junto a todo este grupo de supervivientes.
Max se sentó frente a mí y sonreí. —Estoy bien, Max. No es pánico. Es más como... dejar ir la mierda—. Se inclinó hacia mí, lamiéndome la frente y provocándome una risita.
—Para que lo sepas, nunca se ha unido a nadie como lo ha hecho contigo—, dijo Bella suavemente, tomando asiento a mi lado.
Dios mío, era preciosa, incluso con las marcas rojas alrededor del cuello, manchas de suciedad y ceniza en la piel y ropa, y la ansiedad que la hacía buscar el pelaje de Max. Con toda la pérdida y el miedo que había tenido desde que recibí la llave en el correo de Jake, no podía encontrar en mí arrepentimiento de nada por volver a ver a Bella.
—Ven a casa conmigo—, susurré, incapaz de mantener la boca cerrada. —Sólo unos días antes de que... Si sigues queriendo mudarte, puedo enseñarte Seattle.
Su sonrisa era lenta y dulce, curvándose en aquel rostro precioso. Fue la inclinación de cabeza lo que me hizo inclinarme para besarla.
—Por favor—, supliqué suavemente contra sus labios. —Hablaremos, resolveremos lo que sea que quieras hacer y corregiremos ese desvío, Bella—. Le cogí la mano y le di un ligero beso en la tinta y la cicatriz para que supiera a qué me refería.
Me cogió la cara. —De acuerdo. — Me pasó la mano por el pelo. —Me encantaría.
—Gracias— dije, besando su frente antes de levantarme. Le ofrecí una mano y ella la cogió.
Esta vez no la iba a soltar. No a ella. La última vez, habíamos sido niños y no nos habían dado muchas opciones. Esta vez, aguantaría hasta que ella me dijera que la soltara.
Caminamos juntos de vuelta al grupo, y sacudí la cabeza ante el debate de separar las cenizas de Victoria o simplemente dejar que se las llevara el viento. Pero fue Bella quien nos sacó de dudas.
—Bastaría una gota de sangre, animal o humana, y se reanimaría—, afirmó, encogiéndose de hombros. —James también. Eran así de fuertes, así de viejos, así que... a recogerla.
Sonriendo, volví a mirar a Emmett y Jasper. —Lamentablemente, mantuvimos al vampiro equivocado bajo llave durante diez años.
—¿Qué quieres decir? — preguntó Alice.
Resoplé, sacudiendo la cabeza. —Al parecer, James creó a Victoria. La convirtió. Y también la mantuvo a raya—. Señalé todo a mi alrededor. —También había alguna regla que le impedía matar al que la creó, así que nos dejó hacerlo.
—¿Entonces por qué seguir pidiendo la llave? — Rose preguntó.
—Para poder enviar a sus propias creaciones a matarlo—, respondió Bella. —Lo intentó con los dos del sótano, pero fracasaron. No pudieron abrir la cerradura y James los mató por su sangre. Una vez convertidos en vampiros, no podían tocar el hierro para ayudarlo.
Billy se rio entre dientes. —Bueno, ya no importa. Se acabó. Vamos a recogerla, porque nuestro camino de vuelta será largo.
No se equivocaba. Fue una larga caminata, pero al menos pudimos seguir el río Calawah directamente hasta donde habíamos empezado, ya que la noche había caído a los pocos minutos de empezar el viaje de regreso. Billy se separó de nosotros al llegar a los autos, y para cuando regresamos a casa de mis padres, estábamos cansados y hambrientos. Aunque la amenaza había terminado, y ya no teníamos que permanecer unidos por seguridad, parecíamos querer permanecer juntos un poco más.
Después de ducharnos y cambiarnos de ropa, trajeron la pizza y sacaron las cervezas. Brindamos por Charlie, Jake y por la amistad. Se hicieron planes para que Alice, Jasper y yo volviéramos a Seattle, y Bella viajaría conmigo. Terminaría sus vacaciones con nosotros. Rose y Emmett querían que nos reuniéramos todos antes de la boda de Alice y Jasper, y eso también estaba planeado, porque parecía que la boda seguía en pie.
El sonido del teléfono de Bella en el piso de arriba hizo que se detuvieran todas las actividades. Mi ojo se crispó porque reconocí el tono de llamada que usaba para Renee. Diablos, hasta Max lo reconoció, porque simplemente refunfuñó un poco y miró a Bella, que se levantó para ir a contestar.
La seguí, porque aquella mujer iba a dejar de utilizarme como arma contra su hija.
—Nena, ponla en altavoz—, le pedí, y ella asintió, pasando un dedo para contestar la llamada.
—¿Sí, mamá?
—Bella, ¿por qué no has vuelto al trabajo? —. Renee comenzó de inmediato.
—Estoy bien. Gracias por preguntar—, Bella murmuró irónicamente, hundiendo esos dedos nerviosos profundamente en el pelaje de Max. —Y se llama tiempo libre pagado. Me lo he ganado. Lo estoy usando.
—¿Sigues en ese pueblo miserable?
Los ojos de Bella se encontraron con los míos, y sonreí con satisfacción, inclinándome para besar su frente y arrastrando mis labios por su mejilla hasta su oído, susurrando: —Lo que le digas, te apoyaré al cien por cien, pero que me parta un rayo si te hace más daño.
Ella sonrió, asintió y dijo: —Lo hago, pero no por mucho tiempo. Pronto me iré de aquí para quedarme unos días en Seattle.
Se hizo el silencio al otro lado y esperé pacientemente, porque esta mujer iba a dejar de hacerle daño a mi chica.
—¿Por qué? —, preguntó en voz baja.
—Porque voy a regresar a casa—, afirmó Bella con firmeza.
—¿A Forks? — graznó Renee.
—El hogar no es un lugar, mamá. El hogar es donde está la gente a la que amas—, explicó Bella con calma, pero sus ojos se cruzaron con los míos y sonreí, dándole unos golpecitos suaves en la barbilla.
—Oh, así que es por Edward, te mudas para estar con él—, dijo Renee, sonriendo un poco, y no en el buen sentido.
—En realidad, es por todos a los que he echado de menos, mamá, pero Edward forma parte de eso, sí.
—¿Acaso sabe él...? —, empezó, pero la interrumpí de inmediato.
—Renee, voy a detenerte ahí mismo. Lo que sé o no sé es entre Bella y yo. Sus razones para volver al noroeste del Pacífico son suyas, y como es una mujer adulta, he respetado su decisión, como deberías hacerlo tú. Me he ofrecido a ayudar, junto con Jasper y el resto de nuestros amigos. Pero te lo digo ahora, a partir de este momento, Bella y yo estamos trabajando en nosotros, así que tu opinión no es deseada.
—¿Opinión? —, jadeó sorprendida.
—He oído algunas cosas, Renee. Cosas que has dicho sobre mí, Charlie, Jasper... Eso se acaba ahora—. Miré a Bella. —Bella, ¿hay algo más que quieras discutir con tu madre?
—Sí, sólo... Mamá, te avisaré cuando esté lista para mudarme—, dijo. —Me quedaré con Edward los próximos días y luego volveré a California para entregar mi preaviso en el trabajo y empacar mi apartamento. ¿Edward vendrá conmigo? — dijo ella pero terminó eso último como una pregunta.
—En realidad, cariño, creo que todos vamos a ayudarte con la mudanza, pero tengo que hablarlo con Em y Rose—, le dije.
—Perfecto. Hablamos luego, mamá.
Bella no le dio a su madre la oportunidad de decir nada más, porque terminó la llamada y dejó el teléfono sobre mi cama. Tenía las manos cerradas en puños y respiraba agitadamente.
Cuando me miró, unas lágrimas gruesas rodaron por sus mejillas. —Gracias.
—Sólo estoy corrigiendo ese desvío, cariño—, le dije, atrayéndola hacia mí y besándola. —Estamos haciendo esto a nuestra manera. Ahora... ¿qué te dije antes?
La risita de Bella fue adorable. —Podemos hacer esto, Edward.
~oOo~
(1) No hay escapatoria y eso es seguro.
Este es el final que no vamos a tomar más.
Dile adiós al mundo en que vives.
Siempre has estado tomando, pero ahora estás dando.
Corriendo, en nuestro camino.
Escondiendo, tu pagarás.
Muriendo, mil muertes.
Busca, encuentra y destruye.
Nota de la Traductora: Y terminaron con Victoria y su ejército de vampiros, pero aún quedan más monstruos... ¿o acaso Renee no es uno?
*Canciones añadidas a la lista de reproducción:
"Seek and Destroy" de Metallica
"Master of Puppets" de Metallica
