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Encontrar el principal punto de reunión de Fubuki fue sencillo, era un pequeño edificio con una gran puerta de metal, no muy lejos del centro de la ciudad. Saitama se preguntaba por qué no habían empezado por ahí.

Genos tocó la puerta de forma ruidosa utilizando sus puños y consiguió entrar por la fuerza en cuanto Pestañas quitó el seguro. —¡Fubuki! —Gritó él adentrándose a zancadas con los brazos firmes a sus costados y Saitama siguiéndolo tímidamente por detrás.

El resto de los integrantes del grupo Fubuki se pusieron de pie y observaron hacia la puerta al escuchar el escándalo. Saitama podía escucharlos murmurar. "¿Demon Cyborg?", "Sí, parece que es él, ¿qué hace aquí?" "¿Qué quiere con la señorita Fubuki?" "Calvo con capa viene con él..."

Saitama se sintió incómodo bajo tantas miradas dirigidas a él, así que se limitó a dar un breve saludo y acelerar el paso.

Al fondo del pasillo, poniéndose de pie y acercándose para recibirlos, estaba Fubuki.

No había cambiado nada, ni en su negro y brillante cabello lacio, ni en su porte altivo al caminar. Ella no estaba sonriendo en lo absoluto.

Sólo habían sido días, pero Saitama sentía que bien ella podría haberse desaparecido por meses. Ella los miró a ambos y luego sus ojos verdes, brillantes y serios, se detuvieron en los de Saitama. Él sintió un escalofrío recorrer su espalda.

Genos se puso en medio de los dos y volvió a alzar la voz. —¡Ventisca del infierno! ¡¿Cómo te atreves a olvidar invitar a mi maestro Saitama a tu fiesta?!

La voz de Fubuki, igual de seria que su rostro, severa, fuerte y clara, sonó. —La fiesta es sólo para integrantes de mi grupo... —Ella miró de reojo a Saitama. — ...y amigos míos.

Los puños de Genos se apretaron. —¿Y acaso consideras que todos los héroes de la Asociación, incluyendo a los ejecutivos, son tus amigos? Porque yo no lo creo.

Fubuki entonces rodó los ojos y se cruzó de brazos, un gesto que a Saitama y a Genos les resultó familiar. Ella soltó un resoplido antes de hablar. —Miren, todo esto fue idea del Grupo Fubuki, yo ni siquiera estoy completamente metida en cómo se está llevando todo esto a cargo.

—¡No se deje engañar, señorita Fubuki! ¡Las invitaciones ya fueron entregadas en tiempo y forma! —Gritó Pestañas tras ellos. —¡Si no fueron invitados, es porque no merecen estar ahí!

—Malditos...

—Oye, Genos, tranquilí-

—¡Denme una de esas invitaciones, ahora! —Gritó Genos con una mirada y una voz que Saitama reconoció como el inicio de una discusión sin fin.

—¡Esto no te concierne, Demon Cyborg! —Respondió alguien.

—¡Es una orden!

—¡Nosotros sólo seguimos órdenes de la señorita Fubuki!

Los ventiladores de Genos se aceleraron mientras él comenzó a encaminarse hacia donde estaban reunidos la mayor parte del grupo, su voz con volumen alto y tu terquedad a flor de piel. Él se fue para pelear por una invitación que se negaban a darle, mientras Saitama era dejado a solas junto a Fubuki.

Ambos miraban en un incómodo silencio la riña que estaba siendo causada entre Genos y el Grupo Fubuki. Quizás sólo era incómodo para Saitama, quizás no lo era tanto. Saitama nunca había sido bueno leyendo correctamente la atmósfera, mucho menos para romper la tensión en ella. Pero Fubuki estaba justo a su lado y Genos no parecía tener intención de rendirse.

—Cóm- Mgh... —Saitama se aclaró la garganta. —Y... ¿cómo has estado?

Fubuki no volteó a verlo. —Como lo usual.

Saitama jugó un poco con sus manos sudorosas hasta que prefirió esconderlas en sus pantalones. Miró de reojo a Fubuki y pudo verla con la mirada gacha, aún cruzada de brazos. Los cortos mechones de su cabello se resbalaban sobre su mejilla hasta que ella finalmente los detuvo y los acomodó con lentitud tras su oreja, sus pestañas eran largas, su labial era rosa.

—Oh, qué bien, supongo. —Saitama tragó saliva y regresó la vista al suelo, tambaleándose un poco con sus pies. De pronto sentía que hacía más calor de lo normal. —Vaya clima, está muy soleado, ¿no?

Fubuki volteó a verlo. —Es de noche.

—Ah, ¿eh?

Fubuki señaló el reloj en la pared. Eran casi las diez.

Saitama sintió su rostro calentarse, sus hombros se encogieron. —Oh, cierto...

El silencio volvió a reinar entre ellos dos, esta vez más pesado que antes. Así que Saitama regresó su vista hacia el frente, donde estaba Genos ahora discutiendo contra otros ocho sujetos, él sólo contra todos, a simple vista lucía como un empate. Había muchas amenazas y gritos. Por suerte, aún no había ninguna explosión o fuego de por medio.

El aire se sentía tenso. Fubuki miraba la escena con su ceño fruncido y una mueca en su rostro, estaba molesta pero no parecía tener la intención de intervenir.

Saitama volvió a tragar saliva antes de hablar con voz dubitativa, cortando el incómodo silencio por pequeñas tajadas discretas, palabra a palabra. —Genos insistió en venir hasta aquí, aunque... bueno, tú sabes cómo es él.

Fubuki asintió con la cabeza sin decir nada.

El aire se volvió más denso, Saitama se rascó su nuca y miró hacia la pared en busca de inspiración. Sentía la necesidad de aclarar lo que sea que Fubuki tenía hacia con él como para tratarlo con tanta indiferencia pero para eso primero necesitaba entablar una conversación, averiguar si todo estaba bien entre ellos y arreglar lo que sea que estuviera pasando. Pero él era muy malo sacando temas de conversación y la mayoría de charlas que él tenía usualmente terminaban en peleas físicas.

Por esta vez, quizás podía improvisar.

Él se volvió hacia Fubuki. —Oh, ¿sabes? El otro día estaba viendo esta peli-

—¿A qué viniste, Saitama? —Le cortó de forma tajante Fubuki, finalmente mirándolo a los ojos. —¿Qué es lo que quieres?

Sus ojos eran verdes y brillantes, y bonitos, mas Saitama nunca se había visto reflejados en ellos de una forma tan fría.

Sin querer, Saitama volvió a esconder sus manos en sus bolsillos y a regresar su mirada a sus pies. —Eh... y-yo... verás... ehm, escuché que pronto será tu cumpleaños.

—¿Y qué con eso?

—Genos quiere ir a tu fiesta.

Fubuki afiló su mirada. —¿Genos?

Saitama comenzó a sudar. —...sí.

Ella giró su cuerpo hacia él y se inclinó de frente. —Mírame a la cara, Saitama.

Él lo hizo y se sintió expuesto al instante. Ella lo miraba atentamente.

Saitama de nuevo no pudo evitar desviar la vista. Se sentía desnudo. Temía ser descubierto.

Finalmente, Fubuki cerró sus ojos y suspiró conforme regresaba a su posición original. Luego los abrió y miró en dirección a donde Genos y su grupo continuaban discutiendo, esta vez parecía que estaban a punto de pelear.

—Denle una invitación a Genos. —Ordenó ella.

Mono de Montaña fue el primero en protestar. —¿EH? Pero-

La mano alzada de Fubuki lo cayó al instante. —Se ha tomado la molestia de venir hasta aquí por ella, sólo dénsela. Nos conviene tenerlo como invitado. —Sentenció Fubuki con voz tranquila y suave.

Genos la miró con hastío, Fubuki rodó los ojos.

Entonces Pestañas se acercó a Genos para entregarle de mala gana un sobre con la invitación, él se la arrebató de las manos y la abrió. —Aquí sólo viene un pase, necesito dos. —Dijo él.

Fubuki alzó una ceja. —¿Planeabas llevar a un acompañante? Porque la invitación es sólo para ti.

Genos se giró a verla con ojos amenazantes, su boca torcida en una mueca. —Yo sólo iré porque mi maestro tiene interés en ir.

Al escuchar eso, Fubuki volteó a ver a Saitama de inmediato. Él dio un pequeño brinco. Había sido descubierto, sus orejas comenzaban a enrojecer.

Fubuki volvió a fruncir su ceño, su mirada más afilada que antes. —¿Ah, sí? ¿Y por qué él no me ha dicho nada?

—¡Dame dos pases! —Le volvió a gritar Genos.

Pero Fubuki se mantuvo ignorándolo para seguir viendo a Saitama en busca de respuestas.

Saitama no podía hacer nada más que mover su vista de un lado a otro apretando sus labios, pasando su mano por su cuello, deslizando uno de sus pies hasta finalmente volver hacia Fubuki.

—...Y-yo también quiero un pase, por favor.

Los hombros de Fubuki subieron, ella soltó un resoplido, apretó los labios y le dio la espalda mientras se alejaba a zancadas. —Lily, dale otro pase a Saitama. —Dijo con molestia.

—¡Sí, señorita Fubuki!

La pequeña Lily le entregó el pase a Saitama quien dudosamente lo tomó entre sus manos. Había conseguido lo que buscaba pero se sentía peor que antes. Una especie de culpabilidad confusa lo carcomía por dentro mientras veía cómo Fubuki iba a sentarse en el sillón, dándole la espalda, escondiendo su cara una vez más.

—Ahm... gracias. —Soltó Saitama en voz baja.

—Lo que sea. —Resopló Fubuki desde su lugar. —Más les vale traer un regalo decente.

Genos regresó junto a Saitama. —Qué creída. —Se quejó.

Saitama miró la invitación y luego hacia Fubuki. —¿Regalo? ¿Por qué?

La habitación se quedó en silencio, el Grupo Fubuki volteó a verlo al instante con una mala cara. Saitama se arrepintió al instante de haber hablado.

—Porque es una fiesta de cumpleaños. —La voz de Fubuki sonó fuerte y ligeramente ronca. Ella volteó a verlos sin ponerse de pie. —Es MI cumpleaños.

Saitama trató de asentir. —Oh, cierto.

Justo después de eso, ambos fueron escoltados a empujones hacia la calle. Mono de montaña les cerró la puerta casi en las narices. Saitama estaba seguro de que él los hubiera pateado a ambos si pudiera, aunque Genos hubiera intentado incendiar todo el edificio o algo.

—Fubuki lucía más insoportable que lo usual. —Comenzó Genos caminando a su lado, acompañándolo hacia su casa.

La imagen de los ojos verdes de Fubuki llegó a la mente de Saitama, desde cuando la vio ponerse de pie hasta cuando le dio la espalda. Él estaba seguro de que ese sentimiento sombrío que reflejaba tras esa mirada era enojo pero, ahora ya no estaba tan seguro de eso. Pensándolo bien y recordando su voz y su rostro serio, la atmósfera que la rodeaba expresaba algo mucho más complicado y confuso. Frío, solitario, el mismo sentimiento que compartirías con alguien que ha sido rechazado.

—Nah, más bien parecía triste. —Dijo Saitama en un susurro.

—De cualquier forma, ese no es nuestro problema. —Genos miró su reloj distraídamente antes de seguir hablando. —Si tantos amigos tiene, entonces ellos deberían consolarla.

Saitama quiso estar de acuerdo, pero no pudo.