Todavía no había amanecido en Ciudad Macross. El horizonte apenas había comenzado a mostrar una tenue palidez allí donde el sol parecía resistirse a asomarse entre una capa de nubes bajas que prometía un día gris de lluvias y bajas temperaturas. Cuando la Comandante Misa Hayase escuchó el tono de alarma que sonaba en su teléfono supo que lo que menos iba a preocuparla durante aquel día era el clima. Giró la cabeza sobre la almohada pero solo vió un espacio vacío junto a ella en vez del familiar cabello castaño de su esposo.
¿Otra vez había pasado la noche en la base? ¿No le había prometido que iría a cenar con ella la noche anterior?
Muchas preguntas más se acumularon en su mente, pero el insistente tono de su teléfono pronto le hicieron olvidar todas aquellas cuestiones mundanas de la vida matrimonial. Algo había pasado y el Alto Mando estaba tratando de comunicarse con ella.
Se volvió hacia su mesa de luz y extendiendo el brazo tomó su teléfono. De inmediato la interfaz reconoció su firma de identificación biométrica y desbloqueó el acceso al mensaje que esperaba para ser leído sólo por sus ojos.
—¿Pero qué rayos…? ¿De verdad…? —exclamó al leer las primeras palabras del mensaje.
Tenía que despejar su mente primero. Aquello era algo que no podía procesar estando a medio despertar dentro de su cama. De una patada arrojó las cobijas al suelo y se incorporó con rapidez. Pronto el agua fría de la ducha borró los últimos rastros de somnolencia y su cabeza se puso a funcionar a toda capacidad, tal y como debía ser.
Se vistió rápida pero meticulosamente. Su traje de Comandante estaba impecable como siempre y la mujer revisó todos los detalles frente al gran espejo de cuerpo completo del vestidor junto a su cuarto. Una vez que estuvo conforme con su aspecto salió al vestíbulo en busca de su maletín. La vista de la mesa todavía puesta la hizo suspirar profundamente. Las velas se habían apagado y los platos y cubiertos la miraban en silencio como culpándola de algo. ¿Realmente esperaba que ese hombre cumpliera su palabra? ¿incluso luego de haber pasado por tanto?
No obstante no podía culparlo de algo tan banal como un guiso echado a perder; teniendo en cuenta por lo que estaba pasando su marido al involucrarse en ese programa aquello era insignificante, pero de todas formas deseó que aquello terminara de una vez.
La nueva doctrina de armamento combinado que Misa había desarrollado necesitaba de nuevas armas y equipo para contrarrestar la amenaza Zentradi en la galaxia. El VF-X-4, el nuevo caza desarrollado por el Consorcio Macross bajo el diseño de la compañía Stonewell/Bellcom apenas lograba llegar los requerimientos mínimos de alcance y capacidad armamentística para cumplir con su misión de ser el interceptor y caza principal de la flota, no era un sistema de armas adecuado y la Comandante Misa Hayase criticó duramente a quienes apoyaban el proyecto, pero pronto se vió enfrentada a lo peor de la burocracia y lobby del complejo armamentístico que suplía las necesidades del Gobierno Unificado. Aquel enfrentamiento le hizo ganar no pocos enemigos en la fuerza y era algo que ella detestaba profundamente. Su marido, Hikaru Ichijyo, pidió ser nombrado interventor en el proyecto y gracias a su experiencia y conocimientos logró introducir cambios claves en la plataforma para, al menos en teoría, cumplir con los requerimientos de la nueva doctrina de combate.
Ser piloto de pruebas no era un trabajo fácil, aunque eso verdaderamente no la preocupaba en absoluto; Hikaru era uno de los mejores pilotos de la UNSpacy y, en la opinión de Misa, estaba más seguro en la cabina de un Caza Variable que en un escritorio en tierra firme, no obstante aquel proyecto lo habían expuesto a lo peor de la corrupción y desmanejos de la política del Gobierno Unificado y eso era algo que no podía tolerar. Ni siquiera Hikaru estaba libre de las palabras impregnadas de veneno que sutil, pero también insistentemente, eran repetidas a sus espaldas y minaban su confianza dentro de la fuerza.
Su teléfono volvió a sonar y la obligó a volver a la realidad. Era su escolta personal preguntando si estaba lista para ser conducida hasta el Cuartel general de la UNSpacy. La mujer respondió al mensaje y tras tomar su maletín volvió a revisar su aspecto en un pequeño espejo junto a la chimenea. Esas ojeras eran el único vestigio de una mala noche, pero no había nada más que hacer. Su trabajo era más importante que su aspecto personal.
Dió la espalda a la mesa y se dirigió a la puerta, ahora concentrada en el contenido del mensaje que la habían despertado tan temprano:
Un planeta Habitable había sido descubierto a escasos catorce años luz del Planeta Tierra; bien dentro del alcance de viaje de la tecnología FOLD que ahora tenían disponible en las nuevas naves de alcance interestelar.
Hizo unos cálculos rápidos y llegó a la conclusión que podrían llegar allí en solo unas cuantas semanas de viaje. Aquello era perfecto.
Cerró la puerta con llave y se dirigió al elevador. Los tacones de sus zapatos resonaban en el corredor mientras su propia mente viajaba por las estrellas tratando de imaginar con que misteriosos paisajes alienígenas podrían encontrarse allí.
Cuando las puertas del elevador se abrieron vió un rostro familiar sentado en uno de los sillones del Lobby del complejo de apartamentos en los que ella y su marido habían fijado residencia en las afueras de Ciudad Macross.
El joven no se había percatado de su llegada y continuaba mirando la pantalla de su Pad ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Misa caminó hasta ponerse delante y entonces finalmente el joven advirtió su presencia.
—¡Oh! —exclamó poniéndose rápidamente de pié en posición firme mientras realizaba el saludo marcial. —Lo siento Comandante, yo estaba…
—Está bien, en descanso. —respondió la mujer devolviendo el saludo. —Me sorprende verlo aquí tan temprano. —observó.
El joven agachó la cabeza algo avergonzado. —Pensé que si la esperaba aquí podría entregarle esto en persona. —dijo extendiendo un sobre marrón con ambas manos.
—Oh. —exclamó Misa recibiendo la documentación. —Esto es…
—Lo que usted me pidió el otro día. —respondió el joven.
—Pero… no era algo urgente. —dijo tratando de sonar lo más sincera posible.
El joven oficial le devolvió una amplia sonrisa. —Ha sido un placer colaborar con usted, Comandante. —respondió entusiasmado. —La admiro enormemente y estoy feliz de haber podido ayudarla con esta investigación.
Misa le devolvió la sonrisa. —Muchas gracias, Oficial Sutherland. —dijo. —Leeré su informe de camino al cuartel general, estoy más que satisfecha con su dedicación y profesionalismo.
El joven volvió a realizar el saludo marcial y se retiró a paso vivo ante la mirada atenta de la escolta, quien esperaba a la Comandante Hayase en la puerta del complejo de apartamento junto a un vehículo para transporte de oficiales.
Tras guardar el sobre en su maletín la mujer saludó a su escolta y abordó el vehículo oficial que la esperaba con el motor en marcha. El trayecto hasta el helipuerto más cercano solo duró unos pocos minutos y cuando el transporte atravesó la entrada seguido por varias motocicletas de escolta, la aeronave ya estaba con sus motores encendidos esperando para llevarla hasta el Cuartel General.
Misa descendió del vehículo y uno de los custodios la cubrió con un paraguas negro para protegerla de la llovizna que habia comenzado a caer desde las todavía oscuras nubes bajas. Sintió un escalofrío cuando el frío viento de otoño la atravesó como una puntada helada y se arrepintió de no haber vestido un saco, pero ya era tarde lamentarse.
La puerta lateral del VC-33 se abrió revelando una escalerilla y un Marine rápidamente se colocó a un lado a la espera de la oficial que estaba a punto de embarcar. Misa avanzó protegida por el paraguas de su custodia mientras sostenía con fuerza su gorra de Comandante para evitar que el viento producido por las turbinas de la aeronave lo lanzarse volando por los aires. El marine hizo el saludo correspondiente y ella le correspondió según el protocolo tras lo cual abordó la aeronave mientras el resto de su escolta se alejaba de la plataforma.
Misa era el único oficial en la aeronave y se ubicó en uno de los asientos del lado de babor. Se sacudió algunas gotas de lluvia que habían quedado prendidas al material de su traje de oficial y se ajustó el cinturón de seguridad mientras la puerta se cerraba y los motores comenzaban a aumentar sus revoluciones preparándose para el despegue.
—Despegaremos en unos momentos. —informó el piloto desde la cabina a través del sistema de comunicaciones interno de la aeronave.
Misa abrió su maletín y tomando el sobre marrón lo abrió dejando a la vista una docena de hojas de papel prolijamente ordenadas.
Eran informes sobre varios miembros de la fuerza a los que el oficial Sutherland había entrevistado y seleccionado en base a los requerimientos y parámetros que ella había especificado. Se sorprendió el extremo cuidado con el que el joven oficial había realizado aquella tarea y se sintió aliviada de confirmar que su corazonada era acertada; aquel joven tenía un potencial enorme.
Habia una razón por la que habia hecho aquel pedido a un oficial relativamente novato y no hubiera usado a los agentes de la Oficina de Inteligencia de la UNSpacy; necesitaba un informe desde el punto de vista de un oficial de estrategia y planificación y solo alguien como Sutherland podía hacerlo. Misa sabía que clase de "inteligencia" recaban los oficiales de aquella oficina dedicada a los asuntos internos de la fuerza y era información completamente inutil a sus planes.
Pensar en ello la hizo sentir molesta. Era seguro que incluso su breve encuentro con Sutherland allí en el Lobby de su departamento había sido registrado y archivado por aquellos oficiales en su propio legajo personal, esperando la oportunidad de ser usado por alguien en su contra en un futuro no muy lejano. Esa clase de inteligencia dentro de la fuerza era verdaderamente repugnante.
Ella no necesitaba incriminar a nadie ni saber sus actividades privadas; lo que ella buscaba era hombres y mujeres que supieran dar órdenes y seguir un plan al pie de la letra; necesitaba cabezas despiertas, personalidades activas, que tomaran la iniciativa. La Humanidad dependía de ello.
Hojeó las primeras páginas y con satisfacción vió las fotografías de varios candidatos prometedores. Mientras examinaba los detalles del curriculum de cada oficial sintió como los motores de la aeronave aceleraban y lentamente un remolino de viento y gotas de agua se formó alrededor del avión a medida que los poderosos motores vectoriales empezaban a impulsar la aeronave en forma vertical, ascendiendo lentamente al principio pero con mayor velocidad hasta que comenzaron a atravesar las nubes grises y el suelo desapareció de su vista.
Hubo una vibración en cuanto los motores cambiaron de orientación y la aeronave comenzó a avanzar en dirección Este hacia Ciudad Macross, que se alzaba a unos setenta kilómetros de distancia.
El VC-33 volaba en medio de las nubes a velocidad moderada hasta ascender a unos diez mil pies, pero incluso a esa altitud aún se encontraba bajo el techo de nubes. Aquel clima impedía por completo la visibilidad por lo que el piloto volaba bajo estrictas reglas IFR en su ruta a Ciudad Macross. De inmediato fué contactado por el control de vuelo local y una ruta especial y prioritaria para los altos mandos apareció en el HUD holográfico como un túnel virtual que la aeronave siguió estrictamente bajo la atenta mirada de los radares de aproximación.
Misa notó que la aeronave había comenzado a descender y calculó que tocarían tierra en aproximadamente diez minutos por lo que comenzó a guardar la documentación. Estaba satisfecha del resultado y podría presentar a sus candidatos en caso que el tema surgiera durante la reunión extraordinaria que habia sido convocada para esa mañana.
Estaba tan absorta en sus pensamientos que no notó la oscura silueta negra que de pronto apareció del otro lado del cristal de su ventana y proyectó una sombra sobre lla.
—¡Oh! —exclamó al girar su cabeza hacia el cristal al sentir el rugido apagado de los motores de aquella presencia.
Por entre las nubes grises algo grande se movió y pareció acercarse a la aeronave. Los jirones de vapor y millones de gotas de agua se enroscaron alrededor de las turbinas en cuanto un caza de combate pareció emerger de entre las nubes peligrosamente cerca de donde estaba ella.
—¿Pero qué mierd…? —exclamó sintiendo que su corazón se aceleraba.
El VF-4 se estabilizó y corrigió su curso y velocidad y comenzó a volar a la par del transporte a solo unos pocos metros del mismo. Aquello no podia ser legal de ninguna manera.
—Eh… ¿Comandante Hayase? —preguntó el piloto usando el intercomunicador.
Misa tomó el auricular que colgaba frente a su asiento y tras quitarse la gorra se los puso para poder hablar con el piloto. —Lo escucho. —dijo.
—Tenemos… una aeronave a babor que está pidiendo una comunicación con usted. —dijo con voz cargada de dudas.
—No se preocupe, Teniente. —lo tranquilizó Misa. —Se perfectamente quien podría hacer una estupidez semejante… puede comunicarme con él. —pidió.
—A la orden. —respondió el piloto.
Al cabo de unos segundos se escuchó el cambio de canal y la voz de su marido sonó con claridad en los auriculares.
—Comandante Hayase, con gusto la escoltaré personalmente hasta el Cuartel General. —dijo con voz jovial, casi adolescente.
—Y yo lo reportaré por violar, al menos, una docena de reglas de tránsito y seguridad de vuelo en formación y escolta. —respondió la mujer con voz fría.
Se escuchó un suspiro en las comunicaciones. —Lo siento. —dijo. —Sé que te prometí ir a cenar anoche pero…
—Este es un canal oficial, Capitán. —respondió la mujer con el tono de voz neutro que solía usar para toda ocasión formal. —Por favor no lo utilice para comunicaciones personales.
Hubo un silencio en la línea y al cabo de unos momentos se escuchó la respuesta.
—Entendido, señor.
La comunicación se cortó y el VF-4 viró un poco hacia estribor desapareciendo entre las nubes. Misa mantuvo la vista clavada en los remolinos de niebla gris y entonces pudo ver las luces de navegación del caza que brillaban intermitentemente a una distancia aún demasiado cercana, pero no tan temeraria como antes.
—«Lo Siento, cocinaré yo la próxima» leyó al transcribir el código morse de las luces. Aquello la hizo esbozar una pequeña sonrisa, pero solo por un fugaz instante. Las luces desaparecieron y todo volvió a tornarse gris alrededor de la nave.
—Aterrizaremos en cinco minutos. —informó el piloto con voz aliviada al ver que ya no tenía un caza tan peligrosamente cerca. —Por favor colóquese el cinturón de seguridad.
Misa suspiró y culminó de guardar la documentación en su maletín. La última hoja cayó al piso y la mujer se agachó a recogerla; era el resumen de su plan y pudo leer el título en letras negras.
Proyecto de Siembra Humana
