Una Cita

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

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Supongo que tiene sus ventajas ser amiga de la hija de los dueños del Restaurant du Lac, eso pensaba Amane no sin cierta culpa que de todos modos no la detuvo de aceptar la invitación de Kokone. ¡Sería de muy mala educación ponerle un pero a la siempre considerada y dulce Fuwa Kokone! ¡Kasai Amane nunca se atrevería a algo así!

Acordaron verse el viernes por la tarde y Amane no podía ocultar su emoción, para sus hermanos era obvio que la más joven de la familia extrañaba pasar tiempo con sus amigas sobre todo desde que se había graduado. Ya estaba a mediados de su primer año en preparatoria. La invitación la puso muy feliz y no podía esperar a ver a Kokone. Sus hermanos le habían preparado un elegante vestido con un par de días de anticipación, la chica pensaba tomarse muchas fotos con ella y salir a pasear después de comer. Era el plan perfecto, pensar en ello la tenía con una sonrisa tatuada en el rostro.

Para alegría propia, el viernes llegó más pronto que tarde.

"Pareces bastante animada, Kasai", comentó Takumi al ver a la chica sonriente, su gesto solía ser reservado. Compartían grupo y estudiaban juntos de vez en cuando. No eran los mejores amigos pero se llevaban bien por más de una razón. "¿Pasó algo bueno?"

"Sí, hoy comeré con Kokone en el du Lac", respondió Amane con graciosa seriedad. "Debo ir a casa, terminar mis tareas y alistarme".

Takumi se llevó una mano al mentón, pensativo. "Yui no me comentó sobre eso".

"Kokone sólo me invitó a mí", aclaró. "Yo invité a Ran y a Yui hace dos semanas a comer parfaits, pero no he podido ver a Kokone, ha estado ocupada aprendiendo cómo funciona el restaurante", porque obviamente la chica lo iba a heredar y lo mejor era aprender el oficio familiar. Todo eso lo sabía gracias a los mensajes que ambas intercambiaban por las noches.

"Oh, comprendo, entonces tienes una cita con Fuwa, me alegra", comentó Takumi con normalidad, pero no escuchó respuesta alguna de Amane y eso lo confundió. Miró a su compañera de clases y se sorprendió al verla sonrojada. "¿Kasai?"

"¿Una cita?" Preguntó la chica con nervios y con los ojos bien abiertos.

"Ah…" Takumi se rascó la nuca. "Pues… Sí, una cita. Te ha invitado sólo a ti, ¿o no?" Se cruzó de brazos. "Entonces es una cita".

Amane cayó en un gracioso estado de pánico, era notorio. No que hiciera grandes gestos pero su voz la delataba, hablaba un poco más rápido y alto de lo normal.

"No sé de qué hablas, Shinada", dijo una nerviosa Amane, "dos amigas que salen a comer no es una cita, es una salida amistosa", decía eso mientras sus mejillas ardían más palabra a palabra. Sonaba como si quisiera convencerse a sí misma y no a Takumi. "Una cita es entre dos personas que tienen un algo que no puedes definir como simple amistad", continuó, incapaz de calmarse y de callarse.

Takumi le miró con curiosidad. "¿Y cómo sabes eso? ¿Lo has sentido?"

"Mis hermanos me lo han dicho", respondió la chica. A decir verdad, sus hermanos mayores se ponían muy serios y defensivos cuando (ellos) tomaban el tema de que Amane pronto comenzaría a llamar la atención de los chicos ahora que estaba en preparatoria y seguía creciendo de manera bastante hermosa.

Y no se equivocaron, a Amane comenzaron a llegarle cartas de confesión y confesiones en persona, mismas que hasta el momento había rechazado educadamente porque no sentía el más mínimo interés en esos chicos. Todos ellos agradables, sí, podía admitir que eran guapos y simpáticos y más de uno gozaba de mucha popularidad en la escuela, pero no sentía nada más que un poco de incomodidad y bastante pena por rechazarlos luego de que ellos juntaron tanto valor para confesar sus sentimientos. Fuera de la simpatía, no había más.

"Yo creo que Fuwa te tiene en muy buena estima", insistió Takumi con una sonrisa, aprovechando una oportunidad que pocas veces tenía: moverle un poco el piso a la siempre serena y controlada Kasai Amane. "Digo, te invitó sólo a ti y no a Yui y a Hanamichi".

Amane, por supuesto, comprendió lo que su compañero intentaba y no pensaba permitirlo. Además Takumi tenía un punto que no podía negar. Kokone era lo suficientemente dulce como para no dejar a las chicas fuera, las quería muchísimo y era quien mejor sabía lidiar con las locuras de ese par con su dulce forma de ser. Incluso si eso era una cita como bien Takumi lo daba a entender… Entonces no tenía razón para ponerse tan nerviosa, ¿verdad?

Se aclaró la garganta, era hora de devolver el golpe.

"¿Sabes? Los viernes son un gran día para una cita, deberías invitar a Yui, tienes esos boletos para el cine en el bolsillo desde el martes, ¿o no?" Dijo con una sonrisa suave y un gesto de superioridad.

Takumi fue atacado por un violento sonrojo y un golpe de nervios.

"¡Kasai! ¡Estos boletos no son…! ¡Ella y yo…! ¡Sólo…!" El chico incluso se tropezó.

Amane sonrió y lo empujó, sin ser brusca, sólo para ayudarlo a recuperar el paso y salir de ahí. "Ánimo, Romeo", dijo con suave voz.

"Gracias", musitó un rojo Takumi.

Una cita… El pensamiento no abandonó la cabeza de Amane.

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Kokone tenía todo listo, la mesa ya estaba reservada y llevaba puesto su mejor vestido. Estaba contenta, pronto vería a Amane y no podía dejar de sonreír. Es decir, adoraba pasar tiempo con Yui y Ran, ¡las quería muchísimo! Pero echaba de menos a Amane y no luchó contra el deseo de poder tener a su amiga sólo para ella. Le gustaba estar con Amane, era muy madura y con ella podía hablar de manera bastante suelta. Sus conversaciones con ella no eran como con Yui y Ran.

Y sí, por mucho que adorara a Yui y a Ran, para nadie era secreto que ese par de chicas se movían a su propio y descuidado ritmo; mientras que Amane era más estable y serena. Eso le gustaba mucho a Kokone, la hacía sentir segura.

"Te ves bien, hija", comentó Shousei, su padre.

"Gracias, papá", sonrió. "¿No exageré con el vestido, verdad?" Preguntó Kokone mientras se miraba al espejo una vez más y daba un par de vueltas para asegurarse. El azul era su color, sí, pero no estaba muy segura. "Quiero verme bien".

"Te vez bien", respondió el hombre y la retuvo por los hombros un momento. "Realmente quieres verte bien para tu cita de hoy, ¿verdad?" Su hija asintió y eso lo hizo sonreír. "Eso en sí mismo es un acto de consideración para la persona que va a compartir la mesa contigo", dijo, animado. "Si me lo preguntas a mí, ya estás perfecta, pero si tú no te sientes satisfecha aún, quizá falta algo".

Kokone lo pensó un poco y volvió a mirar su tocador, tenía muchos accesorios y maquillaje, propio de una chica que gustaba de los cosméticos y la moda. Se llevó una mano al mentón mientras seguía buscando… Y sí, lo encontró: un hermoso y colorido broche para el cabello que tenía los vivos colores del uniforme de Cure Finale. ¡Eso era justo lo que necesitaba! Se lo colocó de inmediato y el broche, aunque pequeño y discreto en apariencia, realmente resaltó. No pudo evitar una sonrisa al verse en el espejo.

"Mucho mejor", dijo Shousei mientras levantaba su pulgar en señal de aprobación. "Recuerda que lo importante es disfrutar la mesa y a las personas con las que compartes tu comida".

"Sí, papá", respondió una animada Kokone mientras se ponía un poco de perfume en el cuello y muñecas. Ya estaba lista.

"Deja que te tome una foto justo así como estás, a tu madre le encantará verte lista para una cita", dijo el feliz padre de familia mientras sacaba su teléfono. Su hija de inmediato aceptó.

Y luego de la foto, a Kokone finalmente le cayó la pedrada. Se puso roja. "¿Cita?"

"Sí, uno normalmente no se arregla con tanto cuidado en una salida normal con amigos", eso le constaba al hombre porque esas lindas y divertidas chicas Yui y Ran sacaban el lado más casual de su hija. Siempre salía bien arreglada, esa era su costumbre, pero no ponía TANTO empeño en resaltar más de lo usual.

Kokone no pudo responder a eso, volvió a mirarse al espejo. Se puso más roja. "Y… Y en caso de que esto sea una cita como dices, ¿qué debo hacer?"

"Disfrutar cada bocado", respondió su padre y él mismo terminó de acomodarle el cabello. "Anda, ve, ya casi es hora".

"¡Sí!"

Kokone conocía lo suficiente a Amane para saber que llegaría con diez minutos de anticipación; ni un minuto más, ni un minuto menos. Apresuró el paso y llegó a la entrada principal. Y sí, justo ahí estaba Amane. Kokone no evitó un sonrojo, su cita de ese día se veía preciosa, los colores claros y la ropa suelta le quedaba perfecta, además llevaba el cabello recogido. Sus hermanos fueron a dejarla.

"Amane, buenas tardes", saludó Kokone con una sonrisa y un sonrojo que no se preocupó en ocultar. Miró a los gemelos y con ellos fue más educada. "Buenas tardes, gracias por traerla", se inclinó.

"Kokone, buenas tardes", respondió una deslumbrada Amane. Kokone lucía preciosa. Incluso pudo percibir su perfume gracias a una brisa que sopló en su dirección. "Gracias por la invitación", su vista se fue al accesorio que llevaba en su cabello. "Te ves muy bien".

"Gracias", Kokone estaba lindamente ruborizada.

Los gemelos se miraron entre sí y asintieron.

"Te la encargamos", dijo Yuan con una sonrisa.

"Vendremos por ella al rato", agregó Mitsuki pero vio que la chica negó.

"Todoroki y yo iremos a dejarla a su casa en coche, no se preocupen por ella", respondió Kokone con seriedad.

"Oh, de acuerdo, entonces tomen su tiempo y diviértanse", dijo un juguetón Yuan y miró a su hermana. "No llegues muy tarde a casa, aunque ya seas una estudiante de preparatoria, Kokone no lo es, ella no debe estar afuera tan tarde".

"Entendido", respondió Amane y sus hermanos parecieron satisfechos. Luego de una breve despedida, miró a Kokone una vez más y se sorprendió de buena manera al ver que ésta le ofrecía la mano. "Kokone…"

"Gracias por aceptar mi invitación", dijo una ruborizada chica.

"Gracias a ti por invitarme, realmente quería pasar tiempo contigo", Amane no la hizo esperar y tomó la mano de Kokone. "No nos podemos ver mucho, pero eso cambiará apenas las chicas y tú se gradúen".

"Para eso estoy estudiando mucho", respondió una contenta Kokone. "Pero yo me preocuparía un poco más por Yui y Ran", rió de manera nerviosa. "Les estoy ayudando y ellas hacen lo que pueden, pero las conoces".

"Ánimo", dijo Amane, divertida de sólo imaginarlas.

"Las motivo con comida".

"Buena estrategia".

Compartieron una risa pequeña y divertida y finalmente entraron propiamente al restaurante, fueron a una de las mesas que estaba a las orillas del lago, el clima y la tarde eran preciosos como para no disfrutarlos plenamente. Estaban sentadas una al lado de la otra.

"¿Quieres ordenar algo en especial?" Preguntó Kokone mientras abría el menú.

Amane no lo pensó. "Me encantaría que me recomendaras algo", respondió. "Te estás preparando mucho para cuando seas tú quien reciba a los comensales, ¿te molesta si te pongo a prueba?"

"Para nada", respondió Kokone con una sonrisa y de inmediato llamó a un mesero. Hizo el pedido en voz baja, quería que fuera sorpresa. Apenas el empleado se retiró, la chica volvió su atención a su acompañante. "Te sorprenderé, ya verás".

"Confío en ti".

Compartieron una sonrisa y comenzaron a conversar sobre todos los temas que no tenían cabida en un mensaje de texto o en las casuales llamadas telefónicas. Amane le platicaba sobre cómo eran las cosas en preparatoria y las amistades que estaba haciendo. Por supuesto, estaba en el Consejo Estudiantil en calidad de ayudante y además asistía de manera regular al club de judo como suplente. Por su lado, Kokone platicaba más de sus actividades en casa y en el restaurante, además de los accesorios que estaban de moda esa temporada. El ambiente escolar era el mismo, salvo la presión por los exámenes que era un poco más pesado ésta vez.

"También se siente distinto que no estés", dijo Kokone con una sonrisa suave.

"Lo mismo digo, las echo de menos", respondió Amane mientras miraba el lago. No pudo resistirse y volvió a mirar el accesorio en el cabello de su acompañante. Lo tocó suavemente, procurando no despeinarla. "Se ve lindo, resalta mucho". Además los colores le resultaban familiares.

"Lo usé pensando en ti", respondió Kokone en automático, no pensó sus palabras a decir verdad. Se dio cuenta que dijo algo importante al notar un sonrojo en las mejillas de Amane. Se ruborizó por igual. "Son los colores que usas como Finale".

"Justo eso estoy notando", Amane tragó saliva. "Gracias por el detalle". Eso sin duda era una muestra más de la tan especial consideración de Kokone. Suspiró hondo.

No pudieron decir más, la comida llegó y Amane no pudo hacer más que disfrutarla. ¡Estaba deliciosa! Todo sabía muy bien, incluso ese ligero vino de frutas que era perfecto para el corte de carne. Sopa de la casa, una ensalada tipo mediterránea y pan recién horneado eran los acompañantes perfectos. El postre sería un flan especial también de la casa, pero el postre podía esperar, la música que comenzó a sonar por los parlantes tomó prioridad.

Amane se puso de pie y miró a Kokone con una sonrisa.

"¿Bailamos?" Preguntó con un involuntario gesto galante, le ofreció su mano.

Kokone tragó saliva y aceptó sin siquiera pensarlo.

No había nadie en las mesas vecinas, así que no tendrían necesidad de cambiar pareja. Amane guiaba, Kokone dejaba que su cuerpo flotara al ritmo que marcaba su acompañante. Se sonrieron.

"¿Sabes? Me dijeron que esto era una cita", dijo Amane sin mencionar nombres, por mucho que Shinada y sus hermanos adoraran verla poner caras, no podía negar que tenían cierta razón. "¿Tú qué opinas?"

"Papá me dijo lo mismo", respondió Kokone, estaba bien sujeta de Amane y bailaban con bastante soltura. "Creo que tienen razón, es una cita", le miró con cierta vergüenza. "¿No te molesta la idea, verdad?"

"A decir verdad", la mayor no pudo resistirse a darle una vuelta a Kokone y sujetarla por la cintura mientras pegaba la espalda de ésta a su pecho. Le habló al oído, "me encanta la idea", dijo en baja voz y con un tono que no sabía que tenía.

La pobre Kokone tembló toda. "Eres mala".

Amane rió y volvió a girarla para quedar frente a frente. "¿Por qué lo dices?"

"Decirme eso cuando… Cuando no podemos vernos tan seguido", dijo, tímida.

"Pronto pasarás a preparatoria. Y luego de eso, también iremos a la misma universidad", era gracioso que casi todos en Oishina Town estudiaran lo mismo: Administración Empresarial. Todo para poder mantener funcionando los centenares de restaurantes que le daban tanta fama al pueblo.

Kokone finalmente rió. "Tienes razón, te vamos a alcanzar el año entrante".

"Hasta entonces", Amane sonrió. Ni siquiera tenía la necesidad de luchar contra los sentimientos que Kokone le despertó desde hacía tiempo. Y por lo que vio, a ésta última tampoco le preocupaba mucho aceptarlos, "tengamos citas a solas cuando podamos, ¿sí?" Sonrió, rendida. "Adoro a Ran y a Yui, pero…"

"A ellas podemos consentirlas después", aseguró Kokone. Además, con más personas ya no sería propiamente una cita, ¿verdad? "Seguro nos reclamaran por no haberlas invitado hoy".

"Tus emparedados de jamón serrano las harán olvidar todo", dijo Amane con una risa pequeña e hizo reír a Kokone también.

"Mañana se los llevaré".

La canción terminó pero la pareja se quedó tomada de las manos.

"Entonces, si esto es una cita… ¿Qué más debemos hacer?" Preguntó Kokone.

"Según tengo entendido, el paseo que tendremos después de comer es parte de la cita, buscaremos un buen sitio para pasar el resto de la tarde", respondió Amane con mucha propiedad, se aclaró la garganta y se ruborizó. "Un beso en la mejilla como despedida no estaría mal".

"Me gusta la idea", respondió Kokone y fue ella la que besó la mejilla de su amiga. "¿Así?"

Amane, roja como tomate, asintió. "Justo así".

"¡No puedo esperar a nuestra siguiente cita!"

"Primero terminemos ésta, anda".

"¡Sí!"

Una sonrisa más, un dulce apretón de manos y volvieron a su comida.

Aún tenían el resto de la tarde para disfrutar de su cita. La primera de muchas.

FIN