—Si… lo entiendo… lo sé, lo sé…de acuerdo, déjelo pasar.
Bruno J. Global colgó el intercomunicador tras lo cual se reclinó en su sillón tras el gran escritorio. Inmediatamente suspiró mirando hacia la puerta, preparándose mentalmente para la tormenta que estaba a punto de estallar. Pronto el alboroto que había fuera se sintió junto a la entrada y la puerta se abrió de forma violenta. El Capitán Hikaru Ichijyo entró a grandes zancadas seguido de cerca de dos marines con las armas listas. Su rostro estaba rojo de furia y aún tenía algunos vendajes aplicados sobre las cortaduras y magullones que había sufrido durante el fallido atentado de la noche anterior —¡Exijo una explicación! —exclamó golpeando con sus puños el escritorio de madera maciza del Almirante. Los guardias se pusieron a cada lado del enardecido piloto y miraron con incertidumbre a Global.
—Está bien. —dijo el veterano Capitán tras levantarse de su sillón mientras señalaba la puerta. —Déjenos solos, yo me encargo de eso.
Los hombres hicieron la venia militar y se retiraron lanzando sombrías miradas al exaltado piloto.
—Capitán Ichijyo, primero que nada…
—¿Qué significa esto? —volvió a gritar el piloto. —¿Es que se han vuelto locos? ¡Exijo una maldita explicación!
—¡Maldita sea, se la daré solo si deja de gritar y se sienta de una buena vez! —respondió el veterano oficial levantando también la voz.
Hikaru cerró la boca de golpe y se sentó en la silla frente al escritorio. Bruno J. Global hizo lo mismo mientras se quitaba la gorra de almirante y la dejaba sobre el escritorio. —¿Estás bien? —fué lo primero que preguntó.
—Mi esposa y yo estamos bien. —respondió Hikaru con frialdad. —Solo un poco aturdidos.
—Gracias a Dios. —exclamó visiblemente aliviado el veterano Capitán. —Cuando recibí el llamado anoche ya estaba en la cama… realmente temí lo peor.
—Almirante. —dijo Hikaru ya algo más calmado. —¿Por qué han enviado a la Policía Militar a poner bajo custodia al Teniente Olliver? —preguntó en forma directa. —El es mi ala derecha en el Escuadrón Skull, no tiene nada que ver con esto.
El Almirante Global lo miró a los ojos. —Ya lo sé. —dijo cruzando sus manos sobre el escritorio.
—¿Entonces por qué…?
—Rex se pasó toda la tarde alardeando con que lo había enviado a usted a casa. —dijo sacudiendo la cabeza. —No hace falta ser un genio para imaginarse por qué se ha convertido en el principal sospechoso de todo esto.
Hikaru golpeó el escritorio con furia. —¡Eso es una estupidez! —gritó. —¡Rex jamás le haría daño a mi esposa o a mi!
—¿Crees que no lo sé? —respondió Global. —¡Por supuesto que Rex no lo hizo!
—¿Entonces por qué…?
—Porque es necesario. —respondió el Almirante clavando los ojos en Hikaru. —Es necesario desviar la atención, al menos momentáneamente. —dijo golpeando el escritorio.
—Pero… eso es ridículo.
—Si, es totalmente ridículo. —coincidió el viejo oficial. —¿Y quieres saber algo aún más ridículo todavía? Esa fué la mejor alternativa que tuvimos.
Hikaru se puso de pié y apretó los puños con fuerza. —Almirante, usted sabe que lo admiro, tanto como persona como por ser un ejemplo a seguir en la fuerza… pero aquí se trata de la inocencia de un hombre que está directamente bajo mi mando y no puedo mirar a un costado ante semejante injusticia. No se que diablos está sucediendo dentro de la fuerza para llegar a este extremo, pero yo no quiero ser parte de esto.
Hikaru hizo el ademán para arrancarse su insignia de Capitán de su uniforme pero Global lo detuvo. —Espera Hikaru. —dijo extendiendo el brazo en ademán de advertencia. —Escucha lo que tengo que decir y luego podrás dejar la fuerza si quieres… pero al menos déjame explicarte algo.
El Capitán Ichijyo dudó un momento pero finalmente tomó asiento ante la insistencia de su superior.
—La alternativa… era que corriera sangre. —dijo Global casi cayendo sobre su sillón ante la mirada angustiada de Hikaru. —¿Sabes por qué acepté el puesto de Almirante aún sabiendo que odio estar en tierra firme y tras un escritorio? —preguntó.
—No, Señor. —respondió el joven.
—Acepté el puesto para preservar los valores democráticos del viejo mundo. —dijo apoyando las manos en la superficie de madera. —El Gobierno Unificado actualmente se encuentra con las Fuerzas Armadas en posesión completa de las facultades Ejecutivas, Legislativas y Judiciales mientras dure la emergencia derivada de la invasión alienígena. —explicó. —Estos poderes extraordinarios han sido renovados año tras año después del Holocausto de la Primera Guerra Espacial y continuaran haciendolo en el futuro. —afirmó.
Hikaru no sabía que decir por lo que optó por guardar silencio.
—En el estado actual de las cosas, la Humanidad corre peligro de extinción, es necesario comenzar la expansión por la galaxia para garantizar nuestra supervivencia como especie; pero para ello debemos crear las condiciones de organización necesarias; el Proyecto de Siembra Humana incluye la creación de gobiernos autónomos a medida que la Humanidad se expanda por la galaxia y eso ha generado choques en ciertas facciones de la fuerza.
—Eso no tiene nada que ver con…
—Lo tiene… con tu mujer. —respondió Global.
El rostro de Hikaru se tensó.
—La Comandante Hayase es mi mano derecha en esto. —respondió Global levantándose de la silla. —Ha sido ella quien ha diseñado el plan de expansión de la humanidad… y eso le ha hecho ganar muchos enemigos en la fuerza.
—¿Por qué? —preguntó el Capitán Ichijyo. —¿Por qué oponerse a la restauración de la Humanidad y a la expansión por la galaxia?
—Por el poder. —respondió Bruno J. Global mientras caminaba alrededor del escritorio con las manos tras su espalda. —Hay cierta facción de la fuerza que anhela la concentración de poder, del control absoluto y la obediencia total… ellos son quienes están tras estas cobardes acciones.
—Detengalos entonces. —dijo Hikaru. —Usted es el Almirante, dé la orden y ponga a todos esos malditos en un calabozo.
—Si hago eso correrán ríos de sangre. —afirmó Global volviéndose hacia el piloto. —¿Entiendes, Hikaru, que casi el 40% de la población que sobrevivió al holocausto eran mimbros de la fuerza? ¿Qué crees que pasaría con la raza humana si en el momento en que estamos más debilitados se desata una guerra civil? No. —dijo mientras se dirigía hacia una pequeña mesita junto a una lámpara de pié. —Debemos evitar una guerra a toda costa, no sobreviviremos como civilización si en el momento más crítico nos matamos entre nosotros en forma indiscriminada.
El piloto apretó los dientes. —No es justo. —dijo.
—Lo sé y también siento asco por todo esto. —dijo el Almirante tomando su vieja pipa de madera a la que observó largamente. —¿Sabes? Desde que acepté este puesto no he podido disfrutar de mi tabaco en paz. —dijo volviendo a depositar el pequeño instrumento de madera laqueada sobre la mesita. —La Megaroad tiene que despegar pronto. —dijo volviéndose hacia Hikaru. —Y tu esposa estará al mando de esa nave a fin de garantizar el futuro de la Humanidad.
El Capitán Ichijyo se puso de pie. —¿Quiere que Misa colonice ese nuevo planeta? —preguntó. —¿Quiere que funde un gobierno independiente para evitar que la expansión humana se convierta en algo parecido a un Imperio o una Dictadura Militar?
—No. —dijo Global ante la sorpresa de Hikaru. —El Megaroad no irá hacia Edén.
—¿Edén? ¿Así se llama el nuevo planeta? —preguntó el sorprendido piloto.
—Si. El nombre lo decidió un comité esta mañana. —respondió el Almirante. —Construiremos una flota especial en los astilleros orbitales para colonizar ese planeta, pero es necesario que el Megaroad despegue lo antes posible; tiene una misión más importante aún.
Hikaru tragó saliva. —¿Qué misión? preguntó.
—Lo averiguarás pronto. —dijo señalando con un dedo. —Prepara un VT-1 con Boosters Orbitales; tu y tu mujer van a ser transferidos al SDF-3 inmediatamente y quiero que tú mismo la lleves hasta la órbita en donde está estacionada la flota de Britai; es muy peligroso que ambos continúen al alcance de las fuerzas hostiles que hay infiltradas en el ejército.
—Pero Señor… ¿Qué hay de…?
—Rex estará a salvo. —prometió el viejo oficial. —Te doy mi palabra de honor.
Aquello bastó para hacer que Hikaru se pusiera firme y saludara a su superior. —Entendido, Señor. —dijo con total seguridad. —Despegaremos de inmediato.
—Gracias. —respondió el Almirante Bruno J. Global visiblemente aliviado. —a ambos. —agregó.
