— ¡Bien! ¡Ya me conseguí las entradas!— Obito exclamó emocionado frente a su computadora.

Madara posó la mirada en él, observándolo curioso de por qué tanta emoción. Se encontraba recostado en su cama, leyendo un artículo en su teléfono, el cual no terminó de entender por la curiosidad que sentía ante lo que tecleaba tanto Obito, su pareja, en la computadora. Estaba sorprendido debido a que no tenía idea de que compraría entradas para algún evento.

— ¿Para qué? — Le preguntó el hombre mayor, dejando su aparato de lado.

— ¡Para un concierto! — Dijo él, con una sonrisa radiante.— Lo siento, debí haberlo mencionado antes.

Madara recordó que no compartían gustos musicales, por lo que arqueó una ceja, cosa que Obito notó de inmediato, porque agregó de manera automatica— Iré con Rin.

— Entiendo. — Fue lo único que se le escapó a Madara. Desvió la mirada apenado, no sabía por qué, pero por un instante imaginó que irían juntos. — Te has estado viendo mucho tiempo con Rin últimamente.

El menor pareció sentirse culpable por eso. Madara esperaba provocarle algo de culpa, pero ver la incredulidad en su rostro al saber que quería compartir esa actividad con él le desgarró el corazón. ¿Acaso Obito no consideraba ni por un segundo la posibilidad de que su novio quisiera pasar tiempo con él? A pesar de vivir juntos, las largas jornadas de trabajo de Madara y el último año de universidad de Obito habían reducido considerablemente el tiempo que pasaban juntos. Madara se esforzaba todos los fines de semana en prepararle sus comidas favoritas y ver películas juntos ¿es que acaso no era suficiente?

¿Era posible que hubiese comenzado a reflexionar sobre muchas cosas en ese instante?

Era verdad de todos modos, su tiempo se había comenzado a reducir a través de los años. Llevaban exactamente cinco años juntos, con altos y bajos pero nunca separándose por mucho tiempo. Los problemas más pesados los tuvieron al principio, cuando Obito tenía dieciocho y nadie estaba de acuerdo con su relación, así que decidieron mantenerla en secreto cosa que al menor de ellos le estaba afectando cada vez más.

Con el tiempo, empezaron a abrirse ante el mundo, y pasados los años decidieron vivir juntos con el sueldo de Madara. Vivieron cómodos, no con tantos lujos, pero eran felices. Ahora, todo era diferente al inicio, porque la vida de ambos estaba cada vez más atareada. Pero Madara tenía la fe de que saldrían de esta, como siempre habían hecho.

— ¿Quisieras acompañarme al concierto?

Eso tomó por sorpresa al mayor, quien lo miró con los ojos muy abiertos. Por orgullo diría que no, dado que no fue su primera opción. Rayos, en otra ocasión se habría sentido celoso solo de imaginar a su pareja en una cita con su amor de la infancia. Pero ahora, lo único que quería era pasar tiempo con él.

— ¿No vas con Rin?

— ¿Vienes o no?

Madara dudó. Era un concierto de una banda o cantante que probablemente no conocería, con mucha gente joven gritando a su alrededor. No era el ambiente al que estaba acostumbrado.

— Está bien. — Aceptó, no parecía ser una buena idea.


Cuando Madara y Obito llegaron a casa. Madara tenía un dolor de cabeza tan intenso que tuvo que ir a la cocina a tomar un vaso de agua con una pildora. No habló con Obito hasta el día siguiente, porque este se habría ido a tirar a la cama del cansancio.


— Perdón, aún no lo entiendo. ¿Por qué no fuimos al concierto? — Preguntó Rin, evidentemente decepcionada mientras caminaban hacia la universidad. Ya era lunes, y el concierto había sido hace un par de días.

Obito se sintió profundamente culpable. Rin estaba excitada ante la perspectiva de asistir desde que se enteraron de que su artista favorito visitaría la ciudad. Incluso habían comprado camisetas a juego para la ocasión.

— No pude conseguir las entradas a tiempo. — Se detuvo, e iba a acariciar su mejilla, solo para no recordarse que no podía hacerlo, así que se limita a poner una mano en su hombro. — La próxima vez, te lo prometo.

— Supongo que será para la próxima. — Sonrió con dulzura, como solo ella sabía hacerlo. Sus encantos eran irreductibles.

Obito la contempló embelesado, tal y como la primera vez que comprendió que la amaba. No obstante, hubo de apartar esos pensamientos y recordar a Madara, su pareja, y la imposibilidad de nutrir sentimientos por Rin nuevamente.

— ¿Qué te parece si vamos a comer algo? — Sugirió el chico— Yo invito.

— Me encantaría. — Respondió ella con alegría, apaciguando sus remordimientos.


¡Hola! Llevo un tiempo escribiendo fanfiction en Wattpad, pero nunca me atreví a subirlos a esta plataforma. He decidido que esta historia me gusta lo suficiente como para subirla, pero también lo haré con otras que he escrito previamente.

¡Espero que les guste!