Vaciló un momento y pensándolo mejor cerró la puerta del auto con suavidad. ¿Realmente valía la pena demostrar su ira y falta de control dando un portazo como si fuera una niña a la que habían regañado injustamente? No, ni su chofer ni su escolta tenían por que presenciar aquello. Un Comandante no debía demostrar aquel tipo de emociones… y sin embargo aquel sentimiento en lo más profundo de su pecho le dificultaba cada vez más el mantener aquella máscara de dignidad.

Misa Hayase saludó a los hombres de forma protocolar y entró al solitario lobby, ya iluminado por las luces artificiales mientras el sol caía hacia el oeste sobre los destrozados picos montañosos que todavía mostraban las cicatrices del terrible bombardeo orbital de los Zentradis.

Acercó la palma de su mano al control de acceso del elevador y la puerta se abrió de inmediato. La mujer estaba agotada y no solo físicamente; había sido un día terrible y particularmente agotador, pero por fin había terminado. ¿O no?

El ascensor la dejó en su piso y tras caminar por el pasillo entró a su departamento, siendo recibida de inmediato por el olor a especias que salían de la cocina.

—¿Hikaru? —preguntó dejando su maletín sobre uno de los sofás. Desde la cocina se escuchó el entrechocar de los cubiertos y el Capitán Ichijyo asomó la cabeza por la puerta. —Comandante… llega justo a tiempo para la cena. —dijo mientras se llevaba el extremo de un cucharón a la frente imitando el saludo marcial.

La mujer le dirigió una mirada de asombro seguida de un suspiro profundo. —¿Curry? —preguntó mientras se quitaba la gorra y la apoyaba sobre la mesa.

—No se hacer otra cosa. —se excusó su marido encogiéndose de hombros tras lo cual volvió a desaparecer en la cocina. —Ve a refrescarte un poco, la comida estará en unos diez minutos.

Misa no tenía ganas de discutir así que obedeció a su marido y tras cambiarse de ropa en su cambiador por algo más cómodo (Unos joggins y una remera de mangas largas) comenzó a poner la mesa mientras Hikaru terminaba de vaciar la olla con el arroz al mismo tiempo que no le quitaba el ojo de encima a la cacerola con la salsa que burbujeaba alegremente.

El comedor era amplio con una gran ventana que daba hacia el desolado paisaje, todavia lleno de marcas y cicatrices de la terrible guerra espacial. Los esfuerzos de reconstrucción habían comenzado a cubrir de verde algunas partes de los alrededores de Ciudad Macross, pero tendrían que pasar varias décadas antes que el verde volviera a cubrir gran parte del planeta devastado. No era un paisaje alegre de ver, por suerte las sombras ya habian cubierto por completo la pradera y solo se veian las luces de los vehículos que transitaban la carretera y las luces de algunas granjas desperdigadas a lo lejos.

Misa se sentó en la mesa primero y encendió la gran pantalla de TV ubicada en una de las paredes del comedor. Un presentador entrevistada a varias chicas, aparentemente de algún grupo nuevo de Idols.

—¿Lista? —preguntó su esposo mientras traía la gran olla enfundado en guantes protectores. Su mujer lo ayudó a colocar la olla sobre una tabla de madera y pronto una gran nube de vapor con un fuerte olor a especias se levantó sobre la mesa. Hikaru revolvió el contenido con el cucharón y sirvió dos grandes platos de aquel guiso espeso y lleno de ingredientes deliciosos que tanto le gustaba cocinar.

—Como siempre, cocinas para un pelotón entero. —lo recriminó ella olisqueando el enorme plato frente a su silla. —Huele increíble. —dijo sin ocultar el hecho que se le estaba haciendo agua la boca.

—Pienso llevar un par de viandas mañana para los muchachos. —respondió él sentándose en su sitio. —Si no te molesta, por supuesto. —agregó rápidamente al ver la mirada que le dirigió su mujer.

Ninguno de ellos eran personas de beber alcohol, así que brindaron con jugo de naranja en copas de cristal y comieron con avidez pero en silencio durante varios minutos. Cuando Hikaru volvió a tomar el cucharón para servirse una segunda porción, Misa decidió iniciar la conversación. —Vi los VF-4 en la base. ¿Ya entregaron el último modelo?

—Mark Tres. —respondió el Capitán Ichijyo. —Mañana haré la prueba definitiva, pero por lo que leí en el informe preliminar, este es el modelo que necesitas. —dijo volviendo a sentarse frente al plato nuevamente lleno.

—¿Lo apruebas entonces? —preguntó.

—Es lo mejor que podemos construir ahora mismo. —respondió tras beber de su copa. —Y además podemos adaptar a los pilotos que tenemos ahora mismo al nuevo modelo de vuelo en solo unas pocas semanas; si hubiésemos desarrollado una plataforma completamente nueva estaríamos hablando de un año completo de entrenamiento.

Misa miró la negrura tras el cristal de la ventana. En el oscuro cielo y con la atmósfera debilitada del planeta podían verse con facilidad las plataformas de defensa orbitales y los satélites que habían comenzado a llenar la órbita baja con lasers y cañones como una última barrera de defensa ante el ataque alienígena. —Los técnicos del Consorcio OTEC dicen que si hacemos ingeniería inversa de los Queadluun-Rau podríamos obtener naves extremadamente ágiles y rápidas, pero…

—El problema somos los pilotos. —dijo Hikaru lanzando una carcajada. —Solo Max y esas Meltrans puede volar una de esas cosas sin matarse… se requiere una precisión casi sobrenatural para no perder el control… hasta a mí me cuesta seguir el ritmo de esas armaduras —afirmó mientras agitaba los restos de jugo de su copa casi vacía.

—Eso puede resolverse con software de ayuda al vuelo. —respondió ella pero Hikaru sacudió la cabeza. —No, eso no está bien. —dijo mirando su plato fijamente. —El piloto debe tener el control total de su aeronave… eso es lo que solía decirme mi Sempai.

Misa sabía que aquel era un tema delicado. La Inteligencia Artificial había avanzado mucho en los años posteriores a la llegada del ASS-1 a La Tierra y poco a poco los aviones no tripulados habían comenzado a usurpar puestos que siempre habían estado ocupados por pilotos. Hasta el momento solo se usaban como soporte y apoyo secundario, pero algunas voces clamaban, ya no en forma tan disimulada, que pronto la era de los pilotos de combate como tales llegaría a su fin. Afortunadamente no debió cambiar de tema; un aviso importante apareció en la TV y ambos miraron la pantalla.

—Oh. —exclamó Misa al ver el rostro del Almirante Global en la pantalla y de inmediato comprendió lo que iba a suceder. —Entonces decidió anunciarlo.

—¿Anunciar que? —preguntó Hikaru tras tragar una enorme cucharada.

—Ahora verás. —respondió ella haciendo un gesto con su dedo índice para que guardase silencio.

El rostro de Bruno J. Global estaba iluminado por los flashes de los fotógrafos en cuanto apareció frente a las cámaras. A Hikaru le pareció que el rostro del maduro Capitán estaba cruzado de más arrugas de las que recordaba.

—Hoy es un gran día para toda la Humanidad y nuestros aliados Zentradis. —comenzó a decir Global mientras la cámara retrocedía para que la enorme pantalla que estaba tras el Almirante apareciera en cuadro. —Nuestros esfuerzos por encontrar un nuevo hogar en las estrellas para expandir y garantizar nuestra supervivencia han finalmente dado frutos.

La imagen de un planeta similar a La Tierra apareció entonces ante las exclamaciones de asombro del público presente.

—¿Un planeta habitable? ¿En serio? —preguntó Hikaru sorprendido. —Tu… ¿Tu lo sabías? —preguntó volviéndose a su esposa.

—Desde esta mañana. —respondió ella. —La reunión que tuvimos hoy en el Cuartel General fué justamente para discutir eso.

La imagen del planeta fué reemplazada por la del Megaroad aún emplazado en el enorme dique de construcción en donde las últimas modificaciones estaban siendo terminadas.

—Pronto esta nave partirá hacia el mar de estrellas para llevar la semilla de la humanidad más allá de este planeta y comenzar así una nueva era de paz y prosperidad para todas las razas que creemos, habitan aún esta galaxia.

—¿"Aún"? —preguntó Hikaru.

—Sospechamos que los creadores de los Zentradi han intervenido otras razas en la galaxia.— explicó Misa. —Es posible que haya más civilizaciones con nuestra misma tecnología o similar que no han sido destruidas por los Zentradi.

Hikaru le dió la espalda a la TV y miró a su esposa. —¿Eso significa que al final han aprobado el plan de Siembra Humana? —preguntó.

—Si. —respondió su compañera. —Pero hubo mucha oposición por las partes más duras de la fuerza. —dijo bajando la voz. —Global perdió mucho soporte en el Alto Mando al pujar por la resolución pacífica del problema Zentradi y ahora está pagando el precio… El descubrimiento de este planeta habitable es su última oportunidad de conseguir el apoyo civil para llevar a cabo el Proyecto de Siembra Humana.

—¿Por qué? —preguntó Hikaru.

—Porque la humanidad no está lista para colonizar la galaxia aún. —explicó la Comandante Hayase. —La población no se ha recuperado del Holocausto y el plan del Almirante Global de usar tecnología de Clonación en masa Zentradi para aumentar la población en forma artificial ha despertado mucha oposición y hostilidad entre los mas conservadores.

Hikaru frunció el ceño. —Mala cosa. —dijo.

En ese momento Global estaba hablando sobre la maquinaria de clonación Zentradi y como se la había modificado con tecnología terrestre para eliminar la repetición de patrones biológicos y permitir la creación de embriones únicos, de modo de garantizar que cada persona nacida durante el plan fuera única e irrepetible y gozara de todos los derechos que los nacidos por vientre materno tenían en el Planeta Tierra.

El Almirante estaba enumerando todos los beneficios que los nuevos colonos tendrían en el nuevo planeta cuando la imagen cambió de pronto y apareció un video musical de Minmay en la pantalla.

—No cambies de canal. —dijo Hikaru. —Quiero seguir escuchando lo que dice el Almirante.

Misa tomó el control remoto y lo apuntó hacia el TV para volver al canal anterior. —Qué extraño. —dijo presionando el botón. —Yo no cambié de canal.

Global volvió a aparecer en la pantalla pero inmediatamente la imagen volvió a cambiarse, esta vez a un canal del pronóstico del tiempo.

—¿Se habrá descompuesto? —dijo Misa sacudiendo el aparato.

Hikaru se levantó de la silla y con un movimiento repentino tomó a Misa de la mano y tiró con toda su fuerza para atraerla hacia él, tumbando la enorme olla de guiso que se desparramó por el suelo en medio de una lluvia de platos y copas rotos en mil pedazos. —¡Al suelo! —gritó mientras la abrazaba con fuerza y con la otra mano tumbaba la mesa para arrojarla sobre ellos a modo de improvisada cobertura.

El Dron entró por la ventana a toda velocidad destrozando todo a su paso y se estrelló contra la pantalla de TV, en ese momento su pequeña pero mortal carga explosiva de C4, un explosivo plástico de alta potencia, fué detonado y todo el departamento se convirtió en una bola de fuego.

Pronto las sirenas comenzaron a sonar en el vecindario mientras la espiral de humo que se elevaba del edificio destrozado era vista por muchos ojos atentos.