No digas que me amas.
Enji Todoroki se paralizó momentáneamente cuando su mente comprendió las palabras que ella acababa de decirle. Por un instante, se vio a sí mismo al borde de un precipicio que jamás imaginó que podría llegar a existir, un precipicio tan profundo como oscuro que, además, era muy tentador.
–¡Endeavor! –gritó Onima a través del intercomunicador–. ¡Le hemos perdido la pista al fugitivo!
El grito de su subordinado lo trajo de vuelta a la realidad y se tomó un par de segundos para responder. El pequeño incidente que acababa de ocurrir lo sacó de su equilibrio y le estaba costando trabajo reponerse, quizás porque ésa era la primera vez que alguien le había confesado abiertamente que lo amaba.
–¡Endeavor! –repitió Onima–. ¡Le hemos perdido la pista!
–Ya estoy en ello –contestó Endeavor, al fin–. Necesito apoyo médico, hay varias personas afectadas por el quirk del criminal.
Onima replicó algo pero Enji no lo captó, su mente seguía distraída con lo que acababa de pasar, por mucho que se esforzaba por evitarlo.
Un par de horas antes, Burnin recibió el reporte de que una banda de delincuentes de poca monta estaba cometiendo robos en varios comercios de la ciudad. Endeavor entonces envió a Onima y a Kido a apoyar al cuerpo policiaco, pero no pasó mucho tiempo antes de que ellos avisaran que la situación estaba saliéndose de control y que necesitarían refuerzos, pues los criminales tomaron por asalto uno de los bancos más importantes de la ciudad. Tras esto, a Endeavor no le quedó más remedio que salir junto con Burnin para controlar la situación, enojado ante el hecho de que un grupo de fugitivos de bajo riesgo estuviese causando tantos problemas.
Después de hablar con la policía, Endeavor recibió los reportes de sus subordinados, quienes habían recabado información de los trabajadores de los comercios atracados. Aunque parecía que la banda estaba conformada por varios criminales, tras analizar los interrogatorios se determinó que sólo la formaban tres personas, cuyos quirks no estaban definidos todavía. Kido tenía la teoría de que uno de ellos, cuando menos, debía poseer un poder que consistía en crear copias de sí mismo o algo similar, pues se le había visto en varios lugares a la vez, muy lejanos los unos de los otros. Onima, por su parte, creía que debía haber otro criminal con la capacidad de obtener información confidencial.
–Los ladrones no usaron ninguna técnica violenta para abrir las cajas fuertes –explicó Onima–. No hay reportes de lesionados y las víctimas no parecen recordar lo que dijeron e hicieron, pero tienen la sensación de que revelaron información confidencial.
–¿Ah? ¿Cómo que no utilizaron técnicas violentas? –cuestionó Burnin, sin comprender–. ¿Cómo obtuvieron entonces el acceso a las cajas fuertes?
–Ésa es precisamente la teoría –explicó Onima.- Al parecer, los mismos encargados les dijeron las combinaciones y los códigos secretos, sin que los criminales hayan tenido que forzarlos ni amenazarlos.
–Seguramente ha sido gracias al uso de un quirk –señaló Kido.
–Eso es evidente –intervino Endeavor–. Mientras no sepamos en qué consiste, debemos andar con cuidado. Nos separaremos para rastrearlos, reporten en cuanto encuentren a los involucrados.
–¡Sí, señor! –contestaron los tres al unísono.
Después de patrullar durante un rato, el mismo Endeavor encontró la pista de los fugitivos gracias a las declaraciones airadas de un grupo de civiles, que aseguraron haber visto a alguien que aparecía y desaparecía, mientras que otros manifestaron que repentinamente se hallaron a sí mismos en un sitio muy diferente al que se encontraban unos segundos antes. Endeavor les exigió a todos que se calmaran y prestó atención a las declaraciones más importantes; si sus conclusiones eran correctas, el quirk de uno de los criminales le permitía intercambiarse con cualquier persona que estuviese en su rango de visión, ya fuera a corto o a largo alcance. Esto, por supuesto, representaba un problema grande pues una persona así sería muy difícil de capturar; sin embargo, Burning ya estaba pensando en un plan que involucraba el poder de Kido: él usaría sus vendas para enviarla hasta el sitio en donde se encontraba el fugitivo, para que así éste no tuviese oportunidad de verla llegar y no intercambiara sitio con ella.
–Nosotros nos hacemos cargo, jefe –aseguró Burnin, al tiempo en que ella y Kido se lanzaban tras el hombre.
–Bien, cuento con eso –aceptó Endeavor–. Onima, ven conmigo.
Todavía quedaban dos criminales sueltos y había que darles caza. El más peligroso, sin embargo, era el que podía cambiar de lugar con la gente; los otros dos, por el contrario, parecían valerse de su ingenio más que de sus quirks, nada de lo que Endeavor no pudiera encargarse. El verdadero problema con ellos era que resultaron ser más escurridizos de lo que se esperaba, pues ya los habían hecho recorrer media ciudad y no dejaban de movilizarse constantemente.
–Así es como han podido escapar en otras ocasiones –comentó Onima–. Son muy hábiles.
–Seguramente dejaban en la retaguardia al que intercambia lugares con otra persona –replicó Endeavor–. Anulándolo a él, no será más que cuestión de tiempo para que los otros caigan.
Tras una redada en la que también participó la policía, uno de los ladrones fue acorralado al fin en los alrededores del hospital más concurrido de la ciudad. Endeavor decidió que se manejaría la situación con la mayor reserva posible para evitar el pánico de los enfermos, el cual seguramente sería aprovechado por el criminal para escaparse.
–¿No se ha sabido todavía cuál es el quirk de esa persona? –cuestionó Endeavor al inspector que estaba al mando.
–No –negó el hombre–. Pero no parece ser del tipo físico, no lo hemos visto lanzar ataques.
–Eso no significa que no pueda lanzarlos –replicó Endeavor.
–Podría ser del tipo que necesita acumularse primero para poder utilizarlo –sugirió Onima.
–¡Atención! Hemos detectado movimiento del sospechoso –interrumpió una voz a través de los intercomunicadores.
–¡A sus puestos! –ordenó el inspector, al tiempo en el que Endeavor y Onima iniciaban el avance.
El segundo de los asaltantes hizo acto de presencia, un tipo tan normal que pasaría desapercibido aún sin estar en una multitud. El hombre llevaba la cabeza cubierta con una capucha y, más que caminar, daba la impresión de que se deslizaba entre la gente, pero si bien en un inicio parecía que no estaba haciendo algoen concreto, las personas con las que él se topaba empezaban comportarse de manera extraña y a gritar incoherencias. Ante esto, Endeavor aumentó el nivel de prioridad y se lanzó junto con Onima en franca persecución del sospechoso. El hombre, al ver el problema en el que se había metido, con el Héroe Número 1 detrás de él, echó a correr y se metió entre un grupo de pacientes que esperaban para ser atendidos en el área de cirugía ambulatoria. Cada determinado tiempo, el fugitivo tocaba a alguien y entonces esa persona se ponía a hablar incontrolablemente; aparentemente, el hombre no lo hacía con la intención de lastimar, pero cuando tuvo a Endeavor a pocos metros de él, se puso a tocar a todos los que estaban a su alrededor para desatar el caos.
–Encárgate de que las víctimas reciban atención médica –ordenó Endeavor a Onima–. Yo voy tras él.
El hombre era lo suficientemente rápido como para llegar hasta la puerta de la entrada a cirugía ambulatoria y desaparecer dentro del local antes de que Endeavor pudiera darle alcance. Dentro del anexo aún había enfermos que no estaban enterados de lo que ocurría, así que no entendían por qué ese hombre con capucha se escabullía entre ellos y los tocaba sin reparo. Pronto, un coro de voces desordenadas que gritaban a la vez diferentes cosas reemplazó el silencio habitual que solía haber en los hospitales.
–¡Evacúen, estamos en una redada! –gritó Endeavor, esforzándose por hacerse oír entre el escándalo.
Algunos de los que aún no habían sido alcanzados por el ladrón pudieron reaccionar y buscaron la salida; sin embargo, los que ya habían caído en el efecto del don del susodicho parecían encontrarse en un estado de trance, gritando cosas que Enji se esforzaba por entender. ¿Cuál era el efecto de ese quirk? Mientras no lo supiera, Endeavor no podría definir qué tan peligroso era el fugitivo, por lo que tenía que tomarse el asunto con un alto nivel de alarma. Desafortunadamente, su aviso no fue escuchado por todos y muchos pacientes seguían esperando sus turnos para entrar a consulta.
Mientras pensaba en cuál sería la mejor forma de abordar la situación, Endeavor se distrajo sin que pudiera evitarlo, pues a su derecha se abrió una puerta por la cual salió una mujer de cabello azul oscuro, quien iba acompañada por un paciente. Endeavor la reconoció en seguida y maldijo por lo bajo debido a la enorme casualidad que la puso a ella ahí en ese preciso momento. La mujer no era otra que la Dra. Azure Bourgeois, también conocida como Nuit, una reconocida cirujana que formaba parte de Les Bleus, la organización francesa de búsqueda y rescate que ya llevaba algunos meses en Japón por petición del gobierno para ayudar a atender a la población. Y la razón por la que Endeavor perdió la concentración fue porque, para más señas, Nuit era también su amante, aunque él se negara abiertamente a admitirse a sí mismo este hecho.
–¡Evacúen cuanto antes! –repitió Endeavor y esperó que Nuit lo escuchara–. ¡Estamos en una redada y el sospechoso puede estar armado!
Su voz hizo eco entre el grupo de gente que esperaba entrar a cirugía ambulatoria, lo que propagó todavía más el caos. A pesar de esto, Endeavor alcanzó a visualizar al sospechoso, quien continuaba tocando a los que encontraba a su paso; Enji tuvo apenas cinco segundos para darse cuenta de hacia dónde se dirigía el hombre y le tomó cinco segundos más en comprender que Azure y su paciente, una mujer anciana, quedaban en su camino. Aparentemente, Nuit no escuchó a Endeavor ni notó su presencia, y éste no se encontraba lo suficientemente cerca para intervenir, por lo que no pudo evitar que el delincuente las tocara a ella y a la anciana. Ambas se sobresaltaron y soltaron un grito de sorpresa, tras lo cual se dejaron caer al suelo.
–¡Azure! –gritó Endeavor, sin poder evitarlo.
Inmediatamente después se dio cuenta de que no la llamó por su nombre de heroína, como hacía en público, sino por su nombre civil. Aunque raras veces lo había pronunciado en voz alta, su preocupación por ella alteró sus emociones y la llamó con el nombre con el que la tenía registrada en sus pensamientos. La francesa le importaba más de lo que quería reconocer, al grado de distraerlo de su misión principal. Por fortuna, a nadie parecía importarle que el Héroe Número 1 mostrara una preocupación inusual por una joven que oficialmente apenas era poco más que una compañera de trabajo, pero Enji sabía que no podía seguir cometiendo esa clase de errores.
–Respetable anciana, ¿cómo se siente? –Endeavor decidió dirigirse primero a la mujer mayor–. ¿Necesita ayuda?
Ésta ya se había puesto en pie por su cuenta (Azure seguía de rodillas, con la cabeza baja) y contempló a Endeavor con una expresión de picardía en el rostro, como si fuese una niña que acabara de hacer una travesura.
–Esto nunca se lo he confesado a alguien, así que voy a hacerlo ahora. –La anciana lo miró con ojos brillantes–. ¡Mi segundo hijo no es de mi marido!
–¿Qué? –se sorprendió él, pues no se esperaba esta respuesta.
–¡Nunca antes lo había dicho en voz alta, pero qué bien se siente! –gritó la mujer, tras lo cual empezó a caminar y al poco tiempo se perdió entre la multitud.
Fue tan inesperada la reacción de la anciana que Enji dudó entre seguirla, verificar cómo estaba Nuit o cumplir con su misión principal, es decir, ir por el asaltante, que a esas alturas seguramente ya habría salido del edificio. Y aunque habitualmente era un héroe muy profesional, también era cierto que se dejaba dominar mucho por sus emociones, así que decidió hacer la segunda opción, es decir, auxiliar a la cirujana que seguía sin ponerse en pie.
–Nuit, ¿estás bien? –Endeavor hincó una rodilla en el suelo frente a ella y le puso una mano en el hombro, asegurándose de llamarla esta vez por su nombre de heroína–. ¿Estás herida?
Azure estaba notoriamente confundida, aunque esto no evitó que mirara fijamente a Enji, con sus ojos de color uva tan brillantes como los de la anciana y una expresión de emoción y vergüenza que resultaba poco habitual en ella.
–¿Estás herida? –volvió a repetir él, mientras Nuit se ponía lentamente en pie–. ¿Qué te hizo ese quirk?
Pero ella, en vez de responder, volvió a mirarlo con esa expresión extraña para después desviar la vista antes de comenzar a hablar, al tiempo en el que él también se incorporaba.
–Te amo, Enji Todoroki –declaró Azure, quien enrojeció intensamente–. Te he amado desde hace mucho tiempo.
Lo que sucedió a continuación fue inevitable: incapaz de controlar el torbellino que lo golpeó, las llamas de Endeavor se encendieron al máximo, siendo las de su rostro las que cobraron más fuerza.
–¿Qué acabas de decir? –exclamó él, atónito.
–Que te amo –repitió Azure, sin titubear–. Te he amado desde hace mucho y no puedo seguir negándolo.
Endeavor pensó que Nuit no estaba hablando en serio, no podía estar hablando en serio. ¡Ella acababa de decirle que lo amaba! ¡A él!¿Por qué? ¿Por qué precisamente en ese momento, por qué a él? ¿Estaría siendo coaccionada por alguien o por algo, quizás por el quirk del delincuente? Lo más probable era que se tratara de esto último, porque quedaba claro para cualquiera con una pizca de sentido común que Azure no estaba siendo honesta, no sólo porque ella sabía que Endeavor estaba casado sino también porque era veintiún años más joven que él y las muchachas jóvenes no se enamoraban de hombres mayores (o no deberían de hacerlo). Así pues, Nuit debía encontrarse bajo la influencia del quirk del fugitivo, pero a pesar de saberlo, Enji Todoroki no pudo evitar experimentar una sensación muy agradable y desconocida en el pecho.
"No lo ha dicho en serio, estoy seguro", se repitió a sí mismo para convencerse de que lo que acababa de escuchar no era verdad, porque habría un problema muy grande si lo fuera. "Seguramente hace que la gente diga cosas absurdas…".
–¡Endeavor! –gritó entonces Onima a través del intercomunicador–. ¡Le hemos perdido la pista al fugitivo!
"¡Concéntrate, no tienes tiempo para esto!", se regañó el hombre. "¡Hay personas en peligro y dos delincuentes en fuga!". Pero su atención volvió a fijarse en Azure, quien se había perdido en sus propios pensamientos. Curiosamente, ella no lucía avergonzada ni arrepentida sino todo lo contrario, su expresión era la de alguien que está feliz por haber revelado un secreto que estuvo guardando durante mucho tiempo.
–Ah, no puedo creer que lo haya expresado en voz alta –continuó Azure–. ¡Qué bien me hace el decirlo! Je t'aime, Enji, te amo.
–Pediré que envíen ayuda –pidió Endeavor, con un tono de voz tan neutral como pudo–. Espera aquí a que alguien venga por ti.
Repentinamente, una idea temible asaltó a Enji: ¿Y si a Nuit le daba por confesarle a todo el que viera que amaba a Endeavor? Eso sucedió con la anciana (aunque a él no le constaba que ella continuara diciendo disparates) y si Azure repetía ese patrón, podría meterlos a ambos en problemas. Sin embargo, también era cierto que había el suficiente caos como para que alguien prestara atención a lo que una persona decía. De todos modos, ¿qué opciones le quedaban a Endeavor, sino confiar en que la cirujana permanecería ahí, tranquila y en silencio?
–¡Endeavor! –repitió Onima–. ¡Le hemos perdido la pista! ¿Me copias?
–Ya estoy en ello –contestó Endeavor, al fin–. Necesito más apoyo médico, hay varias personas afectadas por el quirk del criminal, entre ellos un médico de Les Bleus.
–¿Hay personal de Les Bleus en este hospital? –Inesperadamente, Kido se unió a la conversación–. Tenía entendido que ellos no salen de su Isla a menos que alguien solicite sus servicios.
–Ellos están otorgando atención médica gratuita a la población en los hospitales de la ciudad –explicó Onima–. A últimas fechas ha habido sobrecarga de trabajo para los doctores japoneses y Les Bleus están ayudándolos.
–¡Jefe, hemos atrapado al delincuente, ya está en manos de la policía! –interrumpió Burnin–. ¡Ya estamos aquí para ayudarle con los otros dos!
Enji agradeció la llegada imprevista de sus otros asistentes, pues eso le permitió recobrar la compostura lo suficiente como para poder ignorar lo que Nuit acababa de decirle. Él giró un par de órdenes a sus subordinados antes de dirigirse a la francesa y repetirle que debía permanecer ahí.
–Vas a estar bien –aseguró él, sin hacer mención a su inesperada confesión–. Recibirás ayuda pronto.
Pero a Azure esto no parecía importarle y le sonrió con picardía, lo que casi hizo que él volviera a perder el control. Sin embargo, ella no volvió a declarar que lo amaba y Endeavor la dejó atrás para ir en busca del delincuente fugitivo.
"Eso me desconcentró más de lo que esperaba", pensó el hombre. "Si el objetivo del sospechoso era distraerme, lo consiguió…".
Pero a pesar de que el ladrón era hábil y le llevaba ventaja, a Endeavor no le costó localizarlo gracias a que estaba más familiarizado con la disposición del hospital que el delincuente. Si bien todavía no sabía exactamente en qué consistía su don, Enji estaba consciente de que hacía que las personas a las que el hombre tocaba dijeran cosas extrañas y perdieran el sentido de la realidad, por lo que debía evitar caer bajo su efecto. Sin embargo, al verse acorralado y sin opciones de seguir usando distractores, el sospechoso prefirió entregarse a intentar escapar de Endeavor, debía saber que no tenía oportunidad contra él. Y una vez que el segundo asaltante de bancos fue arrestado por la policía, no pasó mucho tiempo antes de que el tercero se entregara por voluntad propia, al ver que no iba a llegar muy lejos por su cuenta. Después de esto, dado que no había más por hacer, el inspector agradeció a Endeavor y a sus ayudantes por sus servicios.
–¿Qué sucedió con los afectados por el quirk del segundo ladrón? –preguntó Endeavor–. ¿Han recibido atención médica?
–Sólo unos cuantos –aclaró el inspector–. El efecto dura poco tiempo y ellos no recuerdan lo que dijeron durante los ataques, así que sólo los que sufrieron heridas al caer o al huir necesitaron que los revisara un médico. Incluso la doctora de Les Bleus que fue agredida ya se había recuperado cuando llegaron otros médicos a apoyar, se negó a ser atendida y en vez de eso prestó auxilio a los lesionados.
–Sí, ya veo –respondió Enji, quien se sintió aliviado por haber obtenido la respuesta que realmente estaba buscando. Azure estaba bien y había dejado de decir disparates, ¡qué fortuna!
–¿Qué es lo que le hace ese quirk a la gente? –inquirió Onima–. Esas personas hacían declaraciones muy peculiares.
–Según sabemos, hace que el afectado revele cuál es el secreto más grande que posee en ese momento –explicó el inspector–. Así es como el grupo descubría las combinaciones y claves de las cajas fuertes sin usar la violencia, los mismos responsables se las revelaban al ser el secreto que guardaban con más celo. Una vez obtenido el dato, el tercer criminal se encargaba después de…
Endeavor dejó de prestar atención tras enterarse de qué era lo que realmente hacía ese misterioso don. Esto dejaba las cosas claras, no había lugar para dudas: Nuit había sido sincera al decir que lo amaba. A él. Y no pudo evitar preguntarse por qué lo amaba a él, por qué precisamente a él, el hombre menos adecuado para que ella se enamorase, por muchas razones. Sí, era cierto que ellos eran amantes, pero una cosa era el sexo y otra muy diferente el amor, Enji lo sabía de sobra. Sin embargo, a pesar de saber que estaba mal, había algo en esa declaración hecha a la fuerza que lo emocionaba más de lo que debería.
–Ese quirk es realmente peligroso –manifestó Onima, en voz baja–. Hay cosas que nunca deberían de salir a la luz.
Está de sobra decir que Endeavor no podía estar más de acuerdo.
Mientras regresaba a su agencia en compañía de sus achichincles, Endeavor se preguntó qué debía hacer con esa información. ¿Debía ignorarla, dejarla pasar, fingir que nada pasó? Ésa parecía ser la mejor opción, dado que Azure seguramente no recordaría su confesión. De cualquier manera, él no podía corresponder a sus sentimientos y se metería en un problema más grande intentando explicárselo. Sin embargo, era imperativo cortar el affair que tenía con Nuit, a partir de ese momento sólo podrían llevar una relación netamente profesional, Enji no podía seguir favoreciendo que ese amor continuara creciendo, había que cortarlo de raíz.
Sin embargo, era más fácil decirlo que hacerlo. Las palabras "Te amo, te he amado desde hace mucho tiempo" le resonaban en la cabeza a cada momento y no querían darle una tregua. Incluso cuando estaba quedándose dormido, la expresión de Azure lo visitaba en sus pensamientos y lo sacaba de su balance. ¿Por qué no podía sacársela de la cabeza?
"Olvídalo, haz como que nunca pasó", se decía a sí mismo. "Nadie más la escuchó y ella no se acordará de lo sucedido, finge que no ocurrió y deja el asunto en paz".
Pero en vez de dejar el asunto en paz, Enji se preguntaba en qué punto se torció todo. Él conoció a Nuit casi tres años atrás, cuando les tocó trabajar en un proyecto especial que llevaron a cabo Les Bleus y el gobierno japonés, y si bien ellos no se soportaron en un inicio debido a un choque de ideales, el trato constante y otros factores los llevaron a tolerarse primero, a aceptarse después, para pasar a respetarse mutuamente y acabar siendo amantes. Esa aventura terminó muy mal (por culpa de él, debía reconocerlo), Azure regresó con Les Bleus y Endeavor estaba seguro de que nunca más volvería a verla, pero dos años después se la volvió a encontrar en Japón debido a que el destino insistía en ponérsela en el camino, como si fuese una prueba extremadamente difícil de superar. Y era que había algo que Endeavor no deseaba admitir: que esa exasperación que Nuit le hizo sentir en el comienzo siempre fue una atracción muy fuerte, por eso fue que, en cuanto se reencontró con ella, volvió a hacerla su amante y seguiría cayendo en esa pasión prohibida cada vez que Azure tuviese deseos de provocarlo.
En cualquier caso, para dar por zanjado el tema, Enji se enfocó en su trabajo, como hacía siempre que quería mantener una idea apartada de su mente; ya lo había hecho antes y lo volvería a hacer, esto era más fácil de ignorar porque los sentimientos de Azure eran unilaterales (según él), pero una semana le bastó para admitir que no iba a poder olvidar esa confesión, por más que lo intentara. ¿Quién podría olvidar algo semejante, sobre todo un hombre que se había casado por conveniencia? Un hombre que, además, no era popular entre la gente ni solía despertar sentimientos que no fuesen de odio, de temor o de rechazo, así que, ¿por qué Nuit había elegido amarlo? Tenía que reconocer, también, que su vanidad de hombre se sentía halagada, así que resolvió que iría a buscar a la joven para preguntárselo y le exigiría después que eliminara esos sentimientos de tajo.
"Ella debe de tener en claro que yo no tengo sentimientos por ella ni los voy a tener…".
Tras mucho pensarlo, Enji resolvió que lo mejor sería acudir como civil al hospital en el que Azure estaba prestando servicio como cirujana. Como Endeavor sería fácilmente reconocible, pero como Enji Todoroki podría pasar más desapercibido, a pesar de que por su físico era difícil que alguien no lo notara. No quería inventarse una enfermedad cualquiera porque no habría sido creíble (se suponía que él tenía sus propios médicos), así que simplemente esperó a que la sala de espera se vaciara para acercarse a la primera enfermera que vio y decirle que quería ver a la doctora Bourgeois. Azure se sorprendió muchísimo cuando la enfermera en cuestión le informó quién la buscaba y, como ocurría cada vez que él estaba cerca, el corazón le empezó a latir a toda velocidad.
–¿Para qué quiere verme? –preguntó Nuit a la enfermera–. ¿Viene a atención médica?
–No lo especificó, pero lo dudo –respondió ella, extrañada–. ¿Quiere que le diga que su turno ya terminó y que vuelva mañana?
–No, está bien –replicó Azure–. No hay problema, dígale que pase.
–Como usted diga, doctora –suspiró la enfermera, quien dejó entrever que ese hombre la intimidaba.
"¿Para qué querrá hablar conmigo?", se preguntó Azure, nerviosa, mientras inconscientemente se arreglaba el cabello y comprobaba su apariencia en su espejo de mano, sin darse cuenta de que actuaba como mujer enamorada. "Si es por lo de aquel asunto de los ladrones de bancos, la policía ya me interrogó y esto queda fuera de su jurisdicción". Jamás se le pasó por la mente que lo que llevaba a Endeavor hasta ahí era algo muy distinto.
–Bonsoir, Endeavor –saludó ella cuando Enji entró en el consultorio y cerró la puerta tras de sí–. ¿Qué te trae por aquí?
–Konnichiwa –respondió él e inclinó la cabeza–. Quiero hablar contigo sobre lo que pasó el otro día.
–¿Sobre los asaltantes del banco? –preguntó Azure, sorprendida de que su teoría hubiera sido correcta–. ¿Qué necesitas saber? Ya hablé con la policía sobre ello y realmente no me acuerdo de mucho, de lo único que tuve conciencia que fue de que uno de ellos me tocó el brazo y lo siguiente que recuerdo es estar recargada contra una pared.
–No, no me interesa eso –negó Enji, incómodo–. Ese caso ya está cerrado, lo que quiero saber es otra cosa.
–¿Ah, sí? Oh, pues no sé qué más deseas saber –contestó ella, mientras le daba la espalda para ponerse a limpiar sus instrumentos de curación–. No hice gran cosa después, atendí a los lesionados y rendí mi declaración.
–No fue lo que hiciste sino lo que dijiste –replicó él–. Cuando el criminal te tocó, activó su quirk en ti, el cual hace que la persona afectada revele el mayor secreto que posee en ese momento, aunque después no recordará haberlo hecho.
–Ajá –comentó Azure, sin prestar mucha atención–. ¿Estás tratando de decirme que yo confesé cuál es mi mayor secreto, es eso? ¿Lo escuchaste tú o quieres saber cuál es?
–Lo escuché –confirmó Endeavor, sin saber cómo continuar.
–¿Y por eso estás aquí? –La francesa acabó de limpiar el material, pero no se giró a verlo–. ¿Qué fue lo que revelé que hizo que vinieras a buscarme para…? ¡AH!
Azure sintió que una corriente helada le recorría el cuerpo cuando la alcanzaron la gravedad de las palabras que Enji acababa de decirle. Si bien no consideraba que eso fuese su más grande secreto, si él estaba ahí era por una razón. ¿Qué, acaso por el poder de un extraño ella había acabado confesando que…? ¡No, no podía ser cierto! ¡Ni siquiera se lo había admitido a sí misma! ¿Cómo iba a declarárselo a alguien más? Sintió cómo lentamente la sangre se le subía a la cara y que las piernas comenzaban a temblarle. ¡No, no, eso era algo que nadie debía saber, mucho menos Endeavor!
–¿Confesé que yo… yo te…? –tartamudeó Azure.
–Sí, lo hiciste –la interrumpió Enji.
Ella se atragantó y no pudo seguir hablando. Repentinamente, el consultorio empezó a parecerle muy pequeño y tuvo deseos de salir de ahí.
–¿Es verdad? –preguntó él, después de un largo, larguísimo instante de silencio.
"¡Niégalo!", le gritó su sentido común. "¡Di que es mentira, que el tipo no activó su poder en ti, que es una broma que le jugaste, inventa algo! ¡Miente, niega que es cierto, no lo reconozcas ni le hagas saber que es verdad!". Pero aún antes de acabar, Azure sabía que no iba a hacerlo; siempre se había sido fiel a sí misma y negar una verdad como ésa habría sido traicionarse, así que no había marcha atrás. No importaba si fue voluntario o presionado por alguien más: si ya se había declarado una vez, podía hacerlo una segunda. Nuit respiró profundo antes de girarse para mirarlo de frente. Enji estaba parado a pocos metros, pues se negó a sentarse en la silla que ella le señaló, quizás porque pensaba huir en cuanto obtuviera su respuesta. Esto, curiosamente, en vez de amedrentarla le infundió valor, porque lo tenía de frente y podría hacer abiertamente lo que quería.
–Podría decirte que no es verdad o inventar una justificación que sonara plausible. –Azure habló con calma asombrosa, mientras se acomodaba un mechón de su cabello azul oscuro tras la oreja–. Pero estaría mintiéndote y, más importante todavía, me estaría mintiendo a mí misma. No era ésta la manera en la que quería que lo supieras, ni siquiera estaba segura de desear que lo supieras, pero supongo que ya no tengo más opción. Sí, es cierto, te amo, Enji, he estado enamorada de ti desde hace tiempo.
Ella no esperó a que Enji respondiera y se atrevió a besarlo en la boca, con el descaro con el que siempre se acercaba a él y el nulo respeto que tenía por su espacio personal. En ese beso había más ansiedad que pasión, porque Azure no sabía cómo reaccionaría él a su atrevimiento. Para su sorpresa, Endeavor no la rechazó ni hizo el intento de alejarla (aunque no la abrazó, sí correspondió al beso), a pesar de que seguramente estaba tan consciente como ella de que alguien podía entrar en cualquier momento y verlos en esa situación tan comprometedora y difícil de explicar. Después de un tiempo indefinido, Enji la tomó por los hombros y se separó de ella.
–¿Por qué? –cuestionó, en un tono de voz muy bajo, poco común en él–. ¿Por qué yo? Soy el hombre menos adecuado para que tú… soy demasiado viejo para ti y tengo esposa e hijos.
–Sé que esto es algo nuevo para ti, Enji, pero las personas habitualmente no pueden elegir de quién se enamoran –respondió Azure y desvió la mirada–. ¿Tú crees que no estoy enterada de lo que acabas de decir? Me lo repetí muchas veces, más de las que puedes contar, pero no funciona cuando tienes un corazón tan terco como el mío.
Él no quedó satisfecho con la respuesta, porque de verdad no creía que ella pudiera amarlo. Nuit vio su expresión y temió que pensara que lo suyo no era más que un capricho infantil, por lo que decidió expresar sus emociones más ocultas.
–Al principio me pareciste un hombre intimidante, terco, egocéntrico, intolerable e intransigente, que sólo considera como bueno su propio punto de vista, eres un auténtico dolor de cabeza cuando te lo propones –continuó Azure, lo que hizo que Enji soltara un gruñido de protesta; la joven alzó una mano para pedirle que la dejara continuar antes de soltar cualquier reclamo–. Pero después descubrí que debajo de esa coraza intimidante se esconde alguien que cada día intenta ser la mejor versión de sí mismo, aunque no siempre sepa cuál es la mejor forma de hacerlo. Ya te lo dije antes: sólo tú podías tomar el trabajo de suplir a All Might sin fracasar en el intento, ésa es la mayor prueba de que tienes una determinación fuerte y una voluntad de acero. En donde otros se habrían rendido sin intentarlo, tú diste un paso al frente y aceptaste el reto, aun cuando no lo conseguiste de la manera en la que deseabas, porque sabías que era tu deber. Esa determinación es una de las cosas que me hacen amarte, es más fuerte la admiración que me inspiras que la exasperación que también me causas. Me hiciste creer que no necesito ser perfecta para ser una heroína, ni para dar lo mejor de mí misma.
Una vez más, Enji no supo cómo reaccionar ante esas ardientes palabras. Una pequeña parte de él esperaba que Azure negara su declaración de amor, quizás porque era lo más fácil para los dos, pero si bien la fracción dominante de su cerebro ansiaba escuchar que era cierto, no estaba preparado para ello. Nunca antes había visto esa extraña (y emocionante) combinación de admiración y amor en una persona, mucho menos dirigida a él, pero no quedaba duda de que en los ojos de Azure eso era lo que relucía: amor y admiración por él. Y si bien la emoción que sintió fue muy agradable, de las sensaciones más placenteras que hubiese experimentado en su vida, el hombre sabía que debía rechazar los sentimientos que la joven le profesaba.
–Tú sabes que no te puedo corresponder. –Enji habló con voz extraña, quizás porque estaba más perturbado de lo que quería admitir–. No tengo los mismos sentimientos por ti y no voy a dejar a mi familia.
–Ni siquiera se me pasó por la mente la idea de pedirte que dejes a tu familia por mí –replicó Nuit, al tiempo en que sentía que el corazón se le rompía–. No era lo que buscaba, me conformaba con pasar contigo el poco o mucho tiempo que hubiera disponible, no estaba en mis planes enamorarme ni ser tu amante, ni tampoco pensaba confesarte lo que siento, no lo habría hecho de manera voluntaria, al menos. Todo es culpa de ese stupide quirk; si no fuera por él,mi amor por ti seguiría siendo mi secreto y tú no tendrías que decirme lo que yo ya sé. Ésta es una de esas malas jugadas que la vida nos tiene reservadas cuando nos creemos invencibles.
Azure fijó su vista en el suelo, incapaz de mirarlo a la cara. Estaba tratando de comportarse lo más madura posible, pero le estaba costando trabajo: tenía ganas de echarse a llorar, como le sucede a cualquiera que ha sufrido un desamor. Ella sabía que no tenía oportunidad de obtener un futuro junto a Endeavor y nunca quiso soñar con ello, pero eso no evitaba que el pecho le doliera al escucharlo decir en voz alta que no le correspondía.
–Debemos dejar de vernos, no podemos volver a estar juntos –habló Enji entonces–. Después de lo que sucedió, me di cuenta de lo mucho que nos hemos estado arriesgando con… esto… Por suerte, buena o mala, fui yo el que escuchó tu secreto, pero si lo hubiese escuchado Onima u otra persona, el asunto habría terminado mal. Si la gente llegara a enterarse de que eres mi amante, van a repudiarte.
–¿Y crees que eso me importa? –replicó Azure, enojada–. No me interesa lo que puedan pensar sobre mí y tampoco es como si pasáramos tanto tiempo a solas.
–Tal vez a ti no te preocupe, pero a mí sí –la contradijo el hombre–. No quiero que acabes mal por mi culpa.
–¡Eso es una estupidez, no te he pedido que te preocupes! –protestó Nuit–. Hubiera preferido que me dijeras que lo haces porque no quieres que se entere tu familia.
–Eres extranjera y no sabes cómo funciona la sociedad japonesa –insistió Endeavor–. La gente juzga y es un verdugo cruel cuando algo va en contra de sus ideales, estoy pidiendo que dejemos de vernos porque es lo mejor para ti.
Él intentaba decirle que estaba tratando de protegerla, pero nunca había sido bueno hablando de sus emociones y no le ayudaba la expresión seria y fría que puso para evitar mostrarlas, por lo que le dio a Azure una impresión equivocada. Ella ya se había visto venir que Enji querría terminar su inestable amorío, pero le molestaba que él usara esa excusa, que a su parecer no era válida, y decidió que ya no quería seguir escuchándolo.
–No me van a quitar el sueño los prejuicios de la sociedad japonesa –declaró Nuit–. Si tu deseo es que ya no estemos juntos porque así lo quieres, lo aceptaré sin protestar, pero si lo estás pidiendo porque te inquieta lo que la gente pueda murmurar de mí, pues no estoy de acuerdo, esas cuestiones no me afectan.
–Quizás en este momento no, pero no me gustaría que la experiencia te haga cambiar de parecer –replicó Endeavor.
–No quiero seguir discutiendo sobre esto –exigió ella–. Si no tienes otro tema por tratar conmigo, me gustaría que me dejaras sola.
Era inútil seguir insistiendo, Azure estaba alterada y Enji tampoco se sentía emocionalmente estable. Además, ya habían pasado mucho tiempo encerrados y a solas, era altamente probable que en cualquier momento alguien llegara al cubículo a preguntarle a la cirujana si tenía algún problema, por lo que él aceptó retirarse.
–No le diré a nadie lo que me has dicho –aseguró Enji–. Seguirá siendo un secreto.
–Un secreto deja de ser un secreto si se entera de ello la persona a la que se lo estabas ocultando –replicó Azure, en voz muy baja.
A él le habría gustado añadir algo más, pero no se le ocurrió algo que no sonara vacío y superficial. Cuando Endeavor se marchó, Azure cerró la puerta del cubículo con llave, se recargó contra ella y apretó los párpados. Pensó que en ese momento las lágrimas comenzarían a fluir, pero curiosamente sus ojos estaban secos. Quizás esto se debía a que se había liberado de la pesada carga que llevaba sobre sí desde hacía algún tiempo; aun cuando Endeavor le aseguró que no iba a corresponderle, Azure se sentía feliz por haber sido capaz de confesarle lo que sentía. El amor consume a quien lo siente si no llega a expresarlo abiertamente, o al menos eso era lo que ella creía. Y ya podía ser sincera consigo misma y aceptar plenamente que, para bien o para mal, estaba irremediablemente enamorada de Enji Todoroki.
Pero si Nuit se sentía aliviada, para Enji la cuestión fue muy diferente. Esa confesión inesperada, salida de los labios de una joven demasiado impetuosa (o inmadura) para preocuparse por las consecuencias, le había alterado los sentidos y la realidad. Logró distraerse durante unas cuantas horas con el patrullaje que se impuso después de marcharse del hospital, pero una vez que estuvo de regreso en su agencia y se quedó a solas en su enorme oficina, la continuación de la ardiente declaración de amor de Azure comenzó a repetirse en su cabeza sin que pudiera (o quisiera) evitarlo. Había muchas razones por las que esa confesión le perturbaba, pero la que tenía más peso era el hecho de saber que, a pesar de sus múltiples defectos, alguien estaba lo suficientemente trastornado como para amarlo.
Sin embargo, Enji había conseguido mantenerse firme y asegurarle a Azure que no sentía lo mismo por ella, aunque no estaba seguro de haberla convencido, dado que ni siquiera se había convencido a sí mismo. Él le había dicho lo que debía decirle, pero, ¿era realmente lo que sentía? La respuesta era obvia: sin importar cuán reacio estuviera a reconocerlo, en algún momento Endeavor tendría que admitir que le había mentido a Nuit.
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Algunas semanas después.
Tras el fracaso que representó el asalto al hospital de Jaku, la fuga de Tomura Shigaraki y la revelación de que Dabi era el hijo de Endeavor, la sociedad japonesa se desmoronó cual castillo de arena que ha sido atacado por la fuerza del mar. Ya no había reglas, ni orden, ni concierto, la única ley que valía en las calles era la del más fuerte y los pocos héroes que aún quedaban no se daban abasto para ayudar a los civiles.
En esa época de incertidumbre y anarquía, los integrantes de Les Bleus continuaban auxiliando a quien lo necesitara, ya fuese héroe, criminal o civil, pues ellos nunca habían hecho distinciones entre unos y otros, ésa era la base alrededor de la cual giraba toda la organización francesa; además, no era la primera vez que subsistían en una zona de guerra y estaban acostumbrados a actuar en situaciones así. Debido a esto, los grupos vandálicos los respetaban, bastaba con que llevaran el escudo de la flor de lis prendido en la ropa para que no los agredieran. Después de todo, nunca se sabía en qué momento esa gente que hacía destrozos podría necesitar ayuda y era preferible que los auxiliase un Bleu en sus territorios a que lo hicieran los héroes en los que ya no confiaban.
Fue gracias a esto que Azure Bourgeois acabó conociendo la ciudad de Musutafu mejor de lo que lo hizo en tiempos de paz, pues pasaba buena parte del día desplazándose de un lugar a otro para ofrecer sus servicios médicos a quien lo necesitara. Dado que no era una guerrera, sino una cirujana, las personas no desconfiaban de ella y permitían que los atendiera, los médicos todavía conservaban el respeto de la población. Sin embargo, que Azure no supiera pelear era un arma de doble filo, pues si bien la enojada gente no agredía a los voluntarios franceses, de vez en cuando había uno que otro delincuente que no tenía inconveniente en atacarlos y por tanto ella debía ir en compañía de un guardaespaldas. Dicha guardiana era su hermana Givré, la cual comenzaba a ser reconocida por su nombre de heroína, Alchemist; Givré no se limitaba a fungir como guardaespaldas de su hermana mayor, ya que mientras Nuit daba sus consultas, Alchemist entregaba víveres y objetos de primera necesidad, así como también hacía reparaciones de cualquier tipo cuando podía hacerlas.
Pero a pesar de que ocupaba casi todo el día en estas labores, Azure no dejaba de pensar en Endeavor. Debido a los recientes acontecimientos, ella perdió contacto con él y ni siquiera Shoto sabía en dónde localizarlo, a juzgar por lo que Givré le contaba (Nuit sabía que los dos adolescentes intercambiaban mensajes diariamente). Tal vez lo mejor sería que Azure se esforzara por no pensar en Enji y que dejara que él resolviera el lío en el que los había metido, pero era incapaz de dejarlo a su suerte.
"Quisiera hacer algo por él", pensó ella, mientras caminaba por las peligrosas calles de Musutafu. "Le prometí que estaría a su lado sin importar lo que ocurriera, pero ni siquiera sé cómo contactarlo…".
Después de ayudar en la cirugía a la que fue sometido Endeavor para reparar las severas heridas que sufrió en la última batalla contra Tomura Shigaraki, Nuit fue a visitarlo a su habitación de hospital para conocer su versión de lo sucedido con su hijo Toya y le aseguró que, pasara lo que pasase, ella estaría de su lado, le sería fiel hasta la muerte. Sin embargo, Azure no había encontrado la forma de cumplir esta promesa, pues ni siquiera sabía en dónde estaba Endeavor, y por tanto buscaba incansablemente la manera de reencontrarse con él. Empero, tras unas semanas infructuosas, esa tarde al fin sus esfuerzos darían el resultado que esperaba y lograría reunirse con Enji por cuestiones meramente circunstanciales.
Días antes, Azure se enteró de que Endeavor, Hawks, Best Jeanist y All Might estaban en una misión ultra secreta que no habían compartido con nadie y de la que ella no quería saber, algo relacionado a All For One y ese chico pecoso de cabello verde llamado Deku. Nuit descubrió esta cuestión por accidente, cuando se topó con All Might en una de sus misiones de ayuda y éste le pidió que le tratara a Deku una lesión menor; mientras lo hacía, ella por casualidad escuchó una llamada telefónica que All Might recibió de Hawks y, aunque fue muy discreta y no hizo preguntas, lo que alcanzó a escuchar le permitió sacar sus propias conclusiones. Así fue como dedujo que Endeavor prácticamente se la pasaba día y noche en la calle, en compañía de los otros héroes antes mencionados, para seguir ese plan que habían trazado y tratar de mantener a raya los actos vandálicos que cada vez eran más comunes. Y si bien nadie se lo especificó, no era necesario que alguien se lo contara para que Azure supiera que lo más probable era que Enji no estuviese comiendo y durmiendo como debería, lo conocía lo suficiente para saber que era así.
"No sólo lo está haciendo porque siempre ha creído que está por encima de estas cuestiones, sino seguramente también lo hace como condena", pensó ella, desalentada. "No puedo ayudarlo en batalla y no soy una espía, pero me conformaría con asegurarme de que esté alimentándose y descansando como debe".
Sin embargo, aunque no eran espías, Azure y Givré habían escuchado varias cosas durante sus travesías y la cirujana pensaba que quizás esa información podría serle de utilidad al grupo de héroes. Sin embargo, para poder entregar esos datos, primero tendría que encontrarse con alguno de ellos. Les Bleus mantenía la estricta política de que su personal médico tenía prohibido luchar, por lo que de ninguna manera Nuit habría podido participar en batalla y además no tenía entrenamiento para ello, así que resultaría inútil intentar intervenir en las peleas con la esperanza de hallar a Endeavor. En vez de esto, Azure trató de averiguar por dónde se movía él cada vez que hablaba con alguien, tratando de no despertar las sospechas de Alchemist. A pesar de que Givré era una de las escasas personas que sabían que Azure estaba enamorada de Enji Todoroki, ésta creía que su hermana no estaría de acuerdo con sus deseos de verlo y no se lo reprochaba (después de todo, Givré tenía sentimientos fuertes por Shoto), por lo que no le contó sus verdaderas intenciones. Sin embargo, si había alguien que podía entrever sus deseos ocultos era precisamente Givré y ella no temió encararla cuando ya no le quedó duda de cuál era el juego de su hermana mayor.
–¿Qué es lo que pretendes, Zuri? –cuestionó Alchemist, después de que su hermana finalizó su charla con una persona que le dio información más o menos confiable sobre en dónde podría estar Endeavor.
–¿A qué te refieres? –Azure sabía que la había descubierto, pero fingió inocencia–. No te entiendo.
–Bien sabes de lo que hablo, no me quieras ver la cara de tonta. –Givré la miró con enojo–. Estás buscando a aquél, no lo niegues. ¿Crees que no me he dado cuenta de que llevas días preguntándoles a todos si lo han visto recientemente? ¿Qué es lo que quieres, después de lo que ha pasado? ¿Buscas seguir siendo su, eh, querida, amante o lo que sea que hayas sido?
Tal y como se ha dicho antes, Givré sabía que Azure tenía una aventura amorosa con Endeavor, pero procuraba no tocar ese tema tan espinoso e incómodo para ambas, así que si Alchemist lo estaba haciendo ahora era porque su hermana le preocupaba más de lo que quería admitir.
–No es eso –balbuceó Nuit, incómoda, aceptando que no tenía caso mentir–. No lo estoy buscando para continuar con ese affair…
–Entonces sí lo estás buscando –suspiró Givré, desanimada–. ¿Para qué quieres verlo, sino es para eso?
–Deseo asegurarme de que está comiendo y durmiendo bien; no quiero que se enferme por no hacerlo, no ha pasado tanto tiempo desde que lo dieron de alta del hospital–. Azure se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y después bajó su voz hasta volverla un murmullo–. Quisiera hacer más por él, pero no puedo…
Alchemist analizó a su hermana detenidamente durante unos momentos, tratando de averiguar si estaba diciendo la verdad; Nuit podría tener desacuerdos con ella un día sí y otro también, como pasaba con todas las hermanas, pero rara vez le había mentido porque sabía que, si podía confiar en alguien, era en Givré.
–Ojalá no lo amaras tanto –suspiró ella, al fin–. No se lo ha ganado y tú mereces algo mejor, pero en fin, tú sabrás lo que haces.
–Gracias. –Azure le obsequió a su hermana una mirada de agradecimiento–. No te pediré que me acompañes a buscarlo, sólo que no digas en dónde estoy.
–Iré contigo hasta donde pueda asegurarme de que no vas a necesitarme –replicó Givré–. De ahí en más estarás por tu cuenta, en serio no quiero ver escenitas nauseabundas contigo y ese hombre, me traumaría de por vida.
Así pues, las Bourgeois siguieron la pista que obtuvieron, que las llevó hasta unas bodegas localizadas en las cercanías del puerto, no demasiado lejos del sitio en donde se ubicaba la Isla Paradise, la base principal de Les Bleus. Si de verdad era ahí en donde Endeavor había decidido establecer su improvisado cuartel, Azure no correría riesgo pues la zona parecía estar limpia de criminales (lo cual a su vez confirmaba el hecho de que debía de haber héroes en las cercanías).
–Hasta para eso tienes suerte: te va a quedar muy cerca de la Isla –bufó Givré–. No llegues muy tarde o no podré cubrirte.
–Gracias, otra vez. –Azure le dio un abrazo a su hermana–. Te debo una.
–Y una muy grande –replicó Givré–. Cuídate, ¿sí? No te comportes más idiota de lo que ya eres.
Las calles estaban vacías, no se veía ni un alma, lo cual no era raro considerando que la gran mayoría de las actividades económicas, si no es que todas, se habían detenido y esa área fue de las primeras en quedar abandonada cuando la población se vio obligada a irse a los refugios. Nuit temía estar siguiendo una pista falsa y creyó que estaba cometiendo un error al exponerse tanto, pues no tendría manera de defenderse si aparecía alguien con disposición a agredirla, así que comenzó a pensar en si no debería de darse por vencida y regresar a Paradise antes de que algo sucediera. Sí, ansiaba con toda su alma ver a Enji, pero no era una suicida completa, sería estúpido arriesgarse tanto sólo por la mínima posibilidad de verlo. Y cuando ya había decidido que sería mejor marcharse y volver a buscar nuevas pistas, vio a Hawks y a Best Jeanist a bordo de un automóvil deportivo que corría a toda velocidad por una de las desiertas calles y esto le hizo saber que estaba en el camino correcto.
–Lo increíble es que tengan acceso a un auto como ése –murmuró Azure, asombrada.
La francesa lamentó no haber visto de dónde salió el deportivo, pero la animó confirmar que iba por buen camino y se detuvo en una esquina para tratar de encontrar un edificio que pudiera albergar vehículos y que se notara que estaba siendo usado. En eso estaba cuando sintió una ráfaga de calor a sus espaldas, acompañada del ruido que haría una persona al caer a tierra, y ya desde antes de darse la vuelta para encarar al recién llegado supo que al fin había alcanzado su objetivo.
–¿Qué estás haciendo aquí? –Endeavor la miró perplejo–. No deberías de andar sola, es peligroso.
–Eh… –Muy a su pesar, Nuit enrojeció–. Yo estaba, eh…
–Te llevaré a Paradise –continuó él, sin darle oportunidad de responder–. Es una suerte que haya podido verte desde mi posición, no sé qué habría pasado si alguien más te hubiese encontrado primero.
–No voy a irme –declaró Azure, reponiéndose de su turbación–. He venido hasta aquí para verte.
–¿Eh? –Enji se sobresaltó–. ¿Por qué?
–Porque quiero saber cómo estás –contestó ella–. He estado muy preocupada por ti…
–Estoy bien –fue la réplica automática de Endeavor–. No necesitas preocuparte.
–Y tú no necesitas mentir –contradijo Nuit–. Lo veo en tus ojos, sé que no estás bien.
Un ligero incremento en la intensidad de sus llamas le hizo ver a Azure que lo había sacado de su precario equilibrio emocional. Endeavor la miró fijamente, intentando convencerla de que estaba bien, pero no pudo sostenerle durante mucho tiempo la mirada, pues sabía que Nuit había encontrado la manera de saber cuándo mentía. Él consideró entonces sus opciones: o se la llevaba a la fuerza a la base de Les Bleus, o la dejaba pasar al sitio de reunión de los héroes que quedaban en activo. Lo más prudente habría sido que la llevara de regreso con Les Bleus, pero estaba consciente de que eso no sería más que una solución temporal: ahora que Azure ya sabía en dónde encontrarlo, volvería a buscarlo cuantas veces fuera necesario, así de obstinada era.
–Vamos adentro –dijo Enji, resignado–. Es más seguro que aquí.
Endeavor la hizo pasar a una de las bodegas, que estaba acondicionada como vivienda provisional. Azure vio algunas camas separadas por un biombo de la zona en donde había una mesa con sus sillas y una cocina portátil junto con algunos víveres.
–Hawks y Best Jeanist acaban de salir –comentó Endeavor–. Tardarán en regresar, pero aun así no puedes quedarte mucho tiempo.
–No pensaba hacerlo –replicó Nuit–. ¿Cuándo fue la última vez que comiste?
–¿Eh? No estoy seguro, en la mañana –respondió él, a la evasiva.
–Bien, creo que con lo que hay aquí puedo preparar algo –señaló Azure, mientras revisaba los comestibles que había; no encontró cuchillos con filo pero no los necesitaba, todo lo cortaría con su quirk–. Podrías volver a tu versión civil, mientras tanto.
–No necesitas cocinar, comeré algo que ya esté preparado –protestó Enji, incómodo.
–Deja de quejarte y acepta que haga esto por ti –pidió ella, en voz baja.
Hubo algo en su tono de voz, una súplica sutil, que hizo que él dejara de resistirse; Endeavor no quería creer que Nuit estuviese ahí sólo por él, debía tener otro motivo, aunque no parecía ser el caso. Dudó en interrogarla directamente, pero Azure ya había puesto manos a la obra y eso lo hizo desistir, así que optó por cambiarse el traje de héroe por ropa de civil.
–¿Por qué estás preocupada por mí? –preguntó, cuando regresó a sentarse a la mesa–. No deberías de estarlo.
–Tú sabes muy bien cuál es la respuesta a eso. –Azure sintió que enrojecía otra vez–. No me hagas repetírtelo.
–No lo merezco –replicó Enji, en voz baja.
–No se trata de que te lo merezcas o no, es algo que quiero hacer y punto –protestó ella–. Que no correspondas a mis sentimientos no te da derecho a minimizarlos.
Ante esto, Enji ya no contestó, dejó pasar un par de minutos y después cambió el tema.
–¿Cómo supiste que estaba aquí? –cuestionó–. Muy poca gente conoce nuestra ubicación.
–Hace unos días, All Might me pidió que lo ayudara con Midoriya y recibió una llamada de Hawks mientras yo ponía manos a la obra –explicó ella–. Él comentó en voz alta los suficientes detalles como para que yo pudiera atar cabos.
–Le dije a ese idiota que tuviera cuidado –gruñó Enji–. ¿Se lo comentaste a alguien?
–No, supuse que es algo secreto –negó Azure–. Lo que no entiendo es por qué él se acercó a pedirme ayuda.
–Yo le comenté que, en caso necesario, podía confiar en ti –respondió Enji–. Sé que has estado ayudando a la población civil y que podía llegar a encontrarte.
–¿Tú le dijiste eso? –preguntó ella, perpleja–. ¿Por qué?
–Siempre he creído que eres buena en tu trabajo –respondió él, sin mirarla.
Esto la emocionó a un nivel que no creyó que fuera posible. Nuit siempre había estado consciente de su valor, pero que Endeavor lo reconociera y, más aún, que lo reconociera ante otros héroes, la elevó hasta las nubes. Sin embargo, le dio la espalda para que él no lo notara, lo cual resultaba innecesario pues Enji estaba tan ofuscado como ella, como ocurría cada vez que estaban a solas. En una situación normal, ninguno sabía qué hacer con la innegable atracción que había entre ellos y, en esos momentos en donde reinaba el caos, el asunto se ponía peor. Después de un rato, Azure puso un plato de comida caliente frente a él y se dispuso a hablarle de lo que había escuchado en las calles. Durante unos minutos ambos pudieron mantener una conversación casi normal, como si fueran dos conocidos intercambiando opiniones y hechos mientras compartían el pan. El bochorno regresó cuando Enji acabó de comer y se quedaron sin saber qué decirse; Azure estaba consciente de que, sin importar lo que pasara, el fantasma de su declaración de amor estaría siempre flotando entre ellos. Sin embargo, ella no tardó en notar que él se veía muy cansado, como si llevara días sin dormir bien y probablemente así había sido.
–¿Por qué no descansas un rato? –sugirió Azure–. Yo me quedaré al pendiente; si alguien llega a llamar, te despertaré de inmediato.
–No necesito dormir –replicó Enji, pero en cuanto lo hubo dicho, un cansancio pesado se posó sobre sus hombros.
–Eso dices, pero sé que estás mintiendo, otra vez –lo contradijo ella, en voz baja–. Se ve que estás agotado y entiendo que tengas tus razones para no querer dormir, pero como médico tengo que decirte que no aguantarás mucho a este ritmo. Si no descansas bien, no vas a rendir al máximo de tus capacidades.
Endeavor sabía que ella tenía razón, pero no le parecía justo que él durmiera mientras Hawks y Best Jeanist estaban trabajando. De hecho, ninguno de ellos había descansado lo suficiente, pero él lo había hecho menos que los otros dos debido a que era en los momentos previos a quedarse dormido cuando más lo atacaban los remordimientos.
–Me recostaré diez minutos –anunció Enji–. Si llega alguien, avísame de inmediato.
Azure asintió y, tras recoger el área en donde había cocinado, se sentó en una de las sillas mientras Enji se retiraba a una de las camas. No pasó mucho tiempo antes de que lo escuchara murmurar entre sueños y se levantó para ver qué ocurría. Al acercarse, Azure identificó que lo que Enji decía era el nombre Toya, ese nombre que ella ya le había oído nombrar antes y que ahora sabía que pertenecía a su hijo mayor. Cuando ella llegó a la cama, él ya estaba sentado, con la cabeza agachada.
–¿Tuviste un mal sueño? –preguntó Azure, con suavidad.
–No llegué a dormirme siquiera, los remordimientos no me están dejando hacerlo –aclaró Enji–. Cada vez que cierro los ojos, lo veo a él, lo escucho revelando que está vivo, que siempre lo estuvo…
Enji no aclaró de quién hablaba, pero no era necesario que lo hiciera. Tres años antes, cuando ellos recién se acababan de conocer, Azure lo escuchó nombrar a Toya, aunque en ese entonces no tenía la suficiente confianza para preguntarle quién era. En aquel momento, Endeavor estaba enfermo por culpa de una infección causada por una bacteria peligrosa que lo hizo delirar y, al parecer, lo hizo con la falsa muerte de su hijo mayor. Sólo así, hablando sin pretenderlo, fue como él le reveló a Nuit cuál era el mayor de sus tormentos, aunque ella estaba muy lejos de comprender el alcance de dicha revelación.
–¿Recuerdas cuando trabajamos juntos hace tiempo, que te enfermaste por una bacteria y tuve que entrar a tu habitación para curarte y evitar que me acusaran de ser una mala médica por permitir que el Héroe No. 2 de Japón se enfermara? –preguntó Azure–. En ese momento, tú no dejabas de decir el nombre de Toya durante tus alucinaciones. ¿Ya desde entonces tenías remordimiento por lo que pasó?
–Desde mucho antes –contestó Enji, en voz baja–. La muerte de un hijo no es algo que se pueda olvidar.
Había mucho dolor en esta frase y la cirujana se preguntó de qué manera podría ayudarlo. Ya en otras ocasiones ella había conseguido confortarlo al cantarle suavemente una canción, pero no creía que en ese momento fuera de utilidad. ¿Qué podía decirle? Nuit no había pasado por algo similar y no sabía qué palabras serían las adecuadas. Mientras tanto, Endeavor había vuelto a recostarse, pero no le pidió que se retirara y entonces ella tuvo su momento de inspiración.
–Dame espacio –ordenó Azure, al tiempo en que se acercaba a la cama–. Si te mueves, cabemos los dos.
–¿Qué? –exclamó Enji, sorprendido–. ¿Para qué?
–Sólo hazlo, por favor –repitió ella, mientras se acomodaba un mechón de pelo azul tras la oreja–. Quiero acostarme a tu lado.
Si bien Endeavor ya estaba acostumbrado al cinismo y al desparpajo con el cual Azure violaba su espacio personal, en ese momento titubeó porque le parecía una pésima idea que ella intentara seducirlo ahí, siendo que alguno de sus compañeros podría llegar en cualquier instante. Sin embargo, Nuit no parecía tener deseos de intimar con él, aunque era difícil adivinar qué era lo que ella tenía en mente; al final, como sucedía cada vez que se encontraba en una situación así, Enji cedió y se movió lo suficiente para que Azure se acostara. Ella se acomodó en la cama y, sin aviso previo, hizo que él apoyara la cabeza sobre su pecho.
–¿Qué estás haciendo? –cuestionó Endeavor e hizo un esfuerzo para que el bochorno que sintió no se manifestara en forma de llamas–. ¡Esto no es correcto!
–Quizás no, pero no se me ocurre qué más hacer para ayudarte –repuso Nuit–. No sé qué palabras decirte para hacerte sentir mejor porque no he pasado por una situación como la tuya, pero sí sé que el contacto humano es más efectivo que cualquier discurso. Sin importar lo que suceda, no vas a pasar por esto solo: ya te lo prometí alguna vez, al menos yo estaré contigo.
Por supuesto, el primer impulso de Enji fue separarse, pues si alguien llegaba y los veía así, le sería muy difícil justificarse. Sin embargo, ese contacto físico tan inesperado le gustaba mucho más de lo que se atrevía a admitir. Varias veces él tuvo a Azure entre sus brazos por motivos bien distintos, pero lo que sintió en esas ocasiones fue muy diferente a lo que experimentaba ahora que era ella quien lo abrazaba. En esa posición, Enji escuchaba perfectamente el latido rítmico del corazón de Azure, un sonido constante y suave que era sorprendentemente relajante. Y de pronto, ese impulso de querer alejarse sucumbió al deseo, más fuerte, de permanecer en ese reconfortante abrazo. Azure le acarició la nuca con suavidad, sin decir palabra, y antes de que se diera cuenta, Enji se quedó dormido. Y por primera vez en mucho tiempo, no tuvo pesadillas.
Cuando despertó, un par de horas después, se encontraba solo en la cama y Azure estaba parada frente a él, dándole la espalda. Al escucharlo levantarse, ella se giró para entregarle su smartphone.
–Estaba por despertarte –anunció–. Tu teléfono ha sonado en un par de ocasiones, es Hawks quien está llamando.
Endeavor tomó el aparato y le asombró descubrir que había conseguido dormir por tanto tiempo, pero no podía negar que ese par de horas le beneficiaron mucho. Se había desconectado tanto de la realidad que le tomó unos segundos entender lo que Hawks estaba informándole. Cuando la llamada concluyó, Azure ya estaba lista para marcharse, consciente de que se le había acabado el tiempo de visita.
–Debo volver a patrullar –anunció Enji–. Te llevaré de regreso a Paradise.
–No será necesario, mi hermana me está esperando en un punto cercano –replicó Azure–. No quiero quitarte más tiempo.
–No lo haces –repuso Enji–. Pero siendo así, te acompañaré entonces hasta donde vayas a reunirte con Alchemist.
Nuit le dio la espalda para que él volviera a ponerse el traje de héroe y le repitió que no era necesario que la acompañara, que sabría cuidarse sola. Endeavor le contestó que eso no estaba a consideración y que, si ella se había tomado la molestia de preocuparse por él, lo mínimo que podía hacer era corresponder el favor.
–¿Qué le dijiste a tu hermana con respecto a lo que estás haciendo aquí? –preguntó Endeavor–. ¿Sabe que has venido a verme?
–No le di detalles que pudiera comprometerlos a ustedes –respondió Azure, evasiva–. Pero aun cuando se hubiese enterado de algo, no lo divulgaría.
–De acuerdo –aceptó él, tras pensarlo unos segundos–. No quiero ponerlas en riesgo.
–Estaremos bien, no te preocupes –aseguró Nuit.
Él asintió con la cabeza como respuesta y dudó unos segundos antes de añadir:
–Gracias por lo que hiciste hoy…
–Sabes que, por ti, haría lo que fuera –murmuró Azure.
A partir de entonces, ellos comenzaron a reunirse cada que había oportunidad para repetir la rutina: Azure cocinaba o le llevaba de comer y después dejaba que Enji se durmiera entre sus brazos; además, él permitía que ella le tratara sus heridas cuando se lesionaba durante sus misiones. Era difícil encontrar un rato en el que Best Jeanist o Hawks no anduvieran cerca, pero cuando sabía que se iba a quedar solo, Endeavor se lo hacía saber a Nuit y ella se preparaba para reunirse con él en el mismo sitio en donde se encontraron la primera vez. Azure pronto aprendió a tragarse el bochorno de su confesión y le daba informes a Enji sobre los rumores que ella o Givré escuchaban de la gente. Él agradecía poder descansar y comer platillos calientes, pues hasta entonces se dio cuenta de lo afortunado que siempre fue de que Fuyumi lo recibiera en casa con comida recién preparada. Endeavor no quería pensar en si lo que hacían estaba bien o mal (lo segundo, lo más probable), pues esos ratos que pasaba junto a Azure fueron una de las pocas cosas que evitó que cayera en la locura, además de que sólo así conseguía dormir sin tener pesadillas. En el pasado, su relación había sido más carnal que otra cosa, pero en esos días eso fue cambiando poco a poco y Enji se preguntaba si debía ponerle un freno para evitar enamorarse de esa joven obstinada y decidida a la que le doblaba la edad.
Sin embargo, una vez que él hizo un análisis honesto de sus sentimientos, debió admitir que era demasiado tarde para marcar límites, ese punto lo había superado hacía mucho tiempo, lo supo en el momento en el que Azure le confesó que lo amaba. Endeavor se maldijo a sí mismo cuando se vio frente a la verdad, pues su vida ya era bastante complicada como para añadirle el problema de haberse enamorado de otra mujer que no era su esposa, una a la que no podría ofrecerle todo lo que merecía. Enji Todoroki era un hombre acostumbrado a hacer las cosas como se debían, manteniendo el honor de su nombre hasta donde le era posible, pero con Azure siempre había roto esa regla y continuaba rompiéndola. Para él, lo más fácil habría sido mantenerla como amante y seguir disfrutando de los momentos de felicidad egoísta que ella le daba (una felicidad como pocas veces había experimentado), pero sabía que con eso afectaba a terceras personas, incluyendo a su propia familia, y sobre todo estaba dañándola a ella. Como se lo había dicho ya a Azure, si la población se enteraba de que ella era amante de Endeavor, el repudio que recibiría sería peor que el que le estaban dando a él y Enji no estaría en posición de ayudarla con un matrimonio o compromiso estable. Así pues, si realmente sentía por Nuit lo que creía sentir, sólo había una cosa por hacer.
Una vez que tomó su decisión, no dio marcha atrás. En lo único en lo que se permitió ser egoísta fue en retrasar el momento en el que la llevaría a cabo, pues ansiaba seguir disfrutando hasta el último minuto de esos ratos que compartía con Azure. La ocasión indicada llegó después de que Star and Stripe fue asesinada por Shigaraki y Japón quedó abandonado a su suerte. La batalla final estaba cerca y Endeavor presentía que no saldría vivo de ella, así que al menos quería irse sin remordimientos ni lamentaciones. Sabía que estaba arriesgándose demasiado al intentar hacer lo que quería hacer, pero su esperanza de sobrevivir para ver el futuro era prácticamente de cero, así que se aferraría al presente.
Azure supo que algo había cambiado cuando se reunió con Enji esa última tarde en la que estuvieron juntos. Ella, a su vez, también había disfrutado de esos momentos de intimidad junto a él, pero tenía bien presente que no durarían para siempre. Hacía mucho que Nuit había aprendido que amar tan intensamente a alguien no garantiza que estarás a su lado ni que se tendrá un final feliz, por lo que disfrutaba cada instante como si fuese el último. Ese día, Enji le preguntó si podía quedarse más tiempo del que acostumbraba, lo que le hizo saber a la francesa que se le había acabado el tiempo. Fue bueno mientras duró, pero esa burbuja estaba por explotar y ambos debían volver a la realidad.
–¿Por qué me has pedido que me quede más tiempo? –le preguntó a Endeavor, después de que le dio la información que consiguió hablando con las personas.
–Porque hay algo que debo decirte –respondió él, a la evasiva–. Lo había estado evitando, pero ya no puedo hacerlo más.
Ella no necesitaba preguntar de qué se trataba, su corazón ya lo sabía. Trató de no angustiarse por la inminente separación, pero no le fue posible hacerlo hasta que él la besó. Era la primera vez (y probablemente sería la última) en la que Enji buscaba activamente el contacto físico con Azure, pues en todas las ocasiones anteriores era ella la que lo seducía, aunque Endeavor no oponía mucha resistencia. Nuit quería separarse y preguntarle la razón de ese cambio tan repentino, pero su mente le ordenó que dejara eso de lado para enfocarse en las sensaciones que él despertaba en su piel. Sentir a Enji dentro de su cuerpo le permitió a Azure olvidar la realidad y creer que se pertenecían el uno al otro. Y, esta vez, sería ella la que después se dormiría sobre su pecho musculoso, escuchando los fuertes latidos de su corazón.
Cuando ella despertó, Endeavor ya estaba usando su traje de héroe y verificaba el rastreador que llevaba siempre consigo. Cuando vio que Nuit estaba despierta, le pidió que se vistiera y que lo alcanzara en el patio posterior de la bodega, tras lo cual la dejó sola para darle privacidad. Azure intentó retrasar el momento y se tomó su tiempo para arreglarse, aunque supiera que no serviría de nada; cuando estuvo lista y salió, encontró a Enji sentado en unas cajas abandonadas, mirando el rastreador con expresión ausente. Frente a él, el mar reflejaba los rayos del sol de la tarde.
–¿De qué quieres hablar conmigo? –preguntó Azure, al llegar a su lado–. Debe de tratarse de algo importante si me has traído hasta aquí, en donde será difícil que alguien nos encuentre.
–No quiero que alguien escuche lo que voy a decirte, porque no debería de decírtelo, aunque sea la verdad –contestó Endeavor, quien hizo una pausa muy larga antes de continuar–: Mentí cuando aseguré que no tengo sentimientos por ti. Mentí, porque sí los tengo… Pero mi vida ahora es muy complicada en estos momentos y no puedo ofrecerte más que ser mi amante. No voy a dejar a mi esposa ni a mis hijos y Toya es mi principal responsabilidad ahora... Y tú mereces ser la prioridad de alguien, no la segunda opción…
Azure respingó y se quedó sin habla. Las palabras de Enji la tomaron desprevenida: de todos los escenarios posibles, ése jamás se le pasó por la mente. ¡Él acababa de decirle que sí la quería! Una sensación de euforia la recorrió de pies a cabeza, pero casi al mismo tiempo también comenzó a sentir dolor, el dolor de saber que ese amor no sería suficiente para que pudieran estar juntos. Nuit siempre tuvo bien presente esto último, algo con lo que además estaba de acuerdo pues no deseaba que Endeavor se separara de su familia para estar con ella, era lo suficientemente centrada como para saber que su amor no era más que un tropiezo en los caminos de ambos, algo que nunca estuvo destinado a perdurar. Sin embargo, enterarse de que ese sentimiento no era unilateral le hacía más difíciles las cosas.
–Estoy agradecido por lo que has hecho por mí, pero he sido egoísta al aceptarlo. He arruinado ya suficientes vidas, no quiero arruinar también la tuya –continuó Enji–. Aunque digas que no te preocupa, a mí sí me importa lo que pueda suceder, no quiero que la gente te ataque como lo ha hecho conmigo y lo hará si se llega a enterar de lo que ha pasado entre nosotros. Yo lo merezco, pero tú no… Y renunciar a ti es lo mejor que te puedo ofrecer…
Delante de ellos, el sol empezó a hundirse en el mar, que se encrespaba a causa de un viento frío. Nuit sintió que los ojos se le llenaron de lágrimas y se las secó con un movimiento sutil. Endeavor, a su vez, terminó de hablar y fijó su vista en el horizonte, a la espera de que ella diera su respuesta.
–Yo también he pensado mucho en estos días sobre… lo que sea que haya entre nosotros –comentó Azure, después de mucho rato de silencio–. Y, aunque me haga muy feliz, sé que no puede continuar. Nunca albergué el sueño de que dejaras a tu familia por mí, me conformaba con estar contigo de vez en cuando, sin importarme si la gente llegaba a saberlo. Te lo dije y lo confirmo: no me interesa lo que las personas puedan decir de mí, estoy más allá de las habladurías… Pero no quiero darles un motivo para que sigan hablando mal de ti…
Él volteó a verla, pero ella se negó a establecer contacto visual porque no quería que le fallara la voluntad.
–Alguna vez te comenté que una de las cosas que más admiro de ti es que todos los días intentas ser la mejor versión de ti mismo –continuó Nuit–. Aún en estos momentos tan complicados, te has esforzado por dar tu mayor esfuerzo y sé que algún día la gente volverá a apreciarlo, pero si tienes una amante, nunca podrás ser tu mejor versión... Estás haciendo algo que no va contigo porque yo te he empujado a ello, lo cual no es mejor que lo que las personas hacen al atacarte… Así que, por mucho que me duela, tengo que alejarme de ti…
Fue lindo soñar, pero Azure debía despertar y encarar la realidad. Ser su amante le perjudicaba más a Endeavor, la estricta sociedad japonesa jamás le perdonaría ese desliz, así que, si de verdad lo amaba, debía renunciar a él.
–¿Estás de acuerdo entonces con que ésta sea la última vez que te busque? –preguntó Enji, cuyos ojos turquesa echaban chispas.
–Sí –aceptó Azure–. Es lo mejor.
Endeavor consideró que no había más por decir y siguió mirando al mar embravecido. Azure se sentó a su lado, sin decir palabra; durante varios minutos compartieron un silencio que estaba lleno de las palabras que ninguno de los dos se atrevería a decirse. Después de un rato, Nuit apoyó la cabeza en el hombro de ese gigante herido, creyendo que él se retiraría o que le pediría que se alejara, pero para su sorpresa, Enji no se movió. Era como si él le estuviera permitiendo un último contacto físico antes de decir adiós; era doloroso tener que renunciar al hombre del que estaba enamorada, pero era más doloroso saber que él también la amaba y que de cualquier manera tendrían que separarse. Eso era lo correcto y ambos lo sabían, pero no hacía las cosas más sencillas.
Y así permanecieron los dos, uno junto al otro, hasta que la luz del día se apagó y brillaron sobre ellos las estrellas.
Fin.
Notas:
-Los personajes de Boku no Hero Academia pertenecen a Kohei Horikoshi ©.
-Azure Bourgeois / Nuit es un personaje creado por Lily de Wakabayashi.
-Givré Bourgeois / Alchemist es un personaje creado por Elieth Schneider.
-Este fic forma parte de la historia de mi Azure en el universo de My Hero Academia, al cual también pertenecen mis otros fanfics "El valor de un hombre", "Canción para un héroe herido" y "Un error de los grandes", siendo continuación directa de esta última historia. El fic originalmente terminaba aquí, pero le voy a agregar un epílogo, algún día.
