p class="MsoNormal"Habían pasado treinta años de su captura, Naraku se mantuvo gobernando a la humanidad bajo distintos nombres; pero como siempre lo ha contado la historia de la humanidad, este mundo era un mundo cambiante y, por eso, su reinado del terror como muchos otros fue derrocado. span style="mso-spacerun: yes;" /span/p
p class="MsoNormal"No sabe exactamente cómo es que eso sucedió. Solamente tiene un vago recuerdo del día en el que fue rescatada. Ella que en ese momento sentía que nada valía la pena y estaba sumergida en la pena y la locura. Su mente, siempre viajando a un mundo que solo existía en el futuro. No sabe cómo es que no lo vio antes o como no pudo darse cuenta. El reinado de Naraku terminaría en algún momento o ella nunca hubiera nacido y crecido en un mundo en el que él no existía. En el que Naraku fue borrado de la historia hasta de los libros de cuentos de hadas./p
p class="MsoNormal"Pero, fue en el instante en el que las puertas de la habitación -que hasta ese momento había sido su cárcel y su lugar de tortura por parte de su enemigo- se abrieron abruptamente y unos pasos pesados se escucharon en medio de la oscuridad a la que ya estaba acostumbrada, percibiendo con sus ojos humanos y simples, la sombra siniestra que poco a poco se acercaba a ella, con la seguridad que solo los depredadores tienen de saberse tener el control de todo a su alrededor, peligroso, maligno./p
p class="MsoNormal"Una sombra alta, demasiado alta para ser la sombra de un humano. Pudo darse cuenta de que ese ser no era su despreciable captor, pero no por eso significaba que fuera menos peligroso sino todo lo contrario él causó un escalofrío que la recorrió completamente y que la hizo erizarse como un felino que ha olido el peligro. Cuando este cortó las cadenas que la mantenían presa a la pared y luego la cargó entre sus brazos, pudo oler el aroma masculino de madera y bosque en él. Era un demonio, por supuesto, pero su mente nublada por la falta de alimento y agotada no lograba discernir el nombre de este o si quiera podía recordar si alguna vez lo vio con anterioridad mientras corría por todo japón feudal, al lado de sus amigos y aliados, por la caza de fragmentos./p
p class="MsoNormal"Las manos fuertes buscaron la manera de tocarla sin provocar una reacción en cadena en el que ella, sin duda, lo purificaría. Ya que se decía, la poderosa sacerdotisa simplemente estaba perturbada. Su mente humana no había logrado superar, el haber perdido en cuestión de minutos a sus compañeros de lucha y al ser despreciable que la dejó en medio de una batalla, rompiendo su promesa de cuidarla y protegerla tan solo para ir tras su antiguo amante./p
p class="MsoNormal"Todos habían perdido algo esa noche, él que, si bien consideraba a la vida humana una cosa insignificante, perdió a ese pequeño e inocente ser humano por el que no sentía nada pero que bien le enseñó la lección que su bendecido padre había querido inculcarle, la misericordia. Rin murió decapitada a manos de un medio demonio que subestimó, al que tardó en poder borrar de la faz de la tierra, treinta años… Lo persiguió hasta el cansancio por todo el territorio dominado por su enemigo y hasta por nuevos por conquistar. Hasta que finalmente, lo encontró y con él, las mujeres que tomó para engendrar a su grandísima descendencia. Pero a él no le importaban esas mujeres, demonios o humanas, no le importaban las pequeñas alimañas que llevaban la sangre de su enemigo, pero como se había prometido jamás volver a subestimar a nadie, los borró a todos. Solo le importaba mantener con vida a una sola mujer humana de toda esa horda de inmundicia. A la protegida de su medio hermano./p
p class="MsoNormal"La miko que contaminó su corazón con los celos y la envidia, la que falló en su misión./p
p class="MsoNormal"Cuando ella despertó -tres días después de su rescate-, se encontró bajó el manto nocturno con las estrellas luminosas en la oscuridad. Había una fogata encendida, pero lo que la dejó completamente fría y sin más fue ver al demonio de cabello blanco que odia a los humanos sentado mirando hacia la oscuridad del bosque, sus orejas de duende moviéndose, él estaba escuchando lo que sucedía a kilómetros, sonidos imperceptibles para el oído humano./p
p class="MsoNormal"No dijo gracias y mucho menos intentó intercambiar una palabra. Sabía que, si ahora estaba con él, era porque él así lo quiso. Nunca fueron amigos, apenas aliados forzados, aunque en el pasado la haya salvado un par de veces. No había ninguna necesidad de hablar de nada, de querer saber cómo, cuándo o el por qué. Si el señor del Oeste decidió llevarla con él… no había nada más que aceptar ese hecho. No era como si ella realmente tuviera a donde ir. No era como si detrás de alguna colina hubiera alguien esperándola. No era como si en el fondo de un pozo mágico hubiera una puerta que pudiera trasportarla a una época en el futuro donde tuviera una madre, un hermano o un abuelo esperándola con una leyenda por contar, una tarea que hacer o un plato de sopa caliente, una sonrisa, un abrazo y un "Bienvenida a casa, Kagome"./p
p class="MsoNormal"El demonio no la miró, despreocupado de su estado de salud mental y ella tras observar un par de minutos a su salvador, volvió a quedarse dormida. span style="mso-spacerun: yes;" /spanspan style="mso-spacerun: yes;" /span/p