En el silencio, en medio de aquella luz brillante que lo ciega, escuchaba la voz de una mujer. Sonaba feliz, como si estuviera sonriendo mientras lo llamaba. Repitía su nombre varias veces, pero al lograr acostumbrarse a la luz, sólo veía una mujer sin rostro. Su cabello rubio ondeaba en el viento y se lo acomodaba detrás de la oreja pidiéndole que se apresure, llegarían tarde.

Tooya estiraba su mano intentando alcanzarla. Caminaba rápido, subía el ritmo a un trote hasta que comenzaba a correr con desesperación intentando alcanzarla. La respiración le fallaba cada vez que la veía alejarse y un dolor fuerte en el corazón lo hacía disminuir el ritmo, como si le estuvieran arrancando una parte de él de alguna manera. Fotos borradas, recuerdos que se rompían, emociones que iban perdiéndose en medio de un laberinto del que era imposible salir.

—Espera —le decía con un nudo en la garganta, pero no escuchaba, ella sólo repetía su nombre y seguía alejándose de él. El desasosiego aumentaba a medida que la veía perderse entre la luz, con las olas del mar amenizando el ambiente, llevándose lo poco de estabilidad emocional que le quedaba—. ¡Espera! —gritaba más fuerte y la veía desaparecer.

Tooya abrió los ojos, cubierto de sudor y el pecho adolorido. Su corazón latía como tambor en desfile, haciéndole difícil encontrar la calma.

Se frotó la frente, el sueño se iba borrando de su memoria a medida que pasaban los minutos y cuando encendió la luz, sólo la sensación de que había perdido a alguien importante quedaba.

Fue directo al baño y abrió la ducha, tenía que ver a Miori para desayunar, así que se apresuró para llegar a tiempo. Ella era una persona muy importante para él, al menos, así se había mentalizado desde hacía tres meses.

Tooya no tenía memoria, su identidad como Tooya Mizuki había sido creada gracias a recuerdos y anécdotas que Miori, su padre y su abuelo le contaron al respecto, pero él no tenía ni un solo nombre en su memoria. Sólo Tooya, era la única palabra que parecía cobrar importancia en su vida.

Pero nada más…

Sin embargo, al verse tan desolado al no tener idea de su vida a pesar de su edad, confió en ellos. Parecía que lo conocían bien y lo querían mucho. Todavía recordaba el día que vio a Miori llorando llamándolo y abrazándolo, feliz de que hubiera vuelto a casa.

Nadie sabía por qué Tooya había desaparecido, ni siquiera él mismo. Lo cierto es que volvía a casa para quedarse una vez más…

Su día a día era tranquilo. Tooya era asistente en una clínica. Él no recordaba haber estudiado medicina, pero tenía pleno conocimiento del cuerpo humano en todos los aspectos. También existían otras cosas extrañas de él que no tenían que ver con su conocimiento, más bien, con su cuerpo. De su muñeca derecha, salía una daga plateada con incrustaciones de joyas. Tooya sabía que era una parte de él, una parte importante de él. Apenas la vio, sintió como si lo hubiese sabido desde siempre, incluso, sabía cómo es que debía usarla. Aún así, seguía siendo un misterio para él mismo. ¿Qué clase de ser era? Él lo único que tenía claro es que no era una persona normal.

Cuando terminaba de trabajar, solía ir a cenar con Miori. Según lo que le había contado ella, eran novios. Y aunque Tooya sentía un fuerte afecto por ella, nada más sucedía. Solía decirse que era por ser una persona incompleta. Él no tenía pasado, no tenía familia ni a nadie a quien pudiera llamar parte de su vida, todo era construido por alguien más y él lo creía y lo volvía una verdad, pero nada era seguro que así fuera. Más de una vez pensó en salir de aquella isla y buscar sobre él mismo, pero no tenía idea de dónde debía empezar.

—El mar —dijo y cerró los ojos. El sonido de las olas golpeando las piedras volvía a su mente como si lo estuviera escuchando en ese momento. El agua parecía ser un elemento importante en su vida, a veces, solía asociarlo a su apellido al tener el kanji de agua, aunque sólo loa atribuía a una coincidencia feliz la mayoría de las veces y lo dejaba estar. Sin embargo, la espina de saber quién era él estaba siempre presente.

Había un dolor muy fuerte al pensar que él era una persona que no era. No porque pensara que los demás mintieran, sino porque se había ido adaptando a lo que los demás decían. Y al principio estuvo bien porque tuvo la satisfacción de que su memoria se iba llenando de recuerdos suyos, pero empezaron a hacerle ruido, porque eran de alguien más y él los asimilaba como una esponja en el agua. Aunque sabía que la mente podía llenar huecos, él estaba tapizando todo el lugar con papeles ajenos y la imperiosa necesidad de tener un recuerdo propio, aunque fuera uno solo lo desesperaba de maneras que muchas veces, no sabía cómo controlar.

Quizá, no había esperanza para un cuerpo roto como el suyo…

Se desvío del camino a la casa de Miori. Necesitaba ir a otro sitio, limpiar ese desasosiego que sentía para llegar con una sonrisa y un poco de calma, aunque fuera temporal.

Tooya llegó hasta el mar, se quitó los zapatos y sintió la arena colándose entre los dedos de los pies. Estaba fría, el atardecer teñía el cielo de matices rojos y azules y las olas comenzaban a subir su intensidad. Cerró los ojos y respiró el olor de la playa, una sensación familiar que siempre estaba con él.

—Quizá pertenezco al mar —se decía una y otra vez, aunque le parecía una tontería. Un humano no podía pertenecer al mar, pero se decía que aquellos que nacían al lado del agua, siempre tenían la necesidad de estar fuera de la tierra.

Se sentía mejor después de ese momento, listo para partir.

No estaba solo, al voltear, vio a una mujer. Como si él hubiese atrapado el viento y soltado al verla, su cabello y su vestido se agitaron en el aire, hasta la luna parecía bambolearse en el viento.

Tooya sintió que el aire le faltaba, pero había una palabra en sus labios, un recuerdo que se superponía y no sabía si era un sueño o si era de verdad, algo que podría llamar propio.

—Aya —pronunció. Como nunca, su voz sonó segura, a pesar de que su expresión era de pura sorpresa, estaba seguro que el nombre de esa mujer de cabello largo y unos brillantes ojos azules como el mar… el mar…

Sonrió y cerró los ojos, todo siempre volvía a conectarse a él…

—Tooya —dijo ella y finalmente, lo gritó mientras corría a sus brazos. Tooya la recibió con un abrazo. Aún no tenía recuerdos de aquella mujer más que su nombre y su voz… sin embargo, un parte de él había vuelto a su vida y no necesitaba que nadie se lo dijera para saberlo.

Él estaba convencido. Finalmente, había recuperado aquello que había perdido.


¡Hola, hola, gente linda! ¿Cómo están? ¡Tengo reto nuevo! Y es otro más del Club de Lectura de Fanfiction, donde hicieron un Magic Shop con canciones de BTS. La idea es escribir sobre un fragmento de la canción, hayamos escuchado o no el tema, la idea es que sea el disparador. Yo elegí "Euphoria" para esta ocasión, apenas la leí, super que era Tooya para el que debía escribir.

Este es un fandom que me gusta mucho, aunque no le dedico el tiempo ni todo el esfuerzo que se merece porque por ahí, ya está todo hecho en la obra original. Aunque me hubiese gustado esto también. Tooya se merecía una vida feliz por más tiempo :,)

Miori no es uno de mis personajes favoritos, pero me gusta mucho este arco donde queda con ella, especialmente, por el empeño que hay por reconstruir una vida de Tooya que hasta un album de fotos crean para él, aunque no le genera nada. Así que me aproveché de ello. Espero les guste.

¡Un abrazo!