Mucho antes de ver la silueta del SDF-1 recortándose contra el cielo plomizo de la ciudad, Misa vió la enorme mole del Megaroad surgiendo de entre las entrañas de la civilización como una presencia oscura, un monolito recostado entre edificios de todo tipo y tamaño, tal y como alguna vez había estado la SDF-1 en medio de la metrópolis que había crecido alrededor en la Isla de Ataria del Sur.

La construcción de la nave había avanzado a pasos gigantes desde que la nueva tecnología de construcción rápida adaptada de los antiguos Satélites-Fábrica al servicio de los Zentradi fueran reconvertidas para usarse en los astilleros terrestres.

La Comandante Hayase apoyó el rostro en el vidrio y observó la titánica nave mientras el VC-33 sobrevolaba el sitio de construcción a unos mil pies de altura; las luces de los miles de soldadores y mechas de construcción eran visibles desde esa altitud y la niebla a ras del piso casi se había disipado por completo.

¿Culminarían los trabajos en la Megaroad antes que tuvieran que enfrentarse nuevamente con los Zentradis? ¿Podrían escapar de La Tierra antes de sufrir un nuevo intento de exterminación? Aquellas preguntas serían respondidas pronto, o al menos era lo que deseaba ella.

Vió que había gran actividad en la enorme base espacial que se erguía tras la silenciosa fortaleza; reconoció rápidamente la nave que aparentemente acaba de llegar del espacio como una de las nuevas fragatas clase Northampton que habían entrado en la última fase de pruebas apenas unos meses antes. Aquellas naves serían la punta de lanza de las nuevas flotas de exploración y ataque que la UNSpacy había comenzado a crear para extender la zona de seguridad alrededor del Sistema Solar.

Eran tan pequeñas comparadas con las naves Zentradi, pero afortunadamente lo que carecían en poder de fuego lo superaban con creces en velocidad y furtividad; aquellas naves podían operar con total impunidad casi en las narices de los Zentradis sin ser detectados por sus radares principales, y teniendo en cuenta la cantidad de armamento a reacción que llevaban, un ataque preventivo podía diezmar fácilmente a toda una vanguardia de gigantes sin que supieran quien o que los había golpeado primero.

El problema eran los números… actualmente la flota de la UNSpacy rondaba alrededor de una docena de naves capitales y medio centenar de naves de batalla con capacidad de ataque pesado; eran números completamente irrisorios comparados siquiera con la más patética y diezmada flota Zentradi de las que estaban activas en la galaxia.

Afortunadamente contaban con los remanentes de la flota de Britai Kridanik; casi cuatrocientas naves principales de batalla entre cañoneros, destructores y naves de artilleria pesada, lo suficiente apenas para, en teoría, presentar batalla a una posible incursión enemiga.

Mientras pensaba en números y tácticas, el VC-33 descendió hacia la base espacial y comenzó su aproximación hacia una de las pistas laterales del enorme complejo. Aterrizaron suavemente en medio de la llovizna matinal y circularon lentamente por las calles de rodaje hacia los edificios principales del complejo. Misa vió varios VF-4 en etapa final de certificación recibiendo en esos momentos los mimos de los técnicos, quienes ya habían comenzado a familiarizarse con las nuevas aeronaves. ¿Estaría Hikaru allí en ese momento? Ese hombre no había dormido en toda la noche, seguramente se había pasado en vela charlando con los mecánicos o el resto de los pilotos.

La aeronave entró a uno de los hangares y pronto detuvo sus motores mientras Misa esperaba las instrucciones del piloto para poder levantarse del asiento, cosa que no tuvo que esperar demasiado.

Al descender del aparato fué recibida por un oficial quien la esperaba con un transporte listo para llevarla a la reunión que tan imprevisiblemente había sido convocada esa mañana.

Diez minutos más tarde entraba a la enorme sala de reuniones y al ver los rostros allí presentes comprendió la gravedad del asunto. Vió al Almirante Bruno J. Global rodeado de toda la plana mayor de la UNSpacy, quienes ocupaban los lugares principales de la enorme mesa alargada en el centro de la estancia. Alrededor de la misma se encontraban asientos en forma de gradas en donde se encontraba toda clase de personal jerárquico de la fuerza; desde Capitanes y Comodoros hasta personal científico y de Inteligencia.

Misa observó la escena y su afilada mente captó de inmediato un patrón que la llenaron de preocupación, pero dejó de lado aquellos pensamientos sombríos y se dirigió hacia su lugar en la mesa principal, junto a otro de los Comandantes bajo cuyas órdenes se encontraba la Segunda Flota de defensa orbital terrestre.

El Almirante Global advirtió su presencia y le dirigió un saludo con la cabeza. —Ya estamos listos para comenzar. —dijo volviéndose hacia el Teniente Coronel Arlington Hughs, quien se encontraba sentado a su derecha. El hombre mayor asintió y poniéndose de pie se dirigió a los demás. —Por favor, presten atención a las imágenes que voy a mostrarles. —dijo mientras las luces del salón se extinguieron a medida que sus palabras resonaban como ecos en el techo abovedado.

Sobre la mesa alargada a unos cuatro metros de altura se formó un holograma tridimensional. Pronto la forma de un planeta fué claramente reconocible y el detalle de sus océanos y nubes fué perfectamente visible para todos.

—Un planeta habitable. —exclamó Bruno J. Global. —Leí el informe preliminar del departamento de Astrofísica y Astronomía. ¿En verdad está a solo una docena de años luz de distancia? —preguntó asombrado.

—Catorce punto tres, para ser exactos. —dijo el Coronel Arlington haciendo un gesto con la mano haciendo que el holograma del planeta comenzara a girar lentamente. —Esta imagen ha sido obtenida por uno de nuestras sondas con capacidad fold equipadas con un telescopio de alta resolución a una distancia de tres AL en base a la sospecha de la existencia de un exoplaneta en la zona habitable de la estrella Groomsbridge 1816. —explicó.

El Almirante se recostó en su silla sin quitar la vista de aquella fascinante imagen. —¿Hemos detectado algún signo de vida inteligente? —preguntó.

—Ninguna. —respondió el Coronel. —La sonda no ha detectado ningún tipo de emisión de radio, microondas o de cualquier espectro que pueda considerarse como una prueba de existencia de tecnología conocida… por supuesto no podemos descartar la existencia de vida primitiva o de inteligencia limitada. —agregó.

—El Megaroad podrá llegar hasta allí en solo unos pocos saltos de larga duración. —observó la Comandante Hayase. —Será una oportunidad única para poner en práctica la nueva doctrina de expansión y colonización que hemos estado desarrollando.

Hubo un extraño silencio seguido de varios murmullos apagados en la sala. Misa captó de inmediato cierta tensión en el aire. ¿Había sucedido algo sin que ella se enterase? ¿Por qué se había producido aquel cambio de ambiente al mencionar el nuevo plan de colonización?

Algo andaba mal y podía sentirlo en el aire, pero especialmente en las miradas frías que se clavaron sobre ella desde varios puntos de las tribunas que la rodeaban.

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—¡Capitán!

Hikaru abrió los ojos y vió reclinado sobre él al Teniente Olliver, quien lo miraba con resignación plasmada en su rostro.

—¿Hora del desayuno? —preguntó incorporándose con dificultad; el lugar donde se había tirado a dormir eran varios rollos de mangueras de incendio apiladas a un lado del hangar y sus músculos habían comenzado a quejarse de la improvisada cama.

—Yo diría que del almuerzo. —respondió el piloto, apodado Rex. —Capitán, tiene que tomarse un descanso en serio o va a terminar retirándose por enfermedad antes de los cuarenta.

El Capitán Ichijyo extendió la mano y ayudado por su compañero se puso finalmente de pié. —Ya casi terminamos. —dijo buscando con la mirada alrededor del hangar mientras se sacudía el polvo de su uniforme de vuelo. —Ah, ahí está. —exclamó al encontrar lo que buscaba.

El VF-4 había llegado recientemente de la fábrica y los técnicos habían comenzado a quitar los cobertures de las tomas de aire y demás aberturas del caza. Los dos pilotos se acercaron tratando de no estorbar al personal de mantenimiento y observaron la aeronave en silencio, casi como si estuvieran delante de una obra de arte en un museo.

—Amo ese olor a nuevo. —dijo Rex acariciando el alerón de una de las alas.

Hikaru pasó debajo del ala y acarició uno de los brillantes paneles que cubrían los enormes motores del caza. —Finalmente podremos atacar a distancia sin depender de equipamiento extra. —dijo con una sonrisa. —Con la autonomía de estos nuevos motores nuestra capacidad de intercepción se triplicará sin necesidad de instalar Fast-Packs adicionales. —dijo.

Uno de los técnicos apoyó una escalerilla contra el fuselaje y les indicó que se acercaran. Hikaru subió por la misma mientras Rex abría la carlinga del caza desde el control de uno de los paneles de acceso. —¿Cómo se ve? —preguntó desde abajo.

—Bien, han tomado en cuenta nuestra sugerencia de cambiar de sitio el MFD del centro; ahora está más arriba que en la última revisión. —observó el Capitán tomando asiento frente a los controles.

Rex subió por la escalerilla y se inclinó sobre la cabina, donde Hikaru se había sentado mientras tomaba los controles y los movía repetidamente para sentir cada una de las palancas y probar los límites de sus recorrido.

—Cap. —dijo el piloto inclinándose para acercarse a su compañero. —Los muchachos están preocupados por usted. ¿Está seguro que quiere seguir con esto…?

Hikaru soltó los controles y miró a quien era su ala derecha en el escuadrón Skull. —Misa me necesita. —afirmó convencido. —Necesitamos una forma eficaz de enfrentarnos a los Zentradi y…

—Lo necesita si. —lo interrumpió Rex. —Pero en su casa, no aquí durmiendo entre la chatarra.

Hikaru le devolvió una mirada de reproche. —¿Estás diciendo que no cumplo con mis obligaciones de esposo…?

—No lo sé… ¿Los cumple? —preguntó su amigo con una sonrisa. —Que yo recuerde su luna de miel duró apenas dos días.

—Misa no puede ausentarse de sus obligaciones como Comandante. —respondió el Capitán Ichijyo. —Todas las fuerzas de defensa de la humanidad dependen de ella. ¿No entienden que estamos vivos de milagro? Si los Zentradi vuelven a atacar…

—Más razón para que se apresure y forme una verdadera familia de una maldita vez por todas. —lo recriminó el piloto. —¿Hace cuánto que no vuelve a casa, Capitán? —preguntó. —¿Cinco días? ¿Seis?

—Seis. —respondió Hikaru. —Estos últimos días han sido muy complicados. —dijo moviendo los pedales. Los estabilizadores verticales del VF-4 se movieron acompañando los movimientos de los pies del piloto. —Pero al menos me encontré con mi esposa esta mañana. —recordó tratando de excusarse.

—Si, vi el reporte en el NOTAM de hoy; un irresponsable se acercó a un transporte del alto mando y realizó maniobras temerarias sin autorización de la torre de control… ¿Usted por casualidad no sabe quién puede ser…? —preguntó con una sonrisa.

—Vete al diablo. —respondió Hikaru.

—Y usted vaya a casa, Capitán. —insistió Rex. —Ocúpese de su mujer, nosotros nos ocuparemos de estas chicas. —dijo acariciando el parante de la cabina abierto.

Hikaru suspiró profundamente y miró las luces del techo a través del cristal reluciente del caza. —Tal vez tengas razón. —concedió.